Utrecht, o la nueva Europa

El tratado de Utrecht pone fin a la guerra de sucesión española, pero hará mucho más que eso. Entre las consideraciones previas debemos aclarar que no fue un sólo pacto global firmado en Utrecht en 1715, fueron numerosos acuerdos territoriales y comerciales entre todos los países participantes, antes y después de esa fecha. Estos tratados buscarán la paz mediante un equilibrio de poder en el viejo continente; la idea de una monarquía universal, que ostente la hegemonía en todo el continente y a la que el resto de naciones se supediten, es un concepto medieval al que quieren dar muerte. No busca la satisfacción de nadie, sino dejarlos moderadamente insatisfechos a todos.

Tratado de Utrecht: ilustración original de Raul Canales para Témpora Magazine (cc).

Tratado de Utrecht: ilustración original de Raul Canales para Témpora Magazine (cc).

En los últimos años del siglo XVII España planteará un problema a Europa de proporciones nunca vistas hasta entonces, que cambiará para siempre los modelos y las reglas de la política internacional y dará los primeros pasos hacia la construcción de la Europa contemporánea: Carlos II de España no tiene descendencia que herede las posesiones españolas. Las potencias europeas ya luchaban por su trozo del pastel antes de que el rey falleciera, con el claro interés que suponía el control de las Indias Occidentales. Como candidatos quedan Luis XIV de Francia y Leopoldo I del Sacro Imperio Romano Germánico; ambos tenían como madres a hijas de Felipe III, y sus mujeres eran hijas de Felipe IV y hermanas del actual rey. Los dos deciden ceder sus derechos a Felipe de Anjou y el archiduque Carlos respectivamente.

Felipe V BUENA

Felipe V, primer Borbón gobernante en España. Fuente.

Tras varios titubeos, Carlos II acaba decantándose por la opción francesa antes de su muerte en 1700,la cual consideraba la mejor opción para mantener la unión de sus territorios, dejando como heredero de sus posesiones en todos los continentes a Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV. Da comienzo en este momento la dinastía de los borbones en España con Felipe V.

La respuesta internacional no se hizo esperar.

Unidos en una Gran Alianza Inglaterra, Prusia, Austria, las Provincias Unidas, Inglaterra, Portugal y la España austracista (focalizada en la region de Aragón pero con muchos otros puntos dentro de España) junto con el Sacro Imperio comenzarán una guerra en la península contra Felipe V y su abuelo para poner en el trono español al Archiduque Carlos. La guerra de sucesión acababa de comenzar. Y es que una unión Franco-Española suponía un enemigo terrible para todos los países del continente. Europa intentaría impedir la formación de ese bloque, buscando siempre dividir las posesiones españolas con el fin de equilibrar la balanza del poder.

La guerra dura más de lo previsto y desgasta a Francia, los costes se acumulan y eso hace que Luis XIV, en 1709, pida pactar para conseguir la paz, pero las condiciones que ponen los aliados son sumamente desventajosas para Francia (entre ellas se le pedía que depusiera él mismo a su nieto del trono español y la renuncia a numerosos territorios) y resultan incluso inaceptables para el Emperador José I, a pesar de que se le otorgaba la corona española a su hermano el archiduque Carlos, por no considerarlas lo suficientemente satisfactorias para él. Pero Jean-Baptiste Colbert de Torcy, ministro de estado de Luis XIV, no cesará en sus intento por llegar a un tratado de paz y reúne en Marzo de 1710 a los aliados en Geertruidenberg, donde Francia propondrá aceptar los acuerdos previos de la Haya bajo el pago en compensación de algunos territorios italianos para Felipe de Anjou (Cerdeña, Sicilia y Nápoles). Los aliados, especialmente provincias unidas y el Imperio,  se negarán a aceptar este tratado, exigiendo a Francia que corra con los gastos del derrocamiento de Felipe V antes de firmar compensación alguna. Con este nuevo fracaso diplomático los aliados, y especialmente el Imperio, perderán su mejor oportunidad de conseguir lo más parecido a una victoria en este conflicto.

Inglaterra, que  hasta ese momento había  defendido la vía belicista y el apoyo  al archiduque Carlos se decantará por una vía pactista,  cuando los tories, el ala conservadora del parlamento inglés, lleguen al poder. Tras las derrotas sufridas contra los franceses en Villaviciosa, Brihuega, y la sufrida por el general Marlborough en Malplaquet (la cual dará origen a la canción popular “Mambrú se fue a la guerra”) se inician unas negociaciones con Francia a espaldas de los aliados. Inglaterra propondrá a Torcy dejar de apoyar al archiduque Carlos a cambio de concesiones comerciales con las Indias y la promesa de no unir nunca España y Francia bajo un mismo monarca, ya que Felipe V era el segundo en la línea de sucesión francesa tras la muerte de su padre el Gran Delfín. Inglaterra y Francia, juntas, dirimiendo sobre el futuro de España: extraños compañeros de cama hace la guerra.

El 17 de abril de 1711 muere el emperador José I, titulándose nuevo emperador su hermano el archiduque Carlos, ahora Carlos VI. Si la guerra había comenzado por el peligro que suponía la unión de Francia y España, una supuesta llegada al trono español del nuevo emperador supondría la emulación de los territorios de Carlos V, una situación intolerable para todos los actores políticos de la guerra. Con este nuevo rumbo de los acontecimientos Torcy informará a los ingleses que Luis XIV acepta el acuerdo y que Felipe V está dispuesto a renunciar a sus derechos sobre Francia, a pesar de los deseos de su abuelo porque lo suceda en el país galo. Los aliados se indignarán cuando se enteren de las actuaciones de Inglaterra a sus espaldas y el mismo emperador Carlos VI escribirá a la reina Ana de Gran Bretaña:

Tantas victorias, tantas plazas conquistadas, después de un gasto excesivo de tesoros inmensos, después de haber obtenido unos artículos preliminares en el año muy distintos a éstos, y después de haber llevado las armas de los aliados a las puertas de Francia de manera que, si se quiere continuar la guerra, ya no está en disposición de impedir la entrada de las tropas en el corazón del reino.

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Carlos VI del Sacro Imperio. Fuente.

La reina Ana convoca a todas las partes del conflicto en la ciudad de Utrecht para comenzar las conversaciones el 29 de enero de 1712. No podemos ver en el tratado que de aquí sale un texto unificado de todos con todos, pues serán numerosos tratados entre múltiples países, que dilatarán en el tiempo estas negociaciones.

Finalmente en 1713 se llega a un acuerdo aprobado casi por todos. Felipe V sería reconocido como rey de España bajo la renuncia de sus derechos al trono de Francia para él y sus descendientes, ademas de pérdida de todos sus territorios europeos fuera de la península y algunos dentro de ella. Pero el emperador Carlos VI no aceptará el tratado y volverá con una nueva ofensiva sobre la península. Frente al ataque, Inglaterra bloqueará por el norte Aragón y Felipe V presionará desde Castilla, consiguiendo en 1714 que el emperador firme en Rastatt lo estipulado en Utrecht, acuerdos que posteriormente serán ratificados en Baden.

Holanda recibirá una serie de plazas al norte de los países bajos españoles con el fin de defenderse ante posibles ataques franceses e imperiales. Austria obtiene de España los territorios italianos y flamencos, y la isla de Sicilia para el duque de Saboya. El reparto de los estados italianos respondió a una falta de conocimiento de la realidad territorial italiana, ya que las familias de Cerdeña y Nápoles nunca habían tenido relaciones  comerciales con el imperio, y en cambio, las relaciones con las grandes familias de España era estrechísima, lo que dificultaría el control de la población. Una estrategia por parte de Inglaterra de dejar un Mediterráneo dividido, donde poder navegar con mayor libertad y al servicio de sus intereses económicos: en el imperio donde nunca se ponía el sol comienza a despuntar la noche. 

Inglaterra obtiene Menorca y Gibraltar. Esta última bajo la prohibición de comercio por mar o por tierra, quedando obligada a comprar los productos a los españoles; se exigió la libre profesión de la religión católica y se prohibió que vivieran en el peñón vecinos judíos o musulmanes, excepto para comerciar. Poderoso caballero es Don Dinero.

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Ana de Gran Bretaña. Fuente.

También reafirma en el trono inglés a los Hanóver, ademas de conseguir la concesión del asiento de negros y el derecho del navío de permiso a la compañía británica South Sea. El asiento de negros otorgaba la exclusividad en la introducción de esclavos africanos en las posesiones españolas en América; por su parte, el navío de permiso era un barco cargado con 500 toneladas de mercancías para comerciar con los principales puertos de las posesiones hispánicas en América, rompiéndose así el monopolio comercial español con las Indias. Inglaterra usará esta concesión como método para el contrabando, ahondando aún más en la herida sufrida por España: a pesar de las concesiones recibidas, o mejor dicho, gracias a ellas, Inglaterra no cesará en la presión a las rutas comerciales españolas. Estos derechos serán retirados a Inglaterra a cambio de cien mil libras en compensación en 1750 con el fin de terminar con los conflictos fronterizos entre españoles y portugueses en la actual Uruguay.

Francia por su parte colocaba un Borbón en el trono del viejo enemigo, controlándolo primero y luego satelizándolo. Pero la pérdida de algunos territorios y el desgaste que la guerra había tenido pondrán en entredicho a la monarquía absoluta.

Si algo nos queda claro tras todo esto, es que en la búsqueda del equilibrio que supuso Utrecht-Rastatt-Baden y tantos otros tratados comerciales previos y posteriores, España fue la gran perdedora e Inglaterra la gran vencedora, quedando como árbitro de Europa y reforzando su sistema político frente al resto del continente: muchos verán en la caída del Imperio Español el nacimiento del Imperio Inglés.

Tratado firmado entre las coronas de Inglaterra y España en Utrecht. Fuente

Tratado firmado entre las coronas de Gran Bretaña y España en Utrecht. Fuente

Bibliografía|

HERNÁNDEZ SANDOICA, ELENA, JOVER ZAMORA, JOSÉ MARÍA, “España y los tratados de Utrecht”, Madrid: Espasa Calpe, 1985.

CALVO POYATO, JOSÉ, “Los tratados de Utrecht y Rastatt”, Madrid: Dendra Médica. Revista de Humanidades, Vol.12,  Nº. 2, (Noviembre) 2013.

BENASSAR, BARTOLOMÉ, “Historia Moderna”, Madrid: Akal, 1980

Redactor: Daniel Grau Morgado

Estudiante de Historia en la Universidad de Sevilla, especialmente interesado en la historia social y en los mecanismos de marginación.

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