Sir Francis Drake: un pirata al servicio de su Majestad

¿Quién fue Sir Francis Drake? ¿Fue un héroe nacional, defensor de la patria, leal servidor de su Majestad la reina Isabel I; un explorador que descubrió tierras ignotas, un aventurero?; ¿O fue simplemente un pirata que dedicó la mayor parte de su vida a saquear, atacar y destruir todo cuanto se interponía entre él y su deseo? Como ocurre en tantas y tantas ocasiones, todo depende del cristal con el que lo miremos y del bando en el que nos situemos. Sin embargo, lo que sí podemos afirmar es que Sir Francis Drake es una de esas figuras que no pasan desapercibidas para la Historia y que, de una u otra manera, logran dejar su impronta a lo largo de los siglos.

Sir Francis Drake. Fuente

Sir Francis Drake. Fuente

Desde su muerte, su fantasma ha ido salpicando las páginas de los libros de historia, de famosas novelas, de poemas y cánticos en su honor; de películas y series de televisión, e incluso de videojuegos en años recientes. Los amantes de la literatura recordarán que, en Cien años de soledad de Gabriel García Márquez se nos presenta a un Drake salvaje, un pirata que se dedica a asaltar las colonias españolas en América y cuyo deporte favorito es la caza de caimanes ‹‹a cañonazos›› que luego mandaba remendar y rellenar de paja para que se los entregasen como obsequio a la reina Isabel:

‹‹Cuando el pirata Francis Drake asaltó a Riohacha, en el siglo XVI, la bisabuela de Úrsula Iguarán se asustó tanto con el toque de rebato y el estampido de los cañones, que perdió el control de los nervios y se sentó en un fogón encendido. Las quemaduras la dejaron convertida en una esposa inútil para toda la vida. […] El alba la sorprendía en el patio sin atreverse a dormir, porque soñaba que los ingleses con sus feroces perros de asalto se metían por la ventana del dormitorio y la sometían a vergonzosos tormentos con hierros al rojo vivo. Su marido, un comerciante aragonés con quien tenía dos hijos, se gastó media tienda en medicinas y entretenimientos buscando la manera de aliviar sus terrores. Por último liquidó el negocio y llevó la familia a vivir lejos del mar, en una ranchería de indios pacíficos situada en las estribaciones de la sierra, donde le construyó a su mujer un dormitorio sin ventanas para que no tuvieran por donde entrar los piratas de sus pesadillas.››

La controversia en torno a su figura estriba, además, en su consideración como corsario o pirata. De hecho, ambos términos se refieren a una misma realidad: ‹‹Persona que, junto con otras de igual condición, se dedica al abordaje de barcos en el mar para robar›› (de acuerdo con el DRAE). La diferencia, no obstante, radica en si el ejercicio de la piratería contaba con el beneplácito de una patente de corso, es decir, un documento expedido por el monarca que permitía el ataque de barcos y poblaciones pertenecientes a una nación enemiga. En ese sentido, podríamos decir que un corsario no es más que un pirata ‹‹legal››, y que si Drake era un corsario a ojos de la corona británica, para España seguía siendo un pirata al margen de la ley, cuya fama y nombre eran temidos y odiados.

La historia de este corsario o pirata comienza en Tavistock (Devon, Inglaterra) en 1540, en el seno de una familia protestante, siendo su padre pastor de dicha religión. Ya en su juventud demuestra tener madera de navegante a bordo de un pequeño barco mercante en el que trabaja como aprendiz. Tras una serie de trabajos en la mar, en 1572 se embarca en su primera hazaña independiente rumbo a América con el fin de atacar la ciudad española de Nombre de Dios, en Panamá. La ciudad era fundamental para la corona española, pues a ella llegaba todo el oro y la plata proveniente de Perú para ser enviados más tarde en galeones hacia España. En julio de ese año Drake y sus hombres se hacen con la ciudad y su tesoro y, a partir de entonces, llevarán a cabo continuas razias y saqueos a puertos panameños y a barcos españoles que se encargaban de transportar los tesoros obtenidos en América.

Una réplica del Golden Hind (Londres). Fuente

Una réplica del Golden Hind (Londres). Fuente

Con sus éxitos en Panamá, Drake fue ganándose el favor de la corona inglesa y el odio de la española, que ya lo consideraba el terror de su flota y al que apodaba como El Draque (del latín draco, ‹‹El dragón››). De esa forma, el corsario inglés se convirtió en una poderosa pieza en el intento de Inglaterra por acabar con la amenaza que suponía el imperio español, aquel en el que nunca se ponía el sol. Recordemos que en la segunda mitad del s. XVI la relación entre ambas naciones era cuanto menos tensa por una serie de razones: la guerra religiosa entre protestantes y católicos en cuyos extremos se situaban Inglaterra y España; los constantes ataques de corsarios a barcos españoles; el apoyo militar inglés a las Provincias Unidas de los Países Bajos en la Guerra de los Ochenta Años contra España; y el creciente poder del imperio español, que en 1580 se había anexionado el imperio portugués, así como contaba con el apoyo de los Habsburgo en Alemania y de los príncipes italianos. Inglaterra observaba este poder con recelo.

Vuelta al mundo de Drake (1577-1580). fuente

Vuelta al mundo de Drake (1577-1580). Fuente

En un intento por acabar con la supremacía española, Isabel I envía a Drake en 1577 a una expedición contra los españoles a lo largo de la costa americana del Pacífico. Una expedición que llevará al pirata de Devon a ser el primer inglés en dar la vuelta al mundo. Drake logra llegar al estrecho de Magallanes únicamente con tres barcos, habiéndose visto mermada su flota desde su salida del puerto de Plymouth. En este punto, existe cierta controversia entre los historiadores, pues algunos afirman que, debido a una fuerte tormenta, Drake, a bordo del Golden Hind, se habría visto obligado a retroceder, descubriendo por casualidad el cabo de Hornos, que él habría nombrado como cape Elizabeth en honor a su reina. Otros, sin embargo, dudan de este hecho. Una vez en la costa del Pacífico, el Golden Hind se dedicó a saquear y atacar todo puerto, ciudad o embarcación española con la que se encontraba, aumentando considerablemente su botín. Al llegar a Perú, en el puerto de Callao, las embarcaciones al mando de don Pedro Sarmiento de Gamboa obligaron a Drake a huir hacia el norte pero sin lograr atraparlo. Viendo cómo Drake se escapaba, pensaron que lo único que tendrían que hacer sería esperar, pues el inglés volvería por donde había venido para regresar a Inglaterra. No obstante, no contaban con que, tras detenerse en California (que Drake nombró como Nova Albion, ‹‹Nueva Bretaña››), los vientos del destino llevarían al Golden Hind a Indonesia, para llegar más tarde a África, donde bordearía el cabo de Buena Esperanza para regresar a Plymouth en 1580.

Nombramiento de caballero de Drake a bordo del Golden Hind. Fuente

Nombramiento de caballero de Drake a bordo del Golden Hind. Fuente

Para los ingleses tal hazaña no podía quedar sin recompensa y, un año más tarde, a bordo del Golden Hind, Sir Francis Drake fue nombrado caballero por orden de la reina. Pero su vida llena de aventuras no acaba aquí, y cuando en 1585 estalla la guerra entre España e Inglaterra, se dirige de nuevo a América, donde saquea el puerto de Santo Domingo y captura la ciudad de Cartagena de Indias (Colombia), lo que enfurecerá de tal forma a Felipe II que tomará la decisión de invadir Inglaterra con la tan conocida Armada Invencible. Al conocer los planes del monarca español, Isabel I volvió a contar con la ayuda del pirata, al que ordena investigar los preparativos de la armada en Cádiz y Portugal y, si fuese posible, destruir parte de su flota. Drake cumplió sobradamente con los planes de la reina, obligando a que la invasión se demorase un año y capturando, en el camino de vuelta, una nave española proveniente de Indias que transportaba una enorme cantidad de oro, especias y seda. Cuando en 1588 la Armada Invencible estuvo por fin preparada para el combate, Drake la esperaba como vicealmirante de la flota inglesa. De nuevo, acompañado de la suerte y su pericia, logró con éxito su cometido, obligando a los capitanes españoles a que una y otra vez rompiesen su formación en el Canal de la Mancha y capturando uno de los galeones, el Rosario. El resto de la historia es más que conocido: ‹‹No envié mis naves a luchar contra los elementos››; ni tampoco, cabe añadir, contra Francis Drake.

Con este historial de éxitos podemos entender que su figura fuese demonizada por el imperio español, pero también ficcionalizada y convertida en leyenda. El pueblo, incluso, llegó a tacharlo de mago y de haber pactado con el diablo, y en muchas de las historias que de sus periplos se contaban, el corsario aparece como un ser con poderes sobrenaturales, capaz de mover el agua con palabras mágicas o de destrozar el mástil de un barco con una sola mano. Y es que, humano o no, Drake continuó su guerra personal contra España hasta sus últimos días, en los que trató sin éxito de conquistar algunos territorios españoles. Si parecía que nada podía detener a este ser de leyenda, en 1596 una disentería acabó con su vida mientras estaba atracado en Portobelo, Panamá. Su cuerpo fue arrojado al mar, como buen pirata que fue, y vestido con toda su armadura, como buen caballero.

Con su muerte comenzó a forjarse la imagen de lo que fue y de lo que creyeron que había sido. Héroe y pirata; caballero y saqueador; hombre y leyenda. Una figura controvertida cuya fama, como su cuerpo, yace entre dos aguas, en tierra de nadie, tal y como dice un poema en su honor:

Where Drake first found, there last he lost his name,

And for a tomb left nothing but his fame.

His body’s buried under some great wave;

The sea, that was his glory, is his grave.

On whom an epitaph none can truly make,

For who can say, ‘Here lies Sir Francis Drake?(1)

(1)Donde Drake se encontró por primera vez, allí al final perdió su nombre,(2)

Y por sepultura no dejó nada más que su fama.

Su cuerpo está enterrado bajo alguna enorme ola;

El mar, que fue su gloria, es su tumba.

De quien nadie un epitafio realmente puede hacer,

Pues ¿quién puede decir ‘Aquí yace Sir Francis Drake?’”

(2) El primer verso hace referencia a Panamá, pues fue el primer lugar de las Américas al que llegó el pirata, y sería, además, la tierra en la que encontraría la muerte.

Bibliografía|

CORBETT, JULIAN, “Francis Drake”, The Geographical Journal. New Jersey: Wiley, 1903.

DIXON, JAMES MAIN, “Drake on the Pacific coast”, Annual Publication of the Historical Society of Southern California. California: University of California Press, 1912-1913.

GARCÍA MÁRQUEZ, GABRIEL, “Cien años de soledad“, Madrid: Alfaguara, 2007.

KELSEY, HARRY, “Sir Francis Drake: The Queen’s Pirate, New Haven: Yale University Press, 2000.

“Sir Francis Drake”, The Ilustrated Magazine of Art. Toronto: University of Toronto, 1854.

Redactor: Juan Manuel Díaz Ayuga

Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y Máster en Enseñanza del español como lengua extranjera por la Universidad de Salamanca. Actual profesor de español en la Universidad de Estudios Extranjeros de Kioto. (Podéis contactar conmigo a través de Twitter: @keisekillo)

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2 Comments

    • Hola, hope. Perdona por no responder antes. Francis Drake no se destaca realmente como un gran descubridor, pero sí parece ser que fue el primero en llegar a tierras aún no exploradas de California, así como a algunas islas del Cabo de Hornos, como la que él llamó “Elizabeth Island”. Espero haber resuelto tu duda. Gracias por comentar. Un saludo.

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