Firmado y sellado en sangre: las Jefaturas sagradas polinesias (II)

Tras la primera entrega del serial titulado “Firmado y sellado en sangre: las Jefaturas sagradas polinesias (I)”, a continuación se presenta la segunda y última parte. En la primera, realizamos un planteamiento del estudio de las llamadas sociedades de jefatura, y en concreto iniciamos un viaje por varios casos de sociedades polinesias, en concreto los maoríes de Nueva Zelanda y la sociedad Rapa Nui de la Isla de Pascua. Estos ejemplos resultaron muy útiles para el estudio de sociedades de jefaturas en sus estadios iniciales de desarrollo. En la presente parte, completaremos el estudio con otros dos casos que nos ejemplificarán a las sociedades de jefaturas en estadios más avanzados, llegando incluso a organizaciones sociopolíticas que se podrían matizar como Estado Prístino: la sociedad prehistórica hawaiana y la “talasocracia” de las jefaturas tonguesas. Sin más dilación, continuemos nuestro viaje:

Hawai’i es uno de los archipiélagos más grandes de la Polinesia, comprendiendo más de 18 islas. Éstas tienen un origen volcánico, por lo que alcanzan puntos de gran altitud, desarrollándose ecosistemas muy variados dentro de las islas, lo que proporciona gran variabilidad de recursos para los seres humanos. Las islas más importantes son Maui, Kaua’i, O’ahu, Ni’iahu, Moloka’i, Lana’i y Hawai’i, todas ellas conformando importantes jefaturas en época prehistórica.

Archipiélago Hawaiano. Fuente

Archipiélago Hawaiano. Fuente

La colonización del archipiélago hawaiano fue tardía según la cultura material, estableciéndose entre los siglos III y VI de nuestra era. Se constata una primera fase entre la llegada de los colonos y el siglo XIV en la que la cultura original hawaiana se va desarrollando, ligada a un aumento demográfico progresivo e intensificación productora en sus diferentes ecosistemas. Una segunda fase, la más interesante para este artículo, se desarrollaría desde el siglo XIV, con jefaturas independientes consolidadas en cada una de las principales islas, hasta la llegada de los primeros europeos, provocando el cambio acelerado de la sociedad prehistórica a un Estado moderno, de la mano del jefe nativo Kamehameha, al unificar bajo su poder todo el archipiélago.

Las jefaturas que se consolidan en la 2ª fase alcanzan un estadio muy avanzado y se encuentran en constante lucha por la hegemonía en el archipiélago, constatándose en el registro arqueológico diferentes momentos en los que algún poderoso jefe supremo (los de Maui y Hawai’i sobre todo) consigue subyugar a los demás jefes del archipiélago por un tiempo. Cada una de estás jefaturas poseía un poder efectivo regional en un territorio concreto (Moku) dividido en distritos controlados por jefes guerreros (Ali’i-ai-ahupua’a)  afines al Jefe Supremo (Ali’i-ai-moku), que a su vez se subdividían en pequeñas áreas controladas por capataces (Konohiki), poblados por plebeyos que formaban parte de un mismo clan o tribu ancestral.

En cuanto al organigrama sociopolítico, formaban parte de una sociedad de clan cónico bastante avanzada en la que se distinguían claramente a la élite aristocrática (ali’i) descendientes de los linajes ancestrales, y la clase plebeya, llamados comunes (noa) o gente de la tierra (maka’ainana).

Kamehameha I. Último de los grandes Jefes Supremos prehistóricos hawaianos. Fuente

Kamehameha I. Último de los grandes Jefes Supremos prehistóricos hawaianos. Fuente

En la cúspide la élite se encontraba el Ali’i-ai-moku (Jefe Supremo). La importancia de la pureza del linaje entre las élites hawaianas era casi una obsesión. Todos los miembros del colectivo recitaban su linea ancestral cuando entraban en contacto con otros de su clase y, por supuesto, el Ali’i-ai-moku era el más puro y sagrado. Por sus venas corría el mana de los dioses, era intocable y se consideraba receptáculo de los dioses (sobre todo de Lono, dios de la fertilidad), por lo tanto podía influir en el desarrollo de la vida natural. Tenía también un poder supremo en el ámbito militar y civil, a diferencia de los casos antes presentados. En realidad su poder se sustentaba por la corte que siempre lo acompañaba y que hacía efectivo su monopolio ideológico y material. Estaba rodeado de oficiales y especialistas; el más importante de todos era el Kalaimoku, su mayordomo segundo al mando que se encargaba de gestionar todos los asuntos seculares (una figura parecida, salvando las distancias, a los validos), aunque este cargo no llegaría a ser hereditario. También eran muy importantes los sacerdotes (el propio Jefe Supremo era el Sumo Sacerdote), con especial importancia para el Kahuna Nui, sumo sacerdote del dios de la guerra Ku, que actuaba como estratega de guerra y rituales. A un segundo nivel dentro de la aristocracia estaban los Ali’i-ai-ahupua’a (Jefes de la Guerra), que dirigían los distritos y eran elegidos por cada Jefe Supremo. También tenían mana, por lo que se les permitía portar tatuajes ancestrales. Y en el ultimo escalón de la nobleza estaban los Konohiki, elegidos también por el Jefe Supremo.

En cuanto a las relaciones entre la masa de la población, los Maka’ainana (gente de la tierra), se articulaban de forma tribal, por relaciones de parentesco, sin darle importancia a la pureza de sus linajes. Ellos eran pequeños propietarios que veían a sus jefes supremos como la cabeza de un cuerpo al cual pertenecían todos los segmentos sociales, visión que merece la máxima atención para este artículo, puesto que demuestra que la masa social ya se ve como un organismo institucionalizado, que poca diferencia tendría con los Estados arcaicos.

Por último, analizaremos el cuarto caso propuesto para nuestro estudio de las sociedades de jefatura en la Polinesia prehistórica, lo que algunos autores han definido como “Imperio de Tonga”.

Tonga es un archipiélago situado en la zona occidental del triángulo polinesio. Está formado por más de 160 islas de diferente entidad. A diferencia de los otros casos, no está tan aislada y se encuentra relativamente vecina a los archipiélagos de Fiji y Samoa, resultando clave en el desarrollo de las jefaturas en este caso. Tonga fue uno de los primeros conjuntos de islas colonizados por los navegantes Lapita. Se ha estimado su presencia en la isla principal desde el 1200 ANE, con estabilidad en las relaciones igualitarias de sus habitantes hasta el cambio de era. A partir de ese momento y hasta el siglo X de nuestra era aprox. desaparecen marcadores materiales como pueden ser la cerámica, pero otros marcadores como la aparición de monumentalidad sagrada se interpreta como un periodo de desarrollo de las desigualdades sociales, con la presencia de especialistas coordinados por líderes consolidados a nivel regional (caudillos, jefes). A partir del siglo XII, la arqueología ya puede constatar un entramado social y político verdaderamente avanzado y especializado; de esta época data el gran centro ceremonial de Lapaha en el principal poblado del archipiélago, Tongatapu (La Gran Tonga). También se empiezan a registrar grandes fortificaciones y grandes túmulos funerarios.

Gracias al estudiado registro arqueológico y a testimonios etnográficos muy bien documentados podemos señalar a la sociedad tonguesa como la más desarrollada en la Polinesia, en el sentido de la especialización e institucionalización de su organismo político. Con un reparto de poderes clave, institucionalizado y sin poner en duda la posición de la clase privilegiada que, mediante la ideología (como es común en todas las jefaturas polinesias) y un elaborado sistema que les garantiza la propiedad de los medios básicos de producción, ha conseguido un estatus inalterable. Son dos los aspectos más importantes a destacar y que desarrollaremos en las siguientes líneas: por un lado la alta jerarquización en las posiciones políticas por medio de un sistema de linajes impresionante, y el monopolio del comercio marítimo a larga distancia sostenido en una clase de especialistas controlados por el Jefe Supremo, que aportan la flota naval; de ahí que hayamos descrito anteriormente a la jefatura tonguesa como una talasocracia (salvando las enormes distancias con el contexto histórico del término original).

Extensión del "imperio" marítimo prehistórico tongues. Fuente

Extensión del “imperio” marítimo prehistórico tongues. Fuente

La piedra angular que es para las sociedades prehistóricas polinesias el origen ancestral y mitológico de los linajes y la importancia de la pureza de sangre, en la sociedad prehistórica tonguesa alcanza su punto álgido, con una jerarquización de la sociedad tremenda, basada en estos puntos. Trasladándose a un mitológico ancestro común, el semidios Aho-eitu, hijo del dios principal Tongaloa, se desarrollan unos linajes mitológicos a los que se adscriben las principales familias de la sagrada élite tonguesa. En la cúspide se encontraban el Tu’i Tonga (Jefe Supremo Sagrado) y el Ahu (Jefe Supremo Secular), ejerciendo el poder de manera complementaria y especializada, aunque el Tuí Tonga se consideraba por encima del segundo. Tenían la supremacía sobre todos los demás jefes de las islas. Eran figuras inviolables, con derecho a portar los tatuajes sagrados, a tener harén etc., y lo que es más importante, controlaban los medios de producción y el comercio marítimo. Descendían directamente de Aho-eitu y poseían el mana. Por debajo se situaban los Falifa (Grandes jefes) y Matapule (Jefes ayudantes) que pertenecían a la nobleza y se adscribían a linajes muy antiguos, conformando un consejo de cortesanos que ayudaban a la especialización de las tareas de gobierno. Por último, dentro de la nobleza, se encontraban los Hou-eiki (jefes menores), que pertenecían al linaje real y eran asignados para dirigir los distritos y las diferentes islas que componían el archipiélago. Por debajo de esta élite tan jerarquizada se encontraban los plebeyos, entre los que se distinguían a los Tulunga (especialistas), cuyo cargo era hereditario, y que pese a no formar parte de la nobleza tenían muchos privilegios ya que el sistema de comercio a larga distancia, y por consiguiente el del dominio del mar, descansaba en su trabajo como artesanos navales. Por último estaban los Tu’a, la gran masa popular, que continuaba con sus relaciones de parentesco integradas en una sociedad en la que los lazos parentales a nivel político se habían roto hacía mucho.

Pero el poderío de los jefes supremos tongueses no quedaba limitado al archipiélago. Y es que en la última etapa antes del contacto con los europeos, el Tu’i Tonga consiguió ejercer la supremacía tributaria sobre los ariki (jefes supremos) de las vecitas jefaturas de Fiji y Samoa. Las estrategias seguidas para conseguirlo fueron dos, por un lado un elaborado sistema de acuerdos matrimoniales institucionalizados en el que se intercambiaban mujeres de la realeza tonguesa ( Tu’i Tonga Fefine y Ahu Fefine) con los arikis de Fiji y Samoa, lo que garantizaba la afluencia de tributos en calidad de dotes anuales. Esto permitía mantener a la clase artesanal y la élite jerarquizada no productiva, que eran los responsables del funcionamiento del gobierno y de la hegemonía marítima con la continua construcción de sus dobles canoas (verdadera herramienta para subyugar las sociedades vecinas de Fiji y Samoa).

Reconstrucción artística del Tui Tonga. Fuente

Reconstrucción artística del Tui Tonga. Fuente

En conclusión, podemos observar como estos dos últimos casos que hemos desarrollado, nos muestran unos estadios de desarrollo mucho más complejos y avanzados que los analizados en el artículo anterior. Si nos parásemos a comparar directamente como hemos descrito a las sociedades maoríes con la “talasocracia” tonguesa, nos damos cuenta de la enorme diferencia que existe entre el tipo de jefaturas que desarrollaron los primeros, y la desarrollada en el último caso, aunque bien es cierto que las bases culturales e ideológicas de ambas vienen a ser las mismas. Tras este recorrido, queda bastante patente el hecho de que cada sociedad en el mundo desarrolla sus sistemas sociopolíticos de una forma original y única, pese a que compartan bases culturales e ideológicas con otras que se desarrollan siguiendo caminos diferentes y, por lo tanto, llegando a destinos diversos. Y para enfatizar aun más la idea que se quiere transmitir, solo hay que pararse a pensar que todos los casos que se han desarrollado en este doble artículo se encajonan con jefaturas, caudillajes o cacicazgos; ese cajón que estableció Service en los 70, que aun sigue en la mente de todos los investigadores (matizada en un millón de definiciones), pero que a pesar de ser tan útil para el estudio, evidencia lo inmensamente simple que puede resultar para intentar definir un sin fin de casos únicos, originales y, en gran medida, incomparables.

Bibliografía |

- KIRCH, P.V.: The evolution of the Polynesian chiefdoms. New York Cambride Uniersity Press, Cambridge, 1990.

- PRICE, T.D. Y FEINMAN, G.M.: Foundations of Social Inequality. Plenum Press, New York, 1995.

- SAHLINS, M.D.: Las sociedades tribales. Labor, Barcelona, 1977.

Redactor: Sergio Morón Muñoz

Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla. Actualmente estudiante de Máster de Arqueología en la Universidad de Granada. Especializado en Evolución Humana y Prehistoria Reciente. Agradeceré las críticas constructivas que tengáis para mi.

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