La propaganda de guerra en los estudios históricos sobre la Guerra de Independencia

 

Nuestro pueblo, cerrado antes en el retiro de su vida pacífica y tranquila, recibió a los extranjeros con curiosidad pueril primero, con extrañeza más tarde, con odio al fin, y ellos, los invasores, vinieron como enemigos, disfrazados o francos, esperando hallar ejércitos que combatir, mujeres hermosas y buen vino (Rafael Farias, 1919: 9).

Todos nos contamos a nosotros mismos la historia de lo que somos. Las naciones hacen lo propio, pero con mucho más peligro para quienes aprenden de estas historias, que son las que vienen a construir lo que llamamos “identidad nacional”.

El principal problema de estas construcciones es que suelen ir aparejadas a una generalización y una simplificación de algo que, sin embargo, es a todas luces muy complejo: la historia misma o, al menos, el relato de la realidad pasada que nosotros venimos a llamar historia. Es el relato el que, al final, transforma en comprensible algo tan inabarcable como la realidad, pero hay que ser muy cuidadosos para que “comprensible” no se convierta en maniqueo y simplista. Y si se trata de una guerra, pongamos el doble de atención.

La propaganda es uno de los elementos que más importancia cobran en torno al desarrollo de un conflicto y, muy especialmente, en torno a la forma en que dicho conflicto queda representado para el imaginario colectivo. Para el caso al que me voy a referir, la Guerra de Independencia española contra los franceses, esto es aún más relevante si cabe, por cuanto dicha propaganda sirvió para generar una idea de lo que había de ser el sentimiento nacional español.

Cuando hablamos de propaganda de guerra, nos referimos a un tipo de comunicación basada en principios sencillos como que el enemigo representa el mal, que es el enemigo el que busca la confrontación, y no uno mismo, o que las causas de nuestra propia acción son legítimas, al contrario que las del adversario. Con el paso del tiempo y la revisión histórica, estas premisas son –o han de ser– desmontadas para observar el conflicto pasado de la forma menos interesada posible, en favor de una mejor compresión de los condicionantes y la evolución de los acontecimientos.

[La Guerra de Independencia] “desde el primer momento fue una guerra entre buenos y malos, por eso fue una guerra de liberación. Una guerra, además, marcada por la propaganda: al tratarse de una guerra nacional la propaganda construye la idea de que el enemigo encarna la mentira. La primera necesidad de la guerra es elevar al absoluto la verdad propia y la falsedad ajena.” (Moreno Alonso, 2008).

Detención de un afrancesado. Fuente.

Detención de un afrancesado. Fuente.

En el caso de la Guerra de Independencia española, corremos el peligro de dejar que las ideas que subyacen a esa construcción nacional opaquen la realidad de algunas consideraciones que han de ser tenidas en cuenta. Resulta extraño que aún doscientos años después del conflicto, algunos tópicos sigan presentes en el imaginario colectivo, tales como la mala fama de los denominados “afrancesados”, deudores aún de esa imagen que los coloca como los peores traidores a la patria.

El problema puede generarse cuando encontramos que, más allá de lo que implica la invasión de España por parte de un país extranjero a comienzos del siglo XIX, la llegada de los franceses a la Península en estos años supuso también una oportunidad para el trasvase de las fórmulas revolucionarias y liberales capaces de frenar el absolutismo monárquico, así como para el constitucionalismo y el progreso heredados de los ideólogos de la revolución.

Si bien los intereses de Napoleón median en todo ello, lo que difícilmente puede negarse a día de hoy son los beneficios que un triunfo del constitucionalismo habría reportado a España, frente al absolutismo que Fernando VII se encargara de restaurar tras su ansiado regreso. En su momento, estas ideas, procedentes del bando enemigo francés, habían de ser denostadas al mismo nivel que sus actuaciones bélicas: la lucha contra Francia y contra el rey impuesto por ella, el malogrado José I, es total.

El peligro parece surgir en el momento en que esta lucha ideológica contra las aportaciones de Francia se hace extensiva en el tiempo. Recientemente descubro en los documentos que surgen a la luz de las conmemoraciones de mayo, que a la hora de valorar el conflicto a nivel histórico, pareciera que haya que buscar un posicionamiento. No en vano, presumir que los valores españoles se fundan sobre la lucha contra “todo” lo que simboliza la entrada de Napoleón y José I en España es asumir el rechazo al origen de nuestra conducción hacia los valores democráticos.

A comienzos del siglo XX, algunos historiadores españoles hacían revisión de lo que había supuesto la Guerra de Independencia por cuanto que era el origen mismo de la España nacional. Sorprende encontrar entre esas obras algunas que tratan de enfocar el conflicto desde el punto de vista de los soldados franceses. Rápidamente se localiza la continuidad de un discurso que busca perpetuar la idea del valor de los españoles en oposición a unos soldados franceses que habrían venido a soliviantar la tranquilidad de un pueblo por lo demás pacífico.

La mayoría de los soldados del inicial Ejército napoleónico de España eran, de hecho, reclutas de las quintas de 1808 y 1809 concedidas al Emperador por un Senado que buscaba complacerle; y sus oficiales, jóvenes sin experiencia y algunos retirados que se sumaron a los cuadros de las compañías. Por lo demás, fueron tropas que se enfrentaron al desabastecimiento constante, al menos hasta que el propio emperador consideró que el conflicto estaba tomando un cariz lo bastante preocupante como para obligarle a tomar parte en persona.

España despertaba en los soldados, según los testimonios, desde sorpresa e inquietud, hasta repulsa por su evidente distanciamiento respecto a las costumbres y maneras de la sociedad francesa. Podemos suponer que la incertidumbre reinante entre los franceses sobre las razones y los objetivos reales de su presencia en España, debió fortalecer este sentimiento.

A un siglo de distancia, encontrar valoraciones claramente decantadas por una idea que bebe de la tradición de aquella propaganda de guerra que llevó a demonizar todo lo que viniera de la mano de los invasores, puede ser a su vez valorado como forma de entender el momento histórico que vivía España a comienzos el siglo XX. Es por esto que podemos asumir afirmaciones como la siguiente, que tratan de explicar la importancia de resaltar los actos heroicos por encima de las verdades históricas:

Tropas imperiales. Fuente.

Tropas imperiales. Fuente.

“Apartar la vista de las miserias del momento y llevarla a las páginas de estos libros donde hombres de acción dejaron el reflejo de sus aventuras, dará siempre ánimo y consuelo a las gentes de su nación. Allí no hay dudas que minen la fe ni críticas que hagan vacilar los entusiasmos, veis la lucha descrita por los que no cayeron y todo un poema de pasiones varoniles animado por la alegría del vivir. La guerra podrá no ser buena, pero en esos libros la encontráis, muchas veces, hermosa.” (Farias R., 1919: 31).

Pero lo que resulta más preocupante es encontrar valoraciones similares un siglo después, cuando asumimos que los rescoldos del fuego que fuera aquella propaganda ya deberían estar más que apagados. Si bien esto sólo es muestra de que ciertos problemas a considerar en cuanto a lo que se ha construido como la “identidad de España” tienen raíces mucho más profundas de lo que cabría pensar, está en nuestra mano empezar a cambiarlo.

No cabe caer en la resignación de que aquello que dijera Napoleón en su día resulte una verdad aplicable también a los estudios históricos: “La opinión actúa más que la realidad”.

Bibliografía:

―FARÍAS, R. (1919), Memorias de la Guerra de Independencia escritas por los soldados franceses, Ed. Hispano-Africana, Madrid.

―FRASER, R. (2006), La maldita guerra de España: Historia social de la Guerra de Independencia, 1808-1814, Crítica, Barcelona.

―MORENO ALONSO, M. (2008), José I y los afrancesados, Ciclo de Conferencias “La Guerra de Independencia: la construcción del imaginario” (11/03/2008), sitio web: http://www.march.es/conferencias/anteriores/voz.aspx?id=2485&l=1

Redactor: Sara Esturillo Reyes

Licenciada en Historia y Máster en Estudios Literarios por la Universidad de Granada. Intereses en teoría de la Historia y de la Literatura, y en las relaciones que se establecen entre ambas disciplinas.

Comparte este artículo

Trackbacks/Pingbacks

  1. La propaganda de guerra en los estudios históricos sobre la Guerra de Independencia - […] La propaganda de guerra en los estudios históricos sobre la Guerra de Independencia […]

Envía un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Current ye@r *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

CERRAR