El nuevo Principado: Vespasiano y su lex de Imperio

Entre los años 68 y 69 d.C., el Imperio Romano sufrió uno de sus periodos más problemáticos, reflejado en una sucesión de guerras civiles que marcaron profundamente su desarrollo posterior. Esta ‹‹crisis›› puso de relieve la debilidad política de la figura del princeps, que había sido patente en algunos Julio-Claudios (como Calígula o Nerón) carentes de la capacidad política necesaria para organizar y administrar una sociedad, una economía y un vasto territorio en continuo cambio y crecimiento. Esta debilidad política trajo consigo una desorganización militar que volvió a convertir al ejército en uno de los principales elementos de la política y clave para el acceso al poder de los sucesivos emperadores. Tácito, en este sentido, afirma que ‹‹se había divulgado un secreto del Imperio: el de que se podía hacer un príncipe en un lugar que no fuera Roma››.

Busto de Vespasiano en mármol.

Busto de Vespasiano en mármol. Fuente.

Esta crisis de guerra civil trajo consigo un cambio importante en la política, la llegada al poder de la dinastía Flavia, presidida por Tito Flavio Vespasiano. El factor desencadenante de la guerra, la muerte de Nerón, fue la consecuencia clara de la actitud del propio Nerón, eso es, un princeps que no respetaba los ideales estoicos del fundador de la dinastía y del sistema de gobierno, y por otra parte, la actitud de un Senado que no se resignaba a permanecer como una mera institución vacía de poder (aunque el republicanismo como creencia política ya no tenía sentido). Nerón había presentado una imagen de monarca helenístico más cercana a la exhibición de la riqueza y al absolutismo despótico personal que a esa ficción de continuación de la tradición republicana. En estas condiciones, lo que se necesitaba era una persona que fuera consciente de la nueva realidad social (la fuerza creciente de los equites y los provinciales, que demandaban una mayor presencia en la vida política), económica (el gran desarrollo de las provincias y sus elites, como el caso hispano) y territorial (la vasta extensión dominada por Roma precisaba mayor atención para acelerar su proceso de romanización). De los pretendientes al poder imperial durante el ‹‹año de los cuatro emperadores›› sólo Tito Flavio Vespasiano comprendía la situación, una consciencia que poseía por su origen y formación, y que le otorgó una visión realista de las necesidades del imperio.

El cambio que supuso la llegada al poder de Vespasiano tiene su mayor símbolo en el objeto de estudio de este ensayo: la lex de imperio Vespasiani, que conocemos gracias a un documento epigráfico (CIL VI 930 = 31207 = FIRA I, 15 = ILS 244) que concede al emperador Tito Flavio Vespasiano una serie de poderes ‹‹novedosos››, además de los poderes tradicionales conferidos para el desempeño de las antiguas magistraturas republicanas. La lex de imperio Vespasiani asentará el Principado de Vespasiano sobre nuevas bases político-constitucionales, haciéndose conceder legalmente poderes que los emperadores anteriores habían ejercido de hecho, pero con el cierto respeto por la apariencia de la legalidad republicana. Con Vespasiano y con la publicación de esta ley se rompe esa ficción y se sientan las bases de un nuevo régimen, un régimen plenamente ‹‹monárquico››.

Tablas de bronce de la Lex de Imperio, halladas por Cola di Rienzo. Fuente.

Tablas de bronce de la Lex de Imperio, halladas por Cola di Rienzo. Fuente.

El texto traducido al castellano diría:

‹‹….Que Vespasiano sea autorizado a hacer tratados con quien quiera, como el divino Augusto, Tiberio Julio César Augusto y Tiberio Claudio César Augusto Germánico.

Que pueda presidir el Senado, presentar o rechazar propuestas, votar senado-consultos por relatio o discessio, tal y como había sido establecido para el divino Augusto, Tiberio Julio César Augusto y Tiberio Claudio César Augusto Germánico.

Cuando por su voluntad, su autorización u orden el Senado celebre sesión sea ante su representante, sea ante él mismo, que tenga validez jurídica cuanto allí se decida y que se obedezca, como si el Senado hubiese sido convocado y hubiese actuado conforme a la ley.

En relación con los candidatos a una magistratura o a un desempeño importante por su potestas o su imperium, o a una curatio, a los que él haya recomendado ante el Senado o el pueblo romano, o a los que haya dado o prometido su sufragio, que se les tenga en cuenta fuera del orden normal de las elecciones.

Que le sea permitido restringir o aumentar los límites del pomerium cuando crea necesario hacerlo para el bien público, como le ha sido permitido antes a Tiberio Claudio César Augusto Germánico.

Que posea el derecho y el poder de cumplir y hacer cuanto considere útil para el bien público y la majestad de las cosas divinas, humanas, públicas o privadas, en la misma medida en que este derecho ha sido reconocido al divino Augusto, Tiberio Julio César Augusto y Tiberio Claudio César Augusto Germánico.

Que el emperador César Vespasiano sea dispensado de obedecer las leyes y plebiscitos de cuyo cumplimiento se eximió al divino Augusto, Tiberio Julio César Augusto y Tiberio Claudio César Augusto Germánico y todo lo que en virtud de una lex rogata les fue permitido a estos sea consentido hacer al César Vespasiano Augusto.

Y que los actos ejecutados, los decretos dictados por el emperador César Vespasiano Augusto, sea por orden suya o por orden de uno de sus delegados antes de esta lex rogata, que sean tenidos conformes con el derecho y ratificados como si hubiesen sido realizados por orden de la plebe.

Sanción:

Si alguno ha actuado o se propone actuar, conforme a esta ley, contra las leges rogatae, los plebiscitos o los senado-consultos, que no sufra perjuicio alguno, ni se dé cuenta al pueblo ni se actúe ante nadie por esta causa, tampoco si no lo ha hecho conforme a esta ley, sino en virtud de una lex rogata, de un plebiscito o de un senado-consulto.››

Lex de Imperio Vespasiani

Sin entrar en el análisis del texto, podemos decir que Vespasiano fue un hombre prudente y realista, consciente de su falta de auctoritas y maiestas. La lex de imperio fue el intento de encontrar un sustituto legal a la auctoritas augustea y trajo consigo la institucionalización de la figura del princeps. Vespasiano creó a partir de la lex, un programa propagandístico que hizo posible la estabilidad política en Roma y la reorganización del Imperio. Tenía en contra su posición de homo novus, y por ello acompañó su programa político y propagandístico de numerosas referencias a la dinastía Julio-Claudia, aunque sólo haciendo referencia a los que se concebían como ‹‹buenos emperadores››: Augusto, Tiberio y Claudio.

Vespasiano supervisando la construcción del Coliseo. Fresco anónimo del s. XVII. Fuente.

Vespasiano supervisando la construcción del Coliseo. Fresco anónimo del s. XVII. Fuente.

La dinastía Flavia asentó de una manera firme el Principado que Augusto había creado como una ‹‹monarquía autoritaria››. Por otra parte, el Senado quedaba relegado de su poder de investidura, organismo que sólo se había limitado a legitimar el poder Flavio mediante la lex de imperio. Vespasiano, sin embargo, quiso construir una imagen pública de respeto por el Senado y las tradiciones republicanas, de ahí que él mismo, sus hijos, y las futuras dinastías siguieran usando las instituciones tradicionales para canalizar su poder: el consulado, la tribunicia potestas, el pontificado máximo, la censura, etc.

El Principado, en conclusión,  seguía siendo una ficción, una máscara del poder del princeps frente al Senado y el pueblo romano, aunque a partir de Vespasiano este sistema se había convertido en una verdadera autocracia, que se acercaba más a una ‹‹monarquía constitucional›› que a un ‹‹absolutismo despótico››. La lex de imperio Vespasiani marca un nuevo camino en Roma: el camino de una monarquía plenamente consolidada y definitivamente dinástica. Sin embargo, este sistema seguiría vigente poco más de 50 años, pues el peso opositor del Senado y las malas condiciones económicas harían caer a este régimen en una gran crisis de la que, paradójicamente, saldrá tremendamente reforzado, constituyéndose, así, a finales del siglo III d.C. el llamado Dominado.

Bibliografía|

JACOBO PÉREZ, A.: “Avctoritas et maiestas. Historia, programa dinástico e iconografía en la moneda de Vespasiano”, Publicaciones Universidad de Alicante: 2003.

LE GALL, J., LE GLAY, M.: “El Imperio Romano. El Alto Imperio, desde la batalla de Actium hasta la muerte de Severo Alejandro (31 a.C.-235 d.C.)”, Akal: Madrid: 1995.

PÉREZ LÓPEZ, X.: “El poder del príncipe en Roma. La lex de imperio Vespasiani”, Tirant lo Blanch: Valencia: 2006

SUETONIO TRANQUILO, CAYO, “Vida de los Doce Césares“, cap: Vida de Vespasiano, Cátedra: Madrid: 2004

TÁCITO, CAYO CORNELIO, “Historias”, Tomos I, III, Akal Clásica 17: Madrid: 1990

WELLS, C.: “El Imperio Romano”, Taurus: Madrid: 1986

 

Redactor: Sara Muñoz Muñoz

Licenciada en Historia en la Universidad de Sevilla y Máster en Estudios Históricos Avanzados por el itinerario de Historia Antigua en la misma Universidad. Mi perfil académico se inclina en el estudio de la epigrafía latina en Hispania, y en la política, economía y sociedad del Imperio Romano. Apelo a la renovación de los conceptos historiográficos en las nuevas generaciones de historiadores.

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