Usos y abusos de la Historia del Islam: ISIS (I)

De aquí a una parte el grupo terrorista ISIS, o como es nombrado recientemente por los medios internacionales, Daesh, forma parte de nuestra cotidianeidad. Decenas de horas de televisión se sumergen en los entresijos del grupo para intentar entender, comprender o demonizar el grupo. En la prensa han aparecido cientos de artículos que tratan sobre ellos, sobre su origen, su forma de acción, sus objetivos y sobre todo, su esencia violenta y despiadada. Sin embargo, en occidente existen tres obstáculos importantes para llegar a entender este tema de manera completa, traducidos en uno solo que se divide en tres y es el reconocimiento del impacto de la religión en la política por el hombre occidental debido al laicismo, el materialismo y la teoría de la modernización.

Nosotros, en este texto, intentaremos ahondar en las raíces religiosas del grupo y en las influencias que han tomado de la historia del período formativo del Islam. Como, para justificar su presencia y sus acciones, han seleccionado diferentes rasgos de la historia del Islam y del Profeta y utilizándolas a su antojo han levantado un constructo político denominado por ellos mismos como Califato Islámico. No incidiremos en hechos concretos o actos políticos, porque no es la intención de este artículo, además, este apartado lo dejamos en manos de los expertos, que los hay, y muy buenos.

En este capítulo del especial vamos a ahondar en dos motivos relacionados con el Islam premoderno, y no es otro que la significancia histórica de la instauración del Califato como modelo de gobierno y la Sharia. El último califato entendido como tal fue el que cerró Kemal Ataturk, quien abolió el califato otomano en 1924, y a excepción de unos pocos pretendientes desafortunados en los años siguientes no ha habido desde entonces ningún otro intento de hacer resurgir el califato, la institución política central del Islam. El fin del Imperio Otomano supuso el intento más destacado desde los tiempos de los califas omeyas de instaurar, dentro del Islam, un solo gobierno en todos sus territorios, de que la umma fuera gobernada por un único poder. Tan profunda fue su huella que aún hoy estamos viviendo las consecuencias de su colapso y posterior repartimiento.

Bandera del grupo terrorista islámico ISIS inspirada en la bandera negra del Profeta. Fuente.

Bandera del grupo terrorista islámico ISIS inspirada en la bandera negra del Profeta. Fuente.

Sin embargo, en este punto, cabría preguntarnos a que se debe ese interés por instaurar un Califato de tipo medieval como forma de gobierno, y para entender este hecho habría que detenerse en el concepto de la Sharia o ley islámica. La Sharia es un conjunto de leyes que determina la conducta islámica, literalmente viene a significar “el camino a la paz” o “el mejor camino”, también “el camino recto”. La Sharia no es un texto sagrado, no fue relevado por Mahoma, sino que, siglos más tarde, distintos juristas, interpretando las historias, los hechos y los dichos del Profeta y sus compañeros dedujeron una serie de normas para el musulmán de a pie. Normas que era imposible llevar a cabo dentro de un país cualquiera, debido a la gran cantidad de detalles y especificaciones que contiene, por lo tanto, la Sharia pronto se convirtió más en un ideal a seguir que en una práctica jurídica.

Surgió entonces un equilibrio entre los objetivos de la Sharia y las realidades humanas; esto es lo que Piper denominó en su libro, El Islam, la síntesis medieval, una combinación enormemente estable y atractiva de objetivos ideales y de acciones pragmáticas. El problema de la Sharia medieval y de este intento de llevarla a cabo es que normalmente los gobiernos han estirado el nudo desde ambos lados, desde la visión laica, como ocurrió en la Turquia de Ataturk, y desde la visión religiosa, que pasaremos a denominar a partir de ahora, fundamentalista, ya que este concepto se aplica a quienes intentan establecer la Sharia como forma jurídica oficial. No es de extrañar, y todos hemos sido testigos de ello, que la síntesis entre la visión laica y la visión fundamentalista de la Sharia se ha roto por completo en Oriente Próximo en los últimos veinte años y ha dado lugar a los intentos de llevar a la práctica los objetivos ideales con la consecuencia  medieval de «luchar implacablemente para suprimir estos defectos, poner en línea a la sociedad musulmana con los ideales islámicos y crear una utopía de la Sharia» (Pipes, D. 1987, 90). Como ya hemos mencionado, la Sharia no fue creada en la época medieval por los propios encargados de la justicia, sino por los intelectuales de la justicia, los ulemas o juristas, que interpretaron idealmente los textos sagrados para extraer de ellos leyes que se consideraran sagradas por su fuente. Por lo tanto, la Sharia se convirtió, en la época medieval, en un ideal del camino recto a seguir por el musulmán, era un ideal, una convicción, pero no una realidad.

Es aquí, en este punto, cuando hemos aclarado que la Sharia medieval no era una realidad jurídica, sino un ideal, como tantos otros, que cuando los asuntos públicos se torcían y no iban de la manera en la que la sociedad lo deseaba, la mayoría, o grandes grupos de la población, se volcaba en la búsqueda activa de esos ideales. De hecho, «la salud espiritual de la comunidad solamente se podía salvarguardar evitando todo compromiso personal y contaminación con los organismos oficiales y los mercenarios que detentaban el poder político» (Hamilton, A. Gibb. R. 196: 10). Una idea plenamente medieval que aún hoy ronda sobre nuestras cabezas en numerosas ocasiones, tanto en oriente, como en occidente.

"Ali-Ben-Hamed, el último califa de Constantina (1845)" de Teodoro Chassériau.

En este, caso, cuando las élites de poder no conducían a sus territorios por el buen camino, cuando no existía paz, ni prosperidad y cuando las derrotas se sucedían, la población se volcaba en la Sharia y exclamaban que de haber seguido las reglas jurídicas de este libro, nada de esto hubiera pasado. Ya que al abandonar el camino recto de la Sharia Dios los había abandonado a su suerte:

La Sharia, en su conjunto, se benefició de alguna manera por la inadecuación de las condiciones reales, convirtiéndose en una realidad interior más duradera y vital que la transitoria existencia política del imperio islámico. Porque esta ley mantenía a la umma unida y ofrecía, a través de su universalización, un lazo mucho más fuerte y más duradero que ningún otro tipo de lealtad (Pipes, D. 1987, 99).

Con la crisis y la caída de muchos países de la zona, la lealtad de la población no pudo estar nunca con sus gobernantes, sino que se centró en estos dos conceptos, la umma o comunidad de creyentes, y la Sharia, el camino recto. Dos ideales que nunca les fallarían. A todo esto se suma en la actualidad las recientes delimitaciones de los nuevos estados del Próximo Oriente y la inclusión, dentro de los mismos, de tribus y grupos étnicos rivales. Por tanto, el nacionalismo a la europea nunca se importó al Próximo Oriente, sino que fueron estas dos ideas medievales, la umma y la Sharia, las que supieron llenar el hueco.

Los movimientos de oposición a los gobiernos islámicos, ya desde tiempos medievales, solían adquirir dos formatos, unos se preparaban para el fin del mundo y otros volvían la vista a una mítica edad de oro. El primer tipo de movimiento, que anticipa un inminente día de la resurrección, adoptó una forma mesiánica. El Mesías islámico, conocido por el nombre de mahdi comienza el proceso que conduce al final de la historia y anuncia el día del juicio. Sin embargo, la mayoría de los musulmanes expresaba su devoción a la Sharia de formas no apocalípticas, preocupándose más por recordar la fe y los hechos del profeta Mahoma y de sus compañeros que de prepararse para el día del juicio. A base de interpretar minuciosamente todos y cada uno de los hechos de los primeros musulmanes y de considerarlos como ejemplos para los creyentes islámicos. El caos que nos ocupa, ISIS, ha optado por una síntesis entre las dos tendencias, aunque predomina la visión apocalíptica y mesiánica del movimiento.

En este punto, proclamar el Califato como forma de gobierno adquiere un total sentido, ya que al proclamar el califato dan a entender que no hay separación entre ideal y práctica de la Sharia, sino que vuelve a ser un todo y por lo tanto, el estado islámico perfecto. De esta manera intentan atraer a la población musulmana a su bando, proclamando la vuelta, de nuevo, de la perfección legal islámica y por tanto del Califato Islámico original, ya que, como hemos mencionado con anterioridad:

Los musulmanes de la época premoderna no se sentían muy ligados al cuerpo político al que se pertenecía o a cualquier otro régimen en concreto, excepto por razones sectarias. Pero lo que sí había era un aplastante sentimiento por la unidad de la comunidad musulmana (Gustave, E. 1961, 26).

Soldado talibán (2015, AFP/Getty). Fuente.

Soldado talibán (2015, AFP/Getty). Fuente.

Sentimiento medieval que fue aprovechado por los teóricos del ISIS los cuales, ante la caída de los regímenes de gobierno de los países de Siria e Irak, y ante la idea de que los musulmanes no sentían una fuerte fidelidad política al poder impuesto y alejado de la Sharia, sino que su lealtad se concentraba en la umma, Abu Bakr al-Baghdadi, al proclamarse como Califa ha reclamado esta autoridad sobre toda la umma al margen de territorios. Porque la intención de ISIS no es delimitar sus territorios a Siria e Irak, sino que su verdadera intención es erigirse como líder de la umma, como Califa, pero también a través de otro título más importante aún dentro del Islam, como Príncipe de los Creyentes, amīr al-mu’minin.

La unión de un único gobierno musulmán que aplique la Sharia ayudaba a los creyentes a soportar la desilusión que sentían con las condiciones políticas reales. En el mundo alejado de las aspiraciones políticas musulmanas, los lazos religiosos contaban infinitamente más que las relaciones de proximidad geográfica, de lengua o de carácter étnico; y una cierta naturaleza vaga y soñadora se convirtió en una característica de las actitudes musulmanas hacia el poder legítimo”. (Pipes, D. 1987, 99).

Esta actitud plenamente medieval ha sido acogida con fuerza por los teóricos del ISIS y han sabido crear redes de captación y difundir el mensaje de su internacionalización a todo el mundo. De hecho, las fuerzas militares del grupo terrorista no son únicamente orientales, sino que están formadas también por un nutrido grupo de occidentales, a los que, como causa de su ingreso en las filas de ISIS podrían achacarse las mismas causas medievales que hemos expuesto en este texto.

Como conclusión, este texto se ha centrado en la esencia puramente medieval del movimiento terrorista denominado Daesh. Como, ante la falta de fidelidad política a cualquier gobernante y país, los musulmanes de amplios territorios han vertido sus esperanzas en la reconstitución de la umma regida por la Sharia en su formato perfecto e ideal. Y como estos sentimientos han calado aún más hondo en el grupo Daesh, quien ha recogido los principios apocalípticos y mesiánicos del Islam para instaurarse, ellos mismos, como los líderes de esta umma y los encargados de aplicar la Sharia en su formato perfecto, erigiéndose como Príncipes de los Creyentes y, aupados por una serie de grandes victorias militares, creerse los encargados de llevar al pueblo musulmán ante el final de los días y el califato islámico perfecto. Esto, como ya hemos dicho, es la esencia de este movimiento islámico, pero existen otros cientos de usos de la historia medieval del Islam por su parte que intentaremos ir desgranando en futuros textos.

Bibliografía|

COCKBURN, Patrick, ISIS. El retorno de la Yihad, Madrid: Ariel, 2015.

KEPEL, Gilles, La Yihad. Expansión y declive del islamismo, Madrid: Península, 2001.

PIPES, Daniel, El Islam, Madrid: Espasa Libros, 1991.

RASHID, Ahmed, Yihad: El auge del islamismo en Asia Central, Madrid: Península, 2003.

RASHID, Ahmed, Los talibán, Madrid: Península, 2014.

 

Redactor: Alberto Venegas Ramos

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