La construcción de la nacionalidad argentina durante el siglo XIX: caudillos y oligarcas

La Historia Contemporánea argentina ha estado marcada por dos elementos fundamentales: el ejército y la complejidad territorial del extenso país gaucho. La construcción de su identidad nacional no se basa en la existencia de una historia precolonial fuerte, ya que se han fechado multitud de pueblos indígenas pero ninguno con la entidad suficiente como para crear un antecedente común. Tampoco se apoyó sobre una religión predominante porque la Argentina del diecinueve no contaba con un perfil católico y, por tanto, no podía invocar a la religión para construir nacionalidad sobre ella. Si algo define a la Argentina de este tiempo es la lucha constante entre la capital, Buenos Aires, y las provincias; entre autonomistas y federalistas.

De este modo, el proceso de construcción nacional argentino hunde sus raíces en la primera parte del siglo XIX. Desde que en 1810 se creó la Junta de Buenos Aires han sido muchos los pasos que el país ha dado para dilucidarse como Estado. No fue hasta la celebración del Congreso de Tucumán, entre 1816 y 1820, cuando las Provincias Unidas del Río de la Plata consiguieron su independencia respecto de la metrópoli española. Esta coalición de provincias fue el germen de la actual República Argentina y, además, se convirtió en testigo del nacimiento de la Constitución argentina de 1819, con un marcado tinte centralista y que pronto acabaría fracasando debido a las aspiraciones federalistas de la mayoría de los caudillos.

Congreso de Tucumán (1816-1820). Fuente

Congreso de Tucumán (1816-1820). Fuente

Desde entonces, pueden dilucidarse dos corrientes que marcaron el transcurso del siglo XIX en el Río de la Plata: unitaristas y federalistas, quienes no dudarían en entrar en conflicto armado en el año 1830 para defender sus posturas. Según algunos autores como el historiador J. C Chiaramonte, aquello que en estos años se entendía por fundar constitucionalmente la nación argentina, era sólo la organización de un Estado y no se incluía el principio de nacionalidad que se difundió más tarde, a partir del Romanticismo. Una corriente de pensamiento romántica que en Argentina se plasmó en la conocida Generación de 1837, cuyos partícipes defenderían una identidad argentina exclusivamente americana. A grandes rasgos, los unitarios bebían directamente de las ideas de la Ilustración y defendían la europeización de la Argentina. En cambio, los federales partían de un sentimiento americanista y mantuvieron la defensa de la autonomía de cada provincia. En este sentido, casi todos los caudillos fueron federalistas.

Vista de Buenos Aires en 1832. Fuente

Vista de Buenos Aires en 1832. Fuente

Si alguna cuestión estuvo presente desde el comienzo en la conformación de la nación argentina fue la heterogeneidad de las distintas provincias que componían el cono sur así como la existencia de una pretendida nación bonaerense que se quería alejar del conjunto nacional argentino. Una cuestión nacional argentina que, en estos comienzos, compartía rasgos distintivos con el resto de países latinoamericanos, algo que no sucedía, por ejemplo, en el conjunto de estados europeos.

Tras este primer amago de organización nacional y las tensiones internas que conllevó, Argentina vivió la conocida Época del caudillajeque se adelantaría casi una década respecto al resto de países latinoamericanos donde, tradicionalmente, suele situarse en el periodo comprendido entre 1830-1850. La mayoría de los autores sostienen que las principales causas de este adelantamiento fueron el fracaso del Congreso de Tucumán, de la Revolución de Mayo y de la Constitución de 1819. Como consecuencia directa de esta crisis, se acentuaron las diferencias entre unitarios y federales.

Durante el gobierno del caudillo B. Rivadavia (1820-1829) de ideología unitaria, se continuó debatiendo sobre el concepto de nación, sobre todo, durante la fase de discusión de la Constitución de 1826 cuando algunos líderes como Juan Ignacio Gorriti (1776-1842) ponían de manifiesto las dos posibles acepciones del término: por un lado, aquella que hace referencia a grupos humanos de un mismo origen e idioma, como los griegos, los italianos o los hispanoamericanos; por otro, aquella que definía a una nación como una sociedad ya constituida bajo el régimen de un solo gobierno. En estas mismas cortes, otros diputados como D. Vélez (1801-1875; Partido Unitario) o V. Gómez (1774-1839; Partido Unitario), ya iban más allá de la visión de Gorriti y apelaban a la necesidad de ir creando cosas nacionales para tener una nación propia.

El posterior mandato del caudillo J. M. de Rosas en el periodo 1829-1852 en la provincia de Buenos Aires, trajo consigo un avance en la unión de las fuerzas federalistas. De este modo, nació el Pacto Federal de enero de 1831 que la provincia de Buenos Aires, con Rosas a la cabeza, firmó con las provincias de Entre-Ríos, Santa-Fé y, posteriormente, Corrientes. En general, se trató de una alianza para hacerle frente a la denominada Liga Unitaria creada por el General J.M Paz (1791-1854) en Córdoba y que incluía a las provincias del interior. Finalmente, la Liga acabó fracasando y sus aliados se unieron al Pacto Federal de 1831.

Este pacto fue aceptado por quienes entonces persistían en debatir el concepto de nacionalidad argentina sintiéndose hispanoamericanos pero siendo conscientes de que en el extremo más septentrional de América, las provincias donde participaban tenían un alto grado de independencia y soberanía y también podrían constituirse en Estados. En otras palabras, las provincias más federalistas firmaron este pacto aunque ya se había producido un avance en la concepción de la nacionalidad argentina como tal y Buenos Aires ocupaba un papel preponderante en este esbozo de nación.

Resulta importante subrayar que durante esta primera mitad del siglo XIX, varias de las provincias que apostaban por ser estados libres, autónomos y soberanos, discutían a su vez la existencia de una nacionalidad compartida. Bajo esta singular dicotomía nació la nación argentina, siendo consciente de su heterogeneidad pero sabedora de la necesidad de una unión a la que a lo largo del siglo XIX se adhirieron casi la totalidad de las provincias. En cierto modo, los caudillos ya dejaron perfiladas las fronteras nacionales que se afianzaron en la segunda mitad de siglo y la transición hacia un régimen oligárquico fue más tranquila que en el resto de países latinoamericanos.

Ya en mayo de 1852 se firmó el Acuerdo de San Nicolás de los Arroyos donde se explicitó que “Se declara que, (…), ha llegado el caso previsto en el artículo 16 del precitado Tratado -refiriéndose al Tratado Federal de 1831-, de arreglar por medio de un Congreso General Federativo, la administración General del País, bajo el sistema federal (…).

Tras el derrocamiento del general Rosas, vio la luz la Constitución de 1853 que fue sancionada por el Congreso General Constituyente el 1 de mayo de ese año, siendo reformada y concordada por la convención nacional ad hoc el 25 de septiembre de 1860 y reformada por las convenciones de 1866, 1898, 1957 y 1994. Otro hito importante en este camino de la construcción nacional argentina también fue el Pacto de San José de las Flores firmado en 1859 para concertar la paz entre la Confederación Argentina y el Estado de Buenos Aires en constante conflicto durante toda la década de 1850. Este pacto afirmaba desde su primer artículo que “Buenos Aires se declara parte integrante de la Confederación Argentina, (…)”.

No obstante, Buenos Aires entró en guerra con el resto de las provincias confederadas y en 1861 su triunfo significó el fin de la Confederación, la aplicación definitiva de la Constitución de 1853 y el comienzo del periodo historiográficamente conocido como de Organización Nacional que culminó en 1880 con la creación del distrito federal de la capital, por un lado y, por otro, con el asentamiento de la provincia.La identidad federal argentina se vio enormemente asentada desde entonces. Más aún si cabe porque tanto el gobierno central como los provinciales intentaron eliminar a través de distintas expediciones y conflictos en la Pampa y la Patagonia todo rastro al elemento indígena. Así, el gobierno de la República Argentina consiguió vencer en la Guerra del Desierto (1878-1885) a los pueblos mapuche, ranquel y tehuelche y anexionar a la nación argentina los territorios de La Pampa y La Patagonia.

El siglo XIX argentino terminó con el asentamiento de una República Liberal (1880-1916) que se desarrolló a través de un Unicato, un sistema político donde el fraude electoral era la tónica habitual para mantener en el poder a las oligarquías bajo el respeto a la Constitución de 1853 que blindó el poder ejecutivo. En la década de 1880, la situación política en Buenos Aires era bastante complicada, los porteños se oponían a la capitalización de la ciudad y para evitarlo se levantaron en armas en 1880, constituyendo éste el último acto de resistencia contra la autoridad nacional erigida en los autonomistas que desarrollaron un sistema liberal parlamentario.

De esta forma, el Partido Autonomista Nacional (PAN) dominó el panorama político, económico y social en detrimento de la aparición o actuación de otros partidos políticos. El PAN, a través de distintos líderes como Julio Argentino Roca, quien disfrutó de dos mandatos presidenciales (1880-1886; 1898-1904), favoreció las inversiones extranjeras, la enseñanza laica, los registros y matrimonios civiles y la construcción de ferrocarriles. Su actuación puede resumirse en las palabras que él mismo Roca pronunció al principio de su mandato y que ya auguraba un régimen, cuanto menos coercitivo“En cualquier punto del territorio argentino en que se levante un brazo fratricida, o que estalle un movimiento subversivo contra una autoridad constituida, allí estará todo el poder de la Nación para reprimirlo”.

La crisis finisecular trajo consigo una reforma política al margen de las actuaciones de la oligarquía gobernante, además del acceso al gobierno de nuevas fuerzas políticas surgidas al margen de esas élites que hasta el momento habían ostentado el poder como fueron la Unión Cívica Radical (UCR) y el Partido Socialista Argentino (PSA).

Bajo los gobiernos conservadores del PAN fueron las élites sociales y económicas quienes ocuparon los cargos del gobierno más relevantes, tanto a nivel provincial como nacional. Finalmente, sería la propia división interna de partido, la tímida oposición que empezaron a encarnar los nuevos partidos políticos -que dibujó, ya a principios de la década del 1900, un nuevo panorama político en la capital-, así como los problemas económicos que surgieron en el país, las razones que provocaron en 1916 que llegará por primera vez al poder un miembro de UCR, H. Yrigoyen (1916-1922; 1928-1930).

En definitiva, la cultura política argentina ha estado influenciada desde su nacimiento como nación por el caudillismo, el clientelismo, el fraude electoral y la corrupción que vivió el país a lo largo del siglo XIX y que ni la llegada de la democracia ni la promulgación de la Ley electoral Sáenz Peña de 1912 consiguieron extirpar de sus instituciones, creando así la base para la intrincada historia política, económica y social de los siglos posteriores.

Bibliografía y webgrafía:

CHIARAMONTE, JOSÉ CARLOS, “Ciudades, provincias, Estados: Orígenes de la Nación”, Buenos Aires: Emecé Editores, 2007.

“CONSTITUCIÓN NACIONAL ARGENTINA e instrumentos internacionales con jerarquía constitucional”, Buenos Aires: ediciones NBI, 2009.

LOBATO, MIRTA ZAIDA, “Estado, Gobierno y Política en el régimen conservador”, en SURIANO, JUAN (Coord.), “Argentina. La construcción de un país”, Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 2009.

MYERS, JORGE, “La revolución de las ideas: la generación romántica de 1837 en la cultura y en la política argentinas”, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Alicante: Editorial Suramericana, 2010.

QUIJADA, MONICA, “Nación y territorio: la dimensión simbólica del espacio en la construcción nacional argentina. Siglo XIX”Revista de Indias. Madrid: Instituto de Historia, CSIC, 2000.

ZUBIZARRETA, IGNACIO, “Las antinomias entre unitarios y federales en Argentina. Un desafío a superar”Nuevo mundo, mundos nuevos. París:  École des hautes études en sciences sociales, 2007, 7.


 

Redactor: Nuria Rodríguez Ruiz

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