¿Santiago en Compostela? La Invención de la Tumba Apostólica

«En esta venerable basílica, es tradición que descansa con todos los honores el cuerpo venerado de Santiago, debajo del altar mayor que se ha levantado en su honor, guardado en un arca de mármol, en un magnífico sepulcro de bóveda.»

Guía del peregrino medieval, Libro V del Codex Callixtinus

Uno de las ciudades más importantes en la Europa medieval y tercer gran lugar de peregrinación después de Jerusalén y Roma, era la ciudad de Santiago de Compostela. Su excelencia y santidad radicaba en ser el lugar de enterramiento del apóstol Santiago el Mayor, uno de los tres apóstoles más cercanos a Jesucristo junto con san Juan, su hermano, y san Pedro. Sin embargo, esta afirmación ha suscitado numerosos debates a lo largo de los siglos a favor y en contra, con una extensa bibliografía. En este artículo me centraré principalmente en el hallazgo de la conocida como la Tumba Apostólica y las circunstancias que lo rodearon.

La leyenda de la aparición de la Tumba se puede resumir así. A principios del siglo IX, cuando era rey en Asturias Alfonso II el Casto, en un bosque empezaron a escucharse voces celestiales y verse luces extrañas como estrellas (1), principalmente donde el bosque era más denso. Cerca de allí vivía un ermitaño llamado Pelayo, el cual, divinamente inspirado, anunció que allí se encontraban los restos de Santiago el Mayor. La noticia llegó a oídos del obispo de Iria Flavia, Teodomiro, quien decidió investigar el asunto. Fue a la zona a presenciar los acontecimientos tan extraordinarios y mandó trabajadores al lugar, donde descubrieron los restos de una tumba en el bosque y allí encontró los indicios de que efectivamente allí estaba enterrado Santiago.

Urna del apóstol Santiago el Mayor. Fuente

Urna del apóstol Santiago el Mayor. Fuente.

Una vez vista la leyenda, hay que aterrizar en el campo de la realidad que atestiguan la documentación y la arqueología para hablar de la invención o hallazgo de la Tumba Apostólica. No obstante, tan importante como es la documentación existente es el silencio que la envuelve en algunos momentos, silencio de autores hispanos que deberían tener noticia de la Tumba Apostólica en época romana y visigoda, como silencio de otros lugares del Mediterráneo, incluyendo Jerusalén, para reivindicarse como lugares de sepultura de Santiago el Mayor.

Para empezar con información más rigurosa a nivel documental, se puede situar el hallazgo a nivel cronológico. Es prácticamente imposible dar una fecha exacta pero sí dar una fecha muy aproximada. Sabemos que se produjo durante el reinado del rey Alfonso II el Casto, que fue entre los años 791 y 842, y el episcopado en Iria Flavia de Teodomiro entre 818 y 847, año de su muerte. Además, sabemos que para la década de los 30 del siglo IX se levantó sobre la Tumba, aunque buscando conservarla lo mejor posible, la primera basílica. Así pues la invención es posible situarla entre 818 y 830.

En estos momentos, a nivel europeo, el Imperio Carolingio se encontraba en manos de Ludovico Pío, hijo de Carlomagno, aunque quedaba poco tiempo para que fuera dividido entre los descendientes de Ludovico: Lotario, Luis y Carlos. En España el reino de Asturias, después de su formación bajo el liderazgo del jefe militar y considerado primer rey Pelayo, se encontraba en proceso de consolidación frente al emirato omeya. Este proceso fue protagonizado por el rey Alfonso II, quien afianzó la frontera más al sur y al oeste, de tal manera que en sus dominios se encontraban Galicia y la región septentrional de la ribera del río Duero tras una serie de batallas muy duras contra el emir Abd al-Rahman II. El rey astur, además, se encargó del engrandecimiento de la capital, Oviedo, con la construcción de diferentes iglesias, en especial, de la Cámara Santa, un lugar donde guardar el Arca Santa con todas las reliquias que contenía.

En este contexto es cuando se anuncia la aparición de las reliquias jacobeas. Es casi imposible saber las razones por las que se dio a conocer esta buena nueva justo en este momento. Sólo podemos hacer suposiciones como la necesidad del rey astur de confirmar su autoridad con un respaldo espiritual tan importante como es el contar en sus dominios con las reliquias de uno de los apóstoles de Cristo, aunque estuvieran lejos de Oviedo y su Cámara Santa. Esto daría nuevos ánimos a la población cristiana acosada por los ataques procedentes del emirato omeya al contar con el amparo de nada menos que el protomártir del Colegio Apostólico. Además, ayudaría a situar a Asturias de nuevo en el mapa europeo cristiano después de su aislamiento por culpa de la creación de al-Ándalus.

Sin embargo, ¿qué es exactamente lo que encontraron en lo que sería Compostela? Y más importante aún, ¿cómo sabían que se trataba del lugar de enterramiento de uno de los Doce, y más en concreto de Santiago el Mayor? Para ello hay que remontarse a los primeros siglos del cristianismo.

Altar sobre el lugar del martirio de Santiago en la Catedral armenia de Jerusalén. Fuente

Altar sobre el lugar del martirio de Santiago en la Catedral armenia de Jerusalén. Fuente.

De Santiago tenemos muy pocos datos fidedignos a excepción de los que nos ha dejado el Nuevo Testamento. Por los Evangelios sabemos que el padre de Santiago se llamaba Zebedeo y su hermano era el apóstol san Juan, y estos eran pescadores. Su madre ha sido identificada como María Salomé, una de las seguidoras de Cristo y que habría estado presente tanto en el momento de la Crucifixión como en la aparición de los ángeles en el sepulcro de Cristo. Ambos hermanos tenían un carácter tan temperamental que fueron llamados por Jesús como Bonaerges, hijos del trueno. Sabemos que Santiago acompañó a Jesucristo durante la vida pública de éste cuando fue elegido como uno de los Doce, siendo destacada su presencia junto con san Pedro y san Juan en algunos momentos como la resurrección de la hija de Jairo, la Transfiguración y la Oración en el Huerto de los Olivos. En los Hechos de los Apóstoles se lo menciona junto con los demás discípulos en Jerusalén a la espera de Pentecostés, su estancia en la cárcel por orden del Sanedrín por un breve tiempo y finalmente, su martirio, entre los años 41 y 44:

«Por aquel tiempo el rey Herodes echó mano a algunos de la Iglesia para maltratarlos. Hizo morir por la espada a Santiago, el hermano de Juan»

Hch 12, 1-2

No conocemos más con seguridad sobre este apóstol, pero donde acaban los documentos históricos empiezan las tradiciones y leyendas orales, las cuales señalan que entre Pentecostés y su martirio, Santiago el Mayor viajó a Hispania para evangelizarla. Durante su estancia habría tenido lugar la Venida de la Virgen María a Zaragoza para alentar al apóstol, que pocos resultados estaba obteniendo, y que daría origen a la advocación mariana del Pilar. Aquí entraríamos en un debate más amplio sobre cuándo y cómo se produjo la cristianización de la Península que se escapa de las características de este artículo. Sin embargo, es interesante saber si existe algún tipo de documentación anterior al descubrimiento de la Tumba que hable de la predicación en Hispania y/o de la sepultura de Santiago en Hispania por lo menos, conocida por el obispo Teodomiro y otros clérigos y personajes relevantes del reino de Asturias.

Santiago peregrino en el Altar Mayor de la Catedral de Santiago de Compostela. Fuente

Santiago peregrino en el Altar Mayor de la Catedral de Santiago de Compostela. Fuente.

La información existente sobre estos dos hechos, es muy escasa y relativamente tardía (3). El testimonio más antiguo sería de Dídimo el Ciego en el siglo IV, quien menciona que hubo apóstoles que predicaron en Hispania, la India y otros lugares. El siguiente testimonio, un poco más explícito, es de San Jerónimo (c. 340 – 420), que habla en sus Comentarios al profeta Isaías de que uno de los apóstoles que fueron pescadores en el lago de Genesaret, Pedro, Andrés, Santiago y Juan, estuvo precisamente en Hispania. Hay que esperar a textos posteriores para que se vuelva a señalar con más precisión que fue Santiago el que predicó en España, siendo el primero que hace esto el Breviarium Apostolorum, escrito en griego y traducido al latín hacia el año 600 y en el cual se incluyó la referencia a su enterramiento en un lugar denominado Achaia Marmarica: «Jacobus (…), frater Iohannis; hic Spaniae, et occidentalia loca praedicatur (…) sepultusque est in Achaia Marmarica». Esta información sería recogida por autores posteriores como san Isidoro de Sevilla en De ortu et obitu Patrum, san Julián de Toledo en el Comentario al profeta Nahúm e incluso fuera de Hispania, como Inglaterra, con el monje Beda el Venerable (672-735).

Con respecto a la información sobre su sepultura en Hispania, los documentos son incluso más escasos. Contamos con textos del siglo V y VI, los Catálogos de los Apóstoles, que señalan como lugar de entierramiento Judea, aunque al poco tiempo ya se menciona el mencionado lugar de Achaia Marmarica (2). El primer autor que señala a Hispania como lugar de sepultura con claridad es el ya mencionado Beda. En su Homilía número 92 sobre san Juan el Evangelista señala que el cuerpo de su hermano Santiago «in Hispania (…) requiescit» (descansa en España). Sin embargo, es aún más explícito en su Martirologio, pues en la edición de Colonia, en el día 26 de mayo (VII Kal. Junii) afirma que los huesos del apóstol «ab Hispaniis translata sunt, et in ultimis earum finibus, videlicet contra mare Britannicum condita» (fueron trasladados a las Hispanias, y escondidos en sus últimos límites, esto es, enfrente del mar Británico).

Volviendo a la Península, lo que encontraron por casualidad o intencionadamente, más o menos oculto por la vegetación, fue un edículo funerario, datado por algunos de época romana, construido con piedra granítica, de planta rectangular con dos pisos y acceso por la parte superior. En la planta baja había dos estancias, la principal en la que cual estaba el sepulcro del apóstol y una secundaria donde se encontraban las tumbas de los dos discípulos de Santiago llamados por las leyendas Teodoro y Anastasio. También habría, de acuerdo a algunas suposiciones, un mosaico cubriendo el sepulcro con símbolos significativos como la flor de loto por su vinculación a  la resurrección. A esta planta se accedería por una trampilla interna. En la planta superior había un altar formado por una columna y un titulus funerario con una inscripción (4), conocida como Ara de San Paio, de manera que este lugar sería un oratorio. Dentro de las tres tumbas marmóreas habían tres esqueletos de varones, dos de ellos en edad adulta y uno ya de edad avanzada de acuerdo al estudio realizado en 1879. Al ver que los sepulcros eran de mármol, se entendió el nombre que se daba al lugar de enterramiento, Achaia Marmarica era una corrupción de Arca Marmorea. Cerca del edículo, además, había una necrópolis con enterramientos cristianos desde época romana hasta el periodo suevo.

El obispo Teodomiro de Iria Flavia ante la Tumba Apostólica. Fuente

El obispo Teodomiro de Iria Flavia ante la Tumba Apostólica. Fuente.

No conocemos que encontró Teodomiro dentro de la tumba para asegurar que allí estaba enterrado el apóstol. Sin embargo, consiguió convencer al rey Alfonso el Casto para que mandara construir la primera basílica sobre la Tumba en el lugar que pasaría a ser llamado Locus Sanctus Beati Jacobi y que sería el origen de la actual ciudad de Santiago de Compostela. Esta basílica estaba hecha de mampostería y barro, con una única nave y en la cabecera se encontraba el edículo o parte de él, y sobre él, o delante, se encontraría el altar dedicado al Salvador. Además, el propio Alfonso se trasladó a ver la Tumba, inaugurando lo que sería el Camino Primitivo, la primera de las rutas de peregrinación a Santiago.

Lentamente la noticia del descubrimiento atrajo a gente de toda la Cristiandad, incluso desde Armenia, y el culto a Santiago empezó a extenderse tanto dentro de la Península como fuera de ella. Sin embargo, no fue un ascenso continuo ya que desde la época de la invención surgieron voces críticas que ponían en duda la veracidad de las reliquias, algunas de ellas procedentes de la propia Península como por ejemplo desde Toledo, ya que ponía en peligro su estatus de sede primada. Sin embargo, sea verdad o leyenda que Santiago está en Compostela, es indudable que convirtió a la ciudad en uno de los grandes centros de peregrinación en la Europa medieval y la historia jacobea dejó su huella a nivel histórico, cultural y religioso.

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1) Según la creencia más aceptada, el origen de la palabra Compostela viene del latín «campus stellae», campo de la estrella. Sin embargo, existe otra teoría fundamentada que afirma que procede la palabra latina «compositum», que significar enterrado.

2) Los textos dan diferentes variantes de este nombre como Acha Marmarica (De ortu et obitu Patrum, San Isidoro) y Archa Marmorica (Libellus Sancti Epiphanii, Anónimo).

3) Para una explicación más extensa y detallada sobre la presencia y ausencia de textos que hablan de la predicación de Santiago y el traslado y entierro de su cuerpo recomiendo la lectura del libro de Freire Camaniel mencionado en la bibliografía, las pp. 77-188.

4) D(iis) M(anibus) S(acrum) / ATIA MOETA T(estamento) / TETLVM P(osuit) / S(omno) A(eternali) / VIRIAE MO(etae) / NEPTIS PI(entissimae) A(n)N(orum) XVI / ET S(ibi) F(aciendum) C(uravit)

Consagrado a los Dioses Manes. Atia Moeta, por disposición testamentaria hizo colocar este epitafio al sueño eterno de Viria Moeta, su buenísima nieta de dieciséis años, y proveyó a su propio enterramiento.

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Bibliografía|

BOTTINEAU, Y., “El camino de Santiago, Barcelona: Aymá, 1965.

BRAVO LOZANO, M., “Guía del peregrino medieval, Codex Calixtinus, Sahagún: Centro de Estudios del Camino de Santiago, 1989.

FREIRE CAMANIEL, J., “Gallaecia: Antigüedad, intensidad y organización de su cristianismo, Madrid: Fundación Barrié, 2013.

GARCÍA COSTOYA, C., “El misterio del apóstol Santiago, Barcelona: Plaza & Janés Editores, 2004.

MÁRQUEZ VILLANUEVA, F., “Santiago: trayectoria de un mito, Barcelona: Edicions Bellaterra, 2004.

VV.AA., IX Centenario de la Catedral de Santiago de Compostela, Barcelona: Confederación Española de Cajas de Ahorro, 1977.

VV.AA., Santiago, camino de Europa: Culto y cultura en la peregrinación a Compostela: [Exposición], Monasterio de san Martín Pinario, Santiago, Santiago de Compostela: Dirección Xeral do Patrimonio Histórico e Documental, 1993.

Redactor: Fermín Valenzuela Sánchez

Licenciado en Historia por la Universidad de Granada (2007 - 2012). Máster de Historia: de Europa a América: Sociedades, Poderes, Culturas (EURAME) por la Universidad de Granada (2014-2015). Alumno del programa de Doctorado en Historia y Artes de la Universidad de Granada. Interesado en Historia medieval, Historia del cristianismo y Bizancio.

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4 Comments

  1. interesante trabajo de investigación

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  2. Muy bueno y preciso, pero recomiendo tener cuidado con la palabra invención, que cuando se habla de la “inventio” de la tumba, en latín significa descubrimiento y hallazgo. Se puede confundir fácilmente.

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    • Muy buena investigación

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  3. Muy malo es mejor en la Wikipedia

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