Pedro González y la Orden de Santiago: el maestre excomulgado

Las órdenes militares son una de las manifestaciones medievales más interesantes desde todo punto de vista. Hasta el día de hoy siguen fascinándonos porque evocan misterio, ceremonia y un enorme poder. En la Península Ibérica contamos con órdenes militares propias que imitan a las que en aquel momento se expandían por Europa como el Temple o la Orden del Hospital.

Monasterio de Uclés, sede de la Orden de Santiago. Fuente.

Monasterio de Uclés, sede de la Orden de Santiago. Fuente.

¿Por qué se crean las órdenes militares? Surgen para promover y llevar a cabo, con la Biblia y la espada a la vez, la conquista de los santos lugares, es decir, las Cruzadas; aunque posteriormente se adaptarán a otros objetivos. En la Península Ibérica la Edad Media nos brindó un similar proceso de ‹‹reconquista›› a escala. Ese fue el motivo, por tanto, por el que surgen órdenes que representan el espíritu cruzado a una escala absolutamente hispana. La Orden de Santiago fue fundada en 1170, durante el reinado de Fernando II de León y el pontificado de Alejandro III (quien confirma la fundación en 1175), en el contexto de la conquista de Cáceres. Desde el inicio, el maestre fue la figura principal y sólo respondía ante el papa. Era el jefe militar, espiritual, económico y político de la orden y todos los freires estaban obligados a él en voto de obediencia.

‹‹Aquello que el maestre […] dixiere a sus frayres que fagan uolunturosa mientre lo fagan e sin ningún entredicho››

(Regla de la Orden de Santiago)

De entre los muchos maestres que a lo largo de la Historia la Orden de Santiago ha tenido, el nombre de Pedro González no suele recibir una gran atención. Fue maestre desde 1227 hasta su muerte en 1237, y su maestrazgo no destaca por su gestión ni por los territorios conquistados, sino por algo mucho más singular: este maestre fue excomulgado por el papa, expulsado de la fe católica —al menos temporalmente—, lo cual supuso una total caída en desgracia de la que, gracias a la diplomacia, supo reponerse pronto.

Símbolo de la Orden de Santiago. Fuente.

Símbolo de la Orden de Santiago. Fuente.

Y ahora, antes de describir al protagonista de estas líneas, queda describir cuál era la situación de los reinos hispánicos en 1227, el año en que Pedro González asume el maestrazgo de la orden.

En 1217 Fernando III sube al trono de Castilla e inicia un periodo de expansión de gran importancia, consiguiendo también la unión entre Castilla y León a partir de 1230. Entre 1213 y 1266 aproximadamente —tras la famosa batalla de las Navas de Tolosa en 1212— se produce una rápida anexión de una gran cantidad de territorios como Valencia, Mallorca, Extremadura, el Alentejo portugués y parte de la Andalucía bética, entre otros.

Fernando III (1217-1252). Fuente.

Fernando III (1217-1252). Fuente.

Se produce la ocupación de grandes ciudades como Sevilla, Córdoba, Jaén o Valencia y en todo momento la Orden de Santiago tiene su parte de protagonismo. A pesar de todo, es una época turbulenta, de cambios, conquistas, pérdidas y reconquistas, y de un fluctuar constante de las líneas fronterizas.

‹‹El XIIII Maestre de Sanctiago fue don Pedro Gonçález, hijo de Gonçalo Gil, natural de Aguilar de Campo. Fue electo en la cibdad de Mérida […] en la era de 1264, anno del Sennor de 1226, reynando en Castilla don Fernando el Sancto.››

(Crónica de las tres Órdenes de Santiago, Calatrava y Alcántara). 

Cuando Pedro González llegó al poder, una delicada situación le esperaba en las altas esferas de la Orden de Santiago. Por una parte, había conflictos entre los hermanos —freires— legos y los clérigos, ya que los primeros debían teóricamente pagar tributos a los segundos, una cuestión que tuvo una larga historia de argumentos, juicios y apelaciones al papa; por otra, la complicada expansión territorial castellana, en la que la orden estaba directamente implicada; y además, los eternos choques de poder entre la orden y el arzobispado de Toledo (el arzobispo don Rodrigo Jiménez de Rada estuvo durante toda su vida en pleito con la orden por territorios en el área toledana y por la adscripción espiritual —y por tanto económica— de los nuevos territorios incorporados por la orden). Así las cosas, no se le auguraba un mandato fácil a don Pedro.

Quizás para sorpresa de muchos, González consiguió enfrentarse con éxito —al menos temporalmente— a la mayoría de sus problemas: reafirmó su autoridad sobre los freires; consiguió resistir las embestidas legales del arzobispo de Toledo —de hecho consiguió la mediación papal a su favor— y, territorialmente, se benefició de la desintegración del imperio almohade. Sin embargo fue la cercana conexión entre la monarquía y la orden la que precipitó la caída en desgracia del maestre. Por tanto, para comprender por qué Pedro González llegó a ser excomulgado en 1233 hay que ir unos años atrás, a 1214.

Doña Berenguela de Castilla (c. 1179 – 1246), madre de Fernando III, veló desde el principio por los derechos dinásticos de su hijo, sobre todo después de que éste perdiera toda aspiración a la sucesión cuando el Papa Inocencio III anuló el matrimonio de Berenguela con Alfonso IX de León (1118 – 1230). No fue hasta 1206 que Fernando se reafirmó como heredero de la corona leonesa. Pero, como suele pasar en la Edad Media, las cosas se complicaron.

Justo después de que Enrique I de Castilla subiera al trono en 1214, Alfonso IX de León —recordemos, el padre de Fernando— dota a sus hijas las infantas Sancha y Dulce. El problema en sí no es la dote, sino que no las excluye explícitamente de la sucesión. Esto significa que, a pesar de que las aspiraciones de Fernando fueron aprobadas por el papado, no tenía el favor de parte de la nobleza, que aún le veía fruto de un matrimonio ‹‹ilegal››. Por tanto, las infantas, a la muerte de Alfonso IX, podrían suceder a su padre, cosa que sería aún más segura si estas se casaran.

Cuando Fernando accede al trono de Castilla en 1217 —tras la accidentada muerte de Enrique I al caerle una teja en la cabeza— la situación se recrudeció, ya que Alfonso IX siguió conspirando para evitar que su hijo le sucediera. Concedió privilegios a sus hijas, y de hecho quiso casar a una de ellas con el rey de Jerusalén, Juan de Brienne, en 1224. La astucia de doña Berenguela hizo que al final se casara con otra infanta. Una vez más interponiéndose en los planes del monarca. En 1230 falleció Alfonso IX, lo que supuso el principio de la situación en que Pedro González se vio intensamente involucrado.

Castillo de Castrotorafe (Zamora). Fuente.

Castillo de Castrotorafe (Zamora). Fuente.

La nobleza y las ciudades eran poderes que los reyes y los aspirantes a rey debían acercar a sus respectivas causas, ya que su apoyo podía decidir el curso de los acontecimientos. Al morir Alfonso IX, la nobleza y las ciudades estaban muy divididas en sus apoyos, ya que la opción de las infantas no convencía a todos por igual. Ante la inestabilidad de la situación y temiendo por sus vidas, las infantas huyeron y buscaron asilo en diversas ciudades, en las que fueron rechazadas. Al fin llegaron al escenario de nuestro conflicto: Castrotorafe, en la actual provincia de Zamora. Este poblado fue cedido por Alfonso IX a la Orden de Santiago, así que, al llegar las infantas, el maestre se vio en un grave apuro: si las aceptaba, estaba posicionándose en contra de Fernando; si las rechazaba, estaba traicionando a las infantas y por tanto a Alfonso IX; y por último, la propiedad del territorio era de la Santa Sede en última instancia, con lo cual también la estaría implicando en este conflicto. El maestre acepta a las infantas quienes, gracias a las dotes negociadoras de doña Berenguela, renuncian a sus derechos sucesorios si se les permite quedarse en el castillo y recibir una renta anual. Fernando III así lo permite y se dirige a Castrotorafe a zanjar el asunto.

Pedro González, al ver que las infantas y Fernando III pretendían disponer de Castrotorafe sin siquiera contar con el beneplácito del papa huyó del lugar. El rey montó en cólera y mandó a varios caballeros a que lo trajeran de vuelta contra su voluntad. Al no tener otra salida, el maestre cede el territorio, y al hacerlo, es el papa quien entra en cólera. Y así, por disponer de terrenos que no eran suyos y entregarlos al rey, Gregorio IX excomulga a Pedro González y aquellos que le apoyaron.

‹‹[…] el rey embió tras él ciertos caualleros, los quales contra su voluntad le hizieron boluer […] El papa Gregorio IX teniendo noticia deste hecho, excomulgó al maestre y caualleros por hauer enagenado aquella villa, siendo propiedad de la yglesia romana.››

(Crónica de las tres Órdenes de Santiago, Calatrava y Alcántara)

Convertido pues en un paria y fuera de la Iglesia que le llevó al maestrazgo, Pedro González se ve en un callejón sin salida. Escribe súplicas al papa, que fueron desoídas, y apela al rey, que no quiere ceder el territorio en que las infantas viven, ya que es garantía de su fidelidad. Sin embargo, el monarca decide intervenir en favor del —sorprendentemente— aún maestre y, un año más tarde, llega a un acuerdo con el papa: Castrotorafe (y doce castillos más) retornarían a la orden tras la muerte de las infantas.

Finalmente readmitido en el redil de la cristiandad y restaurado completamente en sus poderes, Pedro González pudo dar por zanjado el conflicto que casi le supuso perder no sólo el puesto, sino su vida. Es un ejemplo más de cómo los poderes se entremezclaron e influenciaron mutuamente durante la Edad Media y de la capacidad globalizadora de los conflictos e intrigas, que sobrepasaban fronteras y esferas de poder.

Bibliografía |

DE AYALA MARTÍNEZ, C., “Las Órdenes Militares en la Edad Media”, Madrid: Arco, 1998.

DE RADES Y ANDRADA, F., “Crónica de las tres Órdenes de Santiago, Calatrava y Alcántara”, Barcelona: El Albir, 1980.

GONZÁLEZ GONZÁLEZ, J., “Reinado y diplomas de Fernando III. I: Estudio”, Córdoba: Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba, 1980.

LOMAX, D. W., “La Orden de Santiago (1170-1275)”, Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1965.

RODRÍGUEZ DE LA PEÑA, M. A., “Las Órdenes Militares como instrumento de la monarquía: una panorámica europea (siglo XIII)”, en IZQUIERDO BENITO, R.; RUIZ GÓMEZ, F. (coords.), Las Órdenes Militares en la Península Ibérica, vol. 1: Edad Media, Cuenca: Universidad de Castilla La Mancha, 2000, pp. 511-535.

Redactor: Manuel Muñoz García

Licenciado en Historia y máster en 'Documentos y libros, archivos y bibliotecas' por la Universidad de Sevilla, y actualmente cursando estudios de doctorado en Paleografía en King's College London. Apasionado de la Edad Media y la escritura.

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