La anatomía de los Neandertales

En el estudio de la evolución del género Homo, del que formamos parte los humanos, mucho se ha hablado del hombre de Neandertal; ese homínido al que consideramos familiarmente como el primo lejano -o no tanto- del Humano Anatómicamente Moderno. Durante años, y aún en la actualidad, se describen y analizan las diferencias y parecidos entre ambos grupos humanos, tratando de contestar a la pregunta «¿Son tan distintos a nosotros física y mentalmente?». Es decir; ¿podríamos incluir una cara neandertal en el espectro de rostros que vemos en nuestro día a día, o serían tan diferentes que los identificaríamos inmediatamente como una especie ajena a la nuestra?. Si este grupo existiera en nuestros días, ¿podría pasar desapercibido un neandertal que tomara café en una terraza, o los humanos actuales lo observarían extrañados?, ¿sería capaz de un comportamiento social y abstracto igual al del Homo sapiens?, ¿poseería las mismas capacidades cognitivas?.

Estas preguntas tratan de ser contestadas con el estudio anatómico de los restos fósiles de estos individuos, así como de su entorno, sus instrumentos, la fauna asociada a ellos, etc. Físicamente, a las características que diferencian al hombre de Neandertal del Humano Anatómicamente Moderno se las denomina habitualmente «caracteres neandertales». Estas morfologías concretas se observan tanto en el cráneo, como en el esqueleto postcraneal.

El cráneo de los neandertales destaca por ser alargado, aplanado y bombiforme (anchura máxima en los parietales). Este particular cráneo aloja un volumen cerebral de 1400-1600 cm3, un poco mayor que el de los Humanos Anatómicamente Modernos. Sus temporales presentan el arco zigomático a la altura del conducto aditivo externo, mastoides reducidas y articulación temporomandibular plana. El occipital es redondeado, con el llamado «chiñón» neandertal; una protuberancia bajo la fosa suprainíaca, que es también distintiva, a la altura de la nuca. Estas características, entre otras, darían lugar a una cara ancha y larga, con elevado prognatismo mediofacial.

Esta morfología tan específica se va formando durante la ontogenia del individuo; es decir, el hombre de Neandertal no nace ya con un rostro prognato, largo y ancho, si no que se desarrolla durante su crecimiento hasta alcanzar la etapa adulta, tal como exponen Rosas y Bastir en 2004 y Bastir et al. en sus estudios en 2007. Así, según estos autores, mientras que los HAM desarrollan la región de la cara a través de una elongación vertical durante el crecimiento postnatal, los neandertales sufrirían, además, un crecimiento horizontal (observando el cráneo de perfil) aumentando así el mencionado prognatismo. La región nasal y la zona media de la frente se adelantan, con un resalte de los pómulos producidos por el aumento de las cavidades internas de la cara, que parecen “inflarse”.

Además de estos particulares rasgos, que hoy en día nos resultarían ligeramente extraños en una cara humana, poseen también un torus supraorbitario de glabela proyectada, anchura interorbitaria media, huesos nasales largos y prominentes, gran apertura piriforme y malares retirados. En términos más familiares, podríamos decir que la región de las cejas es abultada, de ojos ligeramente más separados que en los humanos actuales, con narices anchas y proyectadas y pómulos que, al contrario de los nuestros redondeados y sobresalientes, estarían moldeados hacia atrás.

Como última característica en el cráneo, las dentición anterior de H. neanderthalensis (incisivos y caninos) sufre un aumento de tamaño, estando además situada de forma más adelantada que en H. sapiens, lo que se traduce en la aparición del espacio retromolar (hueco detrás de los molares). También suelen presentar un alto porcentaje de taurodontismo (aumento de la cámara pulpar), dientes en pala y tubérculos linguales, que se encuentran también en poblaciones modernas pero con menos frecuencia.

Comparación HAM (izquierda) y Neandertal (derecha). Museo de Historia Natural de Cleveland. hairymuseummatt. Dr Mike Baxter. Fuente.

Comparación HAM (izquierda) y Neandertal (derecha). Museo de Historia Natural de Cleveland. hairymuseummatt. Dr Mike Baxter. Fuente.

El esqueleto postcraneal neandertal presenta a su vez gran cantidad de rasgos diagnósticos que permiten diferenciarlos del humano actual, y, en general, se caracteriza por unas marcadas inserciones musculares y gran robustez ósea, lo que se asocia a una complexión fuerte y vigorosa. Sus cajas torácicas son anchas y acampanadas, como especifican Bastir et al., en 2015, lo cual puede deberse a una respiración más diafragmática, a una adaptación al frío, o a un biotipo arcaico ligado a una morfología más primitiva de la pelvis, con caderas anchas y pubis largo. Según recientes investigaciones, esta conformación podría permitir un alumbramiento un poco más sencillo que el de los HAM, en el que el feto no tendría que atravesar el contorno superior e inferior de la cintura pélvica, por lo que no realizaría la compleja operación de rotación y giro al nacer que tiene lugar en nuestra especie.

También es específica la morfología del brazo neandertal. Tal como expusieron Rosas et al. en 2015, estos individuos no podrían llevar a cabo el levantamiento del brazo por encima de la cabeza, impidiendo el movimiento de lanzamiento que se realiza, por ejemplo, al arrojar una lanza. O, en un símil más reciente, al realizar un saque jugando al tenis.

De la misma forma, las manos neandertales también poseen rasgos propios, indicativos de una mayor fuerza de flexión, oposición del dedo gordo, abducción y aducción, en contraste con una menor precisión de la pinza manual. Es decir; tendrían mayor fuerza de agarre pero menor precisión, según expuso Trinkaus en 1986.

En la extremidad inferior, destaca un fémur arqueado de cortical gruesa y una gran elongación y robustez de los huesos del pie, con marcadas inserciones. Esto apunta a unas piernas ligeramente arqueadas, con músculos fuertes. Además, atendiendo a los estudios de Trinkaus en 1975, los neandertales tendrían fuertes ligamentos en los arcos plantares que implicarían uniones rígidas y mecanismos compactos de retención de la pisada, asociados a una locomoción de alto estrés biomecánico.

Neandertal (izquierda) y HAM (izquierda). Atapuerca, página web de Juan Luis Arsuaga y el equipo de investigación Centro UCM-ISCIII. Fuente.

Neandertal (izquierda) y HAM (derecha). Atapuerca, página web de Juan Luis Arsuaga y el equipo de investigación Centro UCM-ISCIII. Fuente.

Todas estas morfologías dan lugar a un plan corporal muy concreto y específico en los neandertales, que destaca por su alta robustez corporal sobre otras especies del género Homo. Es decir, el cuerpo de estos individuos sería proporcionalmente más ancho y pesado que alto. Este plan corporal también se caracteriza por unos índices braquial y crural más bajos que los de HAM, lo que implica que los segmentos distales de sus extremidades (cúbito y radio, tibia y peroné) estarían acortados en relación al conjunto del brazo y la pierna. Según los trabajos de 1997 de Hollyday y Ruff, la particular conformación de las extremidades, el tórax y la alta robustez de los neandertales son similares a las de poblaciones humanas de regiones circumpolares, por lo que se relaciona el tipo corporal neandertal con la adaptación a ambientes fríos, ya que, al acortar las extremidades y reducir la superficie corporal en relación al volumen, es posible retener el calor corporal de forma más eficaz. También se ha sugerido que el acortamiento de los segmentos distales esté asociado a individuos con gran desarrollo de fuerza muscular o que este tipo corporal sería una adaptación a demandas energéticas relacionadas con una alta actividad tipo sprinter.

En cualquier caso, esta conformación del cuerpo podría dar lugar a desigualdades funcionales y locomotoras entre los humanos de hoy en día y sus parientes lejanos, los neandertales. Así, según algunos trabajos como los de Polk en 2004, estos últimos habrían desarrollado un patrón de pisadas más cortas, realizadas con las piernas más flexionadas. De esta forma, el coste energético de la locomoción sería un 30% mayor para el H. neanderthalensis que para el H. sapiens, como exponen Steudel-Numbers y Tilkens en 2004, además de no ser «económicos» energéticamente para correr, atendiendo a los resultados de Raichlen et al. en 2011. Sin embargo, Higgins y Ruff sostuvieron en 2011 que este acortamiento del segmento distal no supondría una desventaja para la marcha en sustratos irregulares, en los que se supone que este grupo habitaba y se desplazaba, estando supuestamente también el pie neandertal adaptado a estos terrenos si atendemos a los resultados de Raichlen et al. en 2011.

Por otro lado, al repertorio de características neandertales hay que sumar el efecto de la variabilidad propia de esta especie, que se da no sólo en el tiempo, diferenciándose Neandertales arcaicos de tardíos, si no también en el espacio, dividiéndose en Grupo europeo (los llamados “neandertales clásicos”, en yacimientos como La Chapelle-aux-Saints, Saint-Cèsaire, La Ferrassie, Règourdou, Guattari, Saccopastore, Krapina, Feldhofer y Spy) y Grupo oriental (en yacimientos de Oriente Próximo como Tabun, Amud y Kebara, y de Oriente Medio y Asia Central como Shannidar), además de existir diferencias entre los del norte y los del sur. De esta forma, los neandertales del Grupo Europeo presentan caracteres más robustos, mientras que en muchos de los yacimientos de Oriente Próximo, como Tabun y Amud (especialmente en éste último), se dan fenotipos más gráciles, con bóvedas craneales más altas, torus supraorbitarios menores, y apófisis mastoides mayores, entre otros rasgos. Finalmente, Rosas y Bastir sostienen en 2004 que los neandertales del sur poseen patrones craneales más braquifaciales que los del norte, más dolicofaciales, lo que implica que las caras de los neandertales del sur serían más anchas y cortas que en los grupos del norte.

Por tanto, para concluir, ¿podríamos decir que el hombre de Neandertal es muy distinto físicamente al humano actual?. Esta especie humana poseía claramente, como hemos visto, caracteres específicos propios que los diferencian de nosotros, los Humanos Anatómicamente Modernos, sea cual sea nuestra procedencia geográfica, y la de ellos. Dichos rasgos permiten caracterizar restos paleontológicos como pertenecientes a neandertal, en la mayoría de los casos dejando poco margen a la equivocación. Así, si este grupo existiera en nuestros días, es difícil que pasaran desapercibidos entre las morfologías faciales y corporales a las que estamos acostumbrados. Sin embargo, como grupo altamente emparentado con el H. sapiens, no son tantas las discrepancias físicas entre nosotros, encontrando muchos puntos comunes y similitudes. De esta forma, se descarta al fin la visión de estos individuos como seres embrutecidos y mentalmente muy por debajo del ser humano, para adoptar una imagen de estas poblaciones como un tipo más de ser humano, similar a nosotros y particular a su manera

Reconstrucción de hombre de Neandertal del Museo Neandertal de Mettmann (Alemania). Fuente.

Reconstrucción de hombre de Neandertal del Museo Neandertal de Mettmann (Alemania). Fuente.

 

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Redactor: Anabel Ferrando

Licenciada en Ciencias Ambientales por la Universidad de Málaga, con Máster en Antropología Física y Evolución Humana por la Universidad Complutense de Madrid, la Universidad Autónoma de Madrid y la Universidad de Alcalá de Henares. Trabajó como técnico del Museo Nacional de Ciencias Naturales - CSIC (Madrid) hasta 2016.

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5 Comments

    • En la actualidad conviven entre nosotros, en España hay alrededor de 7 millones de especimenes conviviendo entre la gente. Su lider actual es Mariano Rajoy.

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    • ¡Muchas gracias, Antonio!
      Y gracias también por la recomendación.

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  1. Hace poco leía sobre este tema en otro medio, y allí se insistía sobre un rasgo que distinguiría claramente a los neandertales si aparecieran en medio de nosotros: que estarían cubiertos de pelo por todo el cuerpo, incluyendo la cara. Sería imprescindible dadas las temperaturas a que estaban expuestos. Me llama la atención que Penas se haya mencionado

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    • Muchas gracias por comentar, Toño.
      Hoy en día, aunque se tienen algunos datos del color de pelo que podrían haber presentado los neandertales, gracias a análisis de ADN, no conocemos ningún estudio con resultados genéticos o de evidencias fósiles en el que se hable de la cantidad de vello corporal. Te lo agradeceríamos mucho si pudieras añadir el link para que podamos comentarlo.
      A pesar de ello, no sería de extrañar que los neandertales tuvieran vello, puesto que nosotros, los humanos actuales, también tenemos en mayor o menor medida tanto en el cuerpo como en la cara (barbas, bigotes, cejas más o menos pobladas). Por otro lado, actualmente está en desuso el concepto de que este vello corporal alcanzara proporciones mucho mayores a las nuestras pasando a ser pelo que cubriera toda la piel, como en los chimpancés o los gorilas, ya que se tiende a conceptualizar la imagen de este grupo como más parecida a la nuestra.

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