El primer 11-S, la caída de la democracia chilena

A diferencia de los países de su entorno, en las primeras décadas del siglo XX, se estaba conformando en Chile un sistema cada vez más democrático y estable, con instituciones y partidos fuertes. Una clase media cohesionada creó alianzas desde el liberalismo radical con grupos a la izquierda, restando protagonismo a los partidos oligárquicos del XIX e integrando a los nuevos partidos de masas en el juego liberal democrático. El sistema se organizaba como un parlamentarismo aproximado (K. Loewenstein) en el que el poder ejecutivo podía ser estrechamente supervisado por el Congreso, requiriendo la colaboración para hacer gobiernos estables.

Para finales de los años 50 se desarrollaron importantes cambios sociales y políticos en el país. Bien asentada desde la IIª Guerra Mundial, la democracia chilena funcionaba con unas reglas de juego en las que las formaciones de izquierda y derecha no presentaban amenazas al status quo. Se daba cierto consenso en torno al reparto del poder y a la estructura económica y de la propiedad. Pero como en el resto de América Latina, esto cambió con el hito de la Revolución Cubana de 1959. El Partido Socialista chileno (PS), derrotado además en las elecciones de 1964 frente a los demócrata-cristianos, reafirmó en su XXII congreso el marxismo-leninismo y el recurso a la violencia guerrillera. Los partidos políticos a la derecha reaccionaron al contexto internacional (Guerra Fría) endureciendo sus posturas.

El líder del Partido Demócrata Cristiano (PDC) Eduardo Frei accedió a la presidencia del país en 1964 con el apoyo de las fuerzas de derecha, aunque defendiera un ‹‹socialismo comunitario›› como tercera vía entre el capitalismo y el marxismo. Ya en el poder, la derecha acusó al PDC de izquierdización, mientras que para los sectores marxistas se trataba de un partido burgués más, sin gran diferencia con los otros. En realidad el PDC ocuparía el ‹‹centro político››, algo inclinado a la izquierda, desde los años 50 hasta la restauración democrática tras Pinochet.

Bajo Frei se impulsó la sindicalización del campo chileno, la reforma agraria o los programas de vivienda social. Con escaso éxito intentó buscar un equilibrio entre las necesidades de los sectores más desfavorecidos y los grupos más acomodados, pero se vio rebasado por ambos lados en una escalada creciente de polarización política. Sus tímidas mejoras sociales fomentaron la ampliación del horizonte de expectativas de los sectores populares chilenos. Trabajadores fabriles, de la extracción y del campo se politizaron significativamente, y los partidos que querían representarlos propusieron cambios más profundos, cuando no transformaciones radicales.

1960-1970 fue de crecimiento económico, con expansión del empleo en nuevas industrias y grandes empresas estatales o privadas que concedían salarios relativamente buenos y condiciones favorables para el activismo laboral. Pero la modernización creaba contradicciones, así por ejemplo la rápida urbanización del país generó cinturones de miseria y motivó a su vez la lucha por la mejora de los servicios urbanos. En el campo, las reformas no habían resuelto los problemas de paro rural, la escasez de alimentos y la pobreza. La modernización capitalista del agro desde 1955 había expulsado de sus tierras a sus inquilinos tradicionales, incrementando la proletarización.

El pacto sociopolítico tradicional se veía peligrar en la era Frei y ello ocasionó un movimiento defensivo de grupos medios acomodados: profesionales, funcionarios y comerciantes de núcleos urbanos como Santiago, más inclinados al conservadurismo y la suspicacia para con las reivindicaciones populares. Los partidos de la derecha no apoyaron más al centrista PDC y las posturas en general se tornaron más intransigentes.

No podemos hablar, sin embargo, de una oposición dual entre sectores populares y sectores medio-burgueses, ello se reflejaba en la pluralidad de tendencias dentro del PDC o el propio PS. La sociedad chilena se politizó, pero en múltiples direcciones. Sus reivindicaciones iban desde acceso a la tierra de forma individual y privada a colectivizaciones totales por el Estado, pasando por reclamaciones de mayor representatividad e inclusión ciudadanas. Unos reclamaban mejoras dentro del marco liberal habitual; otros proponían la ruptura en pos de un orden nuevo.

Las condiciones desfavorables de los grupos populares, vigentes durante décadas, se hicieron paradójicamente inaguantables y no antes, justo cuando se iniciaban mejoras económicas y laborales. Se debe a que las reivindicaciones sociales no surgen mecánicamente ante las malas condiciones de vida y se requieren factores como la oportunidad política y los marcos identitarios nuevos, propios de la modernización social.

Pinochet todavía junto a Allende [Fuente]

Salvador Allende (PS) subió al poder en 1970 aupado por una coalición de izquierdas: la Unidad Popular (UP). Heredó un clima de franca inestabilidad social que durante su mandato creció. Los sectores más radicales de la UP alentaron la ocupación de fábricas y las expropiaciones, incluso en paralelo al gobierno. Resultó en un descontrol que contribuiría a la polarización política y la merma de la credibilidad del gobierno Allende.

Aunque socialistas y comunistas predominaban en las centrales sindicales, los demócrata-cristianos mantuvieron una presencia importante, sobre todo entre los trabajadores no manuales. La huelga de mineros del cobre en 1973 reveló las profundas divisiones entre ambas tendencias sindicales.

Para 1970 los beneficiados por reformas agrarias eran muy escasos, sucediéndose ocupaciones de latifundios e insurrecciones. Aunque la UP aumentó el número de beneficiarios, siguió siendo insuficiente, y se dieron choques entre las políticas de colectivización del gobierno y grupos populares, partidarios de la propiedad y gestión particular. La productividad agrícola descendió pese al aumento de la demanda en las ciudades. La escasez de moneda fuerte impidió la importación suficiente de productos agrícolas. A ello se sumó la suspensión de créditos y las huelgas persistentes en transporte y comercio que provocaron problemas de suministro y alta inflación.

Entre 1970-73 bajo el gobierno de Allende, confluyeron en auge el radicalismo y la polarización en la política nacional e internacional, las contradicciones del desarrollo socio-económico, la politización de las masas populares que exigían cambios profundos e inmediatos o el ordenamiento jurídico chileno que hicieron muy complicado al gobierno afrontar con posibilidades los grandes desafíos del país.

A la derecha del espectro sociológico y político los partidos de inspiración fascista y pro-autoritarios ganaron presencia, aunque siempre fueron minoritarios. Los partidos conservadores y liberales, con Allende en el poder, bloquearon sistemáticamente desde el Congreso sus iniciativas. Tal actitud se debía a la intransigencia de los partidos de oposición y su rechazo a reformas profundas. También es cierto que Allende, aún dentro de los cauces legales y democráticos, fijaba como objetivo último y declarado la consecución del socialismo, es decir, un modelo de organización política y económica radicalmente distinta que no concordaba con el concepto tradicional de ‹‹democracia›› de los grupos de oposición. Hay que subrayar el choque de mentalidades, de concepciones distintas de la realidad que acontecía. Para la oposición, su labor de bloqueo defendía la democracia como sistema legalmente instituido. Para el gobierno, se estaba defendiendo dando voz a sectores sociales tradicionalmente marginados o desfavorecidos. Ninguno mentía. Lo que implicó una ruptura fue el crecimiento desde la izquierda de un proyecto de transformación total de las estructuras socioeconómicas habituales, pero también de la cerrazón desde la derecha ante cualquier propuesta de reforma y mejora. Tal situación provocó el miedo en los sectores empresariales y propietarios que veían peligrar los pilares de su idea democrática: propiedad privada, libertad económica y ‹‹orden››. Ambas tendencias, con reclamaciones legítimas, fracasaron a la hora de encontrar posiciones intermedias, de pacto y de compromiso político. Allende fracasó a la hora de controlar a los sectores más radicales de su coalición de gobierno y tampoco cedió en los puntos más intransigentes de su programa. Los grupos de oposición se enrocaron en el poder legislativo y judicial para boicotear cualquier iniciativa y evitaron tender puentes.

La situación socioeconómica se deterioró, tanto por el boicot de la patronal y los sectores transportista y comercial, como por la fallida política económica del gobierno, promotora de una expansión monetaria que implicó una fortísima inflación y rompiendo las reglas del juego al incumplir sus obligaciones crediticias exteriores. En este contexto se dio el apoyo de buena parte de los grupos medios y altos a los partidos más a la derecha y estos avanzaron hacia posturas favorables a soluciones de fuerza más allá de las prácticas democráticas, una actitud inédita en Chile desde hacía muchas décadas. El importante documental ‹‹La batalla de Chile››, de Patricio Guzmán, ilustra el clima vivido antes del golpe de Estado de 1973.

Asedio al Palacio de la Moneda [Fuente]

Ahora bien ¿Por qué un ejército tradicionalmente subordinado al poder civil se sublevó y dio un golpe sangriento en 1973? De entrada el ejército chileno se caracterizaba por su fuerte nacionalismo que nunca sufrió contradicción con los gobiernos de uno u otro signo hasta la llegada de UP. Movimiento autoproclamado marxista e internacionalista, se consideró como una fuerza ajena a Chile. La ruptura del consenso liberal, sublimado con Allende, habilitó a los ojos de amplios sectores militares la necesidad de restaurar lo que se entendía como orden y legalidad. Es cierto sin embargo, que los poderes civiles habían fracasado a la hora de forjar entendimientos y evitar la fractura social. El ejército se basó en eso para justificar el golpe del 11 de septiembre y su receta fue una dura depuración. El extremismo militar quedó confirmado con el asesinato del comandante en jefe del ejército René Schneider, partidario de Allende, en 1970. La creciente autonomía de las FFAA chilenas debe relacionarse con la ayuda militar estadounidense. Fueron financiadas ante el auge comunista y la inclinación pro-cubana del PS. Academias norteamericanas formaban a los oficiales chilenos en la contrainsurgencia y, cuando Allende llegó al poder, EEUU cortó toda ayuda económica a Chile y mantuvo e incrementó la de los militares. Pero aunque el factor externo fue importante, no explica por sí sólo la actitud del ejército en el golpe de estado.

Parte de la historiografía ha explicado la violencia del golpe por la voluntad consciente de provocar una ruptura histórica. Solapado con ambiciones personales y sed de poder, el discurso de la Junta militar, con Pinochet al frente, se basaba en la conciencia sincera de estar realizando una acción que pondría remedio definitivo a los males de su país. Esta justificación caló sobre todo en sectores medios y altos de las urbes, aunque no sólo en estos. De forma explícita o tácita muchos chilenos aceptaron el golpe de estado y la represión de sus vecinos como medida excepcional en un período excepcional.

Bibliografía|

BETHELL, L., “Hª  de América Latina, Tomos 11,12 y 15”,  Barcelona: Crítica, 2002.

HUNEUUS, C.,  “El régimen de Pinochet”, Santiago: Sudamericana, 2000.

Centro de Documentación de Historia Contemporánea de Chile (CIDOC):

-VIAL CORREA, G.,  “Estudio sobre el Partido Socialista de Chile”.

-Discurso original de Pinochet del 11 de septiembre de 1974. Primer aniversario del golpe de estado.

-Selección de prensa de 1973 sobre el gobierno de Unidad Popular.

- Manuscrito del último discurso de Allende y consigna ante el golpe de estado.

Documental: “La batalla de Chile” por Patricio Guzmán.

Redactor: Diego Afonso Martínez

Licenciado en Historia por la Universidad de La Laguna y Sevilla. Máster en Estudios Históricos Avanzados de Hª Contemporánea.

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2 Comments

  1. Esta interesante el articulo por su intención de aproximarse a la historia de Chile.

    Sin embargo, el articulo me suscita varias polémicas con relación a la naturaleza del gobierno de Allende y con el papel del Ejercito en la historia de Chile.

    Sobre lo primero, convendría tener en cuenta el desgaste de muchos sectores (trabajadores, pobladores, estudiantes) con el gobierno de Allende. Un gobierno que al final del periodo estaba mas retrocediendo que avanzando en el programa del “socialismo a la chilena” ( vía chilena al socialismo). Véase la carta de ruptura de los Cordones industriales con el gobierno de Allende. estos vieron, no solo limites en el programa de Allende, sino que expresaron (destaparon) la verdadera naturaleza de conciliatorio que configuraba la dirección de la Unidad Popular entre las masas y las oligarquías nacionales (derecha, ejercito, Iglesia).

    Lo segundo, el ejercito de Chile de constitucionalista si pero con bastantes matices. en su historia siempre se enfrentó a ejércitos menos importantes en lo militar (Perú- Bolivia) , se enfrentó a los pueblos mapuches (véase Pacificación de la Araucania) y represión sobre los trabajadores (Santa María de Iquique). lo cierto que fue un garante del régimen burgués que se configuraba desde la independencia. Bastante alejado de la representatividad popular. Un gran enfermo en la historia de Chile, según explicaba el historiador Gabriel Salazar. Un ejercito burgués, subordinado a la burguesía y ello se aprecia el 11s de 1973

    A pesar de no estar en todo de acuerdo con el articulo, enhorabuena por el intento e interesarte por aquel rincón del mundo llamado Chile

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  2. Gracias Mario por participar. Yo sin embargo sí coincido contigo en tu opinión y a mi modo de ver, así lo expreso en el artículo. La UP de Allende por su mismo carácter de coalición, necesariamente debió lidiar con actitudes y puntos de vista heterogéneos y como bien apuntas, la acción sindical-popular de aquellos cordones industriales quiso ir muchas veces un paso por delante del gobierno Allende. Precisamente la incapacidad de UP para pilotar con firmeza el proceso de efervescencia social fue una de las claves para el aumento de la confrontación y la sensación de incertidumbre.
    Respecto al ejército, igualmente coincidíamos. Nacionalista y defensor de un status quo que, a sus ojos, el gobierno de UP venía a romper.

    Saludos.

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