Skylab: El fin de la idea de habitabilidad a gran escala del espacio

Desde principios del siglo XX, la idea de las estaciones espaciales y la habitabilidad del espacio comenzaron a ser teorizadas de forma científica de la mano de Konstantin Tsiolkovsky, y en la década de los 20 por sus alumnos y  otros científicos inspirados por sus obras. Como proyecto «serio» fue tratado por primera vez por científicos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, como base de un arma que proyectase y concentrase la luz solar hacia la tierra. A lo largo de la década de los 50, numerosos artículos en revistas científicas (Collier´s) u otras más divulgativas (Reader´s Digest), junto al auge de las novelas de ciencia ficción ambientadas en el espacio, comenzaron a presentar al gran público la idea de la habitabilidad del espacio como algo cada vez más cercano. Grandes bases en torno a la tierra, y en la Luna o Marte, representarían los futuros estadios lógicos a los que el ser humano, de forma prácticamente «natural» (en el sentido más determinista de la palabra), debería llegar para seguir dominando el medio más allá de la propia tierra.

La carrera espacial, fruto del enfrentamiento armamentístico entre la Unión Soviética y los EEUU, fue el marco propicio para el desarrollo de estas utopías. Como es relativamente conocido, los antiguos científicos nazis expertos en cohetería y física atómica fueron reclutados/secuestrados por los ejércitos americano y soviético en los últimos meses del conflicto bélico (operación Paperclip y Brigadas de Recuperación, respectivamente). Si bien los soviéticos contaban con científicos nacidos en la URSS con experiencia en estos campos, los EEUU tuvieron en la figura e ideas del científico alemán Wernher von Braun al padre de los primeros conceptos de estación espacial estadounidense y de sus primeros cohetes balísticos (Los primeros cohetes espaciales eran misiles a los que prácticamente se les modificaba la cabeza nuclear por una cápsula espacial o el contenedor de un satélite artificial).

Si bien, en este aspecto (como en prácticamente todos los conceptos iniciales de la carrera espacial, salvo la llegada del hombre a la Luna y pocos más) la URSS tomó la delantera a los EEUU, poniendo su primera estación espacial en órbita en 1971 (Salyut, DOS-1). Sin embargo, su primera tripulación pereció por un fallo en la reentrada en la atmósfera tras 23 días en órbita, y los dos siguientes intentos (DOS-2 y Salyut 2, OPS-1) fracasaron en el lanzamiento o antes de ser tripuladas. Finalmente, por ser el Skylab la primera y única estación espacial 100% estadounidense, ha sido la elegida para tratar el fin de este proyecto de «sociedad espacial».

Tras al desarrollo de su primer programa espacial tripulado (Mercury, 1961-1963) y el famoso «Elegimos ir a la Luna en esta década», pronunciado por Kennedy en 1962, la NASA se lanzó de lleno a viabilizar el proyecto. Para ello necesitaba adquirir experiencia en vuelos espaciales, puesto que el proyecto Mercury apenas había acumulado 53 horas en el total de sus vuelos en cápsulas individuales que tan sólo orbitaban la tierra. Por ello, entre 1961 (si bien el primer vuelo espacial fue en 1964) y 1966 se desarrolló el programa Gemini, una cápsula biplaza en la que la NASA experimentó en la órbita terrestre todos los pasos necesarios para llevar al hombre a la Luna, acumulando un total de más de mil horas de vuelo espacial.

Comparativa de cohetes utilizados por el programa espacial Estadounidense. De izq, a der.: cohetes Redstone y Atlas con la cápsula Mercury, cohete Titán II con la Gémini, ,cohete Saturno IB con  la cápsula Apollo (encargado de llevar la tripulación al Skylab), cohete Saturno V con cápsula Apollo (el encargado de llevar al hombre a la luna), cohete soviético N1 (el competidor frustrado en la carrera lunar), cohete Saturno V en configuración Skylab. (Fue el que puso en órbita a la estación espacial), y Transbordador espacial. Los cuadrados negros que aparecen junto a las naves espaciales representan el tamaño aproximado de un ser humano. Fuente

Comparativa de cohetes utilizados por el programa espacial Estadounidense. De izq, a der.: cohetes Redstone y Atlas con la cápsula Mercury, cohete Titán II con la Gémini, cohete Saturno IB con la cápsula Apollo (encargado de llevar la tripulación al Skylab), cohete Saturno V con cápsula Apollo (el encargado de llevar al hombre a la luna), cohete soviético N1 (el competidor frustrado en la carrera lunar), cohete Saturno V en configuración Skylab (fue el que puso en órbita a la estación espacial), y transbordador espacial. Los cuadrados negros que aparecen junto a las naves espaciales representan el tamaño aproximado de un ser humano. Fuente

Fue en el marco de este programa (Gemini) en el que se desarrolló el primer proyecto más o menos serio entre la NASA y la Fuerza Aérea de los EEUU de puesta en órbita una estación espacial tripulada, el Manned Orbit Laboratory, que básicamente era un gran telescopio apuntando hacia la tierra para espiar a la Unión Soviética. Sin embargo, el desarrollo cada vez más eficiente de satélites espía automatizados mucho más económicos y durables provocó el abandono del proyecto.

En 1965, como parte del programa Apollo, comenzaron a estudiarse aplicaciones para el futuro del proyecto más ambicioso (y más costoso) que hasta la fecha la NASA había acometido una vez alcanzado el logro lunar. Estos planes incluirían, desde grandes estaciones orbitales, hasta bases para operar en la Luna durante 2 semanas. Sin embargo, las restricciones económicas que sufrió la NASA a medida que el proyecto se desarrollaba y el desvío de fondos al incipiente conflicto en Vietnam provocaron que estos planes se viesen mermados. Esto dejó todos los proyectos más allá de la Luna en la construcción de un simple laboratorio orbital con la mínima inversión y modificaciones a los componentes del proyecto Apollo.

Para esto se utilizó una idea de Von Braun, el Dry Workshop. Esta se basaba en reconvertir la etapa superior de un cohete gigante Saturno V (la destinada a albergar el combustible necesario para llevar al hombre desde la órbita terrestre hasta la Luna) en el laboratorio en sí, puesto que ese combustible no era necesario. Así, el proyecto era viable con las mínimas modificaciones del cohete original. Para completar el laboratorio se le añadió un escudo antimeteoritos, y anti radiación solar, una esclusa para el atraque de las naves Apollo que llevarían a la tripulación en los viajes de ida y vuelta y un telescopio de rayos X y ultravioleta para observaciones solares, además de paneles solares para el abastecimiento energético. De este modo, tras las 7 misiones Apollo a la Luna, entre 1969 y 1972, el Skylab era el siguiente paso.

Esquema artístico de la estación en órbita. Se aprecian la amplitud de los espacios. Fuente

Esquema artístico de la estación en órbita. Se aprecian la amplitud de los espacios. Fuente

En un momento de especial anticlímax y con el nuevo proyecto del transbordador espacial en pleno desarrollo pero lejos de estar completo, la NASA necesitaba un golpe de efecto que no mermase la financiación federal de la agencia. Esto se debía a que el público norteamericano comenzaba a ver como rutinario que sus astronautas caminasen por la Luna y los viajes a nuestro satélite comenzaban a considerarse aburridos. Para colmo la Guerra de Vietnam estaba perdida y completamente difamada hacia el final de la presidencia Nixon y hacía que los votantes considerasen la exploración espacial un despilfarro de dinero y de atención a otros asuntos por parte del gobierno.

Por todo ello el lanzamiento se programó para mayo de 1973. Ante el reto que la prolongada experiencia de habitabilidad en el espacio suponía (el viaje a la Luna más largo había durado 12 días y los soviéticos 23 días en la Salyut, como ya se mencionó) la NASA preparó dos experimentos previos de aislamiento y presión (uno a gran altitud y otro en un submarino) que mejoraron las condiciones de vida de la tripulación. Las opciones alimenticias en el espacio se ampliaron muchísimo y se dotó al Skylab de la primera «cocina» del espacio, puesto que hasta la fecha los menús habían estado basados en comida deshidratada, purés y cubos concentrados. Se habilitaron en la estación espacios de descanso y dormitorios relativamente aislados y se instaló una ducha especial.

La importancia última del Skylab para la NASA era la de demostrar la importancia científica de la agencia y la posible solvencia económica de las estaciones espaciales. El Skylab suponía, por tanto, el primer paso del futuro traslado de industrias y complejos científicos al espacio. Por todo ello, el cada vez más menguado presupuesto de la agencia espacial fue racionalizado y los experimentos ordenados milimétricamente para obtener de cada dólar de los 2.500 millones invertidos en el complejo el mayor beneficio.

Distribucióm de la jornada a bordo. Habitualmente, las horas de esparcimiento y almuerzo eran ocupadas con más experimentos. Fuente

Distribucióm de la jornada a bordo. Habitualmente, las horas de esparcimiento y almuerzo eran ocupadas con más experimentos. Fuente

De este modo, aparte de experimentos de observación solar y terrestre, se realizaron otros de carácter biológico sobre plantas y animales. Los propios cuerpos de los astronautas (en tripulaciones de 3 individuos cada vez) eran sometidos a mediciones constantes sobre cada uno de sus aspectos fisiológicos a fin de obtener respuestas a los interrogantes que planteaban las largas estancias en el espacio. Pero sin duda, los experimentos que podían derivar en más dinero para la agencia espacial estadounidense eran los derivados de las pruebas sobre física y química de materiales en condiciones de vacío y/o gravedad 0. En este sentido, la elaboración con éxito y relativa facilidad de cristales raros y rodamientos perfectos, así como nuevas aleaciones, cobró mucha relevancia para la misión.

El lanzamiento inicial (Skylab I, 14-05-73, sin tripulación) supuso un fiasco, ya que numerosas partes de la estación sufrieron desperfectos. El escudo anti meteoritos y anti radiación solar se desprendió, destruyendo uno de los paneles solares y atascando el otro, provocando un importante déficit energético en la estación y problemas de refrigeración. Por todo ello, la primera tripulación (Skylab II, del 25-05 al 22-06) tuvo que pasar gran parte de sus primeros días en «caminatas espaciales»  de reparación. Gracias a una lona creada sobre la marcha consiguieron hacer bajar la temperatura poco a poco dentro de la estación, así como desplegar el panel atascado. Así, la misión inicial de 28 días pudo llevarse a cabo.

La segunda tripulación (Skylab III, del 28-07 al 25-09) batió el anterior récord de permanencia en el espacio al fijarlo en 59 días. Esta tripulación fue comparativamente la más eficiente de las tres que permanecieron en órbita en la estación.

Sin embargo, la más interesante fue la tercera tripulación (Skylab IV, del 16-11 al 08-02-1974), la más polémica pero también la más ilustrativa del fin de este proceso. Pulverizó el récord de permanencia en el espacio, que quedó en 84 días, e imbatido hasta 1978. Por la cantidad de experimentos realizados fue también la más provechosa. La gran cantidad de pruebas y observaciones llevadas a cabo, especialmente del sol (uno de los miembros de la tripulación era físico solar) y de física de materiales fueron de especial validez. Sin embargo, su fama nace de haber sido los primeros astronautas (y hasta la fecha los únicos en mitad de una misión espacial) en realizar una huelga.

Debido a que los 3 últimos tripulantes del Skylab eran novatos y a que su formación era más científica/civil que militar, distaban mucho de la tradicional disciplina que había caracterizado al cuerpo de astronautas. Entre las anteriores tripulaciones del laboratorio, al menos los comandantes eran veteranos del Gemini y habían caminado por la Luna. Esto no significaba, sin embargo, que esta última tripulación no estuviese altamente motivada y disciplinada. Además, el alto listón impuesto por la tripulación precedente hizo que se les exigiese un nivel parecido.

Gerald D. Carr sostiene en la ingravidez del laboratorio a William R. Pogue con su dedo índice. Los 3 meses de estancia en la estación explican el largo de sus barbas. Fuente

Gerald D. Carr sostiene en la ingravidez del laboratorio a William R. Pogue con su dedo índice. Los 3 meses de estancia en la estación explican el largo de sus barbas. Fuente

Por otro lado, la certeza de que sería la última misión al Skylab en mucho tiempo (puesto que el transbordador espacial se retrasaba) hizo que cada hueco libre de la tripulación se llenase con experimentos. Para aumentar el estrés se encontraron con el desorden de todo el trabajo y equipos llevado a cabo por las tripulaciones precedentes, además de los habituales problemas derivados de la ingravidez dentro de la estación (nunca antes había habido volúmenes de espacio tan grandes en órbita y llegó a temerse que los astronautas quedasen flotando sin poder moverse o agarrarse a nada). El cada vez más alto ritmo de trabajo impuesto a la tripulación llevó a esta a una situación de gran estrés que finalizó con el silencio de comunicaciones por parte de la tripulación a lo largo de todo el 27 de diciembre, dedicándose esta a descansar  y disfrutar de «la inconmensurable belleza del espacio» tras semanas con turnos de trabajo de 16 horas.

El reajuste de las actividades programadas permitió a la tripulación completar sus actividades en el plazo establecido. De esta huelga se derivaron importantes lecciones a la hora de planificar vuelos futuros y los turnos de trabajo en  el programa del transbordador Espacial. Por su insubordinación, ninguno de estos tres astronautas volvió a volar (a diferencia de los otros 6, que o eran veteranos o fueron seleccionados para misiones en el transbordador).

El programa Apollo vio su último vuelo en 1975, con la primera misión conjunta entre los EEUU y la URSS (programa Apollo-Soyuz de encuentro en órbita, en un periodo de distensión de la Guerra Fría), y el Skylab reentró en la atmósfera en 1979, desintegrándose sobre Australia, sin que los planes de visitarlo con el transbordador vieran la luz por el retraso del primer vuelo de éste hasta 1981.

Última imagen del Skylab en órbita. Se aprecia el parasol y el único panel solar operativo. Fuente

Última imagen del Skylab en órbita. Se aprecia el parasol provisional (rectángulo naranja) y el único panel solar principaloperativo. Fuente

Los avances científicos logrados por el Skylab son irrebatibles. Sin embargo, los métodos de fabricación de cristales, superconductores y aleaciones fueron rápidamente logrados en la tierra (gracias en parte a los resultados de los experimentos) a un precio infinitamente inferior, y en pocos años calidad superior, al de los logrados en el espacio. Esto, junto a las duras condiciones de vida durante largos periodos en el espacio, terminó de inutilizar el concepto de habitabilidad normal de la órbita terrestre.

Para colmo, los EEUU desecharon todo lo aprendido en cuanto a construcción de grandes estructuras en el espacio, no así los soviéticos, que mantuvieron presencia prácticamente ininterrumpida desde el 72 hasta la actualidad de estaciones en el espacio, con las Salyut y la MIR, cuya estructura núcleo supone una de las bases de la Estación Espacial Internacional, que hereda además su diseño modular.

Bibliografía|

BELEW, LEELAND F. y STUHLINGER, ERNST, “Skylab: a guidebook“, Hunstville: NASA,1973.

BELEW, LEELAND F., “Skylab, Our First Space Station“, Washington D.C.: NASA, 1977.

COMPTON, DAVID y BENSON, CHARLES D., “Living and working in space. A history of Skylab”, Washington, D.C.: NASA, 1983.

SUMMERLIN, LEE B., “Skylab, Classroom in Space”, Washington, D.C.: NASA, 1977.

Redactor: Guillermo Fuentes Vital

Licenciado en Historia y Máster en Estudios Americanos por la Universidad de Sevilla.

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