Augusto y el cine de romanos

¿Cuál es la imagen que tiene el  gran público  sobre Augusto, el primer emperador de Roma?  A lo largo del presente trabajo intentaremos aclarar esta cuestión, así como los diferentes enfoques que se le dio a este personaje histórico hasta nuestros días, centrándonos en el cine y la televisión, ya que entendemos que es uno de los mayores difusores y creadores de imágenes colectivas.

Augusto ha pasado a la historia como uno de los emperadores considerado «buenos». Creó un nuevo modelo de gobierno, el Principado, y marcaría un antes y un después en la Historia de Roma. Esta imagen positiva se debe a su labor propagandística: además de dejarnos su testamento político, las Res Gestae Divi Augusti, una recopilación de sus hechos, supo rodearse de un nutrido grupo de literatos que escribían para mayor gloria del princeps, como fueron Virgilio, Horacio, Ovidio, Tibulo, Propercio; o de historiadores como Tito Livio, Estrabón, Asinio Polión, Veleyo Patérculo, etc. A esta imagen favorable del princeps legada por sus contemporáneos, habría que sumarle la dejada por Suetonio en La vida de los doce césares, centrado más en las anécdotas, el carácter o las costumbres de Augusto.

Cleopatra

Roddy McDowall como Octavio en la película Cleopatra de J. Mankiewicz (1963). Fuente.

Habría que esperar a un siglo para ver cómo se empieza a retratar la figura de Augusto con sus claroscuros. Tácito, autor de los Anales, nos muestra  su opinión sobre el princeps en los primeros capítulos de su obra: un individuo manipulador que perseguía el poder. Casio Dión, autor de Historia de Roma, lo representa como un autócrata (1). También contamos con las Vidas paralelas de Plutarco. Aunque no dedicó ninguna al princeps, aparece en cuatro de ellas, las dedicadas a Julio César, Antonio, Bruto y Cicerón. La importancia de Plutarco para la visión que al día de hoy tenemos de Augusto radica en que fue la fuente usada para las obras teatrales de William Shakespeare, quien nos ha legado la imagen consolidada de personajes como Julio César, Antonio, Bruto, Cleopatra o Augusto hasta la actualidad. Shakespeare nos muestra una visión de Augusto que rompe con la historiografía latina, un personaje astuto, cruel, más humano e imperfecto, pero el único que conlleva el triunfo.

Con posterioridad, Augusto fue visto como el modelo del monarca benefactor, aquel  en que los reyes europeos querían asimilarse. Otros lo vieron como el «sutil tirano». En la primera mitad del siglo XX, con el surgimiento de las dictaduras fascistas en Europa, la propaganda y los historiadores afines a estos regímenes quisieron vincular directamente estos con la Roma Imperial. En el caso de Italia, el Duce quería parangonarse con el principado de Augusto, entendido como el más importante de la Historia de Roma. Tal es así, que en 1937 se celebró el bimilenario del nacimiento de Augusto en una gran exposición —Mostra Augustea della Romanità— en la que los bustos de Mussolini y Augusto recibían al visitante con la frase «Italianos, hagamos posible que las glorias del pasado queden superadas por las futuras». Es en este contexto cuando se publica La revolución romana (1937) de sir Ronald Syme. No deja de ser una obra de su época: se aprecia una crítica a los fascismos, concretamente al italiano, y lo podemos ver en su índice con los títulos de los capítulos: La primera marcha sobre Roma, Tota Italia, Dux, El programa nacional o El encauzamiento de la opinión pública. Syme reinterpreta Augusto, mostrándonos un déspota que creó un régimen del cual no se podía disociar los crímenes cometidos.

Sin duda, ante este bagaje historiográfico que arrastra, Augusto es un personaje que suscita controversias (ya que se hizo con el poder de la República creando un gobierno unipersonal) y es el motivo del porqué no cuenta con una participación importante dentro de las películas de temática de romanos o peplum. No estamos, como indica P. Goodman (2012: 13), ante un Julio César al cual se le puede dar una doble lectura —el trágico final de un héroe con su asesinato o el triunfo de la libertad ante la muerte del tirano— o las vidas sórdidas, llenas de escándalos, de un Calígula, un Nerón o un Cómodo en el que podemos ver una crítica de cómo el poder corrompe (Calígula, 1979, o Gladiator, 2000) o la exaltación de los mártires cristianos (Quo Vadis? 1951). Pese a ello, Augusto tradicionalmente ha sido un personaje secundario en muchas películas y series; solo contando con una película en la que es el único protagonista.

Octavianprofile

Simon Woods como Octaviano en la serie Rome (2005-2007). Fuente.

Con las películas y las series en las que aparece nuestro personaje podemos hacer una división fijada en la fecha de 27 a.C., es decir, en la fecha en que el Senado le ofrece el título de Augustus: con una primera etapa en que Octaviano, por regla general, suele aparecer como un villano frente a las vidas trágicas de Antonio y Cleopatra; y una segunda etapa, la de Augusto, en la que se nos muestra con una imagen más positiva.

A esta primera etapa podemos colocar la película de Cleopatra de J. L. Mankiewicz (1963). Película dividida en dos partes, será en la segunda, la que desarrolla el amor melodramático entre Antonio (Richard Burton) y Cleopatra (Elizabeth Taylor), cuando se introduce a Octavio protagonizado por Roddy McDowall. Esta parte de la película empieza con la derrota de los cesaricidas en la batalla de Filipos (42 a.C.) y acaba con el suicidio de los dos amantes en Alejandría (30 a.C.). En ella se nos narra la repartición del mundo romano entre Octavio y Antonio, el matrimonio de Octavia con Antonio o la batalla de Accio.

La imagen de Octavio en la película está  tomada de la tragedia Antonio y Cleopatra de Shakespeare, que toma como fuente la vida de Antonio de Plutarco. Se creará la imagen típica de Octavio que tomarán otras producciones posteriores: Vemos un Octavio frío, calculador, ambicioso, astuto (que idea el matrimonio entre Antonio y su hermana con miras a perjudicar a Cleopatra y forzar la guerra entre el reino del Nilo y Roma), cruel (se le ve lanzando la lanza fecial de la guerra y matando en el acto a Sosígenes, emisario de la reina), de físico frágil (lo vemos en Accio en el camarote, mientras Agripa en cubierta conduce la batalla) que se contrapone con la de los protagonistas, Antonio y Cleopatra, de físicos fuerte, pasionarios e idealistas.

A este grupo pertenece también la coproducción de la HBO, BBC y la RAI Rome (2005-2007) en la que se nos narra en dos temporadas el fin de la República y el comienzo del Imperio desde la rendición de Vercingetórix (52 a.C.) hasta la entrada triunfal en Roma de Octaviano (29 a.C.), desarrollando la guerra civil entre Pompeyo y César, el asesinato de éste, el segundo triunvirato y la posterior guerra entre Antonio y Octaviano. En la primera temporada se nos muestra un Octavio niño, protagonizado por Max Pirkis, que se mueve entre bambalinas. Pero será en la segunda temporada, cuando cobre más importancia el personaje, esta vez protagonizado por Simon Woods. Aquí volvemos a ver la misma imagen del Octavio frío y calculador,  con el añadido de mostrárnoslo como hipócrita, sádico, un monstruo de «alma podrida», como le llega a llamar Cleopatra, que no sólo hace sufrir a sus enemigos, sino a sus propia familia. El final victorioso de Octavio no es visto como un triunfo, sino como una tragedia. Mención aparte merece el papel de Livia (Alice Henly), inspirada en I, Claudius.

Por último destacar una miniserie estadounidense dirigida por G. Yaitanes, J. Gray y K. Manners: Empire (2005), de seis capítulos que también nos traslada al 44 a.C., tras la muerte de César. Se nos presenta las luchas por el poder entre Antonio (Vicent Regan) y Octavio (Santiago Cabrera). Nada que ver con la realidad histórica (Atia no es sobrina sino hermana de César), se nos muestra las aventuras de Octavio y su guardaespaldas, el gladiador Tyrannus (Jonathan Cake). En esta ocasión se nos muestra un Octavio diferente: caprichoso, donjuanesco, pero que irá madurando al tener que salvar los escollos que le pone Antonio. Esta película fabulosa desarrolla la aventura por la aventura.

Yo, Claudio

Brian Blessed como Augusto en la serie I, Claudius (1979). Fuente.

Después tendríamos aquellas producciones que se enmarcarían en la fecha posterior al 27 a.C., como I, Claudius (1979). Versión seriada de la BBC de las novelas de Robert Graves Yo, Claudio y Claudio el dios y su esposa Mesalina (ambos publicado en 1934), toma  el argumento de una autobiografía del emperador Claudio que nos va narrando la historia de su familia, la dinastía Julio-Claudia, desde Augusto hasta su principado, pasando por los de Tiberio y Calígula.

Pasándonos a la serie, nos encontramos con una de las máximas representaciones de Augusto en la televisión: la de Brian Blessed. La aparición de Augusto ocurre en los primeros capítulos, abarcando desde 25 a.C. hasta su muerte en 14 d.C. Como en las anteriores obras, aquí Augusto no deja de ser un personaje secundario, en este caso subordinado a su esposa Livia (Siân Phillips). Se llega oír del mismo Claudio que «Si Augusto gobernaba el mundo, Livia gobernaba a Augusto». Esta imagen negativa de Livia, tomada directamente de los Anales de Tácito, es un ejemplo perfecto de la misoginia de los autores latinos cuando trataron aquellos personajes femeninos que llegaron a ostentar el poder dentro de una sociedad patriarcal como era la romana. Así, se nos muestra una imagen más simpática de Augusto, un personaje motivado por principios morales, sacado de Suetonio, pero que no deja de ser un personaje secundario, ciego ante las maquinaciones de Livia y que al final será también víctima de ella.

Podemos también situar en este grupo una producción patria, Los cántabros de J. Molina, alias Paul Naschy  (1980). La historia comienza en el año 29 a.C. con el comienzo de las guerras cántabras, y se centra en la lucha entre Agripa (Paul Naschy) y Corocotta (Daniel Barry). Augusto, interpretado por Andrés Resino, es un personaje que, como en Cleopatra, es de salud frágil, con un afán de imperialismo enorme, que delega la conquista de Cantabria en manos de su amigo Agripa, un personaje ambicioso (realmente Agripa no se ocuparía de la campaña cántabro-astur hasta el año 19 a.C., cuando le pone fin).

Augustus 2

Peter O´Toole como Augusto en la película Imperium: Augustus (2003). Fuente.

Como ya apuntábamos arriba, sólo contamos con una película que trata exclusivamente este personaje. Hablamos de Imperium: Augustus-Mein vater, der Kaiser (2003), dirigida por R. Young. Esta coproducción de Alemania, Italia y España entra dentro de una serie de películas biográficas dedicadas a algunos personajes de la Historia de Roma. Siguiendo a las fuentes clásicas, es una historia dividida en dos planos: la narración de Julia (Vittoria Belvedere) en 12 a.C., en el que nos narra los problemas que supuso la sucesión de Augusto (protagonizado por Peter O´Toole en su versión anciana), los enfrentamientos de Julia y Livia (Charlotte Rampling) por colocar a sus respectivos hijos en la sucesión y el escándalo y exilio de Julia; en otro plano, usando la técnica del flashback, Augusto nos narra su ascenso al poder desde 45 a.C. cuando se une a César en la campaña contra los pompeyanos en la península Ibérica hasta el suicidio de Antonio y Cleopatra, pasando por las guerras civiles, la conformación del segundo triunvitato y la guerra de Accio. En esta parte de la película es Bejamin Sadler quien hace de Octaviano.

Esta película nos muestra un Augusto con sus sombras (se nos muestra el momento en que firma las proscripciones que supuso la muerte, de entre otros, de Cicerón), pero sobre todo de sus luces (un astuto político que supo quererse por el pueblo romano como aparece en los primeros minutos del film o que supo rodearse de colaboradores fieles). También es significativo el retrato de otros personajes, como Antonio que no aparece en su rol tradicional creado por Shakespeare, sino como un hombre manejado por una Cleopatra que en nada recuerda a la de Liz Taylor; o la imagen de Livia, mucho más justa que la ofrecida por I, Claudius.

La visión en general sobre Augusto que prevalece es la de un personaje secundario en el cine de romanos, maquiavélico, sin escrúpulos, marcado por la dicotomía del haber puesto fin a la historia de amor entre Antonio y Cleopatra o el de ser un gobernante campechano en manos de una esposa que regía los designios del Imperio.

En este trabajo sólo nos hemos centrado en el cine (y sólo en algunas obras, no en todas las existentes), pero  no hay que olvidar que al igual que hay un Augusto en la gran pantalla, también lo podemos encontrar en la literatura —destacar la saga Master of Rome de Colleen McCullough (1990-2007), El hijo de César de John Williams (1972) o Augusto de Alan Massie (1986)—; como en el cómicLas águilas de Roma (2008) o Alix senator (2012)—; o hasta en los videojuegos (Shadow of Rome).

cantabros

Cartel de la película Los cántabros (1980). Fuente.

(1) Augusto no se diferenciaba mucho de aquellos emperadores considerados «malos» por la historiografía latina: mientras que estos últimos tendieron hacia una forma de poder más absoluto directamente, tomando como modelo las monarquías helenísticas, Augusto fue mucho más sutil a la hora de configurar su poder, dando la apariencia de una restauración de la antigua República. El primer emperador tampoco se quedó atrás a la hora de realizar proscripciones o purgas en la sociedad romana.

Bibliografía|

GOODMAN, P., “‘I am Master of nothing’: Imperium: Augustus and the story os Augustus on screem” en New Voices in Classical Reception Studies 7, 2012, pp. 13-14.

GRACIA ALONSO, F., “Arqueología, cine y fascismo”, en ANTELA-BERNÁRDEZ, B. y SIERRA MARTÍN, C. (coords.), “La historia antigua a través del cine: Arqueología, Historia Antigua y tradición clásica“, Barcelona: Editorial UOC, 2014.

LILLO REDONET, F., “El cine de romanos y su aplicación didáctica“, Madrid: Ediciones Clásicas, 1994.

LILLO REDONET, F., “Héroes de Grecia y Roma en la pantalla“, Ediciones Evohé, 2010.

SHAKESPEARE, W., “Obras completas“, Madrid: Aguilar, 2003.

SIERRA DEL MOLINO, R., “La Livia histórica frente a la Livia cinematográfica en la serie Yo, Claudio“, en SANTANA HENRÍQUEZ, G. (ed.), “Literatura y cine“, Madrid: Ediciones Clásicas, 2012, pp. 93-114.

SOLOMON, J., “PEPLUM. El mundo antiguo en el cine“, Madrid: Alianza Editorial, 2012.

Filmografía|

Cleopatra“, J. L. Mankiewicz, 1963.

Empire“, G. Yaitanes, J. Gray y K. Manners, 2005.

I, Claudius“, BBC, 1979.

Imperium: Augustus -Mein vater, der Kaiser“, R. Young, 2003.

Los cántabros“, J. Molina, 1980.

Rome“, HBO-BBC-RAI, 2005-2007.

Redactor: Antonio Arteaga Infantes

Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla, en los itinerarios de Historia Antigua y Arqueología. Actualmente cursando el Máster de Estudios Históricos Avanzados en la Universidad de Sevilla. Interesado en el mundo antiguo en general, especialmente en el mundo grecorromano, Antigüedad Tardía y el mundo de Asia Central y Oriental. Editor jefe de la sección de Historia Antigua de Témpora Magazine.

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