Yarmuk: Un punto de inflexión

En el año 628 terminaba uno de los periodos más agónicos para el Imperio Bizantino: después de la larga inestabilidad política interna y los treinta años de guerra ininterrumpida contra el Imperio Sasánida –aliado, a su vez, con numerosos pueblos limítrofes bizantinos como ávaros y eslavos- los bizantinos consiguieron al fin cerrar todos sus frentes. En el 610 alcanzó el poder Heraclio I (610-641) -hijo del Exarca de Cartago, Heraclio, el Viejo-, quien, tras un primer periodo de reticencias y después de varias campañas, logró derrotar a los sasánidas al tiempo que conseguía la sumisión de las tribus eslavas, dotando de estabilidad política al Imperio.

Sin embargo, dicha estabilidad fue efímera. Al tiempo que se desarrollaban estas campañas, en la Península Arábiga surgía un fenómeno que cambiaría el mapa político del Mediterráneo: el credo islámico. En el 632 muere el Profeta Mahoma, sucedido por Abu Bakr (632-633), quien tuvo que solucionar los problemas internos y emprendió  campañas contra los territorios bizantinos y sasánidas, que serían completadas por su sucesor: Umar I (633-644).

El comienzo de estas campañas no pudo ser mejor para los musulmanes: hubo varias escaramuzas antes de la derrota bizantina en Ajnadain (Julio-Agosto, 634), en donde ambos bandos sufrieron grandes bajas. Tras esta batalla, el ejército musulmán se dividió, realizando escaramuzas exitosas en diversos puntos como Pella (Enero, 635), Marj al-Suffar (Febrero, 635) o la conquista de Damasco (Marzo-Septiembre, 635).

Mientras perdían terreno, Heraclio I organizaba un gran ejército -dirigido por Teodoro Tritirio, el sakallarios o tesorero bizantino; si bien este delegó en el armenio Vahan, el comandante de Edesa- con el que derrotar a los musulmanes. El plan era derrotar a los pequeños ejércitos musulmanes de manera individual, pero el dirigente musulmán, Ubu Ubaida -un hombre piadoso, pero con pocas dotes militares- buscó el consejo del artífice de la mayor parte de las victorias musulmanas fuera de la Península Arábiga: Khalid ibn al-Walid, uno de los mejores dirigentes militares de estos momentos, conocido por los musulmanes como “La espada de Dios”. Éste recomendó retroceder hacia el valle del río Yarmuk, donde se libraría la gran batalla por Siria y Palestina (agosto, 636). No obstante, ambos ejércitos evitaron el enfrentamiento directo durante un par de meses, limitándose a periódicas escaramuzas.

Las cifras que se barajan acerca de la batalla de Yarmuk han variado mucho con el paso del tiempo, y lo único que se sabe con certeza es que los bizantinos superaban en número a los musulmanes. El primero que proporciona cifras es el sacerdote de origen armenio Sebeos:

“Il se mit à lever des troupes, environ 70.000 hommes, qu’il plaça sous le commandement d’un de ses fidèles eunuques et leur ordonna de se rendre en Arabie”

Ya en el siglo IX, Al-Baladhuri trata de ensalzar a los musulmanes aumentando el número del ejército bizantino en su obra “La conquista de las tierras”, traducida por Philip Hitti en el pasado siglo:

Heraclius gathered large bodies of Greeks, Syrians, Mesopotamians and Armenians numbering about 200000 (…) In this battle 24.000 Moslems took part

Opiniones más recientes, como la del historiador británico David Nicolle, reducen bastante estas cifras, señalando que los bizantinos podían contar con menos de 50.000 soldados, mientras que los musulmanes dirigían entre 20.000-40.000, aunque suelen reducirse a 25.000. Hay consenso en asegurar que los bizantinos eran superiores a los musulmanes, pero no en el número exacto de combatientes.

De la disposición del ejército bizantino, el flanco derecho estaba integrado por infantería pesada al mando de un tal Gargis, mientras que el centro estaba dirigido por el propio Vahan, compuesto, sobre todo, por tropas armenias.

Guerreos bizantinos del siglo VI. Fuente.

Guerreros bizantinos del siglo VI. Fuente.

En el flanco izquierdo encontramos al mando al buccionator bizantino, pero se sabe muy poco de este y del flanco que mandaba. Junto a los bizantinos, combatían varias tribus árabes al mando del dirigente gasánida Jabala ibn al Aiham, actuando como caballería ligera para apoyar sobe todo al flanco izquierdo, más expuesto.

Khalid, por su parte, dividió a sus tropas en cuatro divisiones de infantería, subdivididas, a su vez, en nueve unidades de infantería,cada una de ellas al mando de un correligionario. A su vez, tres unidades de caballería ligera cubrían a la infantería mientras otra más se mantenía en la reserva, dirigida por el propio Khalid.

La batalla, de seis días de duración, estuvo muy condicionada por la geografía: profundos valles, formaciones rocosas y precipicios salpican esta zona. En estas condiciones, el número de combatientes no era el factor más determinante, sino la estrategia a la hora de aprovechar el terreno.

Guerreros árabes y musulmanes del siglo VII. Fuente

Guerreros árabes y musulmanes del siglo VII. Fuente

Basándose en su superioridad numérica, la estrategia bizantina buscaba presionar los flancos para hacer retroceder a los musulmanes hasta sus campamentos con el objeto de golpear por al centro por la espalda. Sin embargo, las madres y mujeres de los musulmanes jugaron en esta batalla un papel muy importante dado que, cuando éstos retrocedían a sus campamentos, eran recibidos con piedras e insultos para que no huyeran.

Cuando los bizantinos trataban de repetir su estrategia, Khalid consiguió contrarrestarla. Reunió a toda su caballería restante y masacró a la caballería auxiliar árabe al servicio de los bizantinos. Los supervivientes no tuvieron más remedio que huir, dejando el flanco izquierdo griego indefenso y, una vez en desbandada, cayó el centro, produciéndose la muerte de casi todos los generales griegos y la huida general del ejército griego.

Geografía del Yarmuk. Fuente

Geografía del Yarmuk. Fuente

Aunque muchos soldados fueron hechos prisioneros o se despeñaron ese día, otros consiguieron huir hacia las ciudades fortificadas intentando reorganizarse, pero fue inútil. La batalla que decidiría el destino de Siria y Palestina ya se había resuelto.

Tras la victoria, los musulmanes se expandieron rápidamente para asentar las conquistas, aprovechándose del desorden bizantino: en menos de seis años cayeron Palestina, Siria y Egipto. El Imperio sufrió una gran amputación territorial, de la que ya no se recuperaría. En cierta medida, esto acabaría por beneficiarle en tanto que las diferencias religiosas y culturales de estas provincias las convertían en continua fuente de conflictos pese a lo ricas que eran. Desde este momento se crearía un estado plenamente griego.

La expansión de los musulmanes ha sido uno de los fenómenos que más ha llamado la atención de historiadores a lo largo del tiempo, pero la explicación es simple: no sólo encontramos a unos guerreros con un furor religioso difícil de derrotar y que no temen a la muerte, sino también a una población imperial hastiada de la intransigencia religiosa de los emperadores y cargados de impuestos, de lo que los musulmanes supieron aprovecharse hábilmente.

Por otra parte, ambos Imperios habían mantenido una agotadora guerra de treinta años que consumió todos sus recursos, algo especialmente observable en el Imperio Sasánida, que se descompuso tras unas pocas derrotas. Posiblemente, la situación habría sido muy diferente si ambos poderes no hubieran estado tan desgastados por la guerra, pues podrían haber detenido la expansión musulmana o frenarla durante un tiempo.

La batalla de Yarmuk se consolidó como una gran victoria para los musulmanes porque, en el fondo, era la única oportunidad que los bizantinos tenían de hacerlos retroceder y conseguir algo de tiempo para rehacerse. Si hubieran vencido, esta batalla sería, a día de hoy, tan reconocida como la batalla de Poitiers (732), recordándonos nuevamente el eurocentrismo al que se someten los acontecimientos históricos.

Bibliografía|

BROCK, S.: The Seventh Century in the West-Syrian Choronicles, Liverpool: Liverpool University Press, 1993.

CABRERA, E.: Historia de Bizancio, Barcelona: Ariel Historia, 2012.

HUGH, K.: The great arab conquests: how the spread os Iislam changed the world we live in, Philladelphia: Da Cappo Press, 2007.

KAEGI, W.E.: Heraclius: emperor of Byzantium, Cambridge: Cambridge University Press, 2007.

KAEGI, W.E.: Byzantium and the early islamic conquests, Cambridge: Cambridge University Press, 1995.

NICOLLE, D.: La conquista islámica de Siria, Alcobendas (Madrid): Osprey Publishing, 2011.

OSTROGOSRKY, G.: Historia del estado bizantino, Madrid: Ediciones Akal, 1984.

VASILIEV, A.A.: Historia del Imperio Bizantino. De Constantino a las Cruzadas, Barcelona: Iberia, 1945.

AL-BALADHURI: La conquista de las tierras, Columbia: Columbia University, 1916.

Redactor: Emilio Cerezuela Martínez

Licenciado en Historia por la Universidad de Murcia (2008-2013), especializado en Historia Medieval. Principal interés: tránsito de la Edad Antigua a la Edad Medieval, Alta Edad Media, Imperio Bizantino y pueblos germanos.

Comparte este artículo

Trackbacks/Pingbacks

  1. El Califato Ortodoxo y la Primera Fitna. La disgregación religiosa del Islam - temporamagazine.com - […] ahí la importancia de las derrotas bizantinas en Ajnadain (634)[1], Fahl (635) y, sobre todo, Yarmuk (636), frente a …

Envía un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Current ye@r *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

CERRAR