El emperador Tiberio (I): Eslabón clave para la supervivencia del Principado

Augusto había creado en Roma un sistema completamente nuevo a partir de la victoria de Actium contra Marco Antonio y Cleopatra en el 31 a.C. Pero este nuevo régimen, el Principado, había sido construido a raíz de sus méritos personales y su auctoritas (1), es decir, su carisma y prestigio personal y familiar (por ser ‹‹hijo›› de César). A su muerte, en el 14 d.C., muchos se preguntaban qué sucedería con este innovador sistema, si se renovaría en la figura de otro carismático ‹‹líder›› o si por el contrario se volvería a instaurar una república a la manera tradicional. Por ello, Augusto había intentado transmitir de padre a hijo el ejercicio de las magistraturas republicanas que disfrazaban de algún modo el nuevo sistema ‹‹monárquico››.

Busto del emperador Tiberio idealizado. 14 d.C.-37 d.C.

Busto del emperador Tiberio idealizado. Gobernó del 14 d.C. al 37 d.C. Fuente.

Tiberio, así, constituye en la historia del imperio un eslabón clave en la transición del poder personal de Augusto, reuniendo en su persona los dos cargos que le abrirían el camino hacia el poder político: la potestad tribunicia (2) y el imperio proconsular (3). Este hecho es crucial porque hasta ese momento Augusto había sido el ‹‹necesario restaurador de la paz›› tras las interminables guerras civiles que desgastaban cada vez más el viejo sistema republicano; mientras que con el nuevo sucesor, Tiberio Claudio Nerón, el Principado se convertía en un verdadero sistema dinástico.

Realmente Augusto había tenido un gran problema con sus sucesores, y se dice que Tiberio no era uno de sus favoritos. Tanto sus méritos, sobre todo militares, como la mano de Livia, su madre, que intentaba, según las fuentes, por todos los medios ascender de posición a su hijo, no significaron que Augusto tuviera claro que Tiberio lo sucedería. En realidad, Cayo y Lucio, los hijos de Julia y Agripa, fueron los señalados como herederos, pero desgraciadamente murieron a corta edad. Tiberio, en cualquier caso, se encontraba mucho más cómodo entre sus compañeros de armas que jugando a la política en Roma, y es por ello que marchó a Rodas cuando Augusto todavía vivía, para alejarse de los problemas de la urbe y su malavenida familia.

Según Suetonio, el testamento de Augusto comenzaba así:

‹‹Habiéndome arrebatado la adversa fortuna de mis hijos Cayo y Lucio, nombro a Tiberio César mi heredero por una mitad››

(Suet. Vida de Tiberio. XXIII)

Para Suetonio, este preámbulo confirmaba evidentemente que Augusto nombraba a Tiberio sucesor por necesidad y no por convicción, aunque Augusto había obligado a Tiberio a adoptar a Germánico, su sobrino (el padre del futuro emperador Calígula). En cualquier caso, cuando Augusto murió en Nola el 19 de agosto del año 14 d.C., Tiberio era, gracias a la potestad tribunicia y el imperium proconsular, el hombre más poderoso del imperio. Realmente, Tiberio era uno de los hombres más capacitados de la aristocracia romana y sus dotes de estadista y militar habían sido probadas en la larga serie de servicios al Estado durante el principado de Augusto: popular entre el ejército, experimentado en tareas de administración civil, culto y responsable, disciplinado y austero. Sin embargo, Tiberio tenía un carácter aristocrático que lo ligaba más a la libertas republicana que a la obra de Augusto, de ahí las dudas y vacilaciones de Tiberio para aceptar el Principado, que han sido transformadas por Suetonio y Tácito en pura hipocresía. No puede dudarse que Tiberio pretendía el poder, pero descargado del carácter excepcional que había tenido con Augusto: el principado no debía ser un régimen permanente, sino una magistratura extraordinaria en el contexto de la constitución romana. En este sentido, Tiberio conocía la enorme dificultad con la que Augusto había asumido los poderes de la república, gracias, sobre todo, a su carisma, y aceptó el principado como si realmente fuese una magistratura.

La muerte de Gérmanico se vivió de manera dramática y ello contribuyó a acrecentar la leyenda negra de Tiberio, acusandole de haber mandado matar a su hijo adoptivo por celos. Oleo sobre lienzo de Nicolas Poussin, 1626

La muerte de Gérmanico, envenenado en Siria, se vivió de manera dramática en Roma, y ello contribuyó a acrecentar la leyenda negra de Tiberio, acusándole de haber mandado matar a su hijo adoptivo por celos. Oleo sobre lienzo de Nicolás Poussin, 1626. Fuente.

Por eso rechazó el cognomen de Augusto, que le correspondía por herencia, y no aceptó títulos excepcionales como el de Pater Patriae (Padre de la Patria) ni honores divinos. Según Suetonio, rehusó del título de emperador (imperator), así como de la Corona Cívica con la que querían adornar el vestíbulo de su palacio; y se opuso a que le consagrasen templos, sacerdotes e incluso a que le erigiesen estatuas sin su consentimiento y nunca cerca de los dioses. Restableció una apariencia de libertad, dando cuenta al senado de todos sus asuntos, importantes o pequeños, públicos o particulares. Le consultaba acerca del abastecimiento, de los impuestos, de la concesión de monopolios, de la construcción o reparación de edificios, del licenciamiento de soldados, etc. Fue, de hecho, un excelente administrador de su imperio.

Esta actitud se tradujo en unas buenas relaciones con el senado en los primeros momentos de su gobierno, pero que pronto pasarían a ser todo lo contrario. Tiberio había intentado continuar el camino trazado por Augusto pero colaborando con el senado en los asuntos del Estado más estrechamente, aunque los deseos de colaboración del princeps se convirtieron en órdenes, y las órdenes en rencores de la aristocracia. Esta colaboración más íntima con el senado no fue asimilada por sus contemporáneos, que no comprendían que Tiberio siempre había aspirado a ser considerado como un primus inter pares, un princeps pero al estilo republicano.

George Baker interpretando a Tiberio en la serie de la HBO Yo, Claudio

George Baker interpretando a Tiberio en la serie de la BBC Yo, Claudio. Fuente.

Así, el principado de Tiberio representa por otra parte el desarrollo y consolidación de las instituciones creadas por Augusto, especialmente la estructura burocrática, el sistema financiero y la organización provincial (él intervino directamente en la vida provincial y creó y organizó nuevas colonias en Mesia, en Retia y en Capadocia), e intenta ser una clara continuación de la obra de su antecesor, aunque con mayor conservadurismo. En materia de política exterior, Tiberio fue prudente y ahorrativo, pues no llevó a cabo grandes campañas y se limitó al cuidado de las fronteras naturales de su imperio. En cuanto a la religión, fue muy conservador: se preocupó de proteger el culto tradicional al divino Augusto y fue tolerante con las religiones extranjeras (aunque fueron prohibidos los ritos judaicos y egipcios). Por último, uno de los mayores problemas que tuvo el princeps fue la falta de liquidez, lo que le llevó a restringir gastos del Estado en donaciones, juegos y espectáculos teatrales y en obras públicas. Esta política de ahorro, como buen gestor, además de su carácter difícil, y el desarrollo de la lex de maiestate (leyes de lesa majestad), aumentaron la impopularidad del princeps en Roma, tanto en la plebe como en la aristocracia senatorial.

Así, Tiberio no sería recordado por haber conservado la tan bien considerada pax augusta, ni por haber sido un excelente administrador, un gran militar y un hombre de gobierno, sino por su leyenda negra, la que nutren en demasía Suetonio y Tácito, los cuales escribieron decenios después de su muerte alimentados por la tradición que los enemigos de Tiberio habían difundido por todo el imperio durante su gobierno.

(1)  Auctoritas: es una capacidad moral, un prestigio personal y familiar de cada individuo. Una cierta legitimación social.

(2) Potestad Tribunicia: es el poder que poseían los antiguos tribunos de la plebe: tenían el derecho de convocar al senado, el derecho a veto, el derecho a hablar el primero en el senado, etc.

(3) Imperium Proconsular: es el poder militar, la capacidad para dirigir ejércitos, que por supuesto era maius, es decir, una capacidad de mando superior al de cualquier cónsul.

Bibliografía |

MARAÑÓN, GREGORIO: “Tiberio. Historia de un resentimiento”, Madrid: Espasa, 1952.

ROLDAN, JOSÉ MANUEL: “Césares”, Madrid: La Esfera de los Libros, 2008.

ROLDÁN, JOSÉ MANUEL; BLAZQUEZ, JOSÉ MARÍA; DEL CASTILLO, ARCADIO: “Historia de Roma. Tomo II. El imperio romano”, Madrid: Cátedra, 2007.

SUETONIO, CAYO TRANQUILO, “Vida de los Doce Césares”, Vida de Tiberio, Cátedra, 2004.

SPINOSA, ANTONIO: “Tiberio. L’imperatore che non amava Roma”, Milano: Arnoldo Mondadori, 1985.

TÁCITO, CAYO CORNELIO, “Anales”, Akal, 2007.

Redactor: Sara Muñoz Muñoz

Licenciada en Historia en la Universidad de Sevilla y Máster en Estudios Históricos Avanzados por el itinerario de Historia Antigua en la misma Universidad. Mi perfil académico se inclina en el estudio de la epigrafía latina en Hispania, y en la política, economía y sociedad del Imperio Romano. Apelo a la renovación de los conceptos historiográficos en las nuevas generaciones de historiadores.

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