Tinta sobre piel: la elaboración del pergamino en la Edad Media

Desde la antigüedad el ser humano se ha procurado diversas formas en que perpetuar sus ideas por escrito. De las tablillas de arcilla al papiro, y de éste a las tablas de cera, el óstrakon y los grafiti, las características de estos materiales determinan tanto el tipo de escritura que se usaba sobre ellos como las posibilidades económicas de los que escribían o las posibilidades de que sus obras se conserven en la actualidad.

Ejemplo de papiro romano, del conjunto conocido como 'Papiros de Oxirrinco'. Fuente.

Ejemplo de papiro romano, del conjunto conocido como ‘Papiros de Oxirrinco’. Fuente.

Aunque la técnica fue conocida anteriormente, las primeras noticias de la fabricación habitual de pergamino se dan en el mundo romano. Según la leyenda transmitida por Plinio en su Historia Natural, el conflicto entre Eumenes II de Pérgamo (197-158 AC) y Ptolomeo V de Egipto (210-181 AC) por poseer la mejor y más rica biblioteca culminó en el bloqueo del suministro de papiro entre el país de el Nilo y la ciudad helenística, lo que provocó que ésta tuviera que buscar formas alternativas de fabricar materias sobre las que escribir. Aunque se trata de una historia sin fundamento en la realidad, lo cierto es que el nombre que se dio al material en latín (charta pergamena) hace referencia a la ciudad de Pérgamo, probablemente porque se trató de un importante centro de fabricación y distribución. Sea como fuere, aunque en el imaginario colectivo el pergamino pertenece a la Edad Media, lo cierto es que se fabricó desde antiguo. De hecho, pasó progresivamente a ser la materia escritoria por excelencia hasta el advenimiento del papel en el siglo XIII (y de hecho, éste aún tardaría siglos en imponerse al pergamino).

El papiro fue la primera materia flexible utilizada para escribir, lo que permitía transportarla, manipularla, cortarla, fabricar rollos con ella y escribir y pintar sobre ella con gran facilidad. De origen vegetal, el papiro también tenía ciertas debilidades: no era demasiado resistente, y con el paso del tiempo se volvía quebradizo. De hecho, los papiros egipcios que conservamos han llegado a nosotros gracias a las excepcionales condiciones climáticas de Egipto. La mayoría de papiros, tanto romanos como medievales (la cancillería vaticana siguió utilizándolo durante varios siglos, al igual que la cancillería merovingia) han llegado en estado o bien muy delicado, o bien fragmentario, habiéndose perdido la mayoría.

En época romana el pergamino, a pesar de que se fabricaba y utilizaba, era una materia secundaria. Contamos con noticias de autores como Cicerón, Horacio y Marcial, en que hablan de libros en pergamino, aunque siempre con la opinión de que se trataba de algo menor al papiro. De hecho, los primeros ejemplos de pergamino romano que se conservan en la actualidad son del siglo III DC, ya una época tardía teniendo en cuenta que el pergamino se venía fabricando desde bastante tiempo atrás. Su expansión en el mundo del libro comenzó a producirse en el siglo IV, y entre las razones por las que esto ocurre se encuentra el Cristianismo. El uso del pergamino en libros litúrgicos de la incipiente cristiandad era tanto una necesidad como una forma de diferenciación: el rollo de papiro frente al códice de pergamino: paganismo contra cristianismo. 

Una página de un códice purpúreo, cuyas páginas se  cubrían de púrpura y se escribían con tinta de oro y plata. Fuente.

Una página de un códice purpúreo altomedieval, cuyas páginas se cubrían de púrpura y se escribían con tinta de oro y plata. Fuente.

Salvo las excepciones antes citadas, el triunfo del Cristianismo a fines del Imperio Romano supuso el también triunfo del pergamino. Y con éste el códice, cuyo concepto proviene de los grupos de tabillas de cera romanos. Y, curiosamente, no hay descripciones de la forma de elaboración de este material hasta avanzada la Edad Media. Sin embargo, en la obra de Ludovico Antonio Muratori Antiquitates Italicae Medii Aevi, post declinationem romani imperii ad ann. 1500’, publicada en el siglo XVIII, se recoge una descripción del mencionado proceso de fabricación en la Italia del siglo VII. Ni entonces, ni en la antigüedad ni en la actualidad el proceso ha cambiado, como veremos a continuación.

El proceso de elaboración

El pergamino, en sentido amplio, puede fabricarse con cualquier tipo de piel de mamífero con pelo. Es por ello que, en la antigüedad, se realizó con todo tipo de animales, desde cerdos a camellos. Sin embargo, en la Edad Media se realiza principalmente a partir de piel de cordero, ternero o cabra, prefiriéndose animales jóvenes por la mayor flexibilidad y suavidad de la piel (1).

Una vez obtenida la piel, se sumergía en una solución de agua y cal, a la que también podían añadirse otros productos ácidos como excrementos, orina o plantas fermentadas, con el fin de aflojar el pelo del resto de la piel. Esto se realizaba en cubetas, generalmente al aire libre, removiéndose las pieles con un palo de madera periódicamente. Según la receta recopilada por Muratori, las pieles se dejaban sumergidas durante tres días, aunque podían ser hasta diez. Una vez se saca de la cubeta, la piel se coloca en una apoyatura similar al potro de gimnasia, donde con una cuchilla metálica roma se procede a la eliminación del pelo y otras impurezas.

Un grabado que representa el proceso de raspado del pergamino. Fuente.

Un grabado que representa el proceso de raspado del pergamino con el lunellum. Fuente.

Cuando la mayor parte del pelo está eliminado, la piel se estira y coloca en un bastidor, donde se tensa atando los extremos al marco. Así, manteniendo la piel lo más tensa posible, se procede a la limpieza detallada de la piel, y también a su raspado para dejarla del grosor deseado. Las herramientas utilizada para ello son el lunellum o luneta, una cuchilla de forma semicircular con un asa en el centro, y piedra pómez. Al mismo tiempo que se producen los sucesivos raspados, la piel se rocía con agua caliente para mantenerla húmeda.

Cuando la piel se considera apta en cuanto a grosor y limpieza, se procede a su secado al sol, aún en el bastidor. Posteriormente se vuelve a raspar y a secar. Una vez seca, la piel ya convertida en pergamino se puede cortar y almacenar hasta su venta o uso directo. Sin embargo, este producto aún necesita un último paso antes de poderse escribir en él: se realizaba un suave raspado final con tiza, lo cual hacía desaparecer el brillo de la superficie y la volvía porosa, y por tanto, apta para recibir tinta.

Dentro de los diferentes tipos de pergamino, el de mayor costo y calidad es la vitela. Ésta es elaborada con la piel de animales nonatos o recién nacidos, lo cual da al material una flexibilidad, resistencia y finura extraordinarias. Es por ello que se reservaba para los manuscritos más lujosos.

A pesar de que la fabricación de pergamino evolucionó hasta crear un material casi perfecto, lo cierto es que, al observar un manuscrito, podemos obtener información sobre cómo se fabricó, o la forma en que se utilizó, y por tanto podemos reconstruir la historia de ese códice o documento desde sus orígenes.

Fuero de Iznatoraf, donde se puede apreciar un 'ojo' del pergamino. Fuente.

Fuero de Iznatoraf, donde se puede apreciar un ‘ojo’ del pergamino. Fuente.

Por una parte, las imperfecciones del pergamino, ya que en el proceso de tensado de la piel en el bastidor podían aparecer roturas tanto por la presión como por ser preexistentes en la piel. Esas roturas podían ser remendadas en el momento, y por tanto la costura aparecerá en el manuscrito. Cuando no son tratadas, estas roturas se transforman en agujeros en forma de óvalo u ‘ojos’, que no son inusuales en los libros manuscritos.

Además, a esto podemos añadir todas las imperfecciones propias de la piel del animal, desde cicatrices a marcas o manchas. Observar estas características nos puede indicar el grado de calidad de la materia prima, y por ende el empeño y desembolso económico invertido en la elaboración del libro.

Por otro lado, la parte que albergaba el pelo y la que estaba en contacto con la carne tienen una cierta diferencia entre sí. La parte de la carne es más clara y además mucho más lisa, ya que carece de los folículos del pelo. La otra cara, por el contrario, es más rugosa y a pesar de todo el trabajo de raspado tiene más relieve debido a las inserciones del pelo. Esto provoca que una cara sea más clara que otra, y de apariencia más rugosa, lo cual llevó al desarrollo de una técnica por la cual los cuadernos de los libros están organizados de tal forma que coincidan las caras ‘de pelo’ y las ‘de carne’, sin encontrarse nunca una de un tipo al lado de otra del otro. Esto es lo que se denomina la Ley de Gregory, una evidencia más del cuidado puesto en la elaboración del códice.

Miniatura del siglo XV que muestra un taller de elaboración de pergamino. Fuente.

Miniatura del siglo XV que muestra un taller de elaboración de pergamino. Fuente.

La comercialización del pergamino se producía a través de talleres que se ocupaban de todo el proceso de fabricación. Sin embargo, y sobre todo en la Alta Edad Media, los monasterios también fueron lugares de producción de materia escritoria, lo cual les permitía producirlo según sus necesidades. Se trata, en suma, de un material de gran durabilidad, lo cual ha permitido la conservación de un gran número de documentos y libros que de otro modo habrían desaparecido. Desde los manuscritos purpúreos a los libros de horas, fue el soporte fundamental de la escritura durante siglos. Un paso más en camino del ser humano en su afán por perpetuar su memoria.

(1) Como ejemplo gráfico de la elaboración del pergamino, el siguiente vídeo (perteneciente al programa ‘Domesday’ de la cadena británica BBC2) muestra a un artesano actual elaborándolo prácticamente a la manera medieval.

Bibliografía|

CENCETTI, G., Lineamenti di storia della scrittura latina, Bologna: Casa Editrice Prof. Riccardo Patron, 1954.

LEMAIRE, J., Introduction à la codicologie, Lovaine: Publications de L’institut D’etudes Medievales, 9, 1989.

OSTOS, P.; PARDO, Mª L.; RODRÍGUEZ, E., Vocabulario de codicología, Madrid: Arco Libros, 1997.

REED, R. The nature and making of parchment, Leeds: The Elmete Press, 1975.

SALES CARBONELL, J., “Fabricando pergamino durante la Antigüedad tardía. Unas notas arqueológicas para los monasterios de Hispania”, Agustinianum 53/2 (2013), 469-499.

Redactor: Manuel Muñoz García

Licenciado en Historia y máster en 'Documentos y libros, archivos y bibliotecas' por la Universidad de Sevilla, y actualmente cursando estudios de doctorado en Paleografía en King's College London. Apasionado de la Edad Media y la escritura.

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1 Comentario

  1. ¿SAbrian decirme donde puedo encargar un pergamino de piel y rotularlo con letra antigua?. Es para un regalo y no encuentro ningun sitio.

    Gracias
    SAra

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