Recuerdos olvidados: la guerra civil en la literatura escrita por mujeres

 “Memory matters”

J.W. Müller

La Guerra Civil que asoló España desde 1936 hasta 1939 supuso un antes y un después en la Historia de nuestro país. En el ámbito literario tuvo un reflejo inmediato y es que, por vez primera, las mujeres se lanzan a tratar en sus obras un tema del cual habían quedado excluidas por entenderse como propiamente masculino: la guerra.

Las autoras comienzan a escribir sobre el conflicto y lo hacen desde una perspectiva especial ya que buscan dar voz a los problemas concretos que afectan a las mujeres en tiempos de guerra: la maternidad, la violencia sexual o el cambio de estatus que sufrieron entre la República y la dictadura franquista, entre otros ejemplos. Además, las protagonistas de esta obras salen de los roles estereotipados como el de enfermera, para ser ahora el reflejo de las miles de mujeres que sufrieron las consecuencias específicas de ser mujer en tiempos de lucha bélica. Como afirma Juana Doña:

“Cárcel de Ventas. (…)Todas torturadas, rapadas, humilladas, cientos de ellas violadas. El hacinamiento les abocaba a los parásitos y la sarna. (…) Todas fueron maltratadas y medidas con la misma vara que nuestros presos hermanos. Sólo que ellos no fueron violados. Ni en sus brazos murieron sus pequeños hijos: comidos por el hambre. (…) Las torturas y los largos años de prisión los sufrieron con la misma fortaleza y dignidad que los hombres. ¿Por qué las mujeres somos aun silenciadas? ¿Y los avances de la democracia? Todavía somos un valor cero. (…) Abramos los ojos, pues si no siempre seremos tuertos”

La necesidad de que todos estos sucesos fueran narrados y conocidos por la sociedad es lo que hizo diferente la literatura de las autoras españolas que trataron el conflicto. Muchas de ellas, habían vivido el enorme cambio de situación que supuso la pérdida de todos los derechos que habían conseguido en la República y ser el centro de la “regeneración moral” que según la Iglesia Católica debía llevarse a cabo en la sociedad española. Volvieron a ser las tenedoras del honor familiar, una carga que pesaba sobre las jóvenes como una losa, pues “un paso en falso” condenaba a la humillación y la vergüenza a todos sus seres queridos. Antes de ello, muchas fueron víctimas de abusos sexuales de todo tipo que continuaron durante la posguerra de forma aún más impune, por no hablar de las miles que fueron encarceladas con sus hijos a los que vieron morir de hambre o frío. Otras tuvieron que mantener en solitario a sus familias cuando los hombres del núcleo familiar fueron encarcelados, fusilados o simplemente “desaparecieron”.

Nada de ello merecía caer en el olvido, y por ello las autoras comienzan a escribir novelas, diarios o incluso autobiografías, un género bastante olvidado en nuestro país por aquella época. Pero la línea entre estos géneros se vuelve difusa, pues el miedo y la vergüenza de muchas de ellas a contar su experiencia hacen que narren sus vivencias a través de personajes “ficticios”.

No obstante, la aparición de la mujer escritora y protagonista en el contexto de la guerra civil no se ceñirá a los momentos de posguerra sino que continúa hasta la actualidad con éxitos de ventas como El tiempo entre costuras. La razón por la cual en la actualidad se sigue escribiendo y leyendo sobre las mujeres en la guerra civil, es fruto de los elementos que caracterizan el relato historiográfico de este periodo: el trauma, el mito y sobre todo, el silencio. Esto hasta cierto punto es resultado de la censura entre los años 40 y 70 pero es más difícil de entender a partir de la Transición, momento en que entra en escena más fuertemente el trauma. Por ello, la herida de la guerra civil lejos de cerrarse sigue más abierta que nunca o como poco, mal cicatrizada.

La aparición del trauma hizo que la novela histórica viviese un auge importante de la mano de las autoras que eran muy conscientes de que aún quedaba mucho que decir al respecto de las mujeres en la guerra civil. Algunas de ellas vivieron la guerra en la más tierna infancia y fueron empujadas a la crueldad del mundo de los adultos demasiado rápido lo cual se refleja en sus obras como en el caso de Carmen Martín Gaite y su obra difícilmente clasificable, El cuarto de atrás, donde se alzó contra las “verdades” del discurso historiográfico franquista. En ella, los momentos anteriores a su memoria, la sensitiva y dérmica Literatura del trauma y la fantasía al más puro estilo de Tódorov como válvula de escape del dolor de los recuerdos, se entretejen para mostrarnos las consecuencias se crecer en el asfixiante clima de la posguerra.

A otras muchas autoras no les hizo falta vivir el conflicto para querer arrojar luz al respecto, escritoras como Dulce Chacón o Almudena Grandes, se hicieron continuadoras de la tradición de las mujeres que escribieron en la posguerra y narraron los aspectos más duros que el conflicto tuvo para las mujeres como la violencia sexual en su vertiente menos agresiva pero igualmente traumática. En Las 3 bodas de Manolita, Grandes narra con precisión los “exhaustivos” registros a los que las mujeres debían someterse para visitar a sus seres queridos en las cárceles o como su protagonista se desnuda a diario para el panadero quien a cambio le daba un poco de pan.

Dulce Chacón, en La voz dormida, nos hace sentir a través de su inocente protagonista, Pepita, lo que suponía para las mujeres la posibilidad de sufrir abusos en cualquier momento. Además, Chacón, también hace posible la recuperación del testimonio olvidado de la mencionada Juana Doña y nos traslada a la desbordada prisión de Las Ventas donde más de 15 mil mujeres fueron hacinadas con sus hijos en un cárcel con capacidad para 500, lo cual las obligaba a dormir en rellanos, escales e incluso a la intemperie.

Escena de la adaptación de La voz dormida. Fuente.

Escena de la adaptación de La voz dormida. Fuente.

La voz dormida heredera del testimonio de Juana Doña, la maternidad en tiempos de guerra como elemento que recrudece la situación de las mujeres. En Desde la noche y la niebla, la autora nos habla de cómo decenas de ellas vivieron un largo viaje desde Valencia a Madrid en camiones herméticamente cerrados acompañados de sus hijos, sin agua y sin más comida que una lata de sardinas. Casi todos los niños murieron por el calor y la falta de agua y comida; el resto de bebés pasaban las horas semiinconscientes debido tanto al mal olor de las deposiciones de las mujeres como a la putrefacción de los cadáveres que seguían siendo acunados entre los brazos de sus madres, las cuales vieron como soldados franquistas arrojaban a una cuneta sus cuerpos con el mayor de los desprecios a su llegada a la capital.

Está situación fue vivida y narrada por la autora en su novela, que en momentos como estos se aleja de la simple ficción para mostrarnos la más dura realidad.

El exilio también tuvo voz femenina y muchas fueron las que dieron su testimonio al respecto, el penoso camino hasta Francia y el mal trato de las autoridades francesas fue plasmado de forma brillante por Silvia Mistral en Éxodo: diario de una refugiada española. Los españoles eran registrados, analizados hasta los dientes (literalmente) para poder entrar en un país cuya población los despreciaba y cuyas autoridades ponían fácil los encuentros entre refugiados y autoridades franquistas para retornar a España. Quizás si conociésemos este tipo de testimonios, la sociedad sería más empática ante la situación de los refugiados en la actualidad.

Igualmente interesante resulta el testimonio María Zambrano, una de las grandes figuras del siglo XX que si bien ha sido estudiada desde la filosofía y la literatura, no siempre se le ha dado la importancia que debería como testimonio del exilio. En Delirio y destino, una novela muy cercana a la autobiografía donde hace un análisis tanto de la situación europea como de las española entre la década de los treinta y los cuarenta. Cabe mencionar que Zambrano, al igual que otras muchas autoras, aunque sus obras tengan tintes autobiográficos han sido capaces de crear un ambiente totalmente novelesco y en el caso de esta autora, nunca se identifica con la protagonista. Dicho esto, la visión del exilio que la autora nos ofrece a través de su protagonista es única. Así nos habla de la soledad de una superviviente mientras cruzaba el Atlántico hacia México:

“Tuvieron esa revelación: no eran igual a los demás, ya no eran ciudadanos de ningún país, eran exiliados […] Vencidos que no han muerto, que no han tenido la decencia de morirse, supervivientes” (Zambrano, 1989: 237)

De la mano de esta autora, observamos el sentimiento de derrota y pérdida que sufrieron los exiliados que no vieron este exilio como una tabula rasa desde la que volver a empezar sino como una desorientación y falta de sentido que desmorona a las personas.

Son sentimientos que vemos más patentes en las autoras y sus personajes literarios que estuvieron en mayor o menor grado implicados políticamente antes del inicio del conflicto. Por el contrario, la tendencia de los personajes ficticios o reales que no mantuvieron esta actividad política, es la falta de entendimiento de la situación. Así lo vemos en Contra viento y marea de María Teresa de León, una autora muy interesante por entender el feminismo de forma curiosa pero cuya importancia se ha reducido a ser la pareja de Rafael Alberti.

En la obra anteriormente mencionada, encontramos a una de las protagonistas totalmente ajena al conflicto, incapaz de entender el porqué de la violencia entre personas de un mismo pueblo, lo cual hace desarrollar una gran sensibilidad que le lleva incluso a compadecerse de la naturaleza. La focalización en los sentimientos y el intimismo, es algo propio de las autoras de posguerra pues la única forma de expresar el dolor que les causó la guerra era a través de su pluma.

También en la obra de María Teresa encontramos la representación de un colectivo “minoritario”, el de las milicianas. La mayoría de las autoras centraron sus obras en grupos, que al igual que las mujeres, eran relegados a un segundo plano. En este caso, encontramos a una miliciana que al igual que muchas otras, no pudieron combatir y fueron relegadas a roles más “femeninos”. Es por ello, que las escritoras de esta época a diferencias de sus compañeros, no pudieron describir escenas de luchas pues no llegaron a conocerlas. Muy interesantes son las palabras que la miliciana nos deja a este respecto:

“¡Ah, con que los hombres habían jugado y les habían dejado jugar a la guerra, pero ahora que comienza el honor, los grados, la responsabilidad las mujeres no servían! Estaba todo claro. ¡Solas, siempre solas!” (León, 1941: 244-245)

También hubo lugar para otro colectivo que sufrió en demasía las consecuencias de la guerra, la infancia. Los niños, los que como decía Ana María Matute, nunca eligieron bando pero no por ello el conflicto fue menos doloroso para ellos, muy al contrario se vieron introducidos en el mundo de “nosotros” y “ellos”; como decía la protagonista de Historia de una maestra:

“Ellos” se habían convertido en un vocablo cargado de misterios y suposiciones. Para los republicanos, “ellos” eran Don Cosme o el Cura y los que compartían sus opiniones. A su vez “ellos” éramos nosotros para don Cosme y sus aliados (Aldecoa, 199:112).

Cartel animando a las madres a evacuar a sus hijos a otros países. Fuente

Cartel animando a las madres a evacuar a sus hijos a otros países. Fuente

Tanto en la literatura de Aldecoa como en la de Matute y en todas las autoras de lo que se conoce como la generación del medio siglo, observamos la intención de mostrar lo traumático de crecer en tiempos de guerra, nos presentan un relato de la guerra menos como una acción heroica y más como un largo despliegue de miedos y de sufrimientos, de esperanzas y de solidaridad. En sus obras también podemos observar lo que se conoce como “memoria heterópica”, una forma de asumir experiencias ajenas como propias mediante la empatización pero sin que el otro pierda su identidad. Una forma de rememorar el pasado personal y hacerlo colectivo (Santana, 2010:101). Así, la vivencia particular de seres de ficción se transforma en una verdad generalizada (Olaziregi, 2009:12)

Todos ellos son aspectos propios del drama humana que tanto se preocuparon de mostrar todas las autoras que escribieron sobre guerra, desde aquellas “escritoras militantes” hasta las recientes como la ya citada Almudena Grandes o Montserrat Roig, autora catalana que de la mano de su madre creó una obra donde mezclo la novela histórica sobre guerra civil con una autobiografía novelada donde podemos conocer su experiencias en momentos históricos tales como la capuchinada. A partir del testimonio de su madre, nos habla del dolor punzante que el hombre producía o como formaba parte de la rutina diario de muchas mujeres pasar horas de frío mientras comprobaban si el cadáver de su marido había sido encontrado entre los escombros de algún bombardeo.

Las obras citadas son solo algunos de los casi 3 mil ejemplos de obras que tratan la guerra civil, queda claro que como afirma Iglesias Laguna “la guerra civil, por incivil, es un filón inagotable”. Además, es innegable que la literatura española ha hecho de la memoria y el recuerdo su eje temático principal. A pesar de ello, el discurso historiográfico no siempre tiene en cuenta los testimonios que podemos encontrar en estas producciones literarias sobre todo los procedentes del género novelesco, cuyo pacto ficcional aboga al lector y al investigador a entender como imaginario lo allí narrado. Sin embargo, lo cierto es que la capacidad de la novela de derrumbar el discurso hegemónico franquista es un hecho. Así lo muestran autoras como Martín Gaite o Constancia de la Mora entre muchas otras.

A todo ello se une el debate abierto de la mano del Posmodernismo sobre las posibilidades de narrar el pasado. Autores como H. White hablan de utopía en cualquier intento de objetividad al narrar el pasado pues al igual que la ficción, esta narración conlleva una interpretación. Ambos crean objetos que son, al fin y al cabo, construcciones del lenguaje. Muestra de ello es la Metaficción Historiográfica que usa estrategias propias del discurso historiográfico para mostrar la delgada línea que sepa Historia y Ficción.

Además, como afirmaba E. Said, los productos culturales son el reflejo de la sociedad, por ello el historiador no puede obviar la Literatura como uno de esos productos cruciales pues le ayudan a entender la lectura que dicha sociedad hace de sí misma; y la literatura sobre la guerra civil española, hace pensar como ya ha expuesto algunos autores como Joan Resina, que hay una falta de conocimiento de esta dramático periodo del pasado que impide asumir las consecuencias del mismo. Por ello, no hay que olvidar las obras de todas las autoras que dieron voz a quien perdieron el derecho a contar pues entonces estaremos perdiendo el derecho a conocer.

Bibliografía|

ALDECOA, Josefina. Historia de una maestra. Madrid: Santillana, 2007.

BERTRAND DE MUÑOZ, Maryse, La guerra civil española en la novela. Madrid: Ediciones José Porrúa, 1982

—-  Guerra y novela. La guerra española de 1936-1939. Madrid: Alfaguara Sevilla, 2001

CHACÓN, Dulce. (2002) La voz dormida. Madrid: Punto de Lectura, 2011.

DOÑA, Juana. (1978) Desde la noche y la niebla. Madrid: Editorial San Cristóbal, 2012.

GRANDES, Almudena, Las tres bodas de Manolita. Barcelona: Tusquets editores, 2014

LEÓN, María Teresa. (1941) Contra viento y marea. Cáceres: Universidad de Extremadura, 2010.

MAYORAL, M. y MAÑAS, M del Mar, Memorias de la guerra civil en las escritoras españolas. Madrid: SIAL Ediciones, 2010

MARTÍN GAITE, Carmen. (1978) El cuarto de atrás. Madrid: Sirusa, 2009

MATUTE, Ana María. (1959) Primera memoria. Madrid: Editorial Planeta, 1998.

MISTRAL, Silvia. (1940) Éxodo. Diario de una refugiada. Barcelona: Icaria Editoria, 2009.

OLAZIREGI, M. José, La guerra civil y sus representaciones. Universidad del País Vasco-Universidad de Nevada, Remo, 2009

ROIG, Montserrat, Ramona, adiós. Barcelona: Argos Vergara, 1980

SANTANA, Mario, De El cuarto de atrás de Carmen Martín Gaite a La meitat de l’ànima de Carme Riera: Notas sobre la memoria histórica en la novela contemporánea. Chicago, 2010 en <http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3719536>

ZAMBRANO, María, Delirio y destino. Madrid: Mondadori, 1989

Redactor: Noelia Ibañez Hidalgo

Licenciada en Historia por la Universidad de Granada y Máster en Estudios Literarios y Teatrales. He centrado mi investigación en el ámbito social de la Historia Militar y los estudios de género en la Literatura Contemporánea Española.

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