Cotidiana vitae (V): El sexo en la Antigua Roma.

En esta segunda parte empezaremos por donde acabamos el anterior artículo, hablando de las concubinas, que en algunos casos eran aceptadas como “mujeres de compañía”, ya que así evitaban la acusación de stuprum.

A veces era la ley la que obligaba a vivir con una concubina y le impedía al hombre romano casarse, como era el caso de los militares, que durante su servicio militar no podían casarse, solamente podían hacerlo una vez se hubiesen licenciado y que se les hubiese concedido la honesta misio, que era un reconocimiento reservado a todos aquellos que hubieran desempeñado con honor su carrera militar. A partir de este momento, el legionario podía casarse con la mujer que había sido su compañera durante años, había tenido hijos y que hasta entonces era considerada como su concubina o  focaria, la que enciende el fuego, para convertirse oficialmente en su esposa.

A modo de curiosidad, los altos oficiales militares, gobernadores y funcionarios que estaban destinados en las distintas provincias del Imperio también tenían prohibido casarse, pero podían tener mujeres “de oficio”, esto se debe a que una antigua usanza contemplaba que, en el momento en el que el alto cargo partía hacia su nuevo destino, en caso de que estuviese soltero, se le proporcionaba una dotación de dinero, mulas, caballos, ropa, un cocinero, un cochero y una concubina. Para un romano y su mentalidad no se concebía que un hombre de ese rango pudiera trabajar y vivir sin una mujer a su lado.

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Fresco que representa una pareja realizando una postura sexual. Enlace

Las concubinas solían proceder de las capas bajas de la sociedad, por lo que para ellas este tipo de “uniones” suponían una gran ventaja, y para el hombre la ventaja era que al ser una mujer de baja extracción social, no podía exigirle ni herencia ni nada, es decir no perdía su dignitas estando con ella, ni siquiera los posibles hijos fruto de esta relación, ya que tenían el mismo estatus social que la madre.

Muchos emperadores, como Nerón, Vespasiano, Antonino Pío o Marco Aurelio tuvieron concubinas estables, algunas de ellas incluso adquirieron un gran poder así como una gran riqueza.

La condición de concubina es en cualquier caso “deshonrosa”, por lo que son mujeres con las que en todo caso sería imposible contraer un matrimonio normal (iustum matrimonium) por lo tanto estamos hablando de esclavas, actrices, prostitutas, alcahuetas o mujeres que desempeñan oficios “infamantes”, como las mujeres que servían en las popinae, o mujeres condenadas por adulterio u otros delitos. También se deben añadir las extranjeras, denominadas peregrinae, que para poder casarse tenían que pedir un permiso especial, normalmente sin resultado.

Y finalmente las libertas, teóricamente un romano podía casarse con una de ellas, pero debido a su muy humilde origen los hombres preferían no ir más allá del concubinato.

Otra curiosidad, un trío amoroso fue descubierto por los arqueólogos en una tumba de una mujer llamada Perusina, en la vía Pinciana de Roma. En dicha tumba, la persona que escribió el epitafio hizo algo poco común, compuso una poesía de amor de veinticinco versos con una descripción erótico-sexual de la mujer y una alusión explícita a que era amada por dos hombres, un caso rarísimo en las fuentes latinas. A continuación y para finalizar reflejaremos lo que decía en parte dicho poema:

“Aquí yace enterrada Perusina, y ninguna mujer hay más meritoria. Apenas una o dos, de entre muchas, parecen haber sido tan obsequiosas. ¡Tú, tan grande, guardada en una urna pequeñita! ‘Cruel responsable del destino e implacable Perséfone, ¿por qué os lleváis lo bueno y se queda aquí lo malo?’ Todos lo preguntan y ya me canso de responder; derraman lágrimas, signos generosos de su corazón. Decidida, íntegra, tenaz, irreprochable, guardiana de lo más leal, intachable en su casa, y de sobra intachable fuera de su casa, conocidísima por todos, era la única que podía afrontarlo todo; de conversación discreta, resultaba irreprochable. Fue siempre la primera en abandonar el lecho, y también la última en irse a descansar tras haberlo dejado todo en orden; la lana nunca se apartó de sus manos sin una razón, y nadie la superaba en ganas de agradar; sus costumbres eran muy saludables. Nunca pensó en sí misma, nunca se consideró libre. Bella, de ojos hermosos, cabellos de oro, y conservó en su rostro una belleza de marfil como dicen que no ha tenido nunca ninguna otra mortal; y en su níveo pecho, el encanto de su pequeño pezón. ¿Y qué decir de sus piernas? Atalanta, su mismo porte elegante. No anduvo siempre preocupada por su aspecto, sino que era hermosa por su grácil cuerpo. Lucía una piel lisa, sin ningún tipo de vello; la culparás tal vez de que tuviera las manos ásperas: pero nada le parecía bien sino lo que ella misma hacía con sus propias manos. No tuvo ningún interés en saber nada de nadie, pensaba que con sus asuntos ya tenía suficiente. Y vivió sin que nadie hablara mal de ella, porque nunca hizo nada reprochable. Mientras vivió guió de tal manera a dos jóvenes amantes, que enseguida llegaron a asemejarse al modelo de Pílades y Orestes: una misma casa los acogía y un mismo pensamiento tenían ambos. Ahora, sin ella, alejados uno de otro, envejecen: lo que una mujer semejante fue capaz de forjar, ahora un solo instante ha sido capaz de destruir. Acordaos de lo que en otro tiempo fue capaz de hacer una mujer en Troya –y os ruego que esté permitido utilizar un ejemplo grandioso para un asunto menor”

Otro tema con el que tienen que lidiar las romanas es el ímpetu que tienen algunos hombres en relación con el sexo, tienen que ponerles un límite pero sin llegar a decirles que no para no perderlos. Posiblemente estos consejos estuviesen también escritos por hombres, como tenemos el caso de Ovidio. Se aconsejaba que al principio de una relación la mujer no se entregase, para que mantuviese al hombre “en vilo”, lo que alimentaba el deseo cada vez mayor en el hombre, y ella tenía que ir creando con habilidad la ilusión de que estaba a punto de ser conquistada para después desengañar esa certidumbre respondiendo tarde a los mensajes o posponiendo las citas con una excusa distinta cada vez. Entre las excusas usadas por las mujeres romanas para posponer estos encuentros amorosos hay una que se sigue utilizando, el dolor de cabeza, por lo que ante esta excusa el hombre romano se veía abocado a la rendición. Otras excusas eran la presencia del marido, o que éste la controlaba más estrictamente o bien que empezaba a sospechar de ella, todas estas excusas permitían reducir la presión y las ganas del amante, pero sin apagar su esperanza, lo que daba lugar a una excelente estrategia femenina para controlar al amante. Ovidio aconsejaba ceder de vez en cuando con estas palabras:

“Niégate muchas veces, finge un dolor de cabeza, en otra ocasión Isis te dará el pretexto. Después recíbele para que no adquiera la costumbre de soportar ni se debilite un amor demasiadas veces rechazado” (Ovidio, Amores, I, 232).

Por último, el arma más eficaz de una mujer para alimentar el ímpetu masculino eran los celos, airear la existencia de un rival (ficticio obviamente) estimulaba al hombre en sus atenciones amorosas, fomentaba su presencia e incluso su fogosidad en la cama. Pero tiene una parte negativa, si la mujer se pasaba con la dosis de celos, conseguía el efecto contrario, que el hombre la dejase plantada o le pagase con la misma moneda.

Sátiro practicando sexo con mujer romana. Enlace

Sátiro practicando sexo con mujer romana. Enlace

Un aspecto importante en las relaciones sexuales de los antiguos romanos, ¿fingían las romanas en la cama? Para responder a esta pregunta lo haremos con unas palabras de Ovidio:

“Finge alegría con palabras mentirosas […], dales credibilidad con el movimiento y con los ojos: que manifiesten el placer tanto tus palabras como tu respiración jadeante…” (Ovidio, Arte de amar, III, 463).

Ovidio instaba a las mujeres al fingimiento de los orgasmos para así complacer en la cama a su compañero, pero advertía de que había que tener cuidado con no exagerar y delatarse con una escenificación a todas luces falsa.

El orgasmo femenino era en la antigüedad objeto de intrigas, ¿por qué a veces se daba y otras no, mientras que en el hombre ocurre siempre? ¿es útil para la concepción? Había dos corrientes, los que pensaban que fisiológicamente una mujer no podía llegar al orgasmo, y los que sí, entre estos últimos se encontraba Galeno, que pensaba que en el momento más intenso del coito, la mujer producía esperma y consideraba que ambos espermas, masculino y femenino facilitaban las relaciones amorosas, haciendo surgir el placer y por tanto ayudaban a la concepción.

Ovidio también recomendaba llegar juntos al placer, aconsejaba al hombre que encendiera a la mujer durante los prolegómenos con certeros movimientos de los dedos de su mano izquierda, y que una vez descubiertos los puntos que la mujer deseaba que le tocaran, no había que parar:

“Verás entonces sus ojos chispear con brillo tembloroso, igual que a veces el sol reverbera en el agua transparente. Vendrán después los quejidos, vendrá el amable murmullo y los dulces gemidos, y las palabras propias del juego. […] llegad a la meta al mismo tiempo; entonces el placer es completo: cuando la mujer y el hombre yacen después de haber languidecido a la par.” (Ovidio, Arte de amar, II, 422)

Relieve que muestra una pareja practicando sexo. Enlace

Relieve que muestra una pareja practicando sexo. Enlace

Otro de los aspectos desconocidos para la mayoría de la gente es que en la Antigua Roma circulaban “manuales para hacer el amor” que enumeraban y describían las distintas posturas con la mejor forma, más placentera (para uno mismo o para su pareja) o la forma más creativa de practicar sexo. Estos manuales existieron antes de que Roma fuese la que dominaba el Mediterráneo. Los griegos decían que estos manuales tenían un origen antiquísimo, supuestamente la autora del primero había sido Astyanassa, una de las esclavas de la mítica Helena de Troya. A partir de entonces estos manuales tuvieron muchísimo éxito. Podían comprarse sobre todo en Alejandría y más tarde con la expansión romana se difundieron por todas partes.

Para darles mayor atractivo, estos manuales circulaban con nombres de mujer, los nombres de las prostitutas más famosas que revelaban sus secretos (esto por supuesto garantizaba su éxito en el mercado): Betrys, Philaenis, Niké de Samos, Calístrata de Lesbos, pero hay dos que destacan especialmente:

-Pamphila de Epidauro una egipcia que vivió en Grecia en tiempos de Nerón y que tuvo una increíble prolijidad literaria, escribió treinta y tres libros sobre la historia de Grecia, pero también tratados sobre otros temas, incluida una obra que se titula Sobre el sexo.

- Elefantis una poetisa del siglo I a.C, aficionada al sexo y experta en la preparación de recetas abortivas. A ella se le ha atribuido el manual sobre sexo más famoso “De figuris coitus” probablemente un libro ilustrado de las posturas con todo tipo de explicaciones.

A pesar de la fama que estas obras tuvieron entre los romanos, a día de hoy no tenemos ninguna conservada. Teniendo en cuenta el éxito que tuvieron en su tiempo es extraño que absolutamente ni una sola página haya llegado hasta hoy. Las explicaciones son varias, o bien que los monjes medievales decidiesen no transcribir ninguna o porque no estén transcritas con algún título equivocado o bien porque no hemos encontrado aún ningún yacimiento arqueológico en el cual existan estas obras. En la Villa de los Papiros de Herculano, han aparecido obras literarias en un estado muy delicado pero aún intactas y solamente ha salido a la luz la sala de la biblioteca de las obras en griego de la corriente epicúrea, si algún día sale a la luz la sala con las obras en latín, quien sabe que sorpresas nos podría deparar.

Siguiendo con el tema de las posturas, ¿qué posturas preferían los romanos para hacer el amor?

Obviamente en la cama cada cual tenía sus preferencias pero Ovidio en su Arte de amar (III, 461-463) nos vuelve a dar consejos sobre posturas:

-“La que destaque por su bello rostro, deberá acostarse boca arriba.”

-“Las que están contentas de sus espaldas, míreselas por la espalda.

-“Milanión  llevaba sobre sus hombros las piernas de Atalanta: si son hermosas, de ese modo se las debe contemplar.”

-“La que es pequeña, que monte a caballo: la esposa tebana, como era de gran altura, no cabalgó nunca sobre Héctor.”

-“Que oprima el colchón con las rodillas doblando un poco la cabeza hacia atrás la mujer a la que haya que admirar por su largo costado.”

-“Ante la que tiene un muslo juvenil y además unos pechos sin defecto, quédese el hombre de pie, y acuéstese ella en un lecho inclinado.”

Fresco que representa una de las posturas sexuales que Ovidio nos menciona. Enlace

Como podemos ver y para finalizar, los romanos estaban muy avanzados en algunos aspectos que quizás desconocíamos, pero como se suele decir actualmente “no hemos inventado nada” ya en la época disponían de los manuales sobre sexo, o por la temática bien podríamos llamarlos “kamasutras” y como vemos eran muy apreciados. Espero que en un futuro no muy lejano nos aparezca alguno de estos manuales para poder comprender mejor la visión de algo tan cotidiano como es el sexo a través de los ojos de un romano.

Bibliografía

ÁNGELA, ALBERTO; “Amor y sexo en la Antigua Roma”. La esfera de los libros. Madrid, 2015.

CLARKE, JHON R.; “Sexo en Roma 100 a.C-250 d.C.”, Océano, Barcelona, 2003.

FOUCAULT, MICHEL; “Historia de la sexualidad”, Siglo XXI, Madrid, 1985.

FERNÁNDEZ MARTÍNEZ, CONCEPCIÓN; “CLE 1988: los tópicos, la literatura y la vida”, Studia Philologica Valentina, Vol. 11, n.s. 8 (2008) 153-166

HISTORIA AUGUSTA. (edición de V. Picón y A. Cascón). Madrid: Akal. 1989.

PLUTARCO. “Vidas paralelas: Demetrio-Antonio”, Gredos, Madrid, 2010

OVIDIO; “Amores”, Alianza, Madrid, 2001

VEYNE, PAUL; “Sexo y poder en Roma”, Paidós Ibérica, Barcelona, 2010.

 

Redactor: Daniel Pérez García

Licenciado en Historia con especialidad en Historia Antigua y Arqueología por la Universidad de Murcia. Máster en formación del profesorado de Educación Secundaria Obligatoria por la Universidad Miguel Hernández de Elche.

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2 Comments

  1. Magnífico post.
    Es el que mejor lo ha explicado de todos los que he leído.
    En la Antigua Roma circulaban “manuales para hacer el amor”… me ha sorprendido esto

    Post a Reply
    • Me alegro muchísimo que te haya gustado, muchísimas gracias por el comentario.

      Y sí, es realmente curioso, normalmente lo hemos asociado a los indios y a culturas orientales, pero ya ves que desde tiempos de los griegos existían dichos manuales, la pena es que no se ha llegado a conservar ninguno que sepamos de momento.

      Reitero mi agradecimiento, un placer!

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