Pederastia y Educación en la Grecia Arcaica

Decía el historiador Werner Jaeger que la educación es una función tan natural y universal de la comunidad humana que, por su misma evidencia, tarda mucho en llegar a la plena conciencia de aquellos que la reciben y la practican. Entendemos la educación como la formación del hombre en función de unos ideales, los cuales vienen determinados por las sociedades que los produce. Quiero decir con esto que esos ideales van cambiando a lo largo del tiempo, a lo largo de la historia; así lo que nosotros entendemos hoy en día como educación, en el sentido de formación o cultura, no siempre se entendió así, y un claro ejemplo lo vemos si comparamos lo que nosotros entendemos como tal y lo que entendían los griegos . El historiador no puede trasladarse a la mente de los antiguos, como decía Moses Finley ‹‹siempre seremos ajenos a ellos››, pero sí podemos analizar, aunque desde nuestra perspectiva presentista, la cual es inherente a nosotros, hábitos y actitudes que nos llaman la atención por entrar en conflicto con nuestros valores y esquemas de pensamiento. Un claro ejemplo es la pederastia como forma de educación.

Escena de banquete con adulto reclinado y joven tocando el aulos. Vaso ático de figuras rojas (460- 450 a.C). Fuente.

Escena de banquete con adulto reclinado y joven tocando el aulos. Vaso ático de figuras rojas (460- 450 a.C). Fuente.

Pero, ¿qué entendían los griegos por educación?

La verdad es que es una pregunta que no tiene una única respuesta, sino que varía en función del momento y del lugar. Por ello me centraré en los siglos VIII-VI a.C., en la llamada Grecia arcaica. Para un griego de este momento, educar no tenía un fin utilitario, no se educaba para formar a la persona, sino que lo fundamental era el kalós, es decir, la belleza, el ideal. Además no era una educación abierta para todos, como caracteriza a esta sociedad arcaica, basada en los ideales de la aristocracia; era la educación de los nobles, para los nobles y ella le servía para diferenciarse del resto de la sociedad. La educación griega estaba unida al concepto de areté, entendido como virtud aristocrática y guerrera y que por tanto distingue a la persona de condición noble del resto. Es un concepto que aparece muy bien reflejado en Homero, tanto en la Ilíada como en la Odisea, en su interés por resaltar el valor heroico tanto desde el punto de vista moral como de la fuerza. La areté determina una serie de normas de conducta, un ideal ético de la aristocracia, lo cual marcará la educación en este momento.

Ahora bien, ¿Cómo se impartía esta educación?, ¿Quiénes eran los que se encargaban de ello? Para este momento, la escuela como nosotros la entendemos no existía; es más, cuando apareció, no respondía a los ideales arriba descritos, puesto que era una escuela en la que además de que el instructor cobraba (algo subestimado para la sociedad del momento),  su función era más utilitarista, de instrucción podríamos decir, y eso se aleja mucho del concepto de educación que hemos visto anteriormente. Para el griego, la transmisión de los valores aristocráticos sólo era posible a través de las relaciones personales que unían a una persona adulta con un joven. El adulto tendría como propósito ser modelo y guía para el joven, así como prepararlo ante las responsabilidades de la vida adulta a través de una relación amorosa e incluso sexual. Esta relación entre maestro y discípulo, amante y amado, era entendida por los antiguos como cuidados y preparación del adulto al joven mas que como una enseñanza o adoctrinamiento en el sentido técnico, y así lo entendía la sociedad de la época; incluso como nos cuenta Plutarco (historiador griego del siglo I d.C.), leyes como la espartana lo aceptaban, o como señala Jenofonte (historiador griego del siglo V a.C.), ésta era ‹‹la forma más perfecta y más bella de educación›› (ten kallisten paideian). Estrabón (geógrafo e historiador del siglo I a.C.), por su parte, recalcaba que estas prácticas reservadas a las personas de posición social elevada, no buscaban tanto la belleza como el valor y la buena educación.

Cerámica griega que representa una escena de amantes. A la izquierda el adulto y a la derecha el joven. Fuente.

Cerámica griega que representa una escena de amantes. A la izquierda el adulto y a la derecha el joven. Fuente.

Estas relaciones se constituían en un ambiente masculino cerrado y eran desiguales. La persona adulta, el erastés, tomaba la admiración, el respeto del joven, entendiendo su función para con éste con una clara vocación pedagógica, como una forma de perpetuarse en un ser semejante a sí mismo, marcado por un matiz de paternidad espiritual (que no biológica). Por otra parte,  el adolescente, llamado erómenos, debía tener una actitud  dócil y de veneración, emulando a su maestro en sus virtudes. Este vínculo es ejercido a través de la frecuentación cotidiana, el contacto, la conversación, la vida común, la inclusión del más joven en las actividades sociales del mayor como la gimnasia o los banquetes. Por otra parte, es importante señalar que la familia no tenían ningún papel en la educación del joven.  En una sociedad misógena como esta, donde el ideal de virilidad es el más importante, la mujer estaba relegada sólo a la crianza del hijo, y por otra parte, el padre, en cuanto a aristócrata, estaba ocupado en los asuntos públicos y  se debía más a ello que a su familia. El propio Platón defendía que el vínculo pederástico que se crea entre maestro y discípulo establece ‹‹una comunión mucho más estrecha›› (poly meizo koinonían) que la que existe entre padres e hijos.

Cerámica griega s. VI a JC. Museo de Bellas Artes, Boston. Fuente.

Cerámica griega s. VI a JC. Museo de Bellas Artes, Boston. Fuente.

Decía Henri-Irénée que aunque la pederastia no aparezca en Homero, no sería desacertado remontarla a una época muy antigua, puesto que forma parte de la tradición helénica. Lo que si es cierto es que este tipo de vínculos aparecen asociados al mundo militar, cerrado en sí mismo, que ve en las relaciones entre hombres un medio por el cual exaltar las virtudes varoniles  como son la fuerza, el valor y la lealtad.  Precisamente por estar vinculada al mundo militar, la edad teórica de los adolescentes oscilaba entre los quince y veinte años. Mantener relaciones con niños menores de esta edad estaba mal visto por la sociedad griega. Un ejemplo de ello es el mito por el cual el rey de Tebas, Layo, fue maldecido por Pélope, padre de Crisipo, al violar a su hijo mientras se encargaba de enseñarle el arte de montar a caballo.

Esta concepción del amor masculino la vemos reflejada en un pasaje de Estrabón, el cual nos dice que ‹‹en Creta, el adolescente recibía de su amante una verdadera educación, que por otra parte se cumplía con la connivencia del círculo de allegados›› (lo que nos viene a confirmar la aceptación de tal práctica por parte de la familia). ‹‹Conducido primeramente al “club de los hombres”, el adolescente emprendía con su maestro un viaje al campo, donde permanecían dos meses dedicados al banquete y la caza. Luego se festejaba el retorno del efebo, el cual recibía de su amante la armadura con la que se convertía en su escudero, y una vez admitido en el círculo nobiliario, quedando integrado en él, figuraba entre los hombres, ocupaba un puesto de honor en los coros y en los ejercicios gimnásticos››. Aunque Estrabón no haga referencia al aspecto sexual, sabemos que éste era determinante para la integración del joven en la comunidad.

El hecho de que la pederastia se mantuviera en las costumbres griegas durante tanto tiempo tuvo repercusiones  en épocas posteriores. En época clásica, en los siglos V y IV a.C., cuando la educación se entienda con un carácter más moralizante que en época arcaica (centrada en la formación de la personalidad, del carácter…) y más orientada hacia la profesionalización, seguirá existiendo la figura del maestro que mantiene una relación estrecha e íntima con el alumno. Lo vemos por ejemplo en filósofos como Platón, que fue amante de Alexis o de Dión; en Aristóteles, que fue amante de su discípulo Hermeas, tirano de Atarnea; en otras personalidades como Eurípides, amante del trágico Agatón; o en Fidias amante de su discípulo Agorácrito de Paros.

BIBLIOGRAFÍA:

HENRI- IRÉNÉE, MARROU, “Historia de la Educación en la Antigüedad“, Buenos Aires: Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1965.

JAEGER, WERNER, “Paideia“, Madrid: Ediciones F.C.E. España, 1984.

LASSO DE LA VEGA, JOSÉ, ” Los Ideales de la Formación Griega“, Madrid: Ediciones Rialp, 1966.

 

 

 

Redactor: Marta Álvaro Bernal

Lda. en Historia por la Universidad de Sevilla, máster de Estudios Históricos Avanzados en su especialidad de Historia Antigua. Interesada en el mundo romano en general y en sus dinámicas sociales en particular. He sido becaria de colaboración y alumna interna en el dpto. de Historia Antigua de la Universidad de Sevilla.

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3 Comments

  1. Me ha resultado la lectura bastante interesante ,pues a la vez ,que vas lechendo mas te interesa,y te imaginas la situación y el momento en que que transcurre la historia.

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  2. Me ha gustado mucho el artículo, y gran trabajo además de fuentes, enhorabuena.

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  3. Excelente trabajo, me sirvió mucho leerlo, lo que si es que tengo un comentario.
    Aquí dice ” sociedad misógena” y es sociedad misógina.

    Saludos

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