¡Tranquilo, yo te cubro la espalda! Notas sobre la homosexualidad y la educación en la antigua Esparta

El disciplinado ejército espartano y el valiente rey Leónidas, los feroces luchadores de 300 extraídos del cómic de Frank Miller (1998), los descendientes de Heracles o Hércules, Kratos el sanguinario protagonista de los videojuegos God of War, competiciones como las Spartan Race, gimnasios y rutinas «espartanas»…

Nadie debe cuestionarse si Esparta y los espartanos son popularmente conocidos, y más en los últimos años, con el auge de videojuegos, cómics y películas que los han relanzado como protagonistas. Pero ¿qué conocemos realmente de estos habitantes de una antigua polis del Peloponeso? ¿Es fidedigna a la historia esta imagen de los espartanos que nos venden, o bien es un espejismo fácil de comercializar?

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Fotograma de la película 300 de Zack Snyder (2007). Fuente. Kratos protagonista de los videojuegos God of War. Fuente.

Lejos de demonizar la imagen arrojada por los medios, me gustaría comenzar con el siguiente testimonio:

«[…] si alguien como debía ser, se prendaba del alma de un muchacho e intentaba convertirlo en un amigo intachable y mantener relaciones con él, lo elogiaba y tenía ésta por la mejor educación; en cambio, si era evidente que sentía atracción por su físico, lo consideraba muy deshonroso y estableció que en la ceremonia los amantes se apartaran de los muchachos […]» (Xen., Lac., 2, 12-13; trad. Pomeroy, 2012).

O sea, que los musculosos y varoniles espartanos heterosexuales, esposos de voluptuosas mujeres… ¿tenían amantes masculinos? Esta imagen, ¿no parece más fiel al afeminado y decadente Jerges I, según como aparece en la película de Zack Snyder (2007)?

«El roce hace el cariño, especialmente con tus alumnos predilectos»

El testimonio citado nos muestra cómo en la antigua Grecia se tenía por positivo que se mantuvieran relaciones amorosas entre maestro y alumno (del mismo sexo). En esta ocasión, es Jenofonte el que cita dichas relaciones homosexuales entre los varoniles espartanos. Si bien en Esparta, estas relaciones solo eran aceptadas con fines didácticos, prohibiéndose aquellas que fueran simplemente por placer.

Debemos evitar juzgar a la sociedad griega desde la óptica actual, cuyo criterio se impone en la sexualidad, ya que para los antiguos griegos no existía una clara división entre una persona calificada como heterosexual u homosexual; incluso era común que después del matrimonio se produjeran relaciones homoeróticas.

En la antigua Grecia la educación se aplicaba por diferenciación por sexos, por lo que hombres y mujeres adultos actuarían como maestros o guías para que los jóvenes aprendieran lo necesario para formar parte de la comunidad. Las relaciones amorosas entre maestro-alumno fueron vistas como muy positivas desde el punto de vista pedagógico en la construcción de los futuros ciudadanos. Además, esta pederastia sistemática gozaba de una utilidad social, ya que los maestros se esforzarían por educar a los discípulos, por los que más «amor» sentían. Por su parte, el adolescente (aunque desde la sociedad actual serían niños), encontraría en el adulto un modelo al que imitar, al que quería y admiraba[1].

Esta homosexualidad íntegra y tolerada debía tener una duración limitada, ya que se consideraba inapropiado que se perpetuara una vez que al joven le crecía la barba; aunque se dieron también relaciones entre individuos de la misma edad que durarían toda la vida.

«La educación es la base del futuro»

Pese a la autonomía de la que parecen gozar los espartanos, el sistema de gobierno podría ser calificado casi de «totalitario», ya que se inmiscuía en todos los asuntos de la vida de los individuos. Desde el momento del nacimiento, el Estado determinaba si el niño debería vivir o no[2]. Los recién nacidos debían gozar de vitalidad, ya que serían los futuros ciudadanos-soldados de la ciudad «sin muros». Para determinar si eran sanos y fuertes, los bebés eran sometidos a una inmersión en vino. Aquellos que presentaran alguna deformidad o necesitaran de cuidados especiales, serían abandonados a la suerte de las bestias en las proximidades del monte Taigeto.

Los padres tampoco decidían la educación de sus hijos, ya que era competencia estatal. Mediante la agogé aprenderían todas las destrezas y valores necesarios para convertirse en un buen soldado y un ciudadano ejemplar.

A los 7 años de edad, los niños abandonaban el hogar y eran incluidos en un grupo (rebaño), donde aprenderían a obedecer ciegamente, fomentarían la competitividad y endurecerían cuerpo y mente; los obligaban a andar descalzos, ejercitarse desnudos y eran castigados a latigazos por los jóvenes de más edad (mastigóforos)[3].

No obstante, el verdadero adiestramiento comenzaría a los 12 años. Se les rapaba el pelo y se les ofrecía un único manto para todo el año (indiferentemente de la estación) y dormirían en grupo en una cama de paja construida por sus propias manos. Las raciones de comida eran mínimas para fomentar que robasen alimentos para saciar su hambre, bajo el riesgo de ser descubiertos y castigados a latigazos[4].

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Escena de cortejo pederasta en una ánfora griega del siglo V a.C. Fuente.

De los 14 a los 20 años, los efebos (adolescentes) realizaban el servicio militar preliminar. A partir de los 20 años se dejaban crecer el pelo y la barba, permaneciendo con su escuadrón de compañeros hasta los 30 años, cuando obtendrían plenitud de derechos ciudadanos y podrían contraer matrimonio. Plutarco afirma que hasta cumplida esta edad, los amantes y familiares del joven se encargarían de los asuntos que tuviera que tratar[5]. Los amantes eran aceptados socialmente, como nos transmite Eliano, del cual extraemos que incluso se denunció a un individuo adulto virtuoso por oponerse a contraer una relación «amorosa-pedagógica» con los jóvenes:

«[…] A otro hombre ilustre, que no estaba inclinado a amar ni tan si quiera a los más hermosos jóvenes, también le multaron [los éforos], porque aun siendo virtuoso no amaba a ninguno: en efecto, era evidente que habría podido hacerle a aquél o a cualquier otro igual a sí mismo» (Ael. VH, 3, 10; trad. Domínguez, 1999).

En este sistema educativo se enfatizaba en la moral y forma de vida espartana, se creaban fuertes componentes personales entre los componentes de la falange hoplita, entre los soldados. Los jóvenes durante su formación habrían buscado la compañía de los adultos para aprender a ser ciudadanos. Si bien la misma fórmula de fuertes vínculos personales se habría desarrollado entre los soldados, ya que habían pasado prácticamente 23 años viviendo y durmiendo con sus compañeros, surgiendo fuertes vínculos homosexuales.

Todavía en la edad adulta el espartano comería diariamente junto con el resto de su escuadrón en comedores colectivos, la syssitía, para fomentar la solidaridad y el espíritu de colaboración[6]. La syssitía, junto a la contemplación de los cuerpos desnudos durante los ejercicios gimnásticos, nuevamente propiciarían comportamientos homosexuales[7].

«Necesito tiempo para Esparta, no tengo tiempo para una relación»

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Jóvenes espartanas, de Edgar Hilaire Degas, 1860. Donde observamos a un grupo de jóvenes espartanas provocando a unos chicos espartanos que se ejercitan desnudos. Fuente.

En Esparta se popularizaron los matrimonios tardíos, ya que como hemos comprobado antes de los 30 años apenas existía tiempo para ello. Si bien una vez incorporado plenamente al ejército (estando activo hasta los 60 años), la vida del espartano seguiría girando en torno al entrenamiento bélico y a la guerra, por lo que sería habitual que estuviera ausente del hogar durante largos periodos de tiempo, donde nuevamente dormiría con su escuadrón. Quedaba poco tiempo para el matrimonio, por lo que los espartanos se mostraron reacios a casarse, hasta tal punto que el Estado ofrecía incentivos al matrimonio (agravando con impuestos a los solteros) y a la procreación (premiando a aquellos que tuvieran más de tres hijos)[8].

Esta actitud quizás explique la inexistencia del adulterio en Esparta y la permisividad legal ante las relaciones extraconyugales. Algunos autores defienden que se permitió la poliandria (mujer que contrae matrimonio con varios varones), apoyados en testimonios de varios hermanos que compartieron esposa[9]. Las mujeres jóvenes solteras participaban en competiciones desnudas para exhibir su fortaleza y capacidad de procrear hijos sanos y animar a los varones a que las seleccionaran como esposas[10]. Medidas inusuales para una situación delicada por el problema histórico que atravesó Esparta de oliganthropía o escasez de varones. Debían revertir las bajas tasas de natalidad, ya que suponía una amenaza constante para la supervivencia de Esparta, sostenida en base a un gran número de población sometida y esclavizada (los hilotas) por una clase dominante en regresión (dedicada en exclusiva a la guerra y a la política); aunque este dato tampoco suele aparecer en los medios.

El espejismo espartano

En definitiva, no podemos juzgar desde nuestra óptica la moral y los valores de la antigua Grecia. Si bien debemos ser conscientes de que la visión de Esparta que aparece en los medios es un espejismo: una idealización acorde a nuestros valores actuales, sobre lo que nos hubiera gustado que fuese Esparta. Al fin y al cabo, como siempre nos han dicho: Grecia es la cuna de la civilización, Grecia es la cuna de Occidente, Grecia es la cuna de la actual Europa… Sea cierto o no, debemos estar seguros de que conociendo nuestra Historia, evitaremos que manipulen nuestra memoria.


[1] Xen., Lac., 2, 2-14.

[2] Otras ciudades griegas, dejaban esta decisión a manos del padre; mientras que en Esparta funcionarios del Estado examinaban a los recién nacidos.

[3] Plut., Lyc., 16, 7-10.

[4] Plut., Lyc, 16, 12-14.

[5] Plut., Lyc,. 25, 1.

[6] Cada uno de los miembros estaba obligado a aportar una cantidad de comida y bebida.

[7] Pl., Leg., 636 a-c.

[8] Otorgando privilegios legales a aquellos espartiatas que tuvieran más de tres descendientes.

[9] Polyb., 12, 6b.

[10] Plut., Lyc., 14, 4-8.


Bibliografía|

CASILLAS, J. M., La antigua Esparta, Arco Libros, Madrid, 1997.

DOMÍNGUEZ MONEDERO, A.J. & PASCUAL GONZÁLEZ, J., Esparta y Atenas en el siglo V a.C., Síntesis, Madrid, 1999.

FORNIS VAQUERO, C., “Esparta, ciudad de la virtud y de la guerra”, Bitarte, nº 51, 2010, pp. 28-46.

FORNIS VAQUERO, C., Esparta: Historia, Sociedad y Cultura de un Mito Historiográfico, Crítica, Barcelona, 2003.

FORREST, W. G., A History of Sparta, Bristol Classical Press, Londres, 1995.

KENNEL, N. M., Spartans. A new history, Wiley-Blackwell, Chichester, 2010.Pomeroy -Oliva P., Esparta y sus problemas sociales, Akal, Madrid, 1983.

POMEROY, S., et al., La antigua Grecia. Historia Política, Social y Cultural, Crítica, Barcelona, 2012.

RUIZ GALACHO, D., “Constituciones políticas en la antigua Grecia. El estado de los lacedemonios”. Filosofía, política y economía en el Laberinto, ed. Universidad de Málaga, nº 1, 1990, pp. 1-20.

SANCHO, L., “Omoiótes, los ómoioi de Esparta, Gerión, 1990, pp. 45-72.

Redactor: Rubén Montalbán López

Graduado en Geografía e Historia (Universidad de Jaén). Máster en Historia y Ciencias de la Antigüedad (Universidad Complutense y Universidad Autónoma de Madrid). Actualmente cursando Máster en Profesorado de Educación Secundaria Obligatoria y Bachillerato, Formación Profesional y Enseñanza de Idiomas. Mi principal área de interés es la Historia de las Religiones en la Antigüedad, especialmente aquellas etapas de conflicto y sincretismo religioso.

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