Poder y traición en la Florencia de Leonardo da Vinci

El domingo 26 de abril de 1478, la majestuosa cúpula que proyectara Brunelleschi sobre el Duomo de Florencia era testigo de cómo Giuliano, uno de los miembros más importantes de la poderosa familia Medici, agonizaba hasta morir desangrado. Este hecho no era más que el resultado de una serie de conspiraciones, traiciones y odios mutuos que ensombrecían a una Florencia que por aquellos años veía como renacía la cultura de la civilización occidental.

Para comprender en su totalidad el asesinato de Giuliano de Medici, más conocido como la Conspiración de los Pazzi, conviene hacer en primer lugar un repaso de los principales personajes que dirigían las más altas esferas de la Florencia renacentista.

Busto de Lorenzo de Medici realizado por Andrea del Verrochio hacia 1480. (Fuente)

Busto de Lorenzo de Medici realizado por Andrea del Verrocchio hacia 1480. (Fuente)

La ciudad italiana venía siendo gobernada por la poderosa dinastía Medici desde hacía ya varios decenios. Allá por la década de 1430, Cosimo de Medici logró afianzar el prestigio de su apellido hasta colocarse a la cabeza del poder florentino. Se trataba de un gobierno de facto, puesto que no se trataba de una familia noble de origen aristocrático ni habían sido elegidos por el pueblo. A Cosimo le sucedió su hijo, Piero di Cosimo de Medici, llamado El Gotoso por la enfermedad que padecía. Nos interesan los hijos de Piero di Cosimo, contra los cuales giró la conspiración de la Casa Pazzi: Lorenzo de Medici, que llegaría a suceder a su padre como gobernante de la ciudad florentina, y su hermano, Giuliano de Medici. Lorenzo  era la cabeza visible del gobierno mediceo desde 1469 cuando, con veinte años, tuvo que sustituir a su padre tras su muerte. Era hombre diplomático, conciliador y culto, llegándose a convertir en uno de los grandes impulsores del Renacimiento italiano al ser un gran mecenas de las artes y patrón de reconocidos artistas.

Por otro lado tenemos a los Pazzi, una familia de mayor trayectoria en el tiempo que los Medici. Sus orígenes se remontan a los tiempos de la Primera Cruzada, allá por el siglo XI. Poco a poco, con el pasar de los años, fueron reuniendo una buena suma de dinero hasta convertirse en una importante familia de banqueros en el siglo XIV, si bien su esplendor llegaría a principios del siglo XV bajo la figura de Andrea de Pazzi, quien mandara construir la conocida Capilla Pazzi bajo proyecto del reputado Brunelleschi. Pero la figura clave, en el momento que nos ocupa, es Francesco de Pazzi, un astuto banquero del Papa en Roma que fue, de entre su familia, el primero en manifestar el odio hacia la familia Medici, cuyo poder ansiaban desde hacía tiempo. Junto a los Pazzi, en el bando  de los conspiradores, se encontraba el Papa y los sobrinos de éste. Francesco della Rovere ejercía como cabeza de la cristiandad bajo el nombre de Sixto IV, y su  papado pasó a ser conocido por los sucesivos favores, cargos y tierras que concedía constantemente a sobrinos, parientes y amistades cercanas. Piero Riario, sobrino del Papa, fue nombrado arzobispo de Florencia, mientras que a Girolamo Riario, uno de los principales conspiradores contra los Medici y también sobrino de Sixto IV, le fue otorgado el señorío de Imola y el cargo de Capitán General de la Iglesia. El Papa había solicitado al banco de los Medici en Roma unos 40.000 ducados para la compra de Imola, a lo cual Lorenzo se negó pues consideraba aquella tierra un lugar estratégico que debía comprar para Florencia y que de ninguna de las maneras debía recaer en manos del papado. Ante tal situación, el Papa terminó solicitando el crédito a los Pazzi, los banqueros rivales de los Medici en Roma, que atendieron a la demanda sin inconvenientes.

Vista del Palazzo Vecchio en la Piazza de la Signoria, Florencia (Italia). (Fuente)

Vista del Palazzo Vecchio en la Piazza de la Signoria, Florencia (Italia). (Fuente)

Desde entonces, las relaciones de la familia Medici con la Curia  se tornarían cada vez más tensas. Nuevos problemas surgieron en 1474, cuando el Papa nombró a  Francesco Salviati como arzobispo de Pisa, ciudad que por aquel entonces estaba bajo el mando de la República de Florencia. Sin embargo, según la legislación vigente en aquel momento, todos los cargos eclesiásticos dentro de la República no se podían efectuar sin el previo consentimiento de la Signoria, algo que el Papa había ignorado por completo.

Francesco Salviati se había formado como humanista y era miembro de sangre de la familia Riario y de la poderosa familia Salviati, mientras que, por lazos matrimoniales, estaba relacionado con la familia Pazzi. Los Medici se opusieron en rotundo al nombramiento de Salviati como arzobispo de Pizza por parte del Papa, por lo que negaron su entrada en la Toscana. Esto hará que un resentido y frustrado Salviati, ante su odio por la familia Medici después de rechazarle, se convierta en uno de los principales conspiradores para acabar con la familia florentina.

En último lugar, en esta presentación de los personajes que intervinieron en la conspiración, tenemos a Federico de Montefeltro, duque de Urbino. Su hija Giovanna había contraído matrimonio en 1474 con uno de los sobrinos más protegidos de Sixto IV, hecho tras el cual el mencionado Papa elevó Urbino a la categoría de ducado. Federico de Montefeltro se convertirá en ferviente aliado de las conjuras papales, siendo uno de los principales maquinadores de la conjura. Llegó a convencer al rey Fernando de Nápoles de participar en la conspiración, algo que aceptó pues desde hacía un tiempo veía a la República de Florencia con desconfianza ante una alianza que la misma había hecho con Milán y Venecia sin contar con el reino napolitano.

Una vez presentadas las distintas personalidades que intervinieron en la llamada Conspiración Pazzi, y esbozado el tenso ambiente al que se había llegado por motivos políticos y territoriales, conviene ahora ahondar en el desarrollo de la propia conjura.

La conspiración comienza cuando Francesco de Pazzi, ante su ambición por ocupar el privilegiado puesto que ostentaba la casa Medici, se unió al conde Girolamo Riario para derrocar a Lorenzo asesinándolo tanto a él como a su hermano Giuliano. Ambos hicieron entrar a Francesco Salviati a la confabulación y, ante la promesa del rey de Nápoles de apoyar su conjura, continuaron con los planes de asesinato. Durante las primeras semanas de 1477 Girolamo Riario, Francesco de Pazzi y Francesco Salviati se reunieron en Roma.

Retrato del papa Sixto IV realizado por el pintor Justo de Gante hacia 1475. (Fuente)

Retrato del papa Sixto IV realizado por el pintor Justo de Gante hacia 1475. (Fuente)

Francesco de Pazzi, asimismo, acudió a Gian Battista Montesecco para que se uniese al complot. La aprobación de Montesecco, condottiere que en el pasado había ofrecido grandes servicios al Papa, significaría el respaldo militar definitivo que necesitaba la conjura.  Sin embargo, sin bien posteriormente llegaría a intervenir en los planes contra los Médici, Montesecco nunca vio con buenos ojos aquella intriga pues, según sus palabras, “Florencia era un asunto complicado”. Montesecco accedió finalmente, siempre y cuando el Papa le diera su bendición.

Montesecco, según lo acordado, acudió a una audiencia papal junto a Riario y Salviati. El mismo cuenta la respuesta del Papa:

“No deseo la muerte de nadie bajo ningún concepto, ya que no está de acuerdo con nuestro ministerio el consentir tal cosa. Aunque Lorenzo es un villano, y se comporta mal con nosotros, no debemos desear su muerte, sólo un cambio de Gobierno (…). Una vez que esté fuera de Florencia podremos hacer lo que queramos con la República y eso nos complacerá ”.

Girolamo aseguró al Papa que no habría ninguna muerte, por lo que éste accedió a facilitarle tantos hombres armados como fuesen necesarios.  Los conspiradores estaban convencidos de que, para derrocar el gobierno de los Medici, debían terminar con la vida de Lorenzo y Giuliano, algo que, estaban seguros, el Papa terminaría perdonando.

Si bien en un primer momento el plan era separar a los dos hermanos y asesinarlos a cada uno en distinto lugar, finalmente se optó por acabar con ello a la vez en su ciudad natal. La llegada del cardenal Raffaele Riario, un joven sobrino del Papa, se convirtió en la excusa perfecta para que los Medici celebraran una recepción en su honor, y así juntar a los hermanos sin que quedase sospecha alguna. Lorenzo planeó un banquete en Fiesole, lo que suponía un inconveniente pues el asesinato estaba planeado en Florencia. Ante tal situación, el cardenal Raffaele le insistió a Lorenzo celebrar el convite en su palacio florentino para así poder contemplar los tesoros artísticos de los que tanto había oído hablar. Finalmente Lorenzo accedió, pero llegado el momento de la celebración, los conspiradores vieron mermados sus planes ante la ausencia de Giuliano a la cena, quien no había podido asistir al no estar del todo recuperado de una pierna herida y de una “inflamación en los ojos”.

Busto de Giuliano de Medici realizado por Andrea del Verrocchio entre 1475-1475. (Fuente)

Busto de Giuliano de Medici realizado por Andrea del Verrocchio, 1475. (Fuente)

Ante el frustrado plan, se optó definitivamente por acabar con los Medici en la catedral durante la misa, a media mañana, del domingo 26 de abril de 1478, cuando sonase la campana que indicaba la elevación de la Hostia. Este sería el mejor momento para actuar pues, además de que el sonido de la campana funcionaría como una señal para los conjurados, todos los fieles, incluidos Lorenzo y Giuliano, estarían mirando al suelo como signo de reverencia.

Montesecco era reacio a matar a sangre fría a Lorenzo, con quién había simpatizado desde que hablaron a su llegada a Florencia. El nuevo plan era la excusa perfecta para alegar objeción de conciencia al cometer “sacrilegio de asesinato”. Pero la última decisión de Montesecco no suponía problema alguno, pues pronto  aparecieron nuevos asesinos: Antoni Maffei y Stefano da Bagnone, ambos sacerdotes. Mientras tanto, Francesco de Pazzi apuñalaría a Giuliano con la ayuda de Bernardo Bandini Baroncelli. Una vez cometido los crímenes, marcharían al Palazzo Vecchio para tomar el control del gobierno.

Giuliano había decidido no acudir a la misa por sus molestias en la pierna, pero fue convencido por Baroncelli y Francesco de Pazzi. Este último le abrazó con fuerza para asegurarse de que no iba armado, algo finalmente pudo ratificar. Al sonar la campana, los curas ya mencionados sacaron sus dagas y corrieron al ataque de Lorenzo, quien, astuto, desenvainó su espada y ejecutó a los dos cómplices. Mientras, Baroncelli, al grito de “Traidor, toma esto”, junto con Francesco de Pazzi, apuñalaron sin piedad a un indefenso y vulnerable Giuliano, quien terminó desangrado en el suelo del duomo con diecinueve heridas en su cuerpo. Lorenzo se había refugiado en la sacristía, cuyas puertas de bronce habían cerrado rápidamente los sacerdotes que allí se encontraban. Mientras tanto, los conspiradores, entre ellos Salviati, se dirigían al Palazzo della Signoria como estaba previsto según lo planeado.

Sin embargo, los asesinos pronto serían víctimas de una muchedumbre furiosa. Un grupo armado de unos cincuenta partidarios de los Medici irrumpieron en el Palazzo y pronto Salviati terminó ahorcado de una de las ventanas.  Peor suerte corrió Franceso de Pazzi, quien, tras haberse escondido en su casa, fue arrastrado herido y desnudo hasta la plaza de la ciudad. La Piazza della Signoria ensombrecía ante los colgados cuerpos de los conspiradores, cuando un robusto Lorenzo caminaba hacia su palacio entre alabanzas y gritos de glorificación de su pueblo.

Los altercados contra los traidores continuaron durante varios días y fueron asesinadas unas ochenta personas, entre los que no se encontraba Raffaele Riario, a quien Lorenzo, que le consideraba inocente, había conseguido rescatar. Montessecco, por su parte, fue descubierto el 1 de mayo y decapitado a espada en el patio del Bargello.

Dibujo de Bernardo di Bandini Baroncelli ahorcado después de la fallida conspiración, realizado por Leonardo da Vinci. (Fuente)

Dibujo de Bernardo di Bandini Baroncelli ahorcado después de la fallida conspiración, realizado por Leonardo da Vinci. (Fuente)

El nombre de los Pazzi fue borrado de toda Florencia, eliminando su símbolo (un delfín), de todos aquellos lugares donde se encontrase.  Sobre el muro del Bargello, Botticelli pintó a los traidores de la familia Pazzi, junto a otros conspiradores, con cuerdas alrededor de sus cuellos tal y como habían sido vistos en sus últimos momentos de vida. También otros artistas como Leonardo dibujaron a los conjuradores en el momento de su muerte.

Para concluir con esta compleja y larga historia de intrigas y conjuras, basta recordar, como bien dejó escrito Giorgio Vasari, la fama  y la gloria popular que posteriormente se asociaría al nombre de los Medici:

“Los amigos y conocidos de Lorenzo ordenaron que, en agradecimiento a Dios por haberles salvado, su imagen debería levantarse por toda la ciudad. Así que un destacado Verrocchio, hizo tres figuras de cera tamaño natural (…). El resultado de este habilidoso trabajo era tan real que las figuras parecían vivas, como se puede comprobar hoy día. (…) La figura representaba a Lorenzo tal como estaba cuando, vendado y herido en la garganta, se presentó en ventana de su casa para mostrarse al gentío”.

Bibliografía|

HIBBERT, CHRISTOPHER, “Florencia. Esplendor y declive de la Casa de Medici”,  Granada: Editorial Almed, 2008

J.UNGER, MILES, “Magnifico: The Brilliant Life and Violent Times of Lorenzo de’ Medici”, Nueva York, 2009

MARTINES, LAURO, “April Blood: Florence and the Plot against the Medici”, Oxford: Oxford  University Press, 2003.

JONES, J.A.P., “Europe: 1500-1600”, Londres: Oxford University Press, 1997.

ARTAUD, M., “Historia de la Italia”, Barcelona, 1840.

 

Redactor: Daniel Vizcaíno Ruiz

Graduado en Historia del Arte por la Universidad de Sevilla. Máster en "Arte, Museos y Gestión del Patrimonio Histórico" por la Universidad Pablo de Olavide. Apasionado por todo aquello relacionado con el arte, la historia y la cultura en sus muchas ramas. Gran defensor de las humanidades.

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2 Comments

  1. Excelente articulo, muy bien documentada la conspiración de los Pazzi. Solo falto decir que paso con Girolamo Riario.

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  2. Muy buen artículo, entre tanta información y desinformación esta página ofrece cosas interesantes

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