Roles femeninos en el Péplum: Espartaco, Quo Vadis? y La Caída del Imperio Romano

Introducción

Entendemos por péplum el género cinematográfico ambientado en el Mundo Antiguo. Se trata de filmes de ficción que, en la inmensa mayoría de los casos, no pretenden ser una reconstrucción fiel de la historia, creando a veces personajes exagerados y anacrónicos. Este término fue acuñado en los años sesenta del siglo XX, originalmente para referirse a las producciones realizadas en la década anterior. No obstante, en la actualidad se incluyen bajo esta denominación todas las películas de temática clásica realizadas desde los albores del cine hasta la actualidad.

Según Óscar Lapeña, las cinco características principales de este género son la finalidad sentimental, la dualidad bien-mal, la espectacularidad, la exageración y la relevancia de la violencia y el sexo.

Finalidad sentimental: no pretende educar ni formar al espectador. El rigor histórico de estas producciones, cuando existe, es casi una mera coincidencia. Busca contar una historia que conmueva al público, que lo conecte sentimentalmente con los personajes y la historia.

Dualidad bien-mal: la existencia de un héroe y un villano con intereses y pretensiones radicalmente opuestos es una constante en el péplum. Bien y mal luchan en un combate a muerte en el que, como no podía ser de otra forma, siempre vence el primero; es la máxima expresión del happy end hollywoodiense, la victoria de la luz sobre las sombras.

Espectacularidad: se trata de entretener al público con grandes escenas de acción trepidante sin que ello afecte a la narración y a la trama principal. Desde Ben-Hur (W. Wyler, 1959) a Gladiator (R. Scott, 2000); de la mítica carrera de cuádrigas al célebre speech de Máximo Décimo Meridio antes del combate más importante de la película; escenas espectaculares en escenarios colosales que provocan en el espectador una sensación casi de euforia.

Exageración: en estas producciones todo es exagerado: decorados, vestuario, etc. Encontramos escenas con cientos de figurantes, decorados construidos a tamaño real (hoy este problema se solventa gracias a los efectos digitales), metrajes que exceden los ciento ochenta minutos, personajes más cercanos a los superhéroes de comic que a los hombres y mujeres reales, etc.

Relevancia de la violencia y el sexo: la violencia es uno de los ingredientes principales del péplum; la guerra, la esclavitud, la traición, etc. crean el caldo de cultivo argumental perfecto para este tipo de escenas. Por otra parte, es constante la aparición de mujeres (y, en menor medida, hombres) semidesnudas, provocativas, insinuándose a uno o varios de los personajes del sexo opuesto. La carga sexual de estos filmes varía en función de la época y la intencionalidad del director. Así, estas escenas suelen ser más explícitas a medida que nos acercamos a la época actual. La gran excepción, en este sentido, es Calígula (T. Brass, 1979), cuyo hilo argumental gira alrededor de la transgresora vida sexual del sucesor de Tiberio.

En cuanto a los roles desempeñados por las mujeres, poco se ajustan a la realidad de la sociedad romana. Encontramos en estos filmes dos modelos principales de damas romanas. Por un lado, destacan las mujeres dulces, recatadas, inocentes y buenas esposas y amas de casa. Las heroínas, en suma. Carentes de cualquier atisbo de narcisismo, son fieles a su esposo y trasmiten una candidez casi infantil. Son ellas las más propensas a verse en algún apuro del que serán rescatadas por alguno de los varones protagonistas. Por otro lado, encontramos a las clásicas “malas de la película”; suelen ser mujeres de una belleza exuberante, carecen de inocencia y candidez, muestran un interés especial por el cuidado del cuerpo, la indumentaria y el maquillaje, ya que alcanzan (o al menos lo intentan) todos sus objetivos mediante su poder de seducción. Suelen ser romanas, egipcias, etc., mientras que las virtuosas anteriormente citadas suelen ser cristianas o judías. Se asocia así la virtud con la fe monoteísta de directores y productores.

Suele ser habitual que el protagonista masculino tenga que elegir entre ambos personajes femeninos e, incluso, que cambie de parecer varias veces a lo largo de la película. Finalmente, como el bien vence al mal en todas las facetas del argumento, la virtuosa consigue el amor del héroe. En cualquier caso, ambos arquetipos de mujer responden a una visión anacrónica de la misma, ya que proyectan modelos más propios de los siglos XX y XXI que del período romano. Así, es habitual en estos filmes ver a mujeres que se plantean su condición; las siervas teorizan sobre la abolición de la esclavitud, las matronas romanas ansían la igualdad de género, etc.

Sí es cierto que desde finales del siglo I a.C. hasta, aproximadamente, mediados/finales del siglo II d.C. tuvo lugar en el Imperio Romano un proceso de “emancipación” femenina que permitió que las mujeres alcanzaran una serie de derechos que hasta el momento les estaban vedados. El divorcio, el derecho a herencia, etc. son algunos de los logros femeninos de la época. No obstante, no podemos hablar, ni mucho menos, de igualdad de género (ni nada que se le parezca), ni tampoco de un incipiente sentimiento feminista, ya que sería una falacia. La mujer era consciente de su situación de inferioridad respecto al hombre. No luchaba por la paridad; ni la quería, ni la entendía. Las féminas romanas de este período pidieron (y consiguieron) leyes que las amparasen social y económicamente de la misma manera que la legislación salvaguardaba los derechos de los varones. Sin embargo, no hubo, que se sepa, ninguna reacción al hecho de que las mujeres no pudieran ostentar cargos políticos o a que fueran (o pudieran serlo) castigadas con la muerte por mantener relaciones pre o extramatrimoniales. Además, no debemos perder de vista que todos estos cambios y avances en materia de género tuvieron repercusión sólo en las damas de las clases acomodadas (como suele ser habitual en este tipo de procesos), por lo que las mujeres de estratos sociales menos favorecidos prácticamente no apreciaron ningún cambio respecto a su situación anterior. Por ello, cuando escuchamos a los personajes femeninos de estas películas haciendo según qué reivindicaciones, sabemos que responden más a la sociedad del momento de la producción fílmica que al mundo romano.

Ya hemos visto los estereotipos que se suelen representar en el péplum en general, pero ¿qué personajes femeninos encontramos? ¿Cómo se adaptan a este patrón? Como ejemplo, presentamos tres clásicos de este género: Espartaco (Spartacus. E. Kubrick, 1960), Quo Vadis? (M. LeRoy, 1951) y La Caída del Imperio Romano (The Fall of the Roman Empire. A. Mann, 1964).

Espartaco (Spartacus. E. Kubrick, 1960): 

Los protagonistas de Espartaco durante un descanso del rodaje. Fuente.

Los protagonistas de Espartaco durante un descanso del rodaje. Fuente.

En Estados Unidos, desde finales de los años cincuenta del siglo XX se empezaba a gestar un movimiento social, cultural y, en cierto modo, político, que reivindicaba una serie de valores y actitudes que rompían totalmente con lo preestablecido hasta el momento. Era el nacimiento del movimiento hippy y todas sus variantes posteriores. La libertad, en el sentido más amplio del término, era el motor de estas corrientes de pensamiento que se extendían por todo el Mundo Occidental.

Simultáneamente, en Hollywood se elaboraban listas negras de actores, directores, productores, etc. simpatizantes y/o activistas comunistas. En una de estas listas estaba el nombre de Dalton Trumbo, el guionista encargado de la adaptación de Spartacus al cine, que fue acusado por el Comité de Actividades Antiestadounidenses y posteriormente encarcelado. La cuna del movimiento hippy, del activismo por la libertad, encarcelaba a sus artistas díscolos.

Tras cumplir su condena, abandonó EEUU, se instaló en México y continuó escribiendo bajo distintos pseudónimos. En este contexto, Espartaco nace como un canto a la libertad, dejándose notar, además, la impronta de su guionista, Trumbo, que hizo una interpretación marxista de la revuelta de esclavos más conocida de la Historia de Roma.

En cuanto a los roles femeninos, Espartaco cumple los patrones analizados anteriormente; divide a las mujeres en aristócratas y esclavas, siendo las primeras las malvadas y la últimas las virtuosas. La heroína de esta película es Varinia, la amada de Espartaco. Cabe destacar que este personaje no responde a la realidad, ya que, según parece, la verdadera esposa del esclavo rebelde fue una mujer con una posición social relevante.

La Varinia de Kubrick es una esclava que sufre abusos sexuales por parte de su amo, quien además la ofrece a cuanto invitado pasa por su casa. Es así como conoce a Espartaco. Se trata de una mujer bella, buena, inteligente, que se adapta perfectamente al patrón de mujer virtuosa descrito anteriormente. Todo ello provoca que Craso (el antihéroe) se enamore de ella de una forma obsesiva. A pesar de todo, Varinia se mantiene fiel a su amor por Espartaco, lo apoya durante la huida y lucha con él cuando llega el momento.

Representa los valores de amor, justicia y libertad, enviando al espectador un mensaje de esperanza. Así, podemos hacer una doble interpretación sobre el personaje: por un lado, se trata de la personificación de la mujer norteamericana de los años sesenta; ansía trabajar fuera de casa, ganar dinero, contar con una carrera profesional propia y prosperar, ser independiente y autosuficiente y, al mismo tiempo, no descuidar sus labores como ama de casa; encargarse de las labores del hogar, cuidar y criar a sus hijos y encargarse de su marido. Por otro lado, lanza un mensaje de esperanza a una sociedad, la norteamericana, en un momento en el que la ideología política podía suponer ser perseguido y condenado.

El resto de las esclavas que aparecen también proyectan la imagen de la mujer contemporánea al filme: se nos muestran desempeñando las funciones propias de las siervas de su sexo: labores domésticas, cuidado de los niños y los esposos, etc. Sin embargo, llegado el momento, luchan en la revuelta como cualquier varón para ser libres, defienden la libertad de la mujer, la igualdad de clases, etc. Actitudes éstas totalmente imposibles en la Roma republicana.

Quo Vadis? (M. Leroy, 1951):

En Quo Vadis? la protagonista femenina es Ligia, una prisionera de guerra cristiana enamorada del comandante romano Marco Vinicio. El papel de mujer malvada que pone trabas a la bella historia de amor lo encarna Popea, esposa del emperador Nerón, también enamorada del protagonista masculino. A pesar de todas las dificultades, Marco Vinicio libera a Ligia y se convierte al cristianismo por amor. 

Fotograma de "Quo Vadis". Fuente.

Fotograma de “Quo Vadis”. Fuente.

Rafael de España cree que esta relación de amor representa al ejército americano (Marco Vinicio aparecería como el alter ego de Eisenhower) salvando y civilizando a Europa (Ligia). Este filme presenta dos modelos de matrimonio totalmente antagónicos, que proyectan en la pantalla la eterna contraposición del bien y el mal. De un lado, Ligia y Marco Vinicio son la encarnación del amor verdadero, puro, libre de cualquier tipo de interés, que supera los obstáculos por grandes que éstos sean. De otro lado, Nerón y Popea representan el matrimonio de Estado, el amor interesado; un contrato basado en el origen social de los contrayentes y en el compromiso de perpetuar el sistema.

La Caída del Imperio Romano (Th Fall of the Roman Empire. A. Mann, 1964):

Sofía Loren en "La caida del Imperio Romano". Fuente.

Sofía Loren en “La caida del Imperio Romano”. Fuente.

En esta cinta de A. Mann se da una curiosa circunstancia: el papel de mujer virtuosa y de malvada lo encarna la misma persona, Lucila, hija de Marco Aurelio. En la primera parte de la historia, Lucila se muestra dulce, atenta con los varones de su familia, cumpliendo a la perfección el rol de “heroína” de este género cinematográfico. Aunque casada con el rey de Armenia, Lucila está enamorada de Livio desde la infancia. En el momento en el que se siente traicionada por éste, comienzan las conspiraciones, despertándose la “villana” de la película. Hace lo posible para derrocar a su hermano Cómodo, se vuelve fría, distante, malvada… Hasta tal punto se transforma el personaje que hasta se aprecia un cambio significativo en el vestuario, pasando de la discreción más absoluta a un estilo mucho más llamativo y exuberante. 

Conclusiones:

El género péplum ha servido para, a través de entornos y personajes ambientados en la Antigüedad, difundir modelos e ideas contemporáneos. La política exterior de las grandes potencias occidentales, el papel de la mujer o las diferencias sociales y raciales han sido temas tratados en filmes históricos, pero utilizando códigos actuales. En el caso del papel social, cultural, familiar, etc. de las mujeres en Roma, el cine no es (o no debe ser) una fuente para su estudio, pero sí puede servir para conocer los modelos femeninos existentes en la época en la que se realizó el filme.

Bibliografía:

ALIAGA, RAQUEL; PARRA, JAVIER, “Una de romanos y romanas: la mujer y las relaciones de género en el péplum”, en Revista Historia Autónoma, n° 3. Madrid: 2013. Pp. 29-46.

CANTARELLA, EVA, “La mujer romana”, Santiago de Compostela: Universidad de Santiago de Compostela, 1991.

ESPAÑA, RAFAEL DE, “La pantalla épica. Los héroes de la Antigüedad vistos por el cine”, Madrid: T&B, 2009.

GAGO, MARÍA, “La emancipación de la mujer romana en la Bética del Altoimperio”, Córdoba: Universidad de Córdoba, 2011.

LAPEÑA, ÓSCAR, “La mujer en el péplum: más allá del glamour y la virtud”, en CALERO, INÉS; ALFARO, VIRGINIA (Coords.), Las hijas de Pandora: historia, tradición y simbología, Málaga: Universidad de Málaga, 2005. 

Redactor: María Gago Durán

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