Un hombre y un territorio: Alfonso de Aragón y el marquesado de Villena a finales del siglo XIV

Con la llegada al trono castellano de la dinastía Trastámara, encabezada por Enrique II, tras los cruentos episodios de la guerra de los dos Pedros, y de la guerra civil castellana, ambos iniciados en 1356, se había creado en la Corona de Castilla un nuevo tipo de alta nobleza, muy estrechamente ligada al rey (parentela, amistad…), y con bases territoriales de gran consideración y extensión. Son los conocidos como “epígonos Trastámara”. Entre esta nueva nobleza, destacaba una figura por encima de todas, tanto por su origen (era aragonés, no castellano) como por el devenir histórico que tendría que afrontar. Este personaje no es otro que Alfonso de Aragón y Foix, conde de Ribagorza, de Denia, señor de Gandía y desde 1367, marqués de Villena.

Hijo del infante Pedro de Aragón y nieto del rey Jaime II, Alfonso pertenecía por nacimiento a la más alta nobleza de la Corona de Aragón. Había sido además, uno de los principales valedores del conde de Trastámara, futuro rey Enrique II de Castilla, cuando este vivió exiliado en Aragón al comienzo de la guerra contra su hermanastro el rey Pedro I. Dicha amistad, fue la que le hizo valedor del extenso marquesado de Villena, un territorio que ocupaba la práctica totalidad de la provincia de Albacete, y algunos territorios de las provincias colindantes. Desde esta posición de poder, y siendo además primo del rey de Aragón Pedro IV, el marqués de Villena se convirtió en una especie de intermediario entre las dos coronas. Cuando había algún conflicto o desavenencia, se acudía a la mediación del marqués. Tal fue el caso de las paces firmadas en Almazán en 1375, en las cuales se puso fin a las desavenencias castellano-aragonesas, iniciadas en 1356.

Representación ecuestre de Alfonso de Aragón. Fuente.

Representación ecuestre de Alfonso de Aragón. Fuente.

La unión del marqués con la corona castellana se hizo aún más estrecha en 1378, cuando uno de sus hijos, Pedro, casó con una hija bastarda de Enrique II, de nombre Juana. La dote de esta, consistente en 30.000 doblas de oro, si bien fue entendida por el marqués y su hijo como una bendición, pues la casa del marqués era de las que más gastos debía de afrontar en toda Castilla, como ya veremos más adelante, se convertiría en la excusa de Enrique III para la confiscación del marquesado. Tras la muerte de Enrique II en 1379 y la subida al trono de su hijo, Juan I, la suerte del marqués no cambió en absoluto. En julio de 1382, ante los preparativos del soberano para la invasión de Portugal, Alfonso de Aragón fue nombrado condestable de Castilla. Este título, a imitación del ya existente en Francia, otorgaba al marqués el rango de jefe de los ejércitos del rey[1].

En 1385 falleció su hijo Pedro en la batalla de Aljubarrota. Esto supuso un duro golpe para el marqués, pues su hijo había sido uno de sus pilares. Otro de los hijos del condestable, Alfonso, llevaba preso de los ingleses desde 1367, y no conseguiría la libertad hasta 1392. Es en este momento cuando Juana, tras la muerte de su marido, requiere al marqués la devolución de su dote. El marqués no estaba dispuesto a desprenderse de tan elevada cuantía. Ante el temor de que su negativa a devolver la dote pudiera molestar a Juan I, en 1386, en las juntas del marquesado, una imitación a nivel local de las cortes castellanas, presentó a su nieto, Enrique, hijo mayor de Pedro, como futuro heredero del territorio. Tener un heredero reconocido era clave, pues esto permitiría a Alfonso poder traspasar el control del señorío a su nieto en caso de presión por parte de la corona, a la par que hacía indiscutible la continuación de su familia al frente del marquesado, una vez hubiera fallecido el condestable.

Territorios que conformaban el marquesado de Villena en tiempos de Alfonso de Aragón. Fuente.

En 1390, en las cortes de Guadalajara, muchas fueron las voces que pedían la destitución de Alfonso de Aragón como condestable de Castilla. Varias son las razones que argumentaban los descontentos con el marqués. Parece ser que la política autoritaria del condestable para con sus súbditos era el principal problema, aunque no faltaban otros que le acusaban de haber usurpado los territorios que legítimamente pertenecían a los descendientes de don Juan Manuel. Incluso su origen aragonés comenzó a ser un problema[2]. Ese mismo año falleció el rey Juan I, siendo sucedido por su hijo primogénito Enrique, que contaba solo 11 años de edad. Uno de los más preocupados por la nueva situación en Castilla fue el rey de Aragón Juan I, tío del nuevo soberano castellano Enrique III. Al rey de Aragón le convenía no solo que su sobrino estuviese bien representado por una regencia competente, sino que también tenía la convicción de que el personaje idóneo para encabezar el gobierno de Castilla era el marqués de Villena, su primo segundo. Sin embargo, pese a las insistencias de Juan I para que el marqués acudiese a la corte, este prefirió quedarse en sus posesiones[3].

No están claras las razones por las que el marqués de Villena renunció a estar presente en la corte durante la minoría de Enrique III. Es posible que el retorno de su hijo Alfonso en 1392, tras haber sufrido cautiverio en Inglaterra por más de dos décadas, fuera el motivo principal de la ausencia del marqués. El hijo no perdonó al padre que se hubiera demorado tanto en el pago de su rescate, y ni siquiera la entrega a este del título de conde de Denia pareció conseguir la reconciliación de ambos. Para colmo del condestable, en los tratos matrimoniales entre su hijo Pedro y Juana, se había establecido que una vez quedase en libertad su hijo Alfonso, habría de casarse con una hermana de Juana, de nombre Leonor, por la cual ya se adelantó en su día las 30.000 doblas correspondientes a su dote. Así pues, el marqués de Villena debía un total de 60.000 doblas a las tías del rey, una suma muy difícil, por no decir imposible, de afrontar.

Representación de Alfonso de Aragón en un sello de Correos. Fuente.

En el verano de 1393, el rey Enrique, de casi 14 años de edad, fue proclamado mayor de edad. Pronto dejó claro su desafecto con los “epígonos Trastámara”, contra los cuales pretendía actuar. No estuvo solo en este empeño, pues nuevos linajes, los conocidos como “nobleza de servicio”, entre los que destacan familias como los Mendoza, los Dávalos o los Guzmanes, entre otros, estarían a su lado para erradicar el poder de la alta nobleza. En 1394 la situación del marqués en Castilla peligraba más que nunca. No solo le había sido retirado su título de condestable, sino que el propio monarca conspiraba a sus espaldas con algunas de las familias y personajes más notables del marquesado, como era el caso de Martín Ruiz de Alarcón.

Buscando la aceptación del joven rey, Alfonso de Aragón intentó convertirse en mediador entre los bandos de “manueles y fajardos”, que desde 1391 habían divido a los habitantes de la ciudad de Murcia y comarcas aledañas entre partidarios del adelantado del Reino de Murcia, Alfonso Yáñez Fajardo, y de algunos de los principales adversarios del adelantado, encabezados por Juan Sánchez Manuel, personaje notable de la ciudad, y el obispo de Cartagena Fernando de Pedrosa. El 26 de agosto de ese año, mandó el marqués una carta al concejo de Murcia mostrando sus intenciones de actuar como mediador entre las partes enfrentadas:

“A los onrrados conçejo, cavalleros, escuderos, ofiçiales e onmes buenos de la çibdat de Murçia. Yo el marqués de Villena e condestable de Castiella, vos enbio mucho saludar (…) e yo por faser serviçio al dicho sennor rey, he acordado de yr a la mi villa de Alvaçete, e de partir de aqui este lunes primero que viene, por ponerme en esos males e debates, que son entre el obispo e esa çibdat de la una parte, e el adelantado e los que fuera esta[n] desta dicha çibdat de la otra parte (…) fecha en el mi lugar de Santa Maria del Canpo, veynte seys días de agosto, anno de noventa e quatro[4].”

Pese a su buena voluntad, los intentos de mediación del marqués fracasaron. Perdía de este modo la última carta que le quedaba para granjearse la amistad del rey. Ya se ha mencionado antes como Enrique III se había asegurado la colaboración de ciertos notables del marquesado, que sin duda alguna favorecerían la causa real, de cara a la futura incorporación de dicho territorio a la corona. Sin embargo, el rey necesitaba una excusa para poder llevar a cabo tan ambicioso proyecto. No hizo falta buscar muchos argumentos, las 60.000 doblas que debía el marqués a las tías del monarca era un motivo más que suficiente. En enero de 1395 un contingente de tropas entró en el marquesado, iniciando la ocupación de las plazas en nombre del rey. Al mismo tiempo, el rey decretaba la expropiación del territorio en disputa a Alfonso de Aragón por el impago de las dotes de sus tías. Fue lanzada una almoneda (es decir, una subasta pública), pero dada la elevada cifra, solo la corona pudo pujar por el territorio subastado.

Castillo de Villena. Esta edificación fue la residencia principal de Alfonso de Aragón en el marquesado. Fuente.

El marqués no fue capaz de resistir a las tropas reales, por lo que hubo de resignarse y buscar refugio en sus señoríos valencianos. Gandía fue la plaza que eligió como morada principal durante este período. Dada la situación, Alfonso de Aragón hubo de recurrir al rey Juan I de Aragón, rogándole que hiciera ver a su sobrino el error que había cometido al despojarle del marquesado. El día 27 de enero de 1396 escribió una carta al rey de Aragón argumentando los muchos servicios que el marqués había hecho a los reyes de Castilla:

“Mi señor. Placerá saber a vuestra señoría que hace poco tiempo, el rey de Castilla tuvo cortes en la villa de Madrid, y todas las cortes le dijeron que hacía mal, y cosa que no cumplía a su servicio, en encarcelar y desheredar a los de su linaje y grandes de su reino, y promocionar a los hombres de bajo estamento, pues eso había sido propio del rey don Pedro, su predecesor (…) y especialmente, señor, le hablaron de mi también (…) diciéndole los grandes servicios que yo había hecho a los reyes, su padre y su abuelo[5]…”

Juan I mandó una carta ese mismo mes a su sobrino, suplicándole la devolución del marquesado a Alfonso de Aragón, si bien el castellano no estaba dispuesto a dar marcha atrás. A lo único que consintió fue a hacer entrega del título de conde de Cangas y Tineo, con la entrega de algunas villas, a Enrique, sobrino de Alfonso. La compensación del soberano castellano no estaba desde luego a la altura de lo que había perdido la familia del marqués. Alfonso de Aragón pasaría los últimos años de su vida en sus dominios valencianos. En 1399 el rey Martín I de Aragón elevó su título de señor de Gandía a la dignidad ducal. Por Gandía había tenido una especial predilección el marqués, donde incluso llegó a fundar un monasterio, el de San Jerónimo de Cotalba, e incluso inició la construcción del famosa palacio ducal. En 1410, tras la muerte de Martín I sin herederos legítimos, presentó a los compromisarios de Caspe su candidatura como rey, aunque fallecería unos meses antes de que los compromisarios eligieran un nuevo monarca.

Armas de Alfonso de Aragón en la entrada al monasterio de San Jerónimo de Cotalba. Fuente.

Bibliografía|

CASTILLO SAINZ, Jaume, Alfons el Vell, duc reial de Gandia, Gandía: Cendre d´Estudis i Investigacions Comarcals Alfons el Vell, 2012.

GARCÍA ISAAC, José Marcos, “Un proyecto de tregua ideado por el marqués de Villena, entre el concejo de Murcia y el adelantado Alfonso Yáñez Fajardo (septiembre de 1394)”, Historia Digital, nº 27.  Fundación Arthis, 2016. pp. 6-22.

MITRE FERNÁNDEZ, Emilio,  “Señorío y frontera (el Marquesado de Villena entre 1386 y 1402)”, Murgetana, nº 30. Murcia: Academia Alfonso X el Sabio, 1969. pp. 55-62.

PRETEL MARÍN, Aurelio, “En torno a la incorporación del marquesado de Villena a la Corona Castellana en 1395”, Al-Basit: Revista de Estudios Albacetenses, nº6. Albacete: Instituto de Estudios Albacetenses, 1979. pp. 163-176.

PRETEL MARÍN, Aurelio, Don Enrique de Villena: retrato de un perdedor, Iniesta: Centro de Estudios de la Manchuela, 2015.

PRETEL MARÍN, Aurelio; RODRÍGUEZ LLOPIS, Miguel, El señorío de Villena en el siglo XIV, Albacete: Instituto de Estudios Albacetenses, 1998.

ROSELL, Cayetano (edit.), Crónicas de los reyes de Castilla (vol. II), Madrid: Atlas, 1953.

SUÁREZ FERNÁNDEZ, Luis, Nobleza y monarquía, entendimiento y rivalidad. El proceso de la construcción de la Corona Española, Madrid: La Esfera de los Libros, 2003.

TOMÁS BOTELLA, Bernardo, El condado de Dénia en tiempos de Alfonso el Viejo. Rentas y poder señorial, Valencia: Universidad de Valencia, 2013.


[1] ROSELL, Cayetano (edit.), Crónicas de los reyes de Castilla (vol. II), Madrid: Atlas, 1953, pp. 147-148.

[2] PRETEL MARÍN, Aurelio, Don Enrique de Villena: retrato de un perdedor, Iniesta: Centro de Estudios de la Manchuela, 2015, p. 61.

[3] CASTILLO SAINZ, Jaume, Alfons el Vell, duc reial de Gandia, Gandía: Cendre d´Estudis i Investigacions Comarcals Alfons el Vell, 2012, p. 148.

[4] La carta integra del marqués, así como el resto del proceso, se encuentra publicados en: GARCÍA ISAAC, José Marcos, “Un proyecto de tregua ideado por el marqués de Villena, entre el concejo de Murcia y el adelantado Alfonso Yáñez Fajardo (septiembre de 1394)”, Historia Digital, nº 27, 2016, pp. 6-22.

[5] Real Academia de la Historia, Colección Salazar y Castro, A-4, fol. 198r. Traducción castellana del autor del original en catalán.

Redactor: José Marcos García Isaac

Licenciado en Historia por la universidad de Murcia y máster en Estudios Medievales por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente estoy realizando el doctorado en Historia Medieval en la Universidad Complutense de Madrid. Principales temas de interés: Historia jurídica (europea en general), diplomática (principalmente de la Corona de Aragón), naval (de la Corona de Aragón) y ordenes de caballería monárquicas durante la Baja Edad Media.

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