Culto imperial aplicado a Augusto y a Livia. Motor de legitimación de la dinastía Julio-Claudia.

Cuando hablamos de culto imperial nos viene a la cabeza el emperador Augusto. La Historia nos muestra que fue con él con quien se produjo el nacimiento del Imperio Romano, al igual que fue bajo su mando cuando se estableció el culto imperial, pero ¿qué es el culto imperial? Básicamente se puede definir como la adoración al emperador como a un dios. Para la mayoría de investigadores es con Augusto con quien se comienza a practicar el culto imperial, sin embargo, fue Julio César el primero en dedicarse una estatua a sí mismo, autodenominándose dios invicto (1). De igual forma, la historiografía siempre ha mencionado a Domiciano como el emperador que se hace adorar en vida (ya que normalmente, los emperadores eran adorados una vez que habían fallecido); en cambio, estando vivo Augusto, él mismo creará un templo en su propio honor.

La mayoría de investigadores considera que el origen del culto imperial se encuentra en los modelos del rey helenístico, debido a las similitudes e influencias de los actos y homenajes que recibe el emperador. Aun así, durante los primeros años de la creación de este culto imperial, el emperador era bastante cuidadoso con sus homenajes en Roma, puesto que para los romanos habría sido como vivir bajo una monarquía. En la antigua Roma, el culto a los antepasados era fundamental para la familia romana, con lo cual una vez fallecido el emperador sí podría pasar a ser objeto de culto en el larario familiar, pero no en vida. De igual forma que se honraba a los monarcas helenísticos y a sus consortes, las emperatrices romanas serán objeto de culto imperial.

Julio César fue el primero en recibir honores divinos en Roma. Su hijo adoptivo y futuro Augusto, Octavio, fue quien impulso el culto divino a Julio César, ya que le interesaba situarse como hijo de un dios. Recordemos que Augusto no era hijo de Julio César, sino su sobrino, por lo que en todo caso el predecesor de Julio César —en caso de que Roma hubiese sido una dinastía hereditaria— debería de haber sido su hijo con la reina Cleopatra, Cesarión. En la antigüedad, los gobernantes no contaban con los medios de comunicación de los que se disponen actualmente, pero si tenían sus propias formas de propaganda con las cuales conseguían difundir una ideología. Para este fin erigían templos, estatuas, financiaban obras públicas, etc. con ello querían conseguir la legitimación de su persona como guía de la sociedad romana. Tal ejemplo lo podemos encontrar en Augusto. Así pues, contamos con numerosos restos en los cuales se glorifica a Augusto y a miembros de su familia por toda la geografía del Imperio Romano, tal es el caso de los templos en honor a Augusto en Pérgamo o en la otra punta del Imperio como es Tarraco y Cartagonova.

augusto (1)

Escultura conocida como “Augusto capite velato” . El emperador es representado como a un sacerdote. Fuente.

Muchos habitantes del Imperio romano nunca habían abandonado los lindes de la aldea o ciudad donde habían nacido y crecido. De esta manera, solo habían tenido contacto con el arte y las ideas romanas, con lo cual los emperadores podían hacerlos cambiar de opinión fácilmente proveyendo y abasteciendo la ciudad de tal forma que el ciudadano pensase realmente que su emperador era un dios viviente. Para ello, Augusto se molestó en crear numerosos edificios suntuosos y templos, equipar la ciudad de Roma con un foro y un programa estatuario de tipología totalmente nueva, ahora el emperador era un dios viviente por lo que se aleja del arte de los anteriores gobernantes. Incluso comenzó a usarse un tipo de letra distinta para las inscripciones llamada litterae aureae, cuyo origen se encuentra a finales de la República pero que será bajo Augusto cuando tenga su momento de apogeo y esplendor. Para Alföldi, con todo esto, Augusto «ofreció un ejemplo que las élites de las ciudades imitaron inmediatamente para mostrar su lealtad a las tradiciones de Roma y al Principado pero también para su propia autorepresentación, para el enaltecimiento de su autoridad y de su riqueza» (2). A cambio, los ciudadanos debían rendir culto a Augusto llevando ofrendas al templo y mostrando fidelidad y obediencia a Augusto como dice una inscripción de Narbo qui se numinieius in perpetuum obligaverunt (3).

Los encargados de atender el culto imperial eran los llamados seviri Augustales, la mayoría eran libertos enriquecidos que gracias a su función habían conseguido formar parte de los estratos superiores de la sociedad romana. El colegio de los seviri Augustales estaba compuesto por seis miembros que variaban cada año. Estos serviri Augustales constituían ellos mismos un tipo estamental llamado ordo Augustalium. También existían los flamines locales de orden decurional para el culto del emperador reinante.

La guerra civil y las influencias orientalizantes llegadas a Roma, habían provocado un cambio en la religiosidad de los ciudadanos. Augusto quiso acabar con estas divergencias y pretendió crear un culto o religión oficial que aglutinara a la mayoría de la población de todo el Imperio. Con el culto imperial conseguirá que todos los ciudadanos del Imperio rindan culto al princeps, quien ahora no solo tiene el poder político sino también el religioso, y está asociado a los cultos de la ciudad y del Imperio. A través de la religión, Augusto quiere reflejar la importancia de cuidar la tradición, ser fiel a los intereses del Estado y señalar las virtudes de los hombres, alejando así el modelo seguido por Antonio. Él mismo se postula como ejemplo de hombre virtuoso, ejemplo que tomarán todos sus sucesores y cuya figura quedará asociada con las grandes ceremonias públicas en Roma o fuera.

Debido a la extensión del Imperio, la aceptación del culto imperial varió dependiendo de la zona. Es sobre todo después de la batalla de Accio, año 31 a.C., cuando podemos hablar de la generalización del culto imperial, aunque con diferentes modalidades en función de los distintos lugares. En la época de Augusto será en la parte oriental del Imperio donde más templos se levanten en su honor. Esto es debido al carácter megalómano que solían tener las religiones orientales, por lo que la asimilación del culto imperial será mucho más fácil y temprana que en las provincias occidentales. Tal es así, que en el año 30 a.C., Alejandría ya contará con un templo en honor a Augusto y de igual manera en Pérgamo y Nicomedia. También Nicea es un lugar donde el culto imperial calará pronto, estando fechado el templo de Augusto en el 29 a.C.

El culto imperial no solo estaba centrado en el propio emperador, sino que personas muy cercanas al emperador también podían disfrutar de este privilegio. Tal es el caso de Livia, la emperatriz de Augusto. A grandes rasgos se puede decir que Livia era una mujer comedida, encargada de velar por todos los asuntos en ausencia de Augusto, cuidar los contactos políticos y al mismo tiempo aconsejar a su esposo. Lo que no era un poder nada desdeñable conocer e interceder en todos los asuntos del Estado.

Livia representada con el mismo estilo escultórico que su marido. Fuente

Livia representada con el mismo estilo escultórico que su marido. Fuente

Las mujeres de la familia imperial también se encontraban inmersas en la propaganda dinástica. Como tal, Livia contaba con su culto imperial en las provincias del Imperio, por ejemplo en Cirta, una comunidad del norte de África, una ciudadana romana había donado parte de sus bienes para el culto de la emperatriz, pasando a ser la flamínica del templo. Éste es uno de los primeros casos de culto imperial a la emperatriz dentro de las provincias occidentales. En lugares como la Galia e Hispania, la presencia del culto a la mujer era distinta que en el Oriente. En estas provincias de Occidente, el trato con los oriundos es distinto; los romanos se encuentran ante sociedades tribales guerreras, mucho menos urbanizadas y organizadas, con una religión menos jerarquizada que en el Oriente. No están acostumbrados a rendir el homenaje que en Oriente se hace a las reinas o mujeres de reyes, por lo que el culto imperial, y aún más el femenino, cuesta más tiempo que arraigue. Aun así, con Livia se sentarán las bases y formas de culto u honores que posteriormente recibirán las emperatrices y princesas. En los primeros momentos su culto será aceptado en Oriente, siendo Livia asimilada con grandes diosas como Démeter, Hera, Hestia, etc.— y creando sacerdocios femeninos encargados de su culto.  Más tarde, en Occidente, se la vinculará con las virtudes imperiales y será la mater familiae, llegando a encontrarse incluso exvotos de ella en lararios familiares. Esta realidad lo que logra es hacer de Roma una gran familia, en la que el bienestar de la familia imperial es el bienestar del Estado.

Ahora el emperador y su familia comenzarán a ser representados en los templos y lugares públicos —celebrando la gesta imperial, victorias y acceso al poder de la familia— y privados, como en los lararios de las familias. Mientras que Augusto viva, en Roma no se realizará ningún culto divino, será una vez muerto el emperador cuando se llegue a la divinización del emperador, proceso en el cual tuvo mucha presión su esposa. De igual forma, una vez muerta Livia, su nieto, el emperador Claudio, deificará a su abuela en el año 41, pasando a ser nombrada como «Diva Augusta». Con esta acción se legitimaba toda la familia imperial Julio-Claudia descendiente de los dioses, el divi Augusto y la diva Livia. Una vez fuera del plano terrenal, al emperador divinizado se le podía rendir culto con sacrificios, homenajes, realización de exvotos, santuarios, etc. tanto por parte de particulares como por el Senado o una ciudad, etc. Esta herencia augustea seguirá vigente bajo el mandato del resto de emperadores.

Ante la alborotada sociedad del siglo III, el culto imperial instaurado por Augusto dejó de ser fundamental como instrumento de cohesión entre las distintas culturas que formaban el Imperio. Gradualmente se iría transformando y se irá abandonando este culto, aunque no desaparecieron todos los antiguos cultos greco-romanos hasta siglos después.


(1) Dios invencible.

(2) Alföldy, Géza, Nueva historia social de Roma, versión española de la 4ª edición alemana, Universidad de Sevilla: Sevilla, 2012. Pp. 141.

(3) CIL XII 4233 = ILS 112.

Bibliografía|

ALFÖLDY, G., “Nueva historia social de Roma“, versión española de la 4ª edición alemana, Sevilla: Universidad de Sevilla, 2012.

CHENOL ALFARO, R., “Sol invitus. Un modelo religioso de integración imperial”, Estudios de Arte, Geografía e Historia, 16, Málaga: Universidad de Málaga, 1994, pp. 247 – 277.

CID LÓPEZ, R., “Livia versvs diva avgvsta. La mujer del príncipe y el culto imperial”, ARYS, 1, Huelva: Universidad de Huelva, 1998, pp.139 – 155.

CID LÓPEZ, R., “Las sacerdotisas del culto imperial y sus prácticas evergéticas. El caso de una “flamínica” africana”, ARYS, 2, Huelva: Universidad de Huelva, 1999, pp.149 – 162.

CID LÓPEZ, R., “Imágenes del poder femenino en la Roma antigua. Entre Livia y Agripina”, Asparkía, 25, Castellón de la Plana: Universitat Jaume I, 2014, pp. 179 – 201.

EVERITT, A., “Augusto. El primer emperador“, Navarra: Ariel, 2008.

MIRÓN PERÉZ, M.D., “Mujeres, religión y poder: el culto imperial en el occidente Mediterráneo“, Universidad de Granada, 1996.

NOGALES, T.; GONZÁLEZ, J., “Culto Imperial: política y poder“, Actas del Congreso Internacional Culto Imperial: política y poder, Mérida, 2007.

Redactor: Consuelo Isabel Caravaca Guerrero

Licenciada en Historia por la Universidad de Murcia, especializada en Arqueología, Prehistoria e Historia Antigua. Máster en Formación de profesorado de Educación Secundaria Obligatoria por la Universidad Miguel Hernández (Elche) y Máster en Historia y Patrimonio Histórico por la Universidad de Murcia. Colaboradora en el Centro de Estudios del Próximo Oriente y la Antigüedad Tardía (CEPOAT).

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