Caballeros de lanza en astillero: La nobleza en El Quijote

QUIJOTE CONTRA MOLINOS DE VIENTOPara celebrar el cuarto centenario de la publicación de la segunda parte de la obra más universal de Miguel de Cervantes, son muchos los temas que podrían tratarse; la sociedad, la economía, la cultura o simplemente la historia de la España cervantina darían lugar a innumerables trabajos y estudios.

En este artículo nos centraremos sólo en una pequeña dimensión de todo el universo que nos describen las aventuras de Alonso Quijano —llamado don Quijote— y su escudero Sancho, que no es otra que la nobleza y su representación en dicha obra. En un sentido amplio, no sólo consideraremos a la nobleza como un grupo social de primera importancia en el Antiguo Régimen, sino como un modo de vida, una manera de actuar y pensar condicionada en todo momento por el contexto social, pero también histórico. Así pues, estudiaremos la obra de Cervantes como fuente para conocer la situación de la nobleza en la España de su tiempo y así leer más allá de la ficción en busca de datos históricos.

QUIJOTE CONTRA LOS MOLINOS EDITADO

La nobleza de Alonso Quijano

Alonso Quijano leyendo libros de caballería. Fuente.

Alonso Quijano leyendo libros de caballería. Fuente.

No es necesario adentrarse demasiado en el relato de las aventuras del Quijote para encontrar la primera mención a la nobleza. En las primeras líneas de la obra podemos leer  la QUIJOTE CONTRA LOS MOLINOS EDITADOdescripción del Quijote, que aparece como «un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor». El mismo Alonso Quijano es, por tanto, el primer representante de la nobleza que aparece en la novela. Hidalgo obsesionado con los libros de caballería, el Quijote se lanza en busca de aventuras con su escudero Sancho, a quien le promete el gobierno de una isla llamada Barataria a cambio de su ayuda. Pero, ¿era realmente posible que un hidalgo de aquella época contara con recursos suficientes para partir de su tierra sin más?, ¿hasta qué punto Cervantes nos habla de una realidad o de ficción literaria? Si bien el hidalgo era miembro de una baja nobleza en la España Moderna, ello no quiere decir necesariamente que su condición nobiliaria le hiciera disfrutar de unas condiciones de vida muy diferentes a las de los campesinos y jornaleros. En el norte peninsular existían villas y aldeas donde la casi totalidad de sus habitantes gozaban de la condición de hidalgos, pero sin embargo trabajaban de sol a sol como jornaleros y labriegos, lo cual tiene poco que ver con la tradicional visión de la nobleza. En La Mancha, el número de hidalgos fue mucho menor que en la zona norteña, pero mientras que algunos de ellos levaban una vida acomodada, otros eran pobres. Así pues, se estima que la baja nobleza conformaba el ochenta por ciento del total de los nobles en la España Moderna, por lo que existieron muchos más “Quijotes” que duques de Alba o de Osuna. Vemos por tanto que la imagen del hidalgo como un individuo acomodado y libre sin apego a la tierra que nos propone Cervantes no se ajusta del todo a la realidad, sino que más bien responde a una visión idealizada de la misma.

La función de la nobleza en la sociedad cervantina

A pesar de su condición de hidalgo, el Quijote tiene presente en todo momento que el riesgo, la honra y la valentía son características que corresponden a su condición y en ningún momento reniega de ellas. La nobleza era, en la sociedad de los siglos XVI y XVII, el grupo que debía servir de ejemplo para los demás componentes del cuerpo social. En ella debían residir cualidades que se consideraban ejemplares: la ya mencionada valentía, la caballerosidad, la cortesía con las damas y otras muchas virtudes se presuponían a todo aquel digno de ser considerado noble. Es por ello que la nobleza no es únicamente el nombre que recibe un grupo social, sino, sobre todo, las características propias del mismo que lo identifican y lo diferencian de los demás. Cervantes refleja en su obra la importancia de la virtud y la integridad, pero existe un pasaje concreto en el que esta se ve reflejada con mayor claridad: se trata de los consejos que Alonso Quijano ofrece a su siempre fiel escudero Sancho. Uno de dichos consejos valora la virtud por encima de cualquier cosa:

«Mira, Sancho: si tomas por medio la virtud, y te precias de hacer hechos virtuosos, no hay para qué tener envidia a los que los tienen, príncipes y señores; porque la sangre se hereda, y la virtud se aquista (se adquiere) y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale.»

Para el protagonista de Cervantes, la virtud que debe acompañar a un hombre está incluso por encima de la sangre y el linaje, valores de suma importancia para la nobleza tradicional. Este pasaje tiene además un sentido histórico en sí mismo, ya que en la España del siglo XVI, y sobre todo en la del siglo XVII, la creación y venta de nuevos títulos fue una práctica cada vez más común. Los nuevos nobles no provenían, pues, de linajes antiguos y héroes del pasado, sino que accedieron al grupo nobiliario a través del pago de determinadas sumas o de importantes servicios a la Corona. No es descabellado, por tanto, pensar que el Quijote reste cierta importancia al linaje y a la sangre, no sólo porque considere la virtud más importante que la procedencia, sino porque su creador vivió una España en la que la nobleza de sangre dejó de ser la única del reino.

QUIJOTE CONTRA LOS MOLINOS EDITADO

Los nobles y la guerra

La teoría orgánica de la sociedad propia del Antiguo Régimen otorgó siempre a la nobleza la función de defender con las armas al resto del cuerpo social. Los nobles eran los encargados de la guerra, siempre alerta para defender sus posesiones, y el campo de batalla era el lugar donde se curtía y adquiría la verdadera nobleza. Cervantes no fue ajeno a ello, y el Quijote aparece a lo largo de toda la obra como un guerrero que no rehuye un solo combate, y que en no pocas ocasiones lo busca. Tal es el caso del famosísimo pasaje de los molinos de viento convertidos en temibles gigantes, pero también el de la acometida de Alonso Quijano contra lo que a sus ojos eran dos formidables ejércitos, y que resultaron ser un rebaño de carneros y otro de ovejas. El momento al que nos referimos es descrito con maestría y humor por la pluma de Cervantes:

«Volvió a mirarlo don Quijote, y vio que así era la verdad; y alegrándose sobremanera, pensó sin duda alguna que eran dos ejércitos, que venían a embestirse y a encontrarse en mitad de aquella espaciosa llanura. Porque tenía a todas horas y momentos llena la fantasía de aquellas batallas, encantamientos, sucesos, destinos, amores, desafíos, que en los libros de caballerías se cuentan, y todo cuanto hablaba, pasaba o hacía era encaminado a cosas semejantes. Y la polvareda que había visto la levantaban dos grandes manadas de ovejas y carneros que, por aquel mesmo camino, de dos diferentes partes venían, las cuales, con el polvo, no se echaron de ver hasta que llegaron cerca.»

Don Quijote embistiendo contra el rebaño de corderos que tomó por poderoso ejército. Fuente.

Don Quijote embistiendo contra el rebaño de corderos que tomó por poderoso ejército. Fuente.

Aunque Sancho intentó detener la  embestida de su amo contra los animales, no lo consiguió, resultando éste herido en la contienda. Episodios como el que acabamos de ver, aparte de humor y un tono desenfadado, aportan a la novela toda una visión de la nobleza propia de la España que Cervantes vivía, pero tampoco exenta de un toque crítico. Don Quijote representa al noble deseoso de entrar en combate, valeroso y atrevido, que incluso tiene una amada que le espera —Dulcinea del Toboso—; pero al mismo tiempo esta es la visión de un sujeto perturbado, al que los libros de caballería han vuelto loco. Así, las alucinaciones de Alonso Quijano bien podrían responder no sólo a una evidente demencia, sino a un deseo irrefrenable de buscar la lucha a toda costa, una lucha que le permita demostrar, una y otra vez, su nobleza. Se podría decir por tanto, que el protagonista del Quijote poseía una idea de nobleza tradicional que no era acorde con los nuevos tiempos. En la España de finales del siglo XVI y principios del XVII los nobles no eran ya el único brazo armado de la sociedad; la vida cortesana les había absorbido y muchos de ellos dejaron a un lado sus tradicionales menesteres bélicos para dedicarse a vivir una vida más tranquila y acomodada en las cortes de toda Europa, donde podían conseguir mercedes y el privilegio real.

Además, aunque siguieron existiendo grandes nobles guerreros y generales, la actividad bélica recayó, cada vez más, en especialistas de la guerra y no necesariamente en nobles de linajes antiguos. Cervantes, sin embargo, consciente del cambio que la nobleza estaba experimentando, habla también de esa nobleza que vive en la corte que, como cabe esperar, es objeto de la mordaz crítica de Alonso Quijano. El Quijote retrata de este modo la transición de una nobleza guerrera a otra cortesana, y nos habla por boca de su protagonista de la colisión entre los antiguos y los nuevos valores del grupo nobiliario. Debido a ello, se ha dicho que la obra de Cervantes refleja una auténtica crisis de los valores tradicionales de la nobleza.

Conclusión: El Quijote y su tiempo

El hecho de que la obra más universal de nuestra literatura fuera publicada a inicios del siglo XVII —la primera parte en 1605 y la segunda en 1615— hace de ella una pieza literaria de gran valor. Dicho valor viene dado por su condición de hija del siglo XVI y a la vez de madre del XVII. Como hija del XVI se hace eco de la mentalidad y costumbres de la nobleza y los grupos privilegiados del Quinientos hispano; sin embargo, su autor fue capaz de ir más allá de su tiempo e incluir en su obra aspectos de vital importancia en el siglo XVII, como son la ya mencionada transición de la nobleza o la importancia del dinero y los medios económicos para lograrla, tan frecuente con la venta de cargos que reinó en los gobiernos de Felipe III, Felipe IV y Carlos II. Por todo ello, y por mucho más, las aventuras del ingenioso hidalgo bien podrían ser, además de obra de ficción, una guía para entender —con el espíritu crítico propio del historiador— las claves de la España Moderna.

Bibliografía|

ALVAR EZQUERRA, A., “Vida y sociedad en tiempos del Quijote”, Barcelona: Lunwerg y Centro de Estudios Cervantinos, 2012.

ARELLANO AYUSO, I., “La España del Quijote: coyuntura histórica y sociedad (algunas anotaciones)”, Príncipe de Viana, Pamplona: Institución Príncipe de Viana, 2005, nº 236, pp. 589-604.

CERVANTES SAAVEDRA, MIGUEL DE, “Don Quijote de la Mancha I”. Edición de John Jay Allen, Madrid: Cátedra, 1977.

CERVANTES SAAVEDRA, MIGUEL DE, “Don Quijote de la Mancha II”. Edición de John Jay Allen, Madrid: Cátedra, 1977.

SORIA MESA, E., “La nobleza en la España Moderna: cambio y continuidad”, Madrid: Marcial Pons, 2007.

QUIJOTE CONTRA LOS MOLINOS EDITADO

YUN CASADILLA, B., “Economía moral y gestión aristocrática en tiempos del Quijote”, Revista de Historia Económica, Madrid: Universidad Carlos III y Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2005, nº extra 1, pp. 45-68.

Redactor: Rafael Duro Garrido

Graduado en Historia y Máster en Estudios Históricos Avanzados, itinerario de Historia Moderna, pero sobre todo apasionado de la Historia, el saber y el conocimiento en sentido amplio. Editor de la sección Historia Moderna de Témpora Magazine. Para contactar conmigo, estoy en Facebook y Twitter.

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  1. La(s) España(s) de Cervantes: Guerras e Imperios - temporamagazine.com - […] de noble, de hombre de armas. Lo tiempos, sin embargo,habían cambiado. Como ya señalamos en un trabajo anterior, la …

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