Primeras cerámicas neolíticas del Mediterráneo Occidental

El pasado mes de noviembre tuvo lugar un encuentro de investigadoras e investigadores y especialistas sobre las primeras cerámicas neolíticas en el extremo occidental Mediterráneo, contando con la participación de expertos de Marruecos y la Península Ibérica. El encuentro sirvió como una ocasión para reflexionar sobre el papel y la naturaleza de las primeras cerámicas que aparecen en el registro arqueológico (considerado Neolítico Antiguo). Aquí nos parece apropiado señalar a modo de síntesis cual es el estado actual de conocimiento sobre este tema, así como expresar algunas ideas críticas sobre las ponencias y las reflexiones vertidas en el Seminario.

El estudio de la cerámica en el Neolítico se ha asociado a una comprensión del pasado basada en identificar unidades o grupos humanos que se caracterizan por rasgos o marcadores culturales (en el caso de la cerámica, formas, motivos de decoraciones, tratamientos de la superficie, etc.). Esta identificación de culturas prehistóricas neolíticas se ha utilizado como base para explicar el propio proceso de neolitización, así como los cambios ocurridos en los milenios siguientes: invasiones, contactos, sustitución poblacional… Evidentemente, esta reconstrucción del neolítico no fue sólo de mano de los estudios de la cerámica, sino de estudios de la industria lítica y de elementos de prestigio, así como de la propia batería de dataciones absolutas que desde la década de 1960 ha revolucionado la arqueología. Dicho esto, no obstante, debemos advertir el peso tan importante que la cerámica y sus formas y tipos decorativos tienen en la interpretación del neolítico. Así, asistimos desde mediados del siglo XX, con los trabajos en el Mediterráneo Central de Bernabó Brea, a la creación de un paradigma que hasta hoy en día es mayoritario en la ciencia arqueológica. Este es la existencia de un primer horizonte cultural neolítico en base a cerámicas con decoración impresa o cardial (por la impresión de la concha del molusco Cardium edule), que surge por la extensión desde el Levante mediterráneo de poblaciones neolíticas que van difundiendo las técnicas de producción de alimento (agricultura, ganadería y la cerámica, fundamentalmente) hacia el Occidente. Así, la aparición en un primer momento neolítico de cerámicas con decoraciones impresas y cardiales, se explicaría por la difusión de dichos conocimientos alfareros, pero también agrícolas y ganaderos, debido al contacto de los grupos cazadores-recolectores epipaleolíticos con los neolíticos de Oriente o del Centro del Mediterráneo (fundamentalmente de la Península Itálica). Este modelo explicativo se ha venido enriqueciendo, como decimos, con datos de tipo cronológico (dataciones absolutas, y en los últimos años, en concreto, datación sobre elementos de vida corta) y, en general, sobre estudios de tipo interdisciplinar, y de analíticas. Así, por ejemplo, se desarrollan estudios de dataciones sobre las primeras producciones agrícolas (por Grahame Clark en 1965), o estudios genéticos sobre la difusión de población neolítica (Albert Ammerman y Luca Cavalli-Sforza con el modelo de la Ola de Avance), con lo que se va gestando el paradigma neo-difusionista. Si bien este modelo ha sido matizado y adaptado a nuevos datos, la concepción culturalista de la cerámica y el registro arqueológico sigue siendo la misma.

Vasos cardiales del levante valenciano del Neolítico Inicial

Vasos cardiales del levante valenciano del Neolítico Inicial (Bernabeu et al., 2011: 167)

Por lo tanto, la cerámica se ha estudiado clásicamente para realizar una sucesión de culturas (en base a formas y decoraciones) que, situados cronológicamente, y al compararlos con otras zonas y periodos, nos permita establecer una reconstrucción del proceso histórico seguido en una región en base a los contactos con otras, fundamentalmente en un sentido este-oeste. Así, la cerámica se entiende como un elemento cultural que permite identificar a un grupo humano y rastrear su movimiento por un territorio, y, al ser adoptada o modificada, inferir el contacto de dicho grupo con otros, o su cambio, a lo largo de la historia. En líneas generales, esta interpretación de la cerámica sigue siendo la mayoritaria. En la conferencia inaugural del Seminario ofrecida por Alasdair Whittle, pudimos ver cómo caracterizaba el surgimiento del neolítico en las Islas Británicas y Europa Central como un proceso de fusión e integración en base a una concepción culturalista del registro y apoyado por potentes cronologías. La misma concepción la encontramos en la ponencia de Joan Bernabeu, quien propuso el modelo clásico difusionista y del cardial mediterráneo como primer marcador cultural del neolítico. Bernabeu expuso que, para testar este paradigma, ha desarrollado un modelo estadístico (Test de Mantel) poniendo en relación los rasgos culturales y la distancia geográfica. Así, hacen grupos culturales en base a los tipos cerámicos (los tipos decorativos, principalmente), se mide la distancia cultural entre grupos culturales; se valora la distancia geográfica y ve la correlación entre ambos patrones, y si hay un alto nivel de coincidencia, se infiere que hubo movimiento poblacional probable. No obstante, de nuevo, tenemos el problema de suponer que la decoración cerámica expresa unidades culturales, que el cambio cultural supone cambio social o que los grupos culturales nos informan sobre los grupos humanos asentados en el territorio. Por su parte, la ponencia de Pablo García Borja -hablando del registro de la Cueva de Nerja, en Málaga- vuelve a abordar la cerámica desde un punto de vista estrictamente cultural en base a sus decoraciones, y su surgimiento fruto de contactos con poblaciones que las traen de focos primigenios de dicha decoración desde el Oriente Mediterráneo.

El conocimiento actual sobre las primeras producciones cerámicas giran en torno a esta visión culturalista. Veremos en qué se caracteriza. Las primeras cerámicas aparecen en la Península Ibérica y Norte de Marruecos a mediados del VI Milenio Antes de Nuestrsa Era (ANE) asociados a grupos humanos productores de alimentos, si bien hay excepciones que deberian hacer revisar el paradigma difusionista (grupos cazadores-recolectores con cerámica, como en Hassi Ouenzga en el Rif Oriental o en el Embarcadero del Río Palmones en la Bahía de Algeciras). Las primeras decoraciones se han asociado a la cerámica cardial e impresa, a lo que se ha añadido la decoración con boquique (técnica decorativa consistente en realizar incisión e impresión de un elemento punzante). Así, el panorama clásico de un horizonte inicial neoliico con cerámicas impresas-cardiales se complica con la aparición en estos primeros momentos del boquique. En cuanto a las formas cerámicas, sobresalen aquellas hemiesféricas y semiesféricas, vasos con fondos redondeados, y algunas con gollete. Las formas responderían a usos concretos de la cerámica, que en estos primeros momentos se asociaría al consumo y procesado de alimentos, así como al almacenamineto. Es en el aspecto del supuesto horizonte cardial decorativo donde se concentra el debate. Así, vemos como en Marruecos, Portugal o Andalucía, hay evidencias de que esta realidad sería más compleja. Así, en Marruecos el investigador Abdelaziz El Idrissi ha identificado una primera etapa de producción cerámica no cardial, donde serían características las incisiones y algunas impresiones, para la Península Tingitana; mientras que para la zona del Rif Oriental, igualmente en el Neolítico Antiguo, se han evidenciado técnicas decorativas que se relacionan con tradiciones magrebíes más que cardiales. No obstante, es cierto que avanzado el Neolítico Antiguo (transito del VI al V Milenio), y en algunos casos -como en el yacimiento de Ifri Oudadane-, desde momentos tempranos del mismo, la cerámica con decoración cardial de impresión simple o pivotante sí es abundante en Marruecos, como evidencian los yacimientos de Caf Taht el Gar o Gar Cahal en la península Tingitana, e incluso yacimientos en la Costa Atlántica marroquí.

Formas decorativas cerámicas marroquíes cardiales (El Idrissi, 2012: 340)

Formas decorativas cerámicas marroquíes cardiales (El Idrissi, 2012: 340)

Por su parte, en Andalucía, el cardial se encuentra casi ausente en grandes zonas -aunque hay excepciones como el cardial de la Carihuela-, existiendo otras decoraciones mayoritarias como las aplicaciones plásticas o la almagra. No obstante sí es cierto que existen cerámicas con decoración impresa y con boquique. Esto queda patente en el registro de la Cueva del Toro o de la Cueva de Nerja (ver imagen superior), donde abundan las cerámicas almagras, pero también encontramos impresas o con boquique, a lo que hay que añadir la aplicación de cordones, incisas, etc.

 En Portugal, se ha afirmado que, si bien llega la influencian cardial, ésta es minoritaria, abundando las impresiones, incisiones, y viéndose asimismo la presencia de almagra y el boquique. Por su parte, las formas de las cerámicas con fondo de saco, se han querido asociar a un posible contacto o influencia de la Península Tingitana.

Cerámica del Neolítico Inicial del yacimiento de Cortiçois (Carvalho et al., 2013: 34)

Cerámica del Neolítico Inicial del yacimiento de Cortiçois (Carvalho et al., 2013: 34)

El Levante, no obstante, sí poseen para el Neolítico Antiguo potentes registros de cerámica cardial e impresas, fundamentalmente, así como decoraciones plásticas, como muestran los registros clásicos de Mas d’Is, Cova de l’Or, Cova de la Sarsa o El Barranquet. Así, en los yacimientos levantinos, son muy patentes las cerámicas con decoración cardial (con impresión y arrastre de concha en los primeros momentos -mediados del VI Milenio ANE-, y con impresión pivotante para la segunda mitad del VI Milenio ANE) y decoraciones plásticas. Las técnicas decorativas, su asociación y la complejidad de los motivos decorativos ha sido muy bien estudiado para el Levante peninsular, en la zona valenciana, y puede destacarse para el Neolítico Antiguo una importante presencia de cerámicas con decoración cardial, impresa y de aplicaciones plásticas, mientras que el boquique tendría importancia sólo en la fase inicial de dicho Neolítico Antiguo.

Por su parte, para el estudio del neolítico andaluz y sus cerámicas, el Seminario se centró en el registro de la Cueva del Toro, gran yacimiento neolítico andaluz que ya hemos tenido ocasión de analizar en esta revista anteriormente  (Parte I y II ). Los resultados de estas investigaciones, coordinados por Dimas Martín y María Dolores Camalich, fueron expuestos por diversos investigadores, doctorandos y jóvenes integrantes del equipo de investigación de la Universidad de la La Laguna. Veremos en la síntesis cómo las decoraciones y formas cerámicas de este yacimiento se inscriben en los mismos tipos que encontramos en el Levante y Andalucía, si bien la cerámica con decoración a la almagra (aplicación de pasta roja -normalmente hematite- en la superficie de vasos cerámicos) es típico de Andalucía y en este yacimiento está muy bien representado. No obstante, en la línea de la crítica expresada anteriormente al culturalismo de las tipologías cerámicas, el yacimiento de la Cueva del Toro se caracteriza por haber desarrollado sobre sus productos cerámicos diferentes estudios. Por un lado, estudios de composición de la cerámica, que nos permite identificar areas fuente de las arcillas y desgrasantes utilizados en la elaboración de la pasta cerámica; estudios de huellas de uso de las cerámicas en su reutilización como herramientas de trabajo tras su rotura; o análisis de la producción de la cerámica, tanto de los utensilios utilizados para fabricar las cerámicas (utensilios en hueso, piedra pulimentada, industria lítica tallada…), como la identificación de marcas o fallos que nos hable sobre el proceso de aprendizaje en la fabricación de las mismas. Sin lugar a dudas, supone un importante avance en el estudio de la cerámica más allá de la mera tipología en base a decoraciones o formas.

Actuales moldeadores de cerámica en madera. En el yacimiento de Cueva del Toro se han hallado moldeadores en hueso que nos hablan sobre la fabricación de los recipientes cerámicos. Fuente.

Actuales moldeadores de cerámica en madera. En el yacimiento de Cueva del Toro se han hallado moldeadores en hueso que nos hablan sobre la fabricación de los recipientes cerámicos. Fuente.

Debemos valorar cómo las formas y decoraciones de la cerámica son los primeros elementos con los que nos encontramos los arqueólogos a la hora de excavar un yacimiento, más allá de lo cual, hay que crear una metodología para ir pasando desde estos aspectos formales a otros «de fondo», que nos hablen sobre los usos sociales de la cerámica y su sentido como elemento de uso cotidiano. Así, la cerámica nos puede informar, como hemos visto, sobre decoraciones, contactos culturales, pero también sobre su propia producción: las herramientas de trabajo utilizadas para molodearlas; y, mediante analíticas y estudios etnoarqueológicos, sobre los usos sociales de las mismas (cocina, almacenamiento, consumo, etc.) que explique los tratamientos de las pastas, el tipo de cocción, formas, etc. Toda esta información hay que relacionarla para entender que la cerámica no sólo son elementos culturales o identitarios, sino objetos útiles y prácticos de la vida cotidiana para una serie de actividades humanas. Para gran parte de esta labor no basta el clásico trabajo de realizar tipologías y taxonomías, sino que es necesario el desarrollo de estudios interdisciplinares, como evidencia la ponencia de Xavier Clop, donde desarrolla sus estudios sobre las pastas cerámicas y su composición mineralógica. Así, el trabajo desarrollado en la Cueva del Toro consideramos que es un primer paso muy importante para realizar esta labor de superar los estudios meramente tipológicos y culturalistas en Andalucía.

Antes de continuar con las ideas expresadas en el Seminario sobre los estudios cerámicos, debemos añadir otro elemento para el debate. Y es sobre la naturaleza del registro arqueológico en cuevas. Éste supone una ventaja: la existencia de un registro amplio bien conservado que nos permite condensar la historia de miles de años, como en yacimientos al aire libre es complicado que ocurra. Pero el problema es que son espacios con estratigrafías muy revueltas, entrando en juego procesos posdeposicionales, movimientos tectónicos, etc.; lo que complica la realización de dichas cronologías y secuencias, como vemos en el caso de Nerja, pero también en muchas cuevas. Por su parte, debemos advertir que las cuevas no son los espacios de habitat privilegiados en momentos neolíticos, donde los poblados al aire libre serían los lugares donde se desarrollaría la mayoría de actividades sociales y económicas por parte de los grupos tribales neolíticos. Así, frente al hecho de que las cronologías y secuencias cerámicas neolíticas se dan de yacimientos en cueva (como es claro para el caso de La Dehesilla en Jerez con los trabajos de Manuel Pellicer y Pilar Acosta), asistimos a su naturaleza marginal de la vida de los grupos tribales neolíticos. Esto añade un problema a la interpretaciones de dichas cerámicas en un sentido meramente culturalista. No obstante, las cuevas sí nos permiten abordar el análisis de espacios de trabajo bien conservados, o el estudio de materiales y objetos que en sitios al aire libre habrían desaparecido. En este sentido, debemos valorar el registro estudiado en la Cueva del Toro.

Por último, otro aspecto tratado en el Seminario, si bien de forma más marginal de lo esperado por el título, es sobre la existencia o no de una continuidad en prácticas sociales y culturales entre ambas orillas del extremo occidental mediterráneo, en base a las primeras producciones cerámicas neolíticas. La presencia del investigador marroquí Youssef Bokbot sirvió para abordar las características del primer neolítico normarroquí. Tradicionalmente, la creación de explicaciones sobre la neolitización y las primeras cerámicas neolíticas mediterráneas se había realizado sin contar con el registro marroquí, poco conocido. Así, a pesar de las clásicas excavaciones de Miguel Tarradell en cuevas como Gar Cahal o Caf Taht el Gar en la Península Tingitana en la década de 1950, los modelos difusionistas del neolítico en el Mediterráneo de la década de 1970-80, no habían contado con la orilla norteafricana, a pesar de que para entonces ya se contbana con más datos en la costa Atlántica e incluso el Rif Oriental. No obstante, es cierto que el conocimiento de esta orilla se ha empezado a conocer a partir de la decada de 1990 y los 2000, lo que entre otras cosas queda plasmado en la invitación del investigador marroquí a este seminario. Es relevante la existencia de una integración tardía del mundo norteafricano a las síntesis neolíticas mediterráneas, ya que normalmente esto se ha realizado intentando entender este registro en base a las síntesis parciales hechas en el mediterráneo europeo, por lo que se puede pecar de eurocentrismo y querer integrar este territorio en dinamicas que le son ajenas. Por ejemplo, por tener otros espacios de referencia cultural, como el área Sahelo-sahariana, o peculiaridades propias a nivel de los grupos epipaleolíticos. No obstante, es evidente la existencia de procesos similares, como vemos en la extensión de los marcadores culturales neolíticos: cerámica cardial o domesticación de mismos animales y plantas. En este sentido, más allá de las precauciones que debemos tomar (y que en muchos casos no se realiza), vemos como se inscribe en un ámbito mediterráneo de forma clara. Sea como fuere, como decimos, si bien la presencia de Bokbot sirvió para plasmar esta realidad, aun no está integrado de forma clara y coherente este territorio en los debates surgidos en la orilla peninsular y en las síntesis regionales realizadas.

Ejemplo de introducción del Norte de Marruecos en explicaciones de difusión del neolítico en el extremo mediterraneo. (Linstaedter et al., 2012: 11)

Ejemplo de introducción del Norte de Marruecos en explicaciones de difusión del neolítico en el extremo mediterraneo. (Linstädter et al., 2012: 11)

Por último, nos gustaría apuntar cómo el problema del conocimiento de este Neolitico Antiguo y sus cerámicas es la falta de proyectos de investigación integrales que superen los estudios tipológicos de la cerámica en el formato cultural ya acostumbrado y expresado en la parte inicial del artículo. Esto lo podemos ver en Andalucía, como expresó Dimas Martín en su ponencia de cierre del Seminario, pero también en Marruecos, donde es difícil escapar a los estudios historicista-culturales. El propio Dimas, en su síntesis del neolítico andaluz, expresó el problema de no conocer bien estos primeros momentos de los grupos tribales neolíticos ni los momentos mesolíticos de los últimos cazadores-recolectores, verdadera carencia si queremos escapar de la visión difusionista dominante para explicar la aparición de las primeras producciones cerámicas, la agricultura y la ganadería.

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Redactor: Sergio Almisas Cruz

Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla. Finalizado el Máster de Patrimonio Histórico Arqueológico de la Universidad de Cádiz. Actualmente investiga sociedades tribales neolíticas en el ámbito del Estrecho de Gibraltar en el grupo PAI-HUM-440 asociado a la Universidad de Cádiz.

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