En el nombre de la Rosa. El PSOE durante la II República

‹‹Si alguien me pregunta si quiero Cortes constituyentes, le respondo que República; si alguien me pregunta que si quiero Cortes ordinarias, le respondo que República; y si alguien me pregunta usted qué quiere, contesto: República. Quiero la República para después naturalmente cumplir con nuestra obligación haciéndola derivar hacia la tendencia socialista.››

Francisco Largo Caballero

De los acontecimientos que pueblan la historia de España, la II República es, sin duda, uno de los que más carácter mitológico ha adquirido con el tiempo. Sea por la mitificación dulce o la demonización absurda, lo cierto es que existen diversas narrativas plagadas de mitos en torno a estos convulsos años. Con esta pequeña reseña queremos hacer un análisis que huya de ese armazón mitológico y que nos permita reflexionar sobre el Partido Socialista en tanto en cuanto su identidad como partido y su lugar dentro del contexto republicano. Para ello vamos a poner sobre la mesa dos cuestiones fundamentales: la cuestión interna, es decir, cuáles eran las lineas maestras del pensamiento del partido, y la cuestión externa, es decir, el cómo el partido respondió a las distintas fases de la república.

Celebraciones por la proclamación de la república en la Puerta del Sol. Fuente

Celebraciones por la proclamación de la república en la Puerta del Sol. Fuente

¿Qué clase de partido era el Partido Socialista Obrero Español en los años 30? ¿Cuáles eran sus objetivos? Sin temor a equivocarnos podemos decir que el PSOE en los años 30 era un partido marxista y revolucionario y que por tanto tenía entre sus objetivos fundamentales la construcción de un mundo nuevo superador de los Estados democráticos liberales y burgueses. Ahora bien, no podemos perder de vista que los partidos políticos no funcionan como elementos homogéneos, sino que se construyen como agrupaciones de coaliciones, donde al menos una ejerce de dominante. En este sentido debemos señalar que en el PSOE convivían, fundamentalmente, dos coaliciones políticas que diferían en torno al camino que se debía seguir para alcanzar los objetivos revolucionarios. Este juego de poder dentro del partido será el eje principal donde bascule la posición socialista frente a la república, y dependiendo del grado de influencia de cada una de las partes, en cada momento, se puede entender una u otra decisión llevada a cabo.

Una de las coaliciones, cuya figura principal sería Largo Caballero, entendía la república como un instrumento circunstancial que permitía al partido socialista alcanzar sus objetivos revolucionarios; la otra, cuya figura principal era Indalecio Prieto, entendía la república como un sistema capaz de articular objetivos sociales y económicos socialistas. Así pues, desde un punto de vista general, podemos establecer que la república era un sistema que el PSOE aceptaba como partido, pero que según en que facción del mismo nos centremos encontraremos diferencias sustanciales a la hora de valorarla. Por otra parte debemos entender que los partidos políticos en los años 30, fueran del signo que fueran, hacían un uso de la retórica política muy exagerado, y que por tanto, muchos de los discursos de la época respondían más a la necesidad de movilización de sus bases que a una declaración de intenciones.

Como hemos dicho, el PSOE aceptaba la república como sistema. Esta afirmación merece una matización, puesto que no sólo la aceptaba, sino que la entendía como parte de su patrimonio político. El PSOE entendía que la república era el sistema político al que se había llegado gracias, en gran medida, a su lucha histórica, y por tanto, asumía que todo lo que de ella emanara debía responder a los intereses socialistas. Esta sacralización de la república nos permitirá entender, en gran medida, las distintas acciones políticas que el PSOE llevará a cabo durante la breve existencia de la misma y también nos ayudará a entender el alto grado de intolerancia frente a la oposición de derechas. No perdamos de vista, que como partido marxista y de clase, el PSOE entenderá que la lucha de clases, el enfrentamiento entre oprimidos y opresores, es el motor de la Historia. Por tanto, a pesar del sistema político que estuviera vigente, no debemos olvidar que, de fondo, el partido tenía una vocación de lucha frente a determinados sectores de la sociedad vinculados a la propiedad de los medios de producción.

Así pues, podemos dividir en tres periodos, con una cronología muy clara, la actitud del PSOE frente a la república y, a su vez, las acciones que llevaría a cabo. Un primer periodo se situaría durante la proclamación de república en 1931 y hasta las elecciones de 1933. Durante este periodo, el PSOE, en coalición con los partidos republicanos (eminentemente liberales), tendría el control de las Cortes Constituyentes y por tanto un gran poder de decisión en la construcción de la república. Este periodo se caracterizará por un enorme consenso dentro del partido sobre las posibilidades que ofrece la república: es el periodo de las reformas sociales y a su vez es el periodo en el que los socialistas sienten suya la república.

Francisco Largo Caballero. Fuente

Francisco Largo Caballero. Fuente

Un segundo periodo irá desde 1933 a 1936, en el que el PSOE pasa a ser un partido de oposición al perder el gobierno (en concreto pasa de tener 116 diputados a 59, convirtiéndose en el tercer partido, justo por detrás de la CEDA y el Partido Radical). Estos serán los años difíciles en los que el PSOE entenderá que la perdida del gobierno, y la posible entrada en él de la CEDA (las derechas) son hechos intolerables. En cierto modo aquí se plantaría la semilla del PSOE antisistema lanzado hacia la revolución. Ahora bien, todo esto requiere una explicación. Como el lector ya habrá notado, la explicación de este periodo requiere de muchas pequeñas aclaraciones y matizaciones: es importante huir de las grandes generalidades, porque éstas nos llevan al simplismo. La postura del PSOE, por tanto, durante los años de oposición, se explica desde varios focos. Un primer foco es la radicalización de las bases del partido gracias al empuje de unas Juventudes Socialistas, cada vez más fuertes (y en la que ya destacaba un tal Santiago Carrillo), cuyo proyecto político pasaba por bolchevizar el partido, es decir, convertirlo en la vanguardia proletaria que abriera el camino para la revolución socialista según el modelo leninista soviético. Esta facción se haría fuerte gracias a la coyuntura nacional de violencia política generalizada, en la que cada vez más la política se ejecutaba en las calles a través de la fuerza y la coyuntura internacional de expansión de los fascismos y de la ultraderecha en Europa. Esta coyuntura internacional nos lleva al segundo foco, encuadrado en la noción que el PSOE tenía de las derechas españolas (CEDA) por su más que dudosa lealtad a la república. Esta fascistización del enemigo será la que lleve al PSOE a establecer la linea roja en torno a la entrada de la CEDA al gobierno. De este posicionamiento se desprenden las siguientes palabras de Prieto en la sesión de formación de gobierno de Lerroux del Partido Radical:

‹‹(…) decimos, Sr. Lerroux y Sres. diputados, desde aquí al país entero, que públicamente contrae el Partido Socialista el compromiso de desencadenar, en este caso, la revolución.››

Es en este marco en el que debemos situar la revolución de octubre de 1934, penosamente dirigida por el PSOE y en la que podemos establecer más claramente las diferencias abismales antes señaladas que existían entre el abuso de la retórica y la capacidad y voluntad de acción real. La revolución del 34 significó la respuesta violenta del PSOE y sus bases a la entrada de la CEDA al gobierno republicano, era la situación largamente esperada por el partido para desencadenar la revolución socialista al perder la república todo su valor social al entrar la ‹‹derecha fascista›› al gobierno. Pero lo cierto es que ni el partido estaba preparado para la revolución, ni sus líderes estaban a la altura; y ni siquiera existía un proyecto político común dentro del partido más allá de la utopía de carácter post-revolucionario. Quienes quieren ver aquí el verdadero comienzo de la Guerra Civil, no están realizando un análisis serio y realista de lo sucedido.

Mitin de Indalecio Prieto. Fuente.

Mitin de Indalecio Prieto. Fuente.

El tercer periodo se encuadra en las elecciones del 36 y en la conformación del Frente Popular, una coalición de izquierdas inspirada en el contexto internacional de lucha contra el avance del fascismo a nivel europeo, en el que el PSOE, una vez asumida la inviabilidad de la revolución, vuelve a plegarse a la legalidad democrática: los objetivos sociales serían los mismos, pero el vehículo dejaba de ser de inspiración bolchevique y volvía a encuadrarse en la lógica política liberal. El corto periodo de vida de este proyecto político no nos permite hacer un verdadero análisis del modelo de gobierno, que con mayoría socialista, se podría haber llevado a cabo, puesto que en julio de ese mismo año el golpe de Estado acabaría con la legalidad republicana.

Como hemos podido observar, la relación del PSOE con la república se puede definir como tortuosa y discontinua. Lo que sí podemos concluir es que el Partido Socialista siempre tuvo una vocación de fondo de defensa de la misma, pero no en términos  puramente institucionales, sino más bien como el proyecto asociado a los intereses socialistas. Haciendo una retrospectiva general de Europa en los años 30, no es difícil encontrar paralelismos con la situación española: es triste decirlo, pero todos los proyectos que tendieran al centro en aquellos años estaban condenados al fracaso.

Bibliografía|

BEST, HEINRICH; COTTA, MAURIZIO (ed.), “Parliamentary Representatives in Europe 1848-2000″, New York: Oxford University Press, 2000.

CARR, RAYMOND; FUSI, JUAN PABLO, “España 1808-2008″, Barcelona: Ariel, 2009.

FORCADELL ÁLVAREZ, CARLOS (ed.), “Ayer 54: A los 125 años de la fundación del PSOE. Las primeras políticas y organizaciones socialistas”, Madrid: Marcial Pons, 2004.

JULIA, SANTOS (ed.), “Ayer 20: Política en la Segunda República”, Madrid: Marcial Pons, 1995.

JULIA, SANTOS, ” Preparados para cuando la ocasión se presente: los socialistas y la revolución” en Santos Juliá (ed), Violencia política en la España del siglo XX, Madrid: Taurus, 2000.

PANEBIANCO, ANGELO, “Modelos de partido”, Madrid: Alianza Editorial, 1990

Redactor: Emmanuel Otero-Trassens

Estudiante de máster en Historia Contemporánea y Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla. Soy miembro de la Asociación de Historia Contemporánea e investigo sobre los partidos políticos en la Transición. Soy co-director de Témpora Magazine. Puedes encontrarme en Twitter en @inmanuelxi

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24 Comments

  1. Enhorabuena por esta reseña. Desde luego, como dices, no se puede explicar este periodo desde la generalidad. Y desde luego hay multitud de factores que condicionan la deriva del PSOE en la República. La caída electoral del PSOE se dio tras la ruptura del pacto Republicano-Socialista, teniendo en cuenta el sistema electoral de la época (tremendamente más desigual que el actual) al presentase en solitario a las elecciones quedaba en minoría. Respecto a la revolución de octubre de 1934, fue protagonizada fundamentalmente por los sectores sindicalistas, la UGT de Largo Caballero y la CNT, además del aún poco influyente Partido Comunista. Y como corrección, el gobierno resultante de la victoria del Frente Popular estaba formado exclusivamente por republicanos de izquierda (IR, UR), aunque el grupo parlamentario socialista era mayor respecto a los demás partidos del Frente Popular. Los socialistas entraron en el gobierno con Largo Caballero el 4 de septiembre de 1936.

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    • Muchas gracias Ángel:
      Todas las matizaciones son correctas y me alegro que las compartas. En el 34, no obstante, tengo que añadir que Largo Caballero ya controlaba tanto la UGT como el PSOE, una vez que la coalición de Basteiro dentro de la UGT se vio obligada a dimitir por la falta de apoyos a su proyecto sindical. Bien es cierto que en el único sitio donde la revolución fue tal realmente, Asturias, si que el pacto UGT-CNT fue fundamental, y que ellos fueron los directores de la misma casi en solitario.

      Sobre el gobierno de Frente Popular, en efecto, tienes razón, pero con la intención de cerrar el artículo quizás aceleré demasiado.

      Muchas gracias por participar:

      Un saludo

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  2. Compañero muchas felicidades por el artículo. la estructura del artículo resulta muy clara y accesible.
    Por otro lado soy un poco crítico con la interpretación que presentas sobre las actitudes del PSOE. Desde mi punto de vista, al menos la facción más dinámica y numerosa, la de Largo Caballero, efectivamente tenía como meta última aquella utopía post-revolucionaria socialista que comentas. En lo que discrepo es el peso que confieres a tal cosmovisión.
    A partir del segundo período, con la llegada al gobierno de la CEDA y con la intentona revolucionaria del 34, las organizaciones sindicales, entre ellas la UGT rompen la baraja de las normas de juego democrático, en una escala inédita de la corta historia del régimen, mucho más allá de un breve tiroteo. Así de crudo. Difícilmente justificable además por una supuesta “fascistización” de la cúpula dirigente de la CEDA (en el contexto concreto de 1934) que aún hoy no se ha podido demostrar, por más que sus bases fueran extremadamente heterogéneas. La sospecha de deslealtad de Gil Robles para con la República, antes de 1936, era y es eso, sólo una sospecha.
    Respecto a la facción de Largo su objetivo no era la República en tanto que sistema democrático parlamentario liberal, su objetivo era la República socialista con unas características muy distintas y en absoluto homologables a lo que hoy podemos entender como democracia. Triunfante el Frente Popular, su reenganche a la lógica política liberal era un mero tacticismo, no una verdadera convicción democrática. Tampoco debemos olvidar que aquella estrategia frentepopulista tenía su origen en las recetas estalinistas. Por más que los republicanos españoles la readaptaran, buena parte del socialismo lo entendía como solución de compromiso, siempre transitoria hacia el objetivo último que aludía sin ambages a la “dictadura del proletariado” según el modelo marxista-leninista.

    Saludos.

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