Conceptos de «Celta» y «Celtíbero» (I): análisis historiográfico de la Celtiberia en las fuentes clásicas

«Gloria de nuestras Hispania, Luciniano,

cuyo nombre enaltecen los celtíberos.

¿Por qué me llamas hermano a mí,

que desciendo de celtas y de íberos

y soy ciudadano del Tajo?»

Marco Valerio Marcial. Epigramas

            Qué importantes son las palabras, y más aún, qué importante es utilizarlas bien. Muchas veces utilizamos términos sin conocer a ciencia cierta a qué nos referimos, en definitiva, sin saber si lo estamos utilizando correctamente. En el presente artículo vamos a abordar términos frecuentemente utilizados por los historiadores: «celta» y «celtíbero». Para ello, intentaremos adentrarnos en los significados que han tenido los conceptos de «Celtiberia» y «celtíbero» a lo largo de la Historia.

            Las primeras referencias a estos conceptos nos las han legado las fuentes antiguas, por lo que con su estudio trataremos de reconstruir el proceso de cómo se formó el nombre que utilizamos actualmente para referirnos a este pueblo prerromano de la península ibérica -ya sea en su forma griega Keltiberoi, o la transliteración latina Celtiberi- para ayudarnos a definirlo e identificarlo. En todo momento debemos tener en cuenta la distancia cultural de los autores respecto al ámbito celtibérico y el hecho de que el contacto se va produciendo a lo largo de un lapso amplio de tiempo.

            La primera referencia que nos encontramos al término Celta o Keltoi es en escritos griegos de los siglos VI-V a.C., en autores como Heródoto, Éforo de Cumas o Eratóstenes. Debemos tener en cuenta que en ésta época sólo habían contactado con el litoral mediterráneo de la península y la población indígena les era desconocida.

«Empieza el Istro en la ciudad de Pireno desde los Celtas, los que están más allá de las columnas de Hércules, confinantes con los Cinesios, último pueblo de la Europa, situado hacia el Ocaso, y después de atravesar toda aquella parte del mundo, desagua en el ponto Euxino, junto a los Istrienos, colonos de los Milesios» (Heródoto. Historia. Libro I, XXXIII).

            En el siglo IV a.C., el Periplo de Piteas recoge una descripción geográfica y etnográfica de la península ibérica, señalando la ubicación de los celtas en la franja oeste de la misma. Dieron un nombre genérico a la población de un lugar poco conocido para los griegos. Esto lo observamos tanto en la cita anterior como más tarde en los escritos de Estrabón, que refleja esta imprecisión en su Geografía.

«Digo que como según la opinión de los antiguos Griegos las partes conocidas hacia el Norte se llamaban por un solo nombre Escitas o Nómadas, como Homero, y más tarde, cuando se conocieron también las partes hacia Oeste, Celtas e Íberos, o con nombres compuestos Celtíberos o Celtoescitas, así todas las regiones del Sur junto al Océano se llamaban Etiopía» (Estrabón. Geografía. I 2, 27).

            Por otro lado, los autores de finales del siglo I a.C. en adelante establecen el límite entre la Céltica (identificada con las Galias) e Iberia (identificada con Hispania) en los Pirineos, dejando a los celtíberos fuera del ámbito celta. Tales son los casos de Estrabón, Plinio y Silio Itálico. Esta concepción también aparece en Apiano (Céltica), quien identifica a los celtas con los galos o gálatas que llevan a cabo incursiones en Roma y Asia Menor; o en César, que en su interpretación de las tres etnias de las Galias denomina celtas o galos a una de ellas. En estas fuentes se desprende que se produce un cambio en el uso del término aplicándose, de este momento en adelante, «célticos» o «celtíberos» para referirse a determinadas etnias de la península ibérica, y «celtas» para otros ámbitos geográficos.

            No es hasta el siglo I a.C., época ya de la Roma republicana, y más aún a inicios del Imperio, cuando aparece una mayor reflexión sobre el origen del nombre. Es en este contexto de guerra cuando aparece registrado, sobre todo en pasajes relacionados con la II Guerra Púnica, el término celtíbero, apareciendo como mercenarios.

«(…) entonces reunió [Escipión ] a sus tropas y les exhortaba a que no se alarmaran por la derrota anterior, puesto que los romanos jamás habían sido vencidos por la potencia de los cartagineses, sino por la traición de los celtíberos,(…)» (Polibio. Historias. V 6, 2).

Guerreros en batalla. Fuente

            Asimismo son mencionados, lógicamente, en el contexto de las Guerras Celtibéricas.

«No muchos años después, estalló en Iberia otra guerra, difícil a causa del siguiente motivo. Segeda es una ciudad perteneciente a una tribu celtíbera llamada belos, grande y poderosa, y estaba inscrita en los tratados de Sempronio Graco» (Apiano. Historia de Roma. VI, 44).

            Es en los autores latinos donde se aprecian dos criterios diferenciados que explican cómo se ha compuesto el término. Por un lado encontramos una interpretación etimológica, es decir, la unión de celtas e íberos daría lugar a los celtíberos. Aparece reflejado en la obra de Diodoro.

«Estos dos pueblos, íberos y celtas, en otro tiempo habían peleado entre sí por causas del territorio; pero hecha la paz, habitaron en común la misma tierra; después, por medio de matrimonios mixtos, se estableció afinidad entre ellos y por esto recibieron un nombre común.» (Diodoro. Biblioteca histórica. V 33, 1).

            El otro criterio usado para explicar la formación del término es el de la invasión. Nos llega a través de la obra de Plinio, que a su vez se apoya en Marco Varrón, afirmando que «a toda Hispania llegaron íberos, persas, fenicios, celtas y cartagineses», expresando una idea de un espacio vacío que se pobló con aportaciones externas.

            Sin embargo, en Apiano nos encontramos con un tercer caso, mezclándose los dos criterios para dar una explicación al término.

«Sin embargo, me parece que en algún momento los celtas, después de atravesar el Pirineo, la habitaron fusionándose con los nativos, lo que explica, por tanto, también el nombre de celtíberos» (Apiano. Historia de Roma. VI, 2).

            Pero es Estrabón el autor que hace un mayor número de referencias en su obra a los celtíberos. Además de hacer alusión al origen del término, describe tanto el ámbito geográfico que ocupan en la península ibérica como sus costumbres y modos de vida. Hay que tener en cuenta que dicho autor escribe ya en el siglo I d. C., momento en el que Hispania se encontraba bajo control romano, y durante los períodos de guerra en los que los primeros contactos con los celtíberos ya se habían producido, permitiendo así una visión más allá del conflicto armado. En el Libro III de su obra Geografía encontramos una descripción de Hispania. La parte dedicada a la Celtiberia se centra en delimitar geográficamente la región y en apuntar, a modo de anécdota, enfrentamientos de celtíberos contra Roma.

«Divididos los propios celtíberos en cuatro partes, (…) situados al Este y al Sur, son los Arévacos (…). Su ciudad más renombrada es Numancia. Demostraron su valor en la guerra de los celtíberos contra los romanos, (…). Al Este se hallan también los Lusones, (…)» (Estrabón. Geografía. III 4, 13).

            Pero es en el Libro I de la obra donde realiza alusiones al origen de la formación del término, como aparece en la cita de Estrabón I 2, 27.

            Autores posteriores también hacen referencia a la Celtiberia. En su Historia natural, Plinio dedica el Libro III a Hispania, pero ya dentro del sistema administrativo romano, sirviendo éste para conocer el estatus jurídico que tenía cada asentamiento de Hispania.

            A lo largo del tiempo, las connotaciones del término varían hasta que llegan a ser asumidas por los propios celtíberos como orgullosa referencia de un pasado glorioso. Lo vemos plasmado en estrofas del poeta Marcial, nacido en la Bílbilis celtibérica (cercana a la actual Calatayud, en Zaragoza), compuestas a finales del siglo I a.C.

«Gloria de nuestras Hispania, Luciniano,

cuyo nombre enaltecen los celtíberos.

¿Por qué me llamas hermano a mí,

que desciendo de celtas y de íberos

y soy ciudadano del Tajo?»

Marco Valerio Marcial. Epigramas

El final de Numancia, ilustración de Albert Álvarez Marsal. Fuente

            Todo este proceso exoétnico de identificación y denominación de una etnia -celtas o celtíberos- por parte de otra -griegos y romanos- se produce a lo largo de un tiempo prolongado, como explica M. Koch. Sintetizando su estudio se pueden establecer tres fases en dicho proceso:

  1. Se da nombre a los «bárbaros».
  2. Se les conoce genéricamente.
  3. Se les identifica etnológica  y políticamente.

            Todo ello siempre desde una perspectiva emic (punto de vista nativo). Según indica Burillo, quien comenta y sigue el planteamiento de Koch, estos tres estadios serían, respectivamente: «bloque étnico», celtas; «grupo étnico», Celtiberia con un significado geográfico amplio; y «etnia», celtíberos como conjunto diferenciado étnicamente de los celtas. En el último paso, la formación de «celtíbero» y su dotación de un contenido, resultan claves, como ya se ha señalado, los momentos de colonización griega de la península y las dos Guerras Púnicas.

            A pesar de ser algo asumido por la comunidad investigadora general, el mencionado carácter exoétnico de la denominación «celtíbero» puede cuestionarse a partir de la inscripción «celtibeles» grabada en varios plomos ibéricos hallados en el asentamiento ibérico de Pico de los Ajos –Yatova-. Aunque se ha intentado su evolución hasta «celtíberos» por la alternancia de «l» por «r», lo cierto es que han tenido más éxito las teorías de Untermann, quien lo interpreta como un cargo jurídico o político; o la del Marqués de Faria, que opta por considerarlo un antropónimo ibérico.

            Del conjunto de textos antiguos, se extrae la concepción romana de la existencia de un gran grupo étnico, los celtíberos, que engloban a grupos étnicos menores. Así, algunos aplican un modelo político unificado –que no parece tener un refrendo en otros textos ni en la arqueología-, como es el caso de dos autores de mediados del siglo II a.C.: Floro, quien establece una comparación entre Celtiberia y Macedonia, considerándolas como entidades unitarias similares (1,33,10); y Valerio Máximo (7,4,5), que va más allá estableciendo que la capitalidad de los celtíberos se encuentra en el asentamiento de Contrebia.

            En cuanto a los etnónimos de grupos considerados y englobados dentro de los celtíberos o célticos, se ha apuntado a una formación endoétnica, es decir, sería el nombre con el que cada uno de estos grupos se identificaría a sí mismo. Dichos términos serían recogidos en las fuentes a partir del siglo III a.C., a raíz del mayor contacto por las conquistas y enfrentamientos entre cartagineses y romanos en la Península. No debe suponerse que desaparece la interpretatio, algo que se mantiene, como se demuestra en las grandes variaciones entre los autores antiguos. Estos recogen, entre otros, a lusones, titos y belos, arévacos y pelendones. Pero posiblemente una de las referencias más problemáticas es la que hace Tito Livio para el 206 a.C., pues utiliza por un lado el término «celtíberos» en un sentido amplio y, más adelante, emplea el mismo término con un significado de etnia concreta, mostrándola como equivalente a vettones y vacceos.

Vida cotidiana en el oppidum carpetano de El Llano de la Horca (Santorcaz, Madrid). Fuente

Vida cotidiana en el oppidum carpetano de El Llano de la Horca (Santorcaz, Madrid). Fuente

            En la actualidad la adscripción o no de etnias concretas a un marco cultural celtíbero constituye un debate abierto en el que intervienen textos antiguos y Arqueología. En referencia a esto último debemos tener en cuenta la aceptación o no de que cada etnia tiene adscrita una «cultura arqueológica» específica. En cualquier caso, parece claro que los procesos de diferenciación de unos grupos humanos respecto a otros son algo frecuente, siendo origen de desacuerdo el cómo explicar esta diferenciación. Como veremos, es decisiva la perspectiva en la utilización de unos mecanismos y no otros.

BIBLIOGRAFÍA |

BURILLO MOZOTA, F.: Los Celtíberos. Etnias y Estados. Ed. Crítica. Barcelona. 2007.

CIPRÉS, P.: El impacto de los celtas en la Península Ibérica según Estrabón. En Cruz Andreotti, G. (Coord.): Estrabón e Iberia: Nuevas perspectivas de estudio. Universidad de Málaga. Málaga. 1999.

KOCH, M.: “Die Keltiberer und ihr historischer Kontext”, Actas del II Coloquio sobre Lenguas y Culturas prerromanas de la Península Ibérica, Salamanca, 1979, pp. 387-419.

LORRIO, Alberto J.: Los Celtíberos. En García Alonso, F (Coord.). De Iberia a Hispania. Ed. Ariel Prehistoria. Barcelona. 2008.

PELEGRÍN CAMPO, J.: Polibio, Fabio Píctor y el origen del etnónimo “celtíberos”. En Gerión  Nº 23  Vol. 1 Año 2005.

PLINIO: Historia natural III, 8.

Redactor: Claudia Martínez Blanco

Licenciada en Historia por la Universidad Complutense de Madrid. Máster en Antropología Física por las Universidades Autónoma de Madrid, Complutense de Madrid y Alcalá de Henares. Especialista en Antropología Forense por la Escuela de Medicina Legal y Forense de Madrid. Actualmente doctoranda en "Doctorado en Historia y Arqueología" por la Universidad Complutense de Madrid.

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2 Comments

  1. Excelente articulo, muchas gracias por compartir.

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    • ¡Muchas gracias Óscar! Un placer

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