Los Evangelios Apócrifos, otra iconografía para la Edad Media

‹‹Puesto que ya muchos han intentado escribir la Historia de lo sucedido entre nosotros, según que nos ha sido transmitida por los que, desde el principio, fueron testigos oculares y ministros de la palabra››

(Lucas, 1: 1-2)

Cuando hablamos de Edad Media una de las primeras imágenes o pensamientos que pueden venir a nuestra cabeza es aquella etapa de la Historia en la que el cristianismo, por encima de cualquier otra creencia, asentó su doctrina de tal manera que encontrar manifestaciones artísticas que no tuvieran como fin la representación visual de dicha religión es una tarea complicada. De estas imágenes se sirvió la Iglesia para la difusión de la palabra de Cristo, para la educación de los fieles y también del propio clero, unas imágenes que basaron su iconografía principal en el texto sagrado por antonomasia del cristianismo, la Biblia. Escenas del Antiguo y el Nuevo Testamento inundaron iglesias, monasterios y palacios pero, ¿fueron estos dos libros las únicas fuentes para la iconografía cristiana del Medievo? Podríamos asumir, en principio, que sí, que de ellas se sirvieron escultores y pintores para la representación artística; sin embargo, prestando un poco de atención y estudiando más a fondo algunos de los capítulos, sobre todo del Nuevo Testamento, que más proliferaron y fueron llevados a la plástica durante la Edad Media, podremos dilucidar hasta qué punto muchos de ellos incluyen personajes o situaciones que no concuerdan con la fuente de la que supuestamente bebían.

Pues bien, cabría preguntarse si existió otra fuente documental que inspirase o completase a la Santa Biblia; una fuente no oficial, no reconocida por el papado y por lo tanto tomada como secreta o misteriosa. La respuesta es positiva, dicha fuente existió aunque, de hecho, no fue una sola, sino un importante y amplio conjunto de textos que la historia denominó con el tiempo ‹‹apócrifos›› y que por la forma y estructura que adoptaron han sido y siguen siendo conocidos como los Evangelios Apócrifos. Su origen podemos situarlo en torno al siglo II, momento en el que el mensaje oral de Cristo ya había sido puesto por escrito de manos de dos testigos directos del mismo, San Mateo y San Juan, y dos indirectos, San Marcos y San Lucas, pero también una etapa en la que la tan extendida tradición oral comienza a fusionarse a la reciente y escasa tradición escrita, dando lugar a toda una serie de textos que, en mayor o menor medida, recogieron hechos de la vida de Jesús y la Virgen pasados por alto en los Evangelios canónicos u oficiales. Por lo tanto, si los cuatro Evangelios oficiales ya habían sido redactados, ¿cuál fue la razón del surgimiento de estos textos ‹‹extracanónicos››?

Panel de marfil representando la Natividad y la Huida a Egipto. Catedral de Salerno. Fuente

Panel de marfil representando la Natividad y la Huida a Egipto. Catedral de Salerno. Fuente

La principal explicación la encontramos en la tardía aceptación oficial —durante el siglo III— de que los cuatro evangelios de Mateo, Juan, Marcos y Lucas, serían instaurados como norma de la fe cristiana. Esto provocó que importantes comunidades cristianas tanto de Occidente como de Oriente, adaptaran y redactaran la palabra de Cristo de acuerdo a sus tradiciones y formas de vida, lo que condujo a una corta vida de estos textos que nacieron y murieron junto a las civilizaciones a las que sirvieron. De este modo, cuando en el siglo IV queda fijado en veintisiete el número de libros que formarían el Nuevo Testamento, estos evangelios pasaron a un segundo plano, a denominarse ‹‹apócrifos›› (ocultos y misteriosos) y a ser considerados como un conjunto de revelaciones secretas que, según las sociedades gnósticas y maniqueas, sólo podían ser comprendidas por un reducido número de elegidos.

A pesar de su apelativo, estos textos traspasaron las fronteras de las sociedades que los crearon y fueron conocidos igualmente por las comunidades cristianas ortodoxas, a las que fueron presentadas como ‹‹evangelios›› cuya autoría quedaba establecida y atribuida a un apóstol. Así, algunos de ellos fueron atribuidos a un pseudo Mateo, un pseudo Tomás o incluso a San Pedro, pero también a esas comunidades de las que veníamos hablando como el Evangelio de los Hebreos y los Nazarenos, el de Egipto o el Evangelio armenio de la Infancia. En definitiva, un numeroso conjunto de apócrifos que, como hemos señalado, tanto para el sector ortodoxo como heterodoxo, sirvió de puerta de acceso al conocimiento de todos aquellos aspectos de la vida de Jesús y de cuya existencia tenemos noticias gracias al interés que la iglesia bizantina puso en incorporarlos a sus libros litúrgicos. Allí fueron conservados en su lengua original, la griega, y se realizaron las traducciones necesarias para su difusión, sobre todo, por el Oriente Próximo cristiano.

No es de extrañar, por tanto, que si estos evangelios calaron profundamente en las distintas comunidades cristianas, lo hicieran igualmente en sus manifestaciones artísticas. De este modo, la Edad Media se torna un período de esplendor en el empleo de lo que podríamos denominar ‹‹iconografía apócrifa››, representaciones plásticas que dotaron de cierto misterio y simbolismo a los textos sagrados y que, a pesar de lo que pueda parecer en un principio, fueron altamente conocidas y valoradas por el pueblo cristiano.

Veamos, pues, a continuación algunos ejemplos significativos de esa ‹‹iconografía apócrifa›› que proliferó durante el Medievo y que, tradicionalmente, hemos considerado producto de los evangelios ortodoxos incluidos en el Nuevo Testamento pero que, sin embargo, bebieron profundamente de los textos apócrifos.

Una de las escenas más conocidas y difundidas del cristianismo fue la Huída a Egipto, un momento crucial en la vida de Jesús que, sorprendentemente sólo es recogido por San Mateo en su evangelio, y de manera muy breve, sin aparecer ni una referencia al mismo en los tres restantes. Esto nos lleva a poder afirmar que su iconografía fue básicamente tomada de los Evangelios Apócrifos, máxime teniendo en cuenta que es uno de los episodios más cargados de tintes fantasiosos y simbólicos. El Protoevangelio de Santiago (s. II), el Evangelio del pseudo Mateo (s. VIII y IX), los Evangelios árabe y copto de José el Carpintero, así como el Evangelio árabe y armenio de la Infancia, se convierten en fuentes documentales primarias para este importante capítulo de la vida de Jesucristo, textos que serán encargados de ampliar la información aportada por Mateo y que amplía de forma significativa la comitiva que partió hacia Egipto formada por la Sagrada Familia.  Según estos evangelios, a José, María y el Niño les acompañaban otros destacados personajes como Jacobo, hijo fruto de un anterior matrimonio de José del que dicen era viudo, e identificado con el apóstol Santiago el Menor, y María Salomé, comadrona de María y futura madre del Santiago el Mayor y San Juan Evangelista. Así mismo, otro de los personajes que protagonizó las escenas medievales de la Huida a Egipto fue el Arcángel San Rafael. Es necesario apuntar en este momento que este arcángel no aparece nombrado en ningún episodio de la Biblia —el Apocalipsis de San Juan habla de un total de siete arcángeles, pero ninguno de ellos citado por su nombre—. Únicamente dos textos apócrifos de origen judío, el Libro de Tobías y el Libro de Enoch hablan de él.

‹‹Después que ellos [los magos] hubieran partido, un ángel del Señor se apareció en sueños a José diciéndole: levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Y estate allí hasta que yo te avise. Porque Herodes ha de buscar al niño para matarle. Levantóse José y, de noche, tomó al niño y a su madre y se retiró a Egipto.››

(Mateo, 1: 13-15)

La Huida a Egipto. Capilla Scrovegni (Padua). Fuente

La Huida a Egipto. Capilla Scrovegni (Padua). Fuente

Dos son las obras que pueden servirnos de ejemplo visual sobre esta ‹‹iconografía apócrifa››. La primera de ellas es una placa de marfil con incrustaciones de perlas negras, datada en 1084 y que se conserva y exhibe actualmente en el Museo de la Catedral de Salerno. La parte inferior de la misma, recoge una bella imagen de la Huida a Egipto inspirada o tomada directamente de los textos apócrifos. Esta placa ilustra la llegada del santo grupo a la ciudad de El Cairo —cuya mezquita de Ibn Tulum queda fielmente representada por el artista— una comitiva que, según la tradición cristiana ortodoxa debería estar formada únicamente por la Sagrada Familia, tal y como hemos señalado. Sin embargo, en el marfil de Salerno queda completada con los personajes de María Salomé y el Arcángel San Rafael, dos personajes que según el Evangelio armenio de la Infancia los Libros de Tobías y Enoch, tuvieron un simbólico papel durante la infancia de Cristo. Así, Salomé, que porta un copón, uno de sus atributos más característicos, fue la encargada de guardar el prepucio del Niño tras la circuncisión en un vaso con aceite de nardo, un perfume con el que treinta años más tarde, María Magdalena ungiría a Jesús en el Santo Sepulcro.

Más avanzado el Medievo, ya en el siglo XIV, el gran representante del Trecento italiano, Giotto, empleó al igual que otros destacados artistas los textos apócrifos que por aquel entonces completaban las narraciones de la vida de Jesús y la Virgen. Uno de los ejemplos más característicos de su obra es la escena de la Huida a Egipto que forma parte del conjunto de treinta y ocho frescos que decoran la estancia de la Capilla Scrovegni, en Padua. En este panel, la Sagrada Familia es acompañada en su recorrido por una amplia comitiva en la que, además de personajes ya conocidos como María Salomé, el Arcángel San Rafael o Jacobo, aparecen dos muchachos más. Los apócrifos los identifican con otros dos hijos de José de un matrimonio anterior.

La Adoración de los Magos. San Apolinar el Nuevo (Rávena). Fuente

La Adoración de los Magos. San Apolinar el Nuevo (Rávena). Fuente

Es altamente interesante comentar también el caso de la Epifanía o la Adoración de los Magos, ampliamente difundido a lo largo de la historia y que ha sobrevivido hasta nuestros días, ocupando un lugar destacado en nuestras tradiciones. Nos enfrentamos a algo muy similar al supuesto visto en párrafos anteriores. Al igual que ocurrió con la Huída a Egipto, esta es una de las escenas de la vida de Cristo que, a excepción del Evangelio de San Mateo, no es recogida por ningún otro libro del Nuevo Testamento. Con todo, el interés de la comunidad cristiana por ennoblecer la figura del Mesías con la visita real de los Magos, provocó que numerosas leyendas apócrifas en torno a estos personajes proliferaran durante los primeros siglos del cristianismo. El texto que en este caso narra la historia de los Magos más cercana a la que nosotros conocemos es el Evangelio Armenio de la Infancia (s. IV) que los denominaba Melkol, Gaspar y Baltasar, tres nombres que se han supuesto de origen persa. Lo que sí parece seguro es que hasta el siglo XI no se tienen las primeras noticias del conocimiento de esta historia, que no acaba en el momento de la ofrenda a Jesús, sino que uno de los apócrifos sostiene que el Apóstol Tomás los bautizó en Siria y los ungió como obispos, momento a partir del cual se dedicaron a predicar la palabra de Cristo por Oriente. Al igual que ocurría con la escena tratada anteriormente, para el caso de la Epifanía podemos poner ejemplos paradigmáticos, como el mosaico de la Adoración de los Magos que decora la iglesia de San Apolinar el Nuevo en la ciudad italiana de Rávena, de gran significado y simbología teniendo en cuenta que fue levantado durante el reinado del ostrogodo Teodorico, arriano y, por lo tanto, representante de una de esas comunidades cristianas que emplearon los evangelios apócrifos.

Son solo dos de los numerosos episodios de la vida y pasión de Jesucristo que fueron completados por los Evangelios Apócrifos para su representación artísticas en el Medievo. Podríamos decir que, sin un conocimiento previo de lo que fueron y significaron para la historia del Cristianismo, sería imposible identificarlos a simple vista en una escultura o pintura románica, por ejemplo. Pero, una vez que se conocen y estudian, es posible observar como su importancia superó en ocasiones a la de los propios Evangelios ortodoxos incluidos en el Nuevo Testamento y como pueden servirnos de fuente privilegiada para completar todos aquellos episodios de las Sagradas Escrituras que actualmente se han puesto en duda o han sido protagonistas de numerosos debates.

Bibliografía|

DE SANTOS OTERO, A., “Los Evangelio ApócrifosBiblioteca de Autores Cristianos, 1956.

GRAU-DIECKMANN, P., “Influencia de las historias apócrifas en el Arte”, Mirabilia, No. 1, 2001.

GRAU-DIECKMANN, P.; MANZI, O., “Los textos apócrifos en la iconografía Cristiana”, Mirabilia, No. 6, 2006.

GRAU-DIECKMANN, P., “Una iconografía plémica: los Magos de Oriente”, Mirabilia, No. 2, 2002.

RODRÍGUEZ MONTAÑÉS, J.M., “La iconografía de a plástica románica”, Iniciación al Arte Románico. Aguilar de Campoo: Fundación Santa María la Real, 2007.

Redactor: Alejandra Hernández Plaza

Graduada en Historia del Arte, Medievalista y con Máster en Formación del Profesorado (Geografía e Historia) por la Universidad de Murcia. Actualmente, preparando oposiciones al Cuerpo de Profesores de Enseñanza Secundaria y Bachillerato por la especialidad de Geografía e Historia; presidenta de la Asociación de Historiadores del Arte de la Región de Murcia y miembro de la Plataforma en defensa del Patrimonio de Murcia.

Comparte este artículo

1 Comentario

  1. Muy interesate arctículo , espero encontrar más redacciones suyas en esta página .
    Saludos desde México .

    Post a Reply

Trackbacks/Pingbacks

  1. Evangelios apócrifos: del descarte al mito - […] Evangelios apócrifos: del descarte al mito […]
  2. De cuando el Rey Baltasar era «blanco». Una iconografía de los Reyes Magos durante la Edad Media - temporamagazine.com - […] completados por los denominados Evangelios Apócrifos – estudiados anteriormente en el artículo Los Evangelios Apócrifos, otra iconografía para la …

Envía un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies