Ser niño en Roma (I)

El Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española emplea diversos términos en relación a niños y jóvenes: “niñez” (periodo de la vida humana que se extiende desde el nacimiento hasta la pubertad) es equivalente a “infancia” (periodo de la vida humana desde que se nace hasta la pubertad). Los protagonistas de esta etapa son denominados “lactantes”, que es similar a “bebé” (niño de pecho); “nene” (que está en la niñez); “infante” (criatura que no ha llegado a la edad de 7 años); “niño” (que está en la niñez) o “impúber” (que no ha llegado a la pubertad). En época romana, a pesar de lo que pueda parecer, son muchos los términos que hacen referencia a los infantes, siendo puer e infans los  más corrientes.

 Infans está formado por el prefijo negativo in-  y el participio de presente del verbo fari. Es un adjetivo cuya traducción sería “no parlante” y se empleaba para designar no sólo a los niños sino también a los animales y a los oradores que carecían de fluidez en el habla. Por ello, la infancia era entendida como el periodo de  tiempo en el que el niño aún no tenía la capacidad de hablar y que se alargaba hasta los 7 años, cuando el niño pasaba de ser un infans, a ser un puer capaz de elaborar un discurso lógico.

Retrato de un niño romano del El Fayum. S.II d.C.Fuente.

Retrato de un niño romano del El Fayum. S. II d.C. Fuente.

Por otra parte, los antiguos no sólo aludían a la edad en que los niños eran capaces de expresarse de manera correcta, sino además, a otros factores fisiológicos  que justificaban la etapa de la infancia hasta los 7 años. Así, Plinio el Viejo observaba que, por regla general, era sobre esa edad cuando se producía la caída de los dientes de leche o que con la aparición de la dentadura fija, la capacidad de locución de los niños mejoraba, porque se necesitaban los dientes para hablar.

Este concepto de infancia varió a partir de época antonina, reflejándose así en el Código de Justiniano. Según esta nueva corriente, la infancia iría más allá de los siete años. Habría entre la infancia y la pubertad dos años intermedios, alargándose este periodo hasta los 11 años. A partir de esta edad, el niño pasaba a ser un pubertati proximus, esto es, persona cercana a la pubertad, la cual alcanzaba con 14 años.

El término más corriente y antiguo era puer y no porque fuera un derivado de purus (esto es, inmaculado) o porque ligara la infancia a un periodo de pureza con connotaciones religiosas o sagradas como se pensaba en la Antigüedad, sino porque tenía un sentido diminutivo por la añadidura del sufijo -er. En principio no se empleaba con mucha frecuencia en el ámbito familiar, aunque con el tiempo, iría reemplazando a otros como filius y natus y se convirtió en el singular de liberi, que era como se designaba a los niños como categoría social independientemente de la edad que tuvieran.

El término puer está atestiguado desde el s. VI a.C., cuando en la constitución de Servio Tulio quedaba dividida la población masculina en tres clases: pueri (entre los 14 y 17 años para este momento), iuniores y seniores. En principio, era empleado de manera indiferente tanto para niñas como para niños. En el s. II a.C. apareció el término puera, específico para las niñas, pero sin embargo, no se impuso en el uso. Distinto uso tuvo el término puella, el cual designaba a aquellas niñas de nacimiento libre que aún no estaban casadas aunque también designaba a las jóvenes núbiles. Por ejemplo, aquellas jóvenes que participaban en las fiestas religiosas recibían el nombre de puellae incluso aquellas que se habían casado pero no habían tenido hijos eran llamadas así en el sentido de mujer joven. No habría, sin embargo, distinciones con respecto a los niños de estrato social bajo: las niñas esclavas o compradas muy jóvenes también eran llamadas puellae, como los de sexo masculino eran pueriCon el paso del tiempo, el término fue quedando cada vez más reservado para designar de manera afectiva a niñas pequeñas, utilizándose sobre todo desde un punto de vista poético. Algo que también ocurrió con el término puer.

Joven retratada del El Fayum. Posiblemente una puella. Fuente

Joven retratada del El Fayum. Posiblemente una puella. Fuente

Existían además otros términos que variaban en función de la situación jurídica y las relaciones filio-parentales: había términos que designaban el estatuto jurídico del niño en función del nacimiento. Los niños que eran legítimos y nacían libres eran llamados liberi por oposición a los esclavos. Por otra parte, el término filius (filia en femenino) designaba a aquellos que todavía estaban en periodo de lactancia. Tenía connotaciones jurídicas pues hacía referencia a aquellos niños que estaban sometidos desde el punto de vista jurídico a sus padre, el pater familias.  Spurii eran los hijos no reconocidos, los hijos bastardos. Cuando el niño nacía tras el fallecimiento del padre era designado como postumus y aquel que nacía tras la muerte del padre y que vivía con su abuelo era llamado opiter.

Otros se empleaban en función de la edad del niño. Impubes eran aquellos que no habían pasado la pubertad, pupillus (en femenino pupilla),  aquellos cuyo padre murió antes de darle un nombre y que se distinguían de aquellos cuyos padres habían muerto antes de la mayoría de edad, llamados orbi u orphani. Aunque pupillus terminó designando a todo aquel niño que había pasado a la tutela de otro hombre por la muerte de su progenitor.  Se  le llamaba inuestis a aquel que todavía no tenía vello, en el pubis en el caso de las niñas o en el mentón en el caso de los niños. Por otra parte, uesticeps era sinónimo de pubescente.

En definitiva, eran muchas las formas de llamar a los niños romanos,  algunos términos se basaban en su condición jurídica y otros en las características morfológicas, lo cual refleja la riqueza del léxico de una lengua hoy infravalorada como es el latín.

Bibliografía:

NÈRADAU, JEAN PIERRE, ” Être enfant à Rome”, Paris: Realia,1984.

BAILLS, NATHALIE, “Statut et place de l´enfant dans la societé romain” , Maternité et petite enfance dans l´Antiquité romaine. Catalogue de l´exposition. Bourges,2003.

NÈRADAU, JEAN PIERRE, ” L´Enfant dans le culture romain”, Histoire de l´enfance en occident, Paris, Éditions du Sevil,1998

Redactor: Marta Álvaro Bernal

Lda. en Historia por la Universidad de Sevilla, actualmente cursando el máster de Estudios Históricos Avanzados en su especialidad de Historia Antigua. Interesada en el mundo romano en general y en sus dinámicas sociales en particular. He sido becaria de colaboración y alumna interna en el dpto. de Historia Antigua de la Universidad de Sevilla.

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