600 años del Monasterio de San Jerónimo de Buenavista (Sevilla)

San Jerónimo de Buenavista

Ilustración de Fran Pulido de la fachada del Monasterio de San Jerónimo (cc)

Escriben: Antonio Arteaga Infantes y Salvador Martín Expósito.

El pasado día 11 de febrero Sevilla estaba de celebración, pese a que los mismos sevillanos desconocieran el motivo. El festejo se debía a que uno de sus edificios históricos cumplía nada más y nada menos que 600 años. Estamos hablando del Monasterio de San Jerónimo de Buenavista, el cual da nombre a la barriada de San Jerónimo. Este artículo quiere sumarse a la pequeña labor que algunas instituciones y vecinos del mismo barrio están realizando para su difusión, puesta en valor y reflexión del monumento.

El 11 de febrero de 1414 salía de Sevilla una procesión que partía de la Puerta de la Macarena. Su destino, el pago llamado de Mazuelo o de Buenavista, situado a unos dos kilómetros de la ciudad, entre el río Guadalquivir y el camino real, que unía Sevilla con el interior peninsular. En ella participaban el Cabildo de la Catedral y lo más granado de la ciudad. Ante el Santísimo Sacramento celebraron en aquel pago de Buenavista todas las ceremonias que dejaron el lugar dedicado a San Jerónimo. Se trataba de la primera fundación monacal de la orden en esta ciudad, que en la Baja Edad Media se estaba conformando como uno de los centros comerciales más importantes del Reino de Castilla.

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Claustro principal o “grande” Fuente.

Todo esto fue producto de la labor de dos jerónimos del Monasterio de Guadalupe, aunque oriundos de Sevilla: Fray Diego Martínez, también conocido como Fray Diego de Sevilla, docto en derecho; y Fray Juan de Medina. No estuvieron sólos en la idea de crear un monasterio de la orden en Sevilla. Algunos personajes importantes, como el padre de Fray Diego Martínez, Nicolás Martínez de Medina, Veinticuatro de la ciudad, Tesorero y Contador mayor de Juan II o el jurado Juan de Esteban, además del apoyo del Arzobispo, don Alonso de Ejea, también contribuyeron en la fundación.

Tras su advocación a San Jerónimo, la nueva fundación jerónima dependería del Monasterio de Guadalupe, hasta su reconocimiento oficial en el Capítulo Privado celebrado en 1426 por el Padre Fray Alonso de Salamanca, General de la orden, siendo su primer prior Diego Martínez (prior del monasterio hasta su muerte en 1446).

Durante los siglos XV y XVI la fama del monasterio creció. Sus priores serían árbitros de una ciudad en la que los enfrentamientos continuos de las familias nobiliarias era el pan de cada día. Esta actividad de arbitraje, así como la de albaceas de los personajes más importantes de la ciudad, le reportó al monasterio y a sus priores estima social y prestigio. El Monasterio de Buenavista crecía tanto en sus infraestructuras como en el recibimiento de mercedes y heredades por parte de particulares y de la misma ciudad, tanto rústicas como urbanas.

Así, vemos como van a recibir patronatos de fundaciones religiosa, como el convento de Santa Paula, perteneciente a la misma Orden de San Jerónimo, y cuyas religiosas quedaron sometidas al prior, quien era su visitador y quien les nombraba sus confesores y sus administradores entre los monjes de Buenavista, hasta el fin de la orden; o el patronato del convento de Santa María del Socorro. Se nombró al Monasterio de Buenavista encargado del Monasterio de San Isidoro del Campo, tras ser incorporado a la Orden en 1567 por iniciativa de Felipe II, después de que surgiera un foco reformista que acabó con la encarcelación y ejecución por la Inquisición de algunos miembros de la comunidad; así como de la huida de otros, como fue el caso de Casiodoro de Reina, autor de la primera Biblia en castellano: la llamada la Biblia del oso (Basilea, 1569).

También se encargó del patronato de otras instituciones como es el caso del Hospital de San Hermenegildo o del Hospital de las Cinco Llagas (actual sede del Parlamento de Andalucía), patronato compartido con los otros dos monasterios más importantes de la ciudad, a saber, Santa María de las Cuevas y San Isidoro del Campo.

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San jerónimo Penitente de Pietro Torrigiano (1522-1524). Museo de Bellas Artes de Sevilla. Fuente.

No sólo obtuvo prestigio social y económico, sino que acabó convirtiéndose en todo un referente cultural. En 1575, Felipe II concede al monasterio el privilegio de impresión de bulas de la Santa Cruzada de las Indias, así como de obras religiosas, siendo esta imprenta una de las primeras de la ciudad. Además, recibió el encargo de llevar a cabo la inspección del primer centro docente de cultura superior establecido en Sevilla, el Colegio-Universidad fundado por el Arcediano de Reina Maese Rodrigo Fernández de Santaella, y cuyo prior queda como visitador.

Pero si algo marcaría la vida del Monasterio de San Jerónimo de Buenavista sería su unión con la monarquía. Como hemos mencionado arriba, su situación junto al camino real lo convertía en parada obligatoria de descanso de todos aquellos que, viniendo del norte, se acercaban a la ciudad, y desde donde hacían su entrada oficial. Así pues, no sólo se alojaban en el monasterio los prelados de las diferentes órdenes, sino que el recinto jerónimo pasó a ser el hospedaje de los monarcas españoles como previo paso a la entrada en la ciudad. Tanto A. Sancho Corbacho como J. García-Tapial y León apuntan la posibilidad de que fueran los Reyes Católicos los primeros en parar en el Monasterio de Buenavista en las ocho ocasiones en las que estuvieron en la ciudad (1477-1502), y posteriormente Fernando, con su nueva esposa, doña Germana de Foix, en 1508 y en 1511.

De lo que no cabe duda es de la estancia de los dos siguientes monarcas: Carlos I en 1526, con ocasión de su boda con Isabel de Portugal (1), y Felipe II en 1570 (2). Debemos recordar que los dos monarcas tenían relaciones muy estrechas con la Orden de San Jerónimo. Esto lo podemos ver en la significativa retirada al Monasterio de Yuste que protagonizó Carlos I, una vez abdicó la Corona en favor de su hijo Felipe IIÉste, a su vez, se alojó en el Monasterio de Buenavista coincidiendo en el tiempo con la realización de las obras del Monasterio de San Lorenzo el Real: palacio, panteón y además monasterio de los jerónimos. En 1624 sería Felipe IV quien descansara en el monasterio (3). Sin embargo, esta relación con la Corona se rompería con el cambio de dinastía. Tal vez, el último monarca que se alojó en su recinto fuese Felipe V, durante su estancia en Sevilla (1729-1733) con ocasión de una celebración cercana al monasterio. Con la llegada de los Borbones llegaron nuevos gustos y comodidades desde la corte francesa. Por lo tanto, se dejó de usar los monasterios como lugar de descanso por parte de la corona.

Pese a ello, sus muros albergaban varias obras de artes que podemos ver en los museos de Bellas Artes de Sevilla y en el Prado, así como en colecciones privadas y públicas producto del expolio de las invasiones napoleónicas. Un ejemplo de ello sería la imagen de San Jerónimo Penitente de Pietro Torrigiano (1522-1524), actualmente en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, y una serie de cuadros, obras de pintores como Francisco de Zurbarán (al que se le encarga una serie de cuadros sobre la vida del santo, 1639-1647), Juan Valdés Leal (al que se le encarga una serie de 21 cuadros: seis sobre la vida de San Jerónimo, doce sobre frailes notables de la orden y tres de los fundadores de la orden; del que sabemos que comienza su trabajo en los años 1656-1657), Francisco de Varela (se le encarga una tabla con la pintura de la Trinidad, 1625), Juan de Espinal (al que se le encarga entre 1770 a 1780 26 cuadros), o Pedro Duque Cornejo (al cual se le pide que decore con frescos unas paredes del monasterio, ya en el siglo XVIII).

A partir del siglo XVIII y, sobre todo, el siglo XIX, vemos un proceso de degradación que llevará a la extinción de la orden en 1835. Para mediados del siglo XVII, la comunidad de jerónimos sería de unos 150 miembros según el relato del Viaje de Cosme de Médicis a España y Portugal (1669). A mediados del siglo XVIII, según la opinión de A. Sancho Corbacho, extraído del primer censo hecho por orden del ministro Carvajal y Lancaster (1747), sería unos cuarenta los que conformarían la comunidad; y en 1817 se contaban diez los jerónimos que vivían en Buenavista.

Con la llegada de los franceses se procede al traslado de objetos y obras de arte a los conventos de la ciudad, como Santa Paula. En 1809 se decreta la extinción del clero regular y la incautación de las propiedades rústicas del monasterio. Al año siguiente se procede a la incautación de los objetos y obras de artes del monasterio, que irán a parar a diferentes instituciones y parroquias de la ciudad. A esto le siguió, entre 1815 y 1820, un intensivo saqueo atestiguado por los restos de incendio encontrado en las excavaciones arqueológicas. Aunque en 1823 se le da permiso a los jerónimos de volver, serán pocos de ellos los que se aventuraron a hacerlo, mermando de esta manera la población interna del monasterio hasta que, en 1835, acabara por extinguirse la Orden en Buenavista. 

A partir de aquí, el Monasterio de Buenavista pasaría a ser lazareto, colegio del Sr. Don Alejandro Fernel, pasando a manos privadas en 1843 por la compra de Enrique Hodson Cortés, que transforma el monasterio en fábrica de cristales planos y huecos. Ocurrirá lo mismo con otros conjuntos monacales expropiados de la ciudad, como el de Santa María de las Cuevas de La Cartuja, que pasó a ser  fábrica de loza. Con su transformación en fábrica, el edificio experimentaría un gran cambio, desapareciendo incluso su iglesia. En el proceso de degradación, sus materiales son usados como material de acarreo. Otro hito importante fue la colocación en terrenos del monasterio de un cementerio protestante en 1855, conocido popularmente como el ‹‹cementerio de los ingleses››. Posteriormente, el conjunto fue pasando de propietario en propietario, llegando a ser incluso un cebadero de cerdos y una residencia.

Con posterioridad, el edificio fue declarado en 1964 monumento histórico artístico (4) y adquirido por el ayuntamiento hispalense el 8 de marzo de 1984. Con motivo de la Exposición Universal de 1992, en la cual se restauraron y se recuperaron una serie de edificios que tuvieran que ver con el descubrimiento de América, se incluyó al Monasterio de Buenavista al albergar entre sus muros la imprenta de indias. Por tal motivo se hizo una campaña arqueológica (desde el 27 de septiembre de 1988 hasta 31 de enero de 1989) bajo la dirección de Florentino Pozo Blázquez, así como la restauración del conjunto por parte de J. García-Tapial y León. Con respecto al edificio en sí, solo se conserva un 30% de todo el conjunto; el resto ha sido necesario recrearlo mediante la arqueología. Solo se conserva el claustro principal o ‹‹grande››, la torre campanario y la imprenta, sede de la biblioteca pública del barrio, así como algunos sótanos y unos restos identificados como los de una noria de agua. Todo lo demás, el claustro de levante o ‹‹chico››, la iglesia, el refectorio, las celdas y la sala capitular han desaparecido; pero mediante la investigación de historiadores del arte y de arqueólogos se han ido localizando las diferentes estancias, de la cuales el nuevo centro cívico, adosado al claustro ‹‹grande››, recrea parte del conjunto.

Plano del MonasterioParalelamente a la destrucción del conjunto, alrededor iba creciendo lo que hoy en día se conoce como el barrio de San Jerónimo, una zona marginal con respecto de la ciudad, tanto por el cementerio de San Fernando en 1853, como las cocheras de RENFE y el polígono industrial de San jerónimo, y que aún a día de hoy sigue en proceso de integración en la ciudad. A modo de conclusión, creemos necesario poner en relevancia la destacada importancia que el Monasterio de San Jerónimo de Buenavista adquirió y que aún mantiene entre los propios habitantes de su zona. Este barrio del extrarradio urbano sevillano, sometido en numerosas ocasiones al olvido de la política, ha visto como su monumento también ha sido dejado de lado a la hora de recibir financiación municipal para su puesta en escena como valor cultural histórico de la ciudad. Ese binomio barrio-monumento olvidado ha ido conformando a lo largo de los años una especie de identidad colectiva de los habitantes de la barriada con el edificio. En este sentido, podemos decir que no sólo tenemos ante nosotros un monasterio de gran importancia histórica, como hemos reseñado, sino que por el contrario tenemos a todo un elemento cultural-histórico que sirve hoy en día como seña de identidad (asociaciones y colectivos del barrio utilizan la imagen del monasterio), así como de herramienta de reivindicación ciudadana, que 600 años después tratan de evitar que el Monasterio de San Jerónimo de Buenavista caiga en el olvido.

(1)   Cuya estancia recoge Diego Ortiz de Zúñiga (1636-1680) en Annales Eclesiásticos y seculares de la muy noble y muy leal Ciudad de Sevilla, metrópoli de Andalucía (1677).

(2)   También recogido por D. Ortiz de Zúñiga en Annales, y por el poeta Juan de Malara (1524-1571) en Recebimiento que hizo la muy noble y muy leal Ciudad de Seuilla, a la C.R.M. del Rey D. Phelipe (1570).

(3)   Recogido por el escribano real Lucas Garrido Pisaño en Breve reseña de la venida y recivimiento en Sevilla de Su Majestad el Rey Don Felipe Quarto Ntro. Señor que Dios guarde muchos años, el de 1624 (Archivo Hispalense, número 3, 1887).

(4) B.O.E. de 12 de septiembre de 1964.

Bibliografía|

CARRIAZO RUBIO, J.L.: “El Monasterio de San Jerónimo de Buenavista y los Ponce de León” en AH, tomo LXXXI, número 246, pp. 75-100. 1998.

CONTRERAS RODRÍGUEZ-JJURADO, J.: “El Monasterio de San Jerónimo de Buenavista“. Sevilla.

GRACÍA-TAPIAL Y LEÓN, J.: “El Monasterio de San Jerónimo de Buenavista“, Sevilla: Diputación Provincial de Sevilla. 1992.

POZO BLÁZQUEZ, F. y TABALES RODRÍGUEZ, M. A.: “Análisis arqueológico del Monasterio de San Jerónimo de Buenavista. Sevilla” en AAA, tomo III, pp. 335-339. 1988.

SANCHO CORBACHO, A.: “El Monasterio de San Jerónimo de Buenavista” en AH, tomo X, número 33, pp. 2-32 y pp. 2-169. 1949.

Redactor: Témpora Mágazine

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1 Comentario

  1. Me ha parecido un artículo interesantísimo y muy completo,me gusta poder conocer gracias a vuestro artículo la historia de un edificio que llevo viendo desde niña.un abrazo,Jennifer Martín

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