Baetica Pacata

Tras su victoria sobre Marco Antonio en la conocida batalla de Accio (y los sucesos de Alejandría), Octavio se encontró con la labor de reformular Roma. Por una parte, mantener la apariencia republicana —con más o menos sutilidad— y por otro lado, mejorar la administración del vasto territorio que Roma había llegado a controlar; un territorio que, con distinta tonalidad, reclamaba un mayor peso en el conjunto del Imperio a tenor de la riqueza que aportaba. Esta era una difícil tarea ya iniciada por Julio César, pero que Octavio quiso retomar con otro matiz. La reforma no solo tendría un componente jurídico, sino que tendría su contraparte física, dejando un mapa del Imperio nuevo que estaría formado por dos tipos de provincias, aquellas que dependen del Princeps y aquellas que quedan en manos del Senado (no caigamos en el error de pensar que estas provincias senatoriales eran independientes al poder del emperador). El caso hispano es bastante ejemplar en este proceso que Octavio llevó a cabo.

Tras acabar con la resistencia en el norte de la península y someter completamente el territorio, Octavio decidió junto a su fiel Marco Vipsanio Agripa dividir la provincia Hispania Ulterior en dos, la Baetica y la Lusitania. Sobre la primera es de la que hablaremos en este artículo. Aún hoy resulta complicado concretar con exactitud cuándo se creó la provincia Hispania Ulterior Baetica. Dión Casio fecha la división provincial de la península en el 27 a.C., una fecha muy temprana que actualmente está completamente descartada y se entiende como más plausible una década posterior, entre el 16 y el 13 a.C., coincidiendo con la estancia del propio Augusto en la península y la reducción de las legiones acuarteladas en ella de seis a cuatro tras las ya mencionadas victorias en el norte peninsular. Sin duda es una fecha más apetecible; la península estaba completamente en manos de Roma y había que organizarla para su explotación. Si nos vamos a los registros epigráficos la cuestión tampoco se aclara mucho; el primer testimonio sobre un procónsul en la zona pertenecería a un juramento de lealtad a Augusto y sus herederos y familiares, que podemos datar entre el 6 y 5 a.C. y que se encontró en la ciudad estipendiaria de Conobaria (actual Las Cabezas de San Juan). Sin embargo es una pieza bastante problemática y si queremos un testimonio seguro donde aparezca por primera vez mencionada la provincia de la Baetica tenemos que irnos a una estatua de oro dedicada a Augusto en su foro y sufragada por la propia provincia en la cual le agradecía la pacificación de la misma.

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Imp(eratori) Caesari/Augusto p(atri) p(atriae)/Hispania Ulterior/Baetica quod/beneficio eius et/perpetua cura/provincia pacata/est auri/p(ondo) Fuente

Aquí es cuando tenemos que contradecir a Estrabón o, al menos, puntualizar sus palabras. A la luz de lo que encontramos en otros documentos, la zona que sería la Baetica de Augusto estaba lejos de ser pacifica, tanto desde el norte del Valle del Baetis como desde el sur, cruzando incluso el estrecho, los ataques a la zona eran comunes y el propio Asinio Polión así se lo dice por carta a Cicerón. Por tanto, cuando Augusto estima oportuno dividir la Ulterior en dos, sus motivos no pudieron ser separar administrativamente el territorio más pacificado (que sería la Baetica) del resto. La clave de la idea de Augusto estará en la elección de las capitales conventuales; Astigi, Corduba, Gades e Hispalis, y su vocación claramente comercial. Sobre la relación de Gades y el comercio no hace falta hablar porque es de sobra conocido; Hispalis se erige como otro gran puerto que recoge toda la mercancía que transita por el Baetis antes de su salida al mar; Corduba tiene una posición estratégica; y Astigi, controlando el valle del Genil, es una posición perfecta para gestionar la salida de productos de aquella región. Es decir, se busca crear una provincia volcada al comercio y a la salida de productos con los que suministrar a Roma y al resto del Imperio, una provincia que basa su existencia a estar vertebrada por un río, el Baetis.

Sin embargo, entre la idea de Augusto y Agripa con la Baetica y su realidad parece interponerse, como decimos, la inestabilidad de la zona; una región sumergida en una dinámica de ataques y robos con siglos de tradición. Era necesario pacificar la región antes de poder ponerla a funcionar siguiendo el interés imperial. No obstante, no tenemos noticias de operaciones militares en la zona. Los destacamentos militares se sitúan muy al norte como para poder ser freno a las razzias. Es aquí donde la política de asentamiento de veteranos e itálicos cobra mayor fuerza; una idea que no es propia de Octavio y que se había revelado como una magnífica formula de ampliar las clientelas para las élites en Roma, ahora se muestra como un importante componente pacificador. Décadas de asentamiento crearon el caldo perfecto para la pacificación de la región años después de la creación de la Baetica, cuyos habitantes, en un típico, gesto no dudaron en señalar al propio Augusto como el artífice de aquel milagro que permitió a la provincia ser lo que Agripa y Augusto pensaron que debía ser.

Una pacificación, por tanto, producto de la romanización de la región que según los registros arqueológicos supuso un movimiento de irradiación desde el valle del Baetis hacia fuera y que pese a mostrar elementos arquitectónicos puramente romanos se observa la utilización de técnicas indígena. Gracias a estos registros arqueológicos comprobamos que las poblaciones más alejadas del valle del Baetis mantendrían formas —en general— puramente indígenas por más tiempo. Es decir, que cuando Agripa y Octavio dividen la Ulterior en dos provincias, ni la separan como reconocimiento de una región pacificada ni como altamente romanizada. En su mente el territorio se componía de un gran río por donde salían productos que el Imperio necesitaba, por lo que solo querían controlar esa vía comercial, el resto del territorio era secundario.

Afortunadamente, la entrada de la Baetica en los circuitos comerciales supuso la entrada de riquezas que terminó pacificando con el tiempo a las poblaciones más alejadas que se llevaban su parte. Y con las riquezas, las maneras, la forma y la cultura romana. Sería, por tanto y por acabar de una forma un tanto poética, que el Baetis es un río que bien merece su propia provincia.

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Puente Romano sobre el Guadalquivir a su paso por Córdoba, la antigua capital provincial. Fuente.

Bibliografía|

HALEY, E.W., “Baetica Felix : People and Prosperity in Southern Spain from Caesar to Septimius Severus“, Austin: University of Texas Press, 2003.

FEAR, A.T., “Rome and Baetica : urbanization in Southern Spain, c. 50 BC-AD 150“, Oxford: Clarendon Press, 1996.

CHIC GARCIA, G., “Breve historia económica de la Bética romana: (siglos I-III D.C.)“, Sevilla: Padilla Libros, 1998.

ESTRABÓN, “Geografía. III“, Madrid: Alianza, 2007.

DION CASIO, “Historia Romana“, LIII, Madrid: Gredos, 2011.

Redactor: Álvaro Díaz Valpuesta

Editor de laromapedia.com, máster en Estudios Históricos Avanzados por la Universidad de Sevilla, interesado en el mundo romano y en especial por la historia económica y las mentalidades. También es Beneficiarius en la asociación de recreación Legio XXX Ulpia Victrix de Sevilla.

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