Teodorico y el “Pangermanismo”: Auge y quiebra de la confederación germana-arriana.

Como se señaló en el anterior artículo, el desplazamiento ostrogodo a la Península Itálica se iniciaría en el 489/490 y culminaría en el 493 con la toma de Rávena y la ejecución de Odoacro. Esta migración no estaba formada sólo por guerreros, sino por todo el pueblo ostrogodo, incluidos niños, ancianos y mujeres, calculándose su número en unas 100.000 almas[1] que buscaban asentarse en el territorio y no una incursión que les diese fama y riqueza, como era habitual.

Europa a la muerte de Teodorico I, el Grande (474-526)

Europa a la muerte de Teodorico I, el Grande (474-526). Fuente.

En el camino hacia Italia los ostrogodos tuvieron que luchar contra diversos pueblos, entre ellos los gépidos y los sármatas, a los que derrotaron antes de infligir a Odoacro una dura derrota en los campos de Verona.[2]Mientras Odoacro se refugiaba en la ciudad de Rávena, varias ciudades del norte de Italia abrieron las puertas a Teodorico, recibiéndole como el emisario del emperador:

Para tomar Italia, Teodorico debía tomar la ciudad de Rávena, capital del Imperio Romano Occidental en sus últimos siglos de existencia debido a su excelente ubicación geográfica. Rávena, hoy en día tierra adentro, en esos momentos estaba bañada por el mar Adriático y rodeada por pantanos, por lo que era uno de los bastiones más importantes e inexpugnables de Italia.

Teodorico contó con ayudas directas o indirectas en estos años, como la ayuda que le prestó Alarico II contra Odoacro o los ataques que sufrieron los dominios de Odoacro en Liguria y Sicilia por parte de burgundios y vándalos respectivamente. Odoacro rindió la ciudad en el 493 ante la imposibilidad de recibir ayudas o hacer retirarse a los ostrogodos, siendo ejecutado traicioneramente ese mismo año por el propio Teodorico

Así se inició el Reino Ostrogodo de Italia, gobernando Teodorico treinta y seis años, de los cuales la mayoría fueron de paz absoluta y de un desarrollo y prosperidad económica que Italia no volvería a conocer hasta muchos siglos después. Sin embargo, desde el punto de vista social, se basó en una base dual que mantuvo una estricta separación entre las sociedades romana y ostrogoda, viviendo ambos bajo el mismo gobierno, pero con administraciones separadas e incluso en barrios diferenciados. ¿Por qué esta separación?

Teodorico era consciente de que había más que separase a los romanos y los bárbaros que semejanzas que los acercaran: los romanos se consideraban herederos de una potencia que había doblegado el mundo, desarrollado una cultura y una civilización muy superior a la de los pueblos germanos, a los que consideraban bárbaros sin civilizar. Por su parte, los ostrogodos eran un pueblo guerrero que se sentía orgulloso de su habilidad para el combate, considerándose bélicamente superiores a los romanos y como conquistadores de estos, sus superiores.

Si esta concepción confrontada no es suficientemente peligrosa, se puede añadir el problema religioso: desde los primeros momentos de contacto con el Imperio Romano, los ostrogodos se habían cristianizado, convertidos al arrianismo por el obispo Ulfila o Ulfilas. Sin embargo, el arrianismo ya nada más que tenía peso entre los pueblos germanos, mientras que la mayoría de los romanos cristianizados eran ortodoxos, con lo que no tardarán en llegar los problemas entre ambas Iglesias, azuzados por Constantinopla, que seguía el cristianismo ortodoxo.

La mezcla entre ambos pueblos era imposible a corto plazo, por lo que Teodorico decidió que esta separación era lo mejor para evitar conflictos en su naciente gobierno. Así, los ostrogodos retuvieron el poder militar pero se les prohibió hacer proselitismo de la religión arriana o realizar saqueos por los territorios romanos. Por su parte, los romanos retuvieron el poder civil y mantuvieron en uso todas sus instituciones, que Teodorico respetó, pero se les prohibió portar armas.

Teodorico sentía una justificada preocupación porque las diferencias religiosas llevasen a los romanos a buscar la ayuda del Imperio Oriental y facilitasen su derrocamiento, con lo que las relaciones con Bizancio empeoraron rápidamente. Todo comenzó con la subida al poder de Anastasio I (491-518), quien se mostró bastante reacio a reconocer a Teodorico como rey de Italia, por lo que este se proclamó rey de los ostrogodos y romanos en el 493. Esto no fue reconocido por el gobierno de Constantinopla hasta el 497.

Sabiendo que sólo no podría enfrentarse a Constantinopla, Teodorico intentó materializar un proyecto gigantesco que pudiese servir de contrapeso al gobierno constantinopolitano: la unión de todos los pueblos germanos y arrianos que vivían dentro de las fronteras imperiales.

Esta alianza se consolidó mediante un conjunto de enlaces matrimoniales con los principales pueblos germanos del momento –ver imagen 1–, que conllevó una alianza con los francos, burgundios, turingios, vándalos y visigodos, posicionándole a la cabeza de una gran fuerza germana.

Política matrimonial de Teodorico I, el Amalo (474-526)

Política matrimonial de Teodorico I, el Amalo (474-526). Emilio Cerezuela Martínez.

Este ‹‹pangermanismo›› hizo de Teodorico el monarca más poderoso de los antiguos territorios romanos, poder que afianzó tras el reconocimiento de Constantinopla:

‹‹Teodorico, el Amalo, había consolidado su posición con el ansiado reconocimiento imperial, obtenido finalmente en el año 497, y la aceptación por parte del Senado y del pueblo de Italia. En el año 500 celebró en Roma sus tricennalia y fue recibido como un triunfador, se le aclamó públicamente como dominus y hasta como Augusto, repartió donativos, ofreció juegos; incluso el papa le acompañó en su visita a la tumba del Apóstol Pedro, donde se mostró sumamente reverente.››[4]

En estas circunstancias, Teodorico llevó a cabo una política interna de entendimiento entre el pueblo romano y el ostrogodo, mostrándose conciliador con ambas partes y fomentando el desarrollo económico de Italia mediante la agricultura y el comercio con sus vecinos. Además llevó a cabo una política de embellecimiento de las ciudades romanas, entre ellas, Roma y su propia capital, Rávena, que convirtió en una bellísima ciudad con una corte en la que se incluyeron algunos de los principales intelectuales del momento como Casiodoro y Boecio, entre otros.

Mosaico que representa el Palacio de Teodorico I en la Basílica de San Apolinar el Nuevo (Rávena). Fuente.

Mosaico que representa el Palacio de Teodorico I en la Basílica de San Apolinar el Nuevo (Rávena). Fuente.

Sin embargo, la hábil diplomacia mostrada por Teodorico no era rival para la diplomacia bizantina, quienes, temerosos de esa alianza de pueblos germanos, hicieron lo posible por manipular a los diversos integrantes de la alianza hasta socavarla.

Tres protagonistas son los causantes de la quiebra de esta alianza: el monarca vándalo Trasamundo I (496-523), el rey franco Clodoveo I (481-511) y el emperador oriental Anastasio I (491-518).

La situación fue de la siguiente manera: Trasamundo había desposado a Amalafrida y, como dote, había recibido de Teodorico la plaza de Lilybaeum en  Sicilia, base naval estratégica para su flota, pero buscaba ampliar sus dominios sobre la isla. Por otra parte, los francos, triunfantes tras sus numerosos éxitos, buscaban ahora expandirse por el Reino Visigodo de Tolosa, acérrimo aliado del Reino Ostrogodo de Italia. Por último, Anastasio no había olvidado la conquista ostrogoda entre el 504-505 de importantes plazas como Sirmium en las provincias de Dalmacia y el Ilírico, evitando así cualquier ataque terrestre bizantino.

Así pues, los bizantinos orquestaron una expedición marítima de pillaje contra el Sur de Italia, mientras que los francos atacaban a los visigodos y los vándalos permanecían neutrales. Teodorico, enterado del ataque contra sus territorios, pensó que era una auténtica invasión, por lo que el ejército ostrogodo permaneció en la península.

De esta manera, los visigodos serán derrotados por los francos en la batalla de Vouillé (507), donde murió Alarico II y fue proclamado como sucesor su hijo ilegítimo Gesaleico, quien entre los años 507-508 perdió casi todos los territorios visigodos de Francia, retirándose a Barcelona. Teodorico, dándose cuenta del engaño, mandó su ejército contra los francos y burgundios, a los que consiguió derrotar mientras estos asediaban Arlés, conservando para los visigodos las provincias de Septimania y Narbonense.

Teodorico depuso a Gesaleico y nombró rey de los visigodos a su nieto Amalarico (511-531), de siete años, por lo que, apoyado por buena parte de la nobleza visigoda, se convirtió en regente del reino visigodo hasta su muerte.

Las relaciones con los francos se deteriorarían rápidamente: aunque Teodorico consiguió conservar parte del sur francés para los visigodos, estos habían perdido pérfidamente la mayor parte de su reino a manos de Clodoveo. Sin embargo, la muerte del monarca franco en el 511 y la división de su reino entre sus cuatro hijos —Teodorico I, Clodomiro, Childeberto y Clotario— debilitó mucho a los francos durante algunas décadas.

A pesar del perdón de Teodorico a Trasamundo, las relaciones entre ambas monarquías se deteriorarán bastante, sobre todo a la muerte de ambos monarcas:

En sus últimos quince años de vida Teodorico vio su prestigio personal en su cénit: había frenado a los francos y burgundios, era regente de los visigodos, reinaba entre los ostrogodos y los romanos, y Trasamundo no volvió a cometer imprudencias contra su poderoso pariente. Incluso Constantinopla había reconocido su poder mientras estaba inmersa en guerras con Persia.

Debido a los acontecimientos de los años 507-508, Teodorico se volvió paranoico y receloso: pensaba que en cualquier momento podría volver a repetirse una traición como aquella y no dudó en ejecutar a aquellas personas que pensaba que podían traicionarlo, entre ellos, su propio consejero Boecio (524) o el Papa Juan I (523-526). De hecho, incluso mandó construir en sus últimos años de vida una flota para poder defenderse de un posible ataque de Constantinopla sin necesitar ayuda vándala.

¿Cómo evaluar la figura de Teodorico I? Sin duda se puede decir que sin la educación romana que recibió durante su estancia en Constantinopla no habría llegado tan lejos ni habría podido erigir un gobierno estable en tierra romana. Al mismo tiempo mantuvo su identidad germana y arriana, que le permitió aliarse con muchos pueblos germanos, constituyéndose como un puente entre ambas culturas.

Sin embargo, esta gigantesca alianza no dejó de ser un proyecto personal que se tambaleó incluso en vida de Teodorico. Cierto es que a su muerte ejercía una supremacía evidente sobre el resto de pueblos germanos, pero su obra se descompuso tras su fallecimiento, dado que apenas diez años después estalló una guerra contra el Imperio Bizantino de más de veinte años que supuso el casi exterminio del pueblo ostrogodo. Teodorico fue el caudillo de mayor poder de su tiempo, y su longeva vida le permitió llevar a cabo una impresionante gesta, pero esta no sobrevivió a su muerte.

Mausoleo de Teodorico I, rey de los ostrogodos y romanos (474-526). Fuente.

Mausoleo de  Teodorico I, rey de los ostrogodos y romanos (474-526). Fuente.

Bibliografía|
AMORY, P., “People and identity in Ostrogothic Italy, 489-554“, Cambridge: Cambridge University Press, 1997.

FUENTES HINOJO, P., “La Península Ibérica y el Mediterráneo en el tránsito del mundo antiguo al medieval”, Madrid: Universidad Complutense de Madrid, 1995.

HODGKIN, T., “Theodoric the Goth: Barbarian Champion of Civilisation“, Londres: Editorial G.P. Putnam´s Sons, 1987.

GIL EGEA, M.E., “Un asunto de familia. Las relaciones diplomáticas entre los reinos ostrogodos y vándalo por el conflicto de sucesión al trono de los visigodos”, Polis, nº15. Alcalá: Universidad de Alcalá, 2003. pp. 63-75.

JORDANES, “Origen y gestas de los godos”, Madrid: Editorial Cátedra, 2001.

WOLFRAM, H., “History of Goths“, California: University of California Press, 1988.

 

 


[1] Wólfram. H., History of the Goths, pág. 279.

[2] Jordanes, Origen y gesta de los godos, 293.

[3] Gil Egea, M. E.: “Un asunto de familia. Las relaciones diplomáticas entre los reinos ostrogodo y el vándalo por el conflicto de sucesión al trono de los visigodos”, pág. 66. Revista Polis, nº 15, 2003.

Redactor: Emilio Cerezuela Martínez

Licenciado en Historia por la Universidad de Murcia (2008-2013), especializado en Historia Medieval. Principal interés: tránsito de la Edad Antigua a la Edad Medieval, Alta Edad Media, Imperio Bizantino y pueblos germanos.

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