Sila, el hombre que se hizo a sí mismo (I)

El personaje que nos ocupa es seguramente uno de los más controvertidos de la historia de Roma, Lucio Cornelio Sila, tomado tanto por héroe como por villano. Un general que pese a ser representado como un hombre sin escrúpulos, llegó a prolongar la vida de la república romana a la vez que la hería de muerte.

En el siglo segundo antes de Cristo, Roma se veía inmersa en una turbulenta crisis interna, protagonizada principalmente por conflictividades sociales. Pero mientras todos estos problemas ocurrían, llegaban las amenazas de enemigos externos, como los germanos o Mitrídates VI, que atacaron a Roma mientras esta se veía estancada en una guerra en África, problemas en los que veremos inmerso a nuestro protagonista, que consiguió solucionar, o participó al menos, en la solución de todos ellos.

En este contexto de crisis nacería Lucio Cornelio Sila, un miembro de una de las familias más emblemáticas de Roma, los Cornelios. Entre sus antepasados directos había desde dictadores a cónsules, pasando por otras magistraturas menores como pretores o cargos religiosos como el flamen dialis. No obstante, el padre de Sila estaba arruinado, por lo que ni él ni su hijo pudieron entrar a hacer política como le correspondía a su origen patricio. Respecto a la pobreza de Sila se puede destacar lo que nos cuenta Plutarco, quien también nos lo describe físicamente, haciendo referencia a cómo compartió casa con un liberto, puesto que el sólo no podía hacer frente al alquiler:

Busto de Sila (Munich Glyptothek) Fuente.

Busto de Sila (Munich Glyptothek) Fuente.

‹‹…él (el liberto) había alquilado la habitación de arriba por dos mil sestercios y Sila la de abajo por tres mil, de modo que la diferencia de su fortunas era solo de mil sestercios. (…) Su aspecto físico se muestra en sus estatuas. El tono de su piel hacía que el azul grisáceo de sus ojos, duro y violento, inspirara aún más miedo, pues en la palidez de su rostro surgían aquí y allá manchas rojas. (…) Cuentan que su naturaleza era propicia a la burla, de modo que en sus años de juventud, cuando era aún un desconocido, discurría su vida entre mimos y bufones de manera muy disoluta››.

(Plutarco: Vidas paralelas, Sila 2, 1-2).

Para acercarnos a la personalidad de Sila podemos leer a Salustio, quien nos describe su carácter en el libro Guerra de Yugurta, donde como veremos participó notablemente:

‹‹Sila era noble, de linaje patricio, aunque su familia casi había caído en el olvido por la indolencia de sus mayores; instruido por igual en la literatura griega y latina, era de gran ánimo, y estaba ansioso de placeres y aún más de gloria; cuando no tenía nada que hacer era licencioso, aunque el placer nunca lo apartó de sus actividades (…) era fácil de palabra, astuto y sencillo en la amistad; poseía una increíble profundidad de espíritu para fingir y disimular sus asuntos.››

(Salustio: Guerra de Yugurta 95, 3).

La precaria situación de Lucio cambiará cuando su padre se case en segundas nupcias con una adinerada mujer, que le nombrará único heredero. Este acontecimiento le abrirá las puertas a la vida política que le fue negada en un principio, pudiendo ser elegido cuestor en el 107 a.C. Esto, aunque inimaginable en ese momento, pondría a Sila en primera fila de los acontecimientos que estaban por ocurrir. Fue asignado al cónsul, Cayo Mario, con quien partiría hacia África para terminar el conflicto abierto con Yugurta.

En África los sucesores del rey de Numidia, Masinisa, habían entrado en guerra para recomponer el reino dividido en el testamento. Sería Yugurta, un sobrino a quien el rey terminó por adoptar, el que se enfrentaría a sus hermanastros iniciando la guerra. Roma terminó por entrar en el conflicto, con el objetivo de calmar la situación a la vez que ayudaban a los hijos de Masinisa. No obstante llevaban estancados cinco años sin tener un resultado claro por la mediocre dirección del cónsul Cecilio Metelo. Poe ello tomaría finalmente el Senado la decisión de enviar a Cayo Mario para que pusiera fin a la guerra.

La guerra de África fue el inicio de la vida militar de Sila, quien no tardaría en demostrar que nació para vivir entre soldados, consiguiendo su confianza rápidamente. Con el mando de la caballería bajo sus hombros, y obedeciendo las órdenes del brillante Mario, la guerra en África comenzó a cambiar rápidamente. Yugurta comenzó a aceptar enfrentamientos desfavorables, perdiendo terreno rápidamente ante las legiones. Este proceso se aceleró con el cambio de bando del rey Boco de Mauritania, suegro de Yugurta, quien pactó en secreto con los romanos a través del propio Sila. El golpe de gracia llegaría poco después, cuando la caballería le tendiera una emboscada atrapando al propio Yugurta con vida.

Denario de plata con la representación (dramatizada) de la captura de Yugurta por Sila. Acuñado por su hijo en el 56 a.C.  Fuente.

Denario de plata con la representación (dramatizada) de la captura de Yugurta por Sila. Acuñado por su hijo en el 56 a.C.
Fuente.

Este acontecimiento puso fin a la guerra, otorgándole a Mario el derecho de un triunfo y poniendo a Sila en boca de toda Roma, llegando a eclipsar el triunfo del general, quien a su pesar, vio su gloria compartida. Con el fin del conflicto todos vieron su situación favorecida, salvo Yugurta, que tras formar parte del desfile triunfal encadenado, fue ejecutado. Cayo Mario se consolido políticamente, permitiéndole presentarse nuevamente a cónsul saltándose la lex villia, que obligaba a esperar diez años antes de volver a presentarse al mismo cargo público.

Esta nueva elección de Mario ocurrió porque dos pueblos germanos, los cimbrios y los teutones, cruzaron los Alpes. En 105 a.C., derrotaron a las legiones de los cónsules Servilio y Manlio en la batalla de Arausio (Francia), un desastre comparable al de Cannas, y que traía nuevamente la sombra de peligro que Aníbal llevó a las puertas de Roma. Es por ello que se buscaba al general del momento, vencedor de Yugurta, para que salvara a la república.

Mario partió de Roma junto con sus veteranos de África y acompañado por Sila como legado, que llegaron al valle del Ródano donde se fortificaron a la espera de los germanos. Durante estos años, y mientras los germanos desobedecían las leyes de la lógica y entraban en Hispania en vez de penetrar en Italia, Mario se presentó a cónsul en cinco ocasiones consecutivas, algo nunca visto en Roma, y más cuando el cónsul no se encontraba en Roma. Este tiempo fue utilizado para terminar su reforma militar, comenzada en el 107 a.C., llevando al ejército romano a la profesionalización y perfeccionamiento de sus técnicas de combate.

Cuando finalmente los germanos aparecieron frente al campamento de Mario, estos se habían separado en dos grupos. El formado por los teutones pasó por el campamento de Mario, quien no se enfrentó a ellos en un principio, sino que les dejó pasar para darles alcance en Aquae Sextiae, donde los derrotó a la vez que capturaba a más de cien mil prisioneros.

Escultura de Cayo Mario en Villa Borghese, Roma. Fuente.

Escultura de Cayo Mario en Villa Borghese, Roma.Fuente.

No obstante el segundo grupo de germanos, formado por los cimbrios, que cruzaron los Alpes por el norte, consiguieron hacer retroceder al cónsul Cátulo, quien se salvó del desastre gracias a una retirada dirigida por Sila. Mario, que ya se encontraba en Roma, partió hacia el norte para reunirse con su colega y poner fin a la situación. Una vez reunidas las tropas de Cátulo y Mario, se enfrentaron a los cimbrios en Vercelae, donde consiguieron una clara victoria que les concedió un triunfo conjunto.

Con la victoria sobre los germanos la relación entre Sila y Mario se verá rota definitivamente. El cónsul vería con malos ojos las ganas de fama de Sila, y viendo éste cómo las causas populares de Mario eran contrarias a las aristocráticas que él mismo defendía, sería cuestión de tiempo que estos roces terminaran por traducirse en un odio que traería consecuencias como la escisión de toda la sociedad romana.

En los años siguientes la figura de Sila desaparece parcialmente de las fuentes. Se le relaciona con el asesinato del tribuno de la plebe Lucio Apuleyo Saturnino, quien ayudó a legislar el nombramiento de Mario in absentia y que encontró la muerte en la Curia Hostilia, aunque no es posible demostrarlo. Años después se presentó a pretor, en el 95 a.C., aunque no salió elegido por no haber sido edil, intentando de ese modo saltarse el cursus honorum. Pero esto no fue impedimento para Sila, quien invirtió una gran suma de dinero no sólo en su elección, sino también en la conquista de la plebe. Para ello contó con la ayuda de Boco, quien le regaló cien leones que fueron cazados durante los Ludi Apollinares que él mismo organizó en nombre de Apolo.

Finalmente Sila fue nombrado pro-pretor de la provincia de Cilicia y su primer mando en solitario tenía como misión una intervención en Capadocia, donde Mitrídates VI del Ponto había depuesto al monarca favorable a Roma, Ariobarzanes, y colocado a un rey títere. Sila cruzó los montes Tauro y derrotó a Gordio, el rey impuesto por el Ponto, restituyendo al candidato romano. Pero parece ser que la campaña no fue suficiente para él, quien continúo con sus tropas hasta ser el primer romano que llegó al Eufrates, y el primero en tener relación con el reino de los partos.

Con su vuelta a Roma, y tras una denuncia por apropiación indebida durante su campaña que no llegó a prosperar, se produce el detonante que traerá consecuencias muy inesperadas. El tribuno de la plebe Marco Livio Druso, que prometió la ciudadanía a los aliados itálicos de Roma a cambio de que estos corrieran con los gastos de la distribución de la tierra, fue asesinado en el atrio de su casa, y aunque el criminal no fue hallado, todo apunta a que el Senado se encontraba detrás del homicidio. Esto puso a los itálicos ante la realidad de que con Druso morían todos sus derechos y posibilidades de mejoría, por lo que se alzaron en armas y fundaron su propia república, denominada Italia, con capital en Corfinium, además de crear un senado y moneda propia.

Este conflicto, denominado como sublevación de los aliados o guerra social, se desarrolló en el centro y sur peninsular, donde el núcleo samnita fue de los más persistentes. Sila, que combatió en el ejército del sur a las órdenes de Lucio Julio César (tío del famoso dictador), no tardó en destacar por sus hazañas. Consiguió hacer retroceder a los samnitas, tomar las ciudades de Stabia y Pompeya, y aniquilar un ejército samnita frente a las murallas de Nola tras casi veinticuatro horas de batalla. Esta última acción le valió la corona gramínea (la más alta condecoración militar de Roma, concedida solo en ocho ocasiones según Plinio).

Con estas acciones como trampolín, Sila se presenta a las elecciones de cónsul del año 88 a.C., las cuales ganará junto con Quinto Pompeyo Rufo. Le encomendarán la inaplazable misión de partir hacia oriente para combatir contra Mitrídates mientras que Rufo debería de apagar los últimos rescoldos de los aliados. Pero el ambiente de crispación reinaba en Roma; por un lado, el tribuno de la plebe Sulpicio Rufo abogaba por distribuir a los aliados entre las 35 tribus de Roma (lo cual le hubiera entregado el control de los procesos electorales) y se había adueñado por la fuerza del foro. Parece ser que el propio Sila estuvo cerca de ser linchado por los hombres de Rufo, consiguiendo paradójicamente, salvarse al encontrar asilo en casa de su rival político, Mario. Por otro lado, cuentan que aunque ya anciano, Mario deseaba el mando militar otorgado a Sila, y viendo éste como peligraba su ocasión de gloria y botines terminó por abandonar Roma y reunirse con sus tropas en Capua.

Sila se encontraba de este modo con todo en su contra justo en el momento en el que estaba en lo más alto de su carrera. Solo tenía de su parte a sus soldados, a los cuales convocó en asamblea, en donde manifestó el ultraje perpetrado por Mario y Rufo, e informándoles de que pretendían quitarles la oportunidad de destacarse en una campaña de la magnitud de la prometida contra el rey del Ponto. Sus hombres, dispuestos para obedecer cualquier tipo de órdenes, fueron los que desvelaran los deseos de Sila y le incitaron a que tuviera el coraje de llevarlos a Roma. De este modo Sila, junto con sus seis legiones, no dudó en romper toda legalidad y marchar contra Roma para solventar a través de la guerra la situación y aferrarse al poder que sus enemigos pretendían arrebatarle.

Bibliografía|

-MOMMSEN, T., “Historia de Roma. Libro V. Fundación de la monarquía militar”, Madrid: Turner, 2003.

-SALUSTIO, “La Guerra de Yugurta“, Biblioteca clásica Gredos: Madrid 1997

- APIANO, “Guerras Civiles“, Biblioteca Clásica Gredos: Madrid 1985

-PLUTARCO, “Vidas paralelas V“, Biblioteca Clásica Gredos: Madrid 2007

- CHRIST, K., “Sila“, Traducción de Roberto Heraldo Bernet, Ed: Herder: Barcelona 2006

Redactor: Mikel López Aurrecoechea

Licenciado en Historia por la Universidad de Murcia, especializado en Historia Antigua, y arqueología. Intereses en Historia de Grecia y Roma, arquitectura naval e historia militar.

Comparte este artículo

Trackbacks/Pingbacks

  1. Sila, el hombre que se hizo a sí mismo (... - […] El personaje que nos ocupa es seguramente uno de los más controvertidos de la historia de Roma, Lucio Cornelio …
  2. Sila, el hombre que se hizo a sí mismo (... - […] El personaje que nos ocupa es seguramente uno de los má …  […]
  3. Sila (II): El primer romano en conquistar Roma. - temporamagazine.com - […] En el último artículo vimos la primera parte de la vida de Sila, desde su juventud a sus primeros …

Envía un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies