“Escultura pública” en el arte contemporáneo

El arte desde principios del siglo XX ha vivido una absoluta revolución, una renovación que sigue su curso aún hoy en día y que busca siempre avanzar hacia nuevos horizontes, ya sea con nuevas ideas o soportes. El arte clásico entendido como las tres grandes disciplinas académicas, pintura, escultura y arquitectura se ha quedado obsoleto dejando paso a un inmenso abanico de posibilidades creativas. A pesar de que todos los lenguajes clásicos han sufrido enormes giros, quizás ha sido la escultura la que más ha cambiado durante la última centuria. El arte contemporáneo ha conseguido transformar la escultura de mármol tradicional en una infinidad de propuestas, que comenzarían con el ready-made y nuevos materiales como el hierro, pero que hoy en día nos ofrecen un panorama más que rico, que va desde la instalación hasta la escultura pública.

Ante la dificultad para poder crear una simple clasificación de todos los tipos de escultura que hoy en día se pueden contemplar, en este artículo he decidido acercarme a uno de los conceptos más ambiguos y a su vez utilizados por los artistas durante las últimas décadas, la escultura pública. Escultura pública es un concepto de difícil definición, ya que podría parecer que consiste sólo en aquellas obras colocadas en el espacio urbano para ser disfrutadas por la sociedad, pero si se ahonda en su significado intrínseco, el resultado es más complicado. Existe poco en común entre las esculturas conmemorativas de artistas y personajes ilustres realizadas durante el crecimiento urbano del siglo XIX, y las que proponen los artistas hoy en día para dialogar con el espacio “público”. Mientras unas son entendidas como monumentos con los que “decorar” la ciudad, la escultura pública actual afronta el espacio y el propio “público” como piezas de un todo con el que interactuar, reflexionar y por supuesto, admirar.

Christo y Jeanne Cleaude, "Rue de fer" 1962. Fuente

Christo y Jeanne Cleaude, “Rue de fer” 1962. Fuente

La clave de esta diferenciación es cómo puede comprenderse el concepto “público” en ambos casos. Para ello, a partir de ahora en este artículo se diferenciará entre escultura en espacios públicos y escultura pública. La escultura en espacios públicos podría definirse como una obra que es situada en un espacio urbano al que toda la sociedad tiene acceso. Se trata de una obra que completa un lugar, pero sin empatizar con el mismo o con las personas que allí viven. Un ejemplo claro lo podemos encontrar en las innumerables rotondas de las vías de circulación, cuyo objetivo es más bien decorativo, pero rara vez tratan de mandar un mensaje o una reflexión al viandante. Sin embargo, la escultura pública como es entendida desde la perspectiva del arte actual es aquella que toma al “público” como modelo de estudio y a la vez de expresión, una fusión con la sociedad que representa la voluntad de la reflexión conjunta. Este tipo de obras nacen partiendo del propio público, y a su vez intentan mandarle un mensaje, o incluso interactuar con el mismo, de forma que la obra queda ligada al lugar y al momento histórico en que se realiza. Patricia Phillips diría que el arte público tiene que ser temporal, para poder así contribuir a una esfera social cambiante. De este modo, la escultura pública se presenta como un nuevo mecanismo de arte social, que habla de la interacción del artista con el espacio urbano, de la sociedad con el arte, y del papel del arte en la vida moderna.

Una vez aclaradas las diferencias terminológicas, es interesante ahondar en cómo se ha evolucionado esta nueva rama de arte público, en qué contexto se desarrolla y cómo llega a la actualidad. Uno de los primeros movimientos que abordaría el espacio urbano como espacio de creación y reflexión se daría durante la revuelta francesa de Mayo del 68, momento en que el grupo de la Internacional Situacionista abordaría la ciudad como espacio creativo para convertirlo en una obra de arte que invitaba al país a reflexionar sobre un tema tan delicado y tenso como fue la educación en aquel momento. Mayo del 68 fue en muchos sentidos una revolución frustrada, pero desde la perspectiva artística supuso un acelerador que permitió avanzar a pasos de gigante ante los nuevos horizontes que se perfilaban en torno a la teoría y la práctica del arte postmoderno. Sería durante la década de 1970 cuando la ciudad y el espacio público se convierten en protagonistas del nuevo arte, ya fuera por un lado con el avance y el desarrollo del grafiti y de los movimientos antisistema, y por el otro con la fusión de naturaleza y arte a partir de prácticas como el land art. La reflexión en torno a la ciudad permitiría que se desarrollasen nuevas formas de expresión y con ello proliferación de esta nueva “escultura pública”.

La constante de todos estos trabajos es que casi todos ellos parten de la multidisciplinariedad, no entendiendo la obra como una simple escultura, o incluso solo como una instalación, sino como una unión de ideas, soportes y acciones que dan como resultado obras irrepetibles. Uno de los ejemplos que mejor se adapta a esta definición es el de Christo y Jeanne-Claude. Para Christo, la obra está intrínsecamente ligada al lugar y al momento en que se realiza, el conocido como site specific, y nace para transformar el espacio involucrando en la mayor medida posible a toda la población del lugar. En 1962, la pareja afrontó su primer proyecto monumental Rideau de Fer (Cortina de Acero), en París. Sin advertir a las autoridades y como una declaración en contra del Muro de Berlín, bloquearon con barriles de petróleo la Rue Visconti, una pequeña calle sobre el Río Sena. Jeanne-Claude persuadió a los policías, permitiendo que la obra permaneciera en el lugar durante algunas horas. Se trata de una instalación que busca no sólo completar un espacio en la ciudad, sino gritar un mensaje a los espectadores durante el tiempo en que esté en pie.

Entre otros artistas cuyas obras pueden ser clasificadas como arte público encontramos nombres como Hans Haacke, cuyas obras durante la década de 1970 hablan del olvido de la vergüenza nacional alemana tras la II Guerra Mundial y sobre cómo la sociedad moderna vive en un mundo paralelo al de la guerra, ensimismada en un consumo cegador. Otro artista que realiza escultura pública es Tadashi Kawamata, quizás uno de los nombres más relevantes dentro de la instalación a nivel internacional. Kawamata en sus obras trata de cuestionar la arquitectura y el urbanismo actuales, construyendo a partir de objetos básicos característicos del interior de las casas, enormes construcciones caóticas que crean así un diálogo entre espacio privado y espacio público y entre arquitectura y escultura.

Christo y Jeanne Claude, "Monumento a Vittorio Emmanuele II" 1970. Fuente

Christo y Jeanne Claude, “Monumento a Vittorio Emmanuele II” 1970. Fuente

Sin embargo, la escultura pública también desarrollaría una nueva rama de trabajo, en este caso en torno al monumento. Y es que los artistas contemporáneos comenzaron a cuestionar la utilidad de los monumentos del pasado dentro de  la ciudad moderna, ya que eran vistos más bien como una decoración que no aportaba un nuevo significado al espacio urbano. Será a partir de esta nueva idea de donde surgiría el concepto acuñado por Miwon Kwon de “antimonumento”. Esta nueva línea de trabajo parte de la negación del monumento tradicional, y se desarrolla de forma heterogénea en torno a este concepto. Kwon sostiene que desde que Rodin quitó el pedestal de sus esculturas, el concepto de monumento cambió por completo, y que hasta la actualidad no ha dejado de reinventarse, siendo así la negación del mismo una evolución lógica del arte contemporáneo. De nuevo es necesario nombrar a Christo y Jeanne-Claude, que serían de los primeros en realizar instalaciones que encajan dentro de esta definición. En 1970, cubrieron con una enorme tela el monumento a Vittorio Emmanuele II en frente de la catedral de Milán, ocultando la obra por completo y negando durante un tiempo al público la posibilidad de vislumbrarla. En este caso, la negación del monumento surge del monumento visto como un mero objeto turístico, no apreciado por el público. Christo y Jeanne-Claude nos fuerzan a borrar el monumento del espacio para hacernos conscientes de la importancia del mismo en la plaza.

Jochen y Esther Gerz "Monumento contra el fascismo" 1986. Fuente

Jochen y Esther Gerz “Monumento contra el fascismo” 1986. Fuente

En otras ocasiones el antimonumento viene dado por la crítica hacia el propio monumento, idea principal sobre la que se desarrolla la obra de Wodiczko, que proyectará sobre los monumentos más importantes del mundo imágenes de personas sin techo como crítica al cambio de valores de la sociedad americana. De nuevo hablamos de una redefinición del monumento clásico, que en este caso se convierte en el soporte de un mensaje crítico. Una de las propuestas más interesantes es la realizada por Jochen y Esther Gerz como crítica hacia el régimen nazi. Su obra, Monumento contra el fascismo (1986), iniciaba con un pilar de 12 metros de altura colocado en una plaza de Hamburgo en 1986. La obra invitaba a los espectadores a grabar su nombre en su superficie y a firmar en contra del fascismo en el espacio disponible. Poco a poco, el pilar iba hundiéndose bajo tierra, permitiendo así que en su totalidad fuese firmado por más de 70.000 personas. La obra buscaba directamente la interacción del espectador, que se unía, modificaba y a su vez ayudaba a la creación una obra repleta de significado. Otro de los antimonumentos más famosos de las últimas décadas es el Vietnam Veteral Memorial de Maya Yink Lin en Washington DC. Se trata de un muro hundido en la tierra en forma de V, donde aparecen escritos todos los nombres de los fallecidos en la guerra de Vietnam. La obra se presenta como una herida visual abierta, ante la que el espectador se enfrenta al dolor y a la pérdida, obligando así a reflexionar en torno a la injusticia de la guerra y al poder como creador de destrucción.

Los ejemplos que podemos encontrar de escultura pública hoy en día son innumerables, sobre todo porque la mayor parte no nacen con el propósito de permanecer intactos en el tiempo, sino que pueden desaparecer o crecer y ser modificados con el desarrollo de la ciudad. La escultura pública es un concepto aún algo confuso y de difícil definición, algo que no se facilita en práctica, puesto que los artistas utilizan métodos muy heterogéneos para llevar a cabo sus obras. Es por ello que todavía en la actualidad no existe una diferenciación clara y aceptada entre escultura en “espacio público” y escultura “pública”, aunque sin duda las dos parten de conceptos completamente distintos y suponen métodos radicalmente opuestos en el proceso de transformación de la ciudad. El arte actual se encuentra en continuo proceso de cambio, y por ello es necesario reflexionar sobre la evolución de sus formas, para sentar las bases sobre un estudio serio de estas nuevas propuestas creativas. En la actualidad encontramos algunos investigadores que dedican su trabajo a clarificar el estudio de la escultura pública, como Miwon Kwon, Patricia Phillips, o en nuestro país Félix Duque. La ciudad desde la década de 1970 se ha convertido en un laboratorio creativo, y los artistas nos proponen crecer con ellos en un proceso de creación y reflexión conjunta. Este proceso no se ha amedrantado con el tiempo, ya que la escultura pública sigue siendo hoy en día un tema de gran actualidad, motivo quizás por el cual todavía no es posible delimitar un estudio definitivo de este tipo de prácticas.

Bibliografía:

ARDENNE, Paul. Un arte contextual: creación artística en medio urbano, en situación, de intervención, de participación, Murcia: Cendeac, 2006.

BERNANDEZ, Carmen. “Christo: el arte a una nueva escala”, Guadalimar, nº 11 (87), 1986, p. 4-6.

CHAVES MÁRTÍN, Miguel Ángel. “Artistas y espacio urbano: la representación de la ciudad en el arte contemporáneo”, Historia y Comunicación Social, Vol. 19, Nº esp. Marzo 2014, p. 277-288.

DUQUE, Félix. Arte público y espacio político, Madrid: Akal, 2001.

LUNA, Diego.  “Arte y repolitización urbana: Autores, proyectos y estrategias desde el mayo francés hasta el 15-M”, 452ºF, nº 15, 2016, p. 146-163.

SEGURA,  Jesús; SIMÓ, Toni. Arte contextual. Intervenciones en el espacio público, Madrid: Visión Libros, 2012.

Redactor: Juan Antonio Herrero Íñiguez

Graduado en Historia del Arte por la Universitat de València. Máster en Historia del Arte y Cultura visual por la misma universidad. Especializado en corrientes artísticas de la segunda mitad del siglo XX. Promotor artístico y redactor en distintas plataformas culturales online. Twitter: @Sr_JuanAn

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