Guernica. El arte moderno al servicio de la realidad política.

En Pablo Ruiz Picasso (1881-1973), lo que desaparece en el mito es su relación con lo social y los acontecimientos políticos, y por lo tanto, la realidad que, como pintor, procuró plasmar. No se trata de negar hechos históricos, sino de despojarlos de todo su significado, dejando tan solo lo imprescindible para sostener el mito.

Así, Guernica, el cuadro en el cual Picasso expresó de modo más vivo y completo su compromiso con las luchas históricas de su tiempo, es, de todas sus obras, a la cual se ha dado mayor contenido mítico. Por otra parte, el contexto histórico que los comentaristas han tratado asiduamente de disfrazar, el de la Guerra Civil Española, es uno de los acontecimientos de la  historia moderna europea que ha despertado mayor pasión y partidismo.

Desde sus inicios Picasso fue el pintor más famoso de su época. Ya en los años 30, especialmente tras su más importante retrospectiva en 1932  en la ciudad de París, se convirtió en una leyenda o, más bien dicho, en un mito en vida.

Picasso en París. 1904. Fuente.

Picasso en París. 1904. Fuente.

Picasso simboliza el arte moderno y la revolución de las formas, de las convenciones y de los materiales del arte que se había hecho incompresible fuera de un pequeño círculo de iniciados.  Dentro de su ambiente, Picasso era completamente libre. Pero, como el crítico de arte  John Berger tan brillantemente ha demostrado, era una libertad impotente, que dependía por completo del casi aislamiento del propio pintor de la historia de su tiempo.

Difícilmente se logró abrir una fisura en este aislamiento. Se logró con la aparición del Guernica en 1937, el resultado fue un escándalo político y artístico de titánicas dimensiones. El Guernica es el mejor ejemplo de que el arte puede obtener una mayor potencia cuando establece contacto con los movimientos sociales e históricos que ocurren en su entorno.

Desde principios de siglo, los artistas e intelectuales en Francia fueron cada vez más partidarios de la izquierda política, aunque para muchos seguía siendo un asunto de simpatías más que una bien definida acción. La evolución de los surrealistas, con quienes Picasso estaba íntimamente vinculado, ayudó acentuar la importancia de un activo compromiso político como parte integral en la vocación del artista. Picasso frecuentaba los famosos cafés del momento a la ribera izquierda del Sena, como el Deux-magots  y el Café de Flore. Muchos de sus amigos participaron en los movimientos sociales y políticos que terminaron en el gobierno del Frente Popular de 1936. Uno de los amigos mas inseparables de Picasso a mediados de los años 30 era el poeta Paul Eluard que, como otros surrealistas, se afilió al Partido Comunista Francés en 1927, abandonándolo para volver más tarde, al igual que Picasso, como resultado de la ocupación germana.

El nivel de compromiso político en Francia aumentó rápidamente durante los años treinta, estimulado por la aparición del fascismo y el consiguiente desarrollo de movimientos de unidad popular para combatirlo. Picasso fue atrapado por una gran sensación de regocijo. En honor a la victoria de la izquierda dio una acuarela, Composition avec Minotaure (28 de mayo de 1938), como diseño para el telón empleado en la obra de teatro de Romain Rolland titulada 14 Juillet, que iba a representarse en el gran teatro Alhambra el 14 de julio de 1936, para conmemorar la fiesta nacional francesa.

La Guerra Civil española suministró los ejemplos más impresionantes de este compromiso político en la práctica. Todos los países europeos pueden citar los nombres de artistas, intelectuales y escritores jóvenes que lucharon y murieron con los Brigadas Internacionales. Los sucesos acontecidos en España tuvieron un efecto polarizador en las políticas internas de cada uno de los países europeos. Ninguno lo sintió tan profundamente como Francia, que compartió con España  no solo una frontera terrestre, sino también muchas de las divisiones sociales e ideológicas de la República Española. La izquierda francesa movilizó a muchos simpatizantes hasta entonces inactivos, entre ellos Picasso.

Picasso, a pesar de sus treinta años de exilio voluntario en Francia, conservaba fuertes vínculos emocionales con España. Es verdad que sus visitas a eran cada vez menos habituales, con una ausencia de casi quince años después de 1918. Pero tras la proclamación de la República en 1931, España empezó a cautivar su atención cada vez más. Una corta visita en el verano de 1933 y otra más prolongada en el verano de 1934 hicieron que reanudara lazos con parientes y amigos y se sumergiera en el arte y la cultura de su querida Cataluña.

La insurrección de los generales fascistas, de la iglesia católica y de la derecha española contra la República amenazó con devastar todo lo que consideraban en contra de sus ideales. La destrucción de todos los modernos movimientos artísticos e intelectuales pareció ser un objetivo principal de Franco. A Picasso le afectaron profundamente los acontecimientos en su vida privada (como el fallecimiento de su madre o los ataques a Málaga, su ciudad natal), junto a los sucesos políticos del momento y que introducían al continente europeo en el periodo de entreguerras. Todos estos motivos fueron fusionados por el pintor para dar lugar tanto al Guernica, como a sus bocetos y posteriores obras y escritos.

Con todo ello, las raíces del pasado del artista, sus desconfianzas para el presente y sus esperanzas para el futuro se unieron para producir un poderoso sentimiento de repugnancia frente a Franco y sus tropas. Declaró lealtad a la República y se puso a su disposición. Así, en verano de 1936 Picasso fue nombrado director del Museo del Prado de Madrid, un cargo más simbólico que administrativo.

El Gobierno, y más concretamente el director General de Bellas Artes, Josep Renau, buscando  atraer la atención del público hacia la causa republicana en plena Guerra Civil española, le pide en el invierno de 1936 que realizara una obra para exponer en el pabellón español de la Exposición Internacional que tendría lugar en la capital francesa en el verano del siguiente año. Picasso accedió encantado.

La historia de la génesis de Guernica ya es ampliamente conocida. Picasso tuvo total libertad para elegir el tema y la forma de su contribución al pabellón español, se puso de acuerdo con los diseñadores del mismo, Luis Lacasa y José-Luis Sert, y decidió que pintaría un mural. Esta elección fue muy significativa ya que un mural es una declaración pública, y en cierto sentido, un producto colectivo. Picasso adquirió un nuevo taller más grande para acomodar su nuevo género. La elección del tema fue más difícil, y el artista no se apresuró en su decisión. El acontecimiento que resultó catalizador para las fuerzas creativas de Picasso fue el bombardeo de la antigua capital del País Vasco, Guernica, por la Legión Cóndor Alemana, bajo el mando de Franco. El 26 de abril de 1937, casi dos mil vascos, en su mayoría mujeres y niños, perdieron la vida. Tal vez no fue un número significativo de muertes, pero fue la primera vez que se había empleado la destrucción aérea masiva como parte de una estrategia militar. La forma y magnitud de la bestialidad pasmó a la opinión internacional.

Vista general de Guernica, tras el bombardeo del 26 de abril de 1937. Fuente.

Vista general de Guernica, tras el bombardeo del 26 de abril de 1937. Fuente.

Picasso decidió que éste sería el tema del mural e inició la obra el sábado de esa misma semana. Durante seis semanas Picasso se dedicó por entero a la realización del enorme mural, que midió 349,3 centímetros y de alto y 776,6 centímetros de largo. Lo cuidadoso de los planes queda reflejados en los más de 50 bocetos y estudios realizados, así como las varias transformaciones del lienzo que quedaron registradas en una serie de fotografías sacadas por Dora Maar, su amante por entonces. Tanto los bocetos, como el cuadro en sí no contienen mención a sucesos concretos, sino que constituyen un alegato genérico contra la guerra, la barbarie y el terror.

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Cuando finalmente se colocó el mural en la sala de la exposición en el mes de junio, fue inmediatamente centro de controversia. Criticado por pro-franquistas, pero también por pro-republicanos, que lo considerando oscuro y esotérico, esta última impresión iba desvaneciéndose ante el gran impacto político que tuvo. Junto a la obra de Picasso se expusieron también: La Fuente de Mercurio de Alexander Calder, El campesino catalán en rebeldía de Joan Miró o El Pueblo Español de Alberto Sánchez.

Guernica era una visión devastadora del terror de la guerra y del sufrimiento humano que produjo. En él se insistía en la generalidad, era un cuadro del momento: un arma y una llamada a la acción. Además de las imágenes omnipresentes de guerra, muerte, destrucción y angustia, hay extensas referencias al simbolismo cristiano, a la lidia de toros (símbolo inequívoco de España), a la historia del arte europeo, y a la propia vida y desarrollo artístico de Picasso. Pero encontramos otra posible trama de interpretaciones que liga, pero no limita, la obra a su contexto histórico.

Las figuras consisten en un guerrero desmembrado, cuatro mujeres, un niño muerto, un toro, un caballo y un pájaro: un reparto que guarda armonía con la población de Guernica por aquel entonces. La mayoría de las figuras del mural están gritando en varios estados de angustia, sugiriendo que la causa de la aflicción todavía está presente, y la viga astillada que está cayendo con gran estrépito al lado del caballo indica un choque violento o una explosión.

Anthony Blunt, estudioso de la obra de Picasso, añade que la composición de la obra se distribuye de forma piramidal, formando dos grupos de personajes, el primero integrado por animales: el toro, el pájaro y el caballo herido. Los seres humanos componen para Blunt el segundo grupo, en el que figuran un soldado muerto y desmembrado, y varias mujeres: la situada en la zona superior derecha, que se asoma por una ventana y sostiene una lámpara en su mano; la madre, a la izquierda del lienzo, que grita meciendo en sus brazos a su hijo fallecido; la que entra huyendo por la derecha; y para terminar, la que clama al cielo con los brazos en alto ante una casa en llamas.

El empleo de tonos negros y sepia sin color fuerte evoca la imagen fotográfica, y esto sugiere que el origen del tema fue un reportaje de prensa.

El ojo es indudablemente un tema principal del cuadro. Todas las figuras tienen dos ojos visibles, no importa la postura de la cabeza, y el toro aun tiene un tercer ojo empalidecido. Ojos expresivos, de muerte, de angustia o sufrimiento, otros ojos son testigos de lo que está pasando, observando. Concretamente los ojos del toro parecen mirar al espectador exigiendo una respuesta al mismo ante tales acontecimientos.

 

El Guernica, 1937. Fuente.

El Guernica, 1937. Fuente.

Cuando se cerró la exposición de París, Guernica fue llevado de gira a otros países como Noruega o Inglaterra. Finalmente, en 1940, el cuadro fue llevado al Museo de Arte Moderno de Nueva York, para que fuera custodiado. Picasso renovó el préstamo del cuadro por tiempo indefinido. Allí quedó hasta su regreso a España en 1981 ya instaurada la democracia y sin riesgo político para la obra.

El Guernica no fue la única contribución que el artista realizó al bando republicano. Prestó declaraciones de apoyo, vendió muchos de sus cuadros para lograr fondos y contribuyó con trescientos o cuatrocientos mil francos a la causa republicana. En 1938 estableció dos bandos de auxilio en Madrid y Barcelona para dar ropa y alimentos a niños necesitados.

Picasso nunca volvió a España, aunque el país quedó presente en su pensamiento y sus obras. La caída de la Republica no significó el fin del adeudo político del artista con el bando republicano o con los que estaban en contra de la iniciada guerra europea. Idea suya son la paloma para el movimiento para la paz y su retrato de Stalin de 1953, pero también se incluyen importantes obras maestras como Masacre en Corea (1951) o Guerra y Paz (ambos en 1952), declaraciones valientes frente al fanatismo de la Guerra.

Guernica contradice las creencias reaccionarias de que el arte político solo puede ser realista  y el arte moderno nunca puede ser público. Aquí lo moderno se concilia con el compromiso y la resistencia.

“¿Ha hecho usted esto?”, preguntó un funcionario nazi a Picasso delante del GUERNICA. “No”, se cuenta que respondió Picasso, “Lo ha hecho usted”.

 

 Bibliografía|

FOSTER, H., KRAUSS, R. Y BUCHLOH, B.: “Arte desde 1900. Modernidad, antimodernidad y posmodernidad”. Madrid: Ed. Akal, 2006.

GEORGE, D. Y GAGEN, D.: “La Guerra Civil Española. Arte y violencia”. Murcia: Ed. Publicaciones Universidad de Murcia, 1990.

LÓPEZ-YARTO ELIZALDE, A., RINCÓN GARCÍA, W., CABAÑAS BRAVO, M.: “Arte en tiempos de guerra”. Madrid : Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto de Historia, Grupo de Investigación de Historia del Arte, Imagen y Patrimonio Artístico, 2008.

MONREAL Y TEJADA, L.: “Arte y Guerra Civil”. Angüés (Huesca) La Val de Onsera, 1999

VV.AA.: “Arte protegido”. Madrid: Ministerio de Cultura, Secretaría General Técnica, Madrid, D.L. 2009.

Redactor: Cristina Moreno Ortega

Graduada en Historia del Arte por la Universidad de Sevilla. Especialista en proyecto, organización y producción de exposiciones por la Universidad de Sevilla y la Asociación de Museólogos y Museógrafos de Andalucía. Amante del Arte de Vanguardia y el Teatro.

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1 Comentario

  1. Henhorabuena Cristina! Por este maravilloso artículo, que ha realizado sobre Picasso, su tiempo y obra… Un abrazo.

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