Sentimiento y tradición: la epigrafía romana como testimonio del dolor por la pérdida de los hijos (I)

Hanc tibi, pater, genetrix Flacilla, puellam
oscula commendo deliciasque meas,
parvola ne nigras horrescat Erotion umbras
oraque Tartarei prodigiosa canis.
Impletura fuit sextae modo frigora brumae,
vixisset totidem ni minus illa dies.
Inter tam veteres ludat lasciva patronos
et nomen blaeso garriat ore meum.
Mollia non rigidus caespes tegat ossa neo illi, terra, gravis
fueris: non fuit illa tibi.

 

A ti padre (Frontón), a ti madre Flacila,
encomiendo esta niña, delicia de mis besos:
que no tiemble de miedo la pequeña Eroción
ante las negras sombras
y las fauces gigantes del perro del infierno.
Sólo el sexto invierno iba a finar los fríos
si ella hubiera vivido tal número de días.
Entre tan viejos dueños retoce juguetona
y que gorjee mi nombre con boca balbuciente,
una pradera suave cubra sus tiernos huesos.
Tierra, no seas pesada, ella te fue tan leve.
Mart. Epigr. V, 34.

Tratándose de un tema controvertido y aún con poca tradición historiográfica, parece oportuno un acercamiento en primer lugar a algunas ideas esenciales sobre la denominada «historia de la infancia», con el fin de comprender mejor el estado de la cuestión en lo referente al luto por la misma en el seno de la religiosidad romana. En una segunda parte, se abordarán propiamente diversos ejemplos epigráficos que ilustren sobre la sensibilidad romana ante el deceso de los infantes, así como los sentimientos que buscaban suscitar en los posibles lectores de dichos epitafios, más allá de fórmulas estandarizadas y lugares comunes dentro de la epigrafía funeraria.

Niña romana jugando a las tabas (130-150 a.C.). Fuente

Niña jugando a las tabas. Fuente

Resulta necesario aclarar el carácter general de este análisis, ya que sería preciso contemplar aspectos como el nivel adquisitivo, cultural, si eran libres o esclavos, o las vicisitudes de cada familia, entre otros parámetros como el lugar y la época exactos, para comprender íntegramente sus respuestas ante la muerte de los hijos. La epigrafía, no obstante, arroja luz sobre las diferencias formales (y quizás, también, emocionales) entre los diferentes colectivos sociales, con algunos interesantes ejemplos: no resulta extraño encontrar trágicos epitafios de lo más singulares erigidos por libertos o esclavos, es decir, los más humildes y con menos recursos, frente a sepulturas mucho más convencionales e impersonales, y sin embargo de gran suntuosidad, de miembros de la élite, aunque en un primer momento algunos podrían esperar lo contrario.

La «historia de la infancia», también referida como «historia de la familia», como ocurre con otros estudios sobre la vida privada, es relativamente reciente. Para los primeros autores que se interesaron por la misma (ARIÈS, 1960), la infancia estaba marcada por la negligencia y la brutalidad: los niños resultaban una molestia, ya que precisaban alimento y cobijo; de ahí la presión por convertirlos lo antes posible en miembros productivos e independientes. Así, siguiendo la tesis materialista (DEMAUSE, 1973), todo queda reducido a una mera cuestión económica, donde las relaciones paterno-filiales se sustentarían más en un «cálculo» que en una base afectiva. Esta postura encontró su réplica más secundada décadas después (STEPHEN, 1983): los niños se alejan de ese desolador panorama de desprotección y maltrato extremos, y adquieren una consideración más amable, teniendo su más elocuente reflejo en los epitafios, junto con todo el particular aparato cultual que la muerte de un niño desencadenaba. De este modo, el conjunto de escuelas internacionales (principalmente francesa, inglesa y norteamericana) que se han aproximado a esta cuestión se decantan, en mayor o menor medida, por una de estas dos tendencias, si bien suele obviarse el mundo clásico, prefiriéndose comenzar desde la época medieval y centrándose, muy especialmente, a partir de la Ilustración, donde nacería el germen del concepto moderno de «infancia» (DELGADO, 1998).

Como es bien sabido, en el mundo antiguo ni siquiera se concebía la existencia de «derechos de la infancia» tal y como los entendemos hoy en día, resultando habituales prácticas como la esclavitud infantil, los abusos físicos y sexuales, o un trato radicalmente diferente, en muchos aspectos, para las niñas con respecto a los niños (PERNIL, 2013). Por mencionar otro uso habitual, no aberrante sino biológicamente consecuente para la mentalidad romana, el deshacerse de los recién nacidos enfermizos o deformes no era catalogado legalmente como infanticidio, en tanto en cuanto no habían sido todavía reconocidos por el pater familias (DAZA, 2006). Se hace preciso un esfuerzo, empero, para valorar las muestras de amor y preocupación de los padres hacia sus hijos aun en este contexto, en principio poco prometedor de cara al bienestar de los más pequeños e indefensos. En contraposición, cabe mencionar el interés de los médicos, desde Aulo Cornelio Celso a Sorano de Éfeso, por diagnosticar y tratar las enfermedades infantiles, lo que indica el esfuerzo de los progenitores por salvaguardar a su prole.

Niño con liebre. Fuente

Niño con liebre. Fuente

Las estadísticas demográficas arrojan datos dramáticos acerca de la alta mortalidad infantil (SCHEIDEL, 2007), pero no nos revelan la experiencia emocional que esta eventualidad provocaba en el núcleo familiar y su entorno. Nos parece arriesgado apoyarnos precisamente en esta cotidianeidad del hecho luctuoso como una suerte de «anestésico», que acabara por insensibilizar a los padres ante el deceso de su descendencia a muy corta edad o en el propio alumbramiento. El que se tratara, efectivamente, de una desgracia frecuente, no sólo por la cercanía de testimonios similares en parientes y amistades, sino también porque para muchos progenitores éste no sería un acontecimiento aislado, nos inclina más a pensar que el luto por la temprana muerte de los hijos suponía un doloroso episodio con el que sus coetáneos empatizarían fácilmente. La tierna compasión que inspiran muchos epitafios dedicados por los desconsolados padres, o la sentida implicación personal en epigramas como los del poeta hispano Marcial, secundan esta visión (HUALDE, 1995), como se apreciará en la segunda parte de este artículo.

Lejos de describir o retratar a los niños como pequeños adultos, según algunos historiadores defienden que ocurre en la Edad Media (ARIÈS, 1960), la infancia en la sociedad romana, por influencia griega, tenía su propia idiosincrasia, compartimentada en grupos de edad, cada uno con su etapa educativa asociada y sus rituales de paso, como la simbólica entrega de las muñecas o el cambio de la toga praetexta a la toga uirilis. Si bien es cierto que todo este proceso iba encaminado a una iniciación en el mundo adulto, ya fuera para prepararles para la vida pública en el caso de los varones o para asumir la responsabilidad de la administración doméstica en lo referente a las niñas, la infancia, a su vez, llevaba aparejada una serie de imágenes y de cualidades, en su mayoría positivas, presentes prolíficamente en la literatura y en la epigrafía, tales como la inocencia, la pureza, las travesuras, la alegría, la ternura o los juegos. La infancia, en fin, era respetada como un mundo particular diferenciado de fases posteriores, por mucho que éste integrara desde muy temprano la imitación de sus futuros roles en el escenario de los adultos; y, como tal, así era celebrada, teñida por el dolor de tan pronta pérdida, en los epitafios.

Sepulcro de un niño esclavo. Fuente

Sepulcro de un niño esclavo. Fuente

Bibliografía| 

ARIÈS, PHILIPPE, L’enfant et la vie familiale sous l’Ancien Régime, Plon, 1960.

DAZA MARTÍNEZ, JESÚS, “Infanticio y aborto en el Derecho Romano”, Evolución del derecho de familia en Occidente, 2006, pp. 75-96.

DELGADO, BUENAVENTURA, Historia de la infancia, Ariel, 1998.

DEMAUSE, LLOYD, The history of childhood, Harper and Row, 1974.

HUALDE PASCUAL, MªPILAR, “Epitafios infantiles: una tradición literaria grecolatina en la literatura inglesa”, Epos nº13, 1995, pp. 73-84.

PERNIL ALARCÓN, PALOMA, Historia de la infancia. Itinerarios educativos, UNED, 2004.

SCHEIDEL, WALTER, “Demography”, The Cambridge Economic History of the Greco-Roman World, Cambridge University Press, 2007, pp. 38–86.

STEPHEN, WILSON, “The myth of motherhood a myth: the historical view of European child-rearing”, Social History, 1984, vol. 9-2, pp. 181-198.

Redactor: Mercedes Ocaña Maroto

Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Sevilla, especializándose en Arte Antiguo y Medieval. Ha participado en diversas excavaciones (Itálica, Fuente Álamo, Carmona, Talavera de la Reina) y actualmente trabaja como intérprete del Patrimonio arqueológico y monumental de la ciudad de Écija.

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