¡Parece que hoy refresca! Ingredientes para una glaciación.

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Fotograma largometraje Ice Age, Fuente.

Palabras como Würm, Wisconsiense o Bola de nieve nos sonarían a whisky y juegos invernales si alguien nos preguntase por su significado. Sin embargo, a lo que realmente se refieren es a glaciaciones. Glaciaciones acaecidas en este nuestro planeta Tierra hace cientos de miles o incluso millones de años. Épocas en las que gran parte de la superficie terrestre se cubrió de nieve y hielo, y aún nos queda algún vestigio de la última de ellas, como son Groenlandia y la Antártida.

            Pero, ¿cómo y por qué se producen estos fríos fenómenos climatológicos? Numerosas investigaciones han intentado dar una respuesta a esta pregunta aún no respondida, aunque sobre la que tenemos muchas más luces que sombras. No es posible exponer aquí una teoría irrebatible, puesto que la comunidad científica aún no está en condiciones de poder proporcionarla. Lo que sí tenemos son las que parecen las piezas clave de este rompecabezas que comenzó con el nacimiento mismo del planeta.

            Lo primero que debemos saber es que, a lo largo de esos cientos de miles de años, las glaciaciones se alternan con periodos interglaciares, es decir, hay épocas en las que se produce una glaciación, y a continuación, una época interglaciar, como la que vivimos actualmente. Sabemos que durante el Pleistoceno, la primera época geológica del cuaternario (extendida desde hace 1,8 millones de años, hasta hace unos 10.000 años) se produjo una alternancia de glaciaciones y periodos interglaciares. Al Pleistoceno se le conoce también como «Época del Hielo» (nosotros vivimos en la etapa posterior, el Holoceno, también conocida como «Época reciente»).

            Así pues, cualquier teoría que intente explicar la causa de las etapas glaciares tiene que responder a dos cuestiones:

-         Qué causa el enfriamiento que inicia una glaciación.

-         Por qué se alternaron periodos glaciares e interglaciares durante el Pleistoceno.

            Una de las primeras teorías que ha intentado explicar las glaciaciones ha sido la de la tectónica de placas. Una glaciación sólo puede formarse en tierra firme, lo que conlleva que antes de que ésta se produjera tenía que haber masas continentales en latitudes altas. Por esta razón, muchos científicos han sugerido que las glaciaciones sólo se han producido cuando la deriva continental estaba en marcha, es decir, cuando las placas ya habían comenzado a mover los continentes hacia sus respectivas actuales posiciones. Esta deriva, a su paso, debió cambiar las corrientes oceánicas, alterando el calor y la humedad de las mismas. En última instancia es el clima el que se ve afectado por estos cambios.

            El problema de esta teoría es que el movimiento de placas es tan lento que sólo puede explicar los cambios climáticos, y por ende las glaciaciones, en una escala de millones de años, por lo que no responde a la segunda cuestión sobre la alternancia durante el Pleistoceno.

            Desde finales del siglo XVII físicos, matemáticos y astrónomos han estudiado cómo el Sol, fuente de la vida del planeta, calienta la superficie terrestre. Se conoció así que la cantidad de calor que percibimos tiene que ver con la incidencia que los rayos solares tienen sobre la Tierra, y que ésta está ligada con la latitud del lugar y la inclinación con la que la Tierra «mira» al Sol. Así mismo, conocemos mejor al mismo Sol, y sabemos que tiene una vida determinada y finita; que irradia ingentes cantidades de energía; y que también hay fenómenos astronómicos que modifican el caudal de energía que recibimos y por tanto, modifican el clima.

            Y es aquí cuando entra en escena una teoría conocida como los «Ciclos de Milankovitch». El serbio Milutin Milankovitch (1879 – 1958) elaboró, calibró y perfeccionó durante años su teoría matemática, con el fin de explicar por qué se producen las glaciaciones.

            Su hipótesis tiene como premisa que las variaciones de radiación solar son un factor clave en el control del clima de la Tierra. Su modelo matemático se basó en tres claves:

  1. Cambios en la excentricidad de la órbita terrestre alrededor del Sol.
  2. Cambios en la inclinación del eje de rotación de la Tierra.
  3. Precesión (cambios) en la inclinación del eje de rotación.

            Milankovitch comprobó que la excentricidad de la órbita terrestre alrededor del Sol varía su forma de más elíptica a más circular y vuelta a elíptica en ciclos de 100 000 años. Esto implica que la distancia de la Tierra al Sol es menor cuanto más circular sea la órbita, y mayor cuanto más elíptica, lo que provoca que la radiación solar en la superficie terrestre sea mayor o menor respectivamente.

Cambios en la excentricidad de la órbita terrestre. Fuente

Cambios en la excentricidad de la órbita terrestre. Fuente

            Así mismo, el eje de rotación terrestre varía en ciclos de 41.000 años, oscilando entre los 21,5º y 24,5º de inclinación entre el plano ecuatorial y el plano que contiene a la órbita terrestre. Actualmente presenta una inclinación de 23,5º. Cuanta mayor inclinación entre planos, más extremas son las estaciones, siendo más suaves cuando disminuye dicha inclinación.

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Cambios del eje terrestre, Fuente.

            La tercera clave es la precesión de los equinoccios. El eje de rotación de la Tierra varía su dirección en ciclos de 22 000 años. Para que nos entendamos, la Tierra experimenta un movimiento giroscópico al rotar, similar al de una peonza al girar. Esto se traduce en que el norte terrestre apunta a la estrella Polar en unas ocasiones, como la actual, y en otras a la estrella Vera. Este cambio determina qué hemisferio «mira» al Sol en los momentos de mayor cercanía (perihelio) y lejanía (afelio).

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Movimiento de precesión terrestre, Fuente.

Actualmente el hemisferio sur es que el que enfrenta al Sol en su momento de mayor cercanía (durante los primeros días del mes de enero). Hace 11 000 años era al revés, por lo que las estaciones debieron ser mucho más frías, ya que el hemisferio norte tiene una mayor cantidad de superficie continental (recordemos que es en tierra firme donde se establecen los hielos, y al hacer más frío se forman dichas masas).

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Momentos de mayor cercanía (perihelio) y lejanía (afelio), Fuente.

Las teorías de Milankovitch no han estado exentas de polémica. Sin embargo, ha habido estudios que las han comprobado y apoyado. Uno de ellos fue el análisis de sedimentos marinos profundos, donde gracias a la existencia de microorganismos climáticamente sensibles se pudo establecer una cronología de los cambios de temperatura en un periodo de millones de años. Se comprobó que dichos cambios de temperatura se correspondían con cambios en la geometría de la órbita terrestre (cambios en la excentricidad orbital). Sus autores así lo expusieron: «Se concluye que los cambios en la geometría de la órbita terrestre son la causa fundamental de la sucesión de los periodos glaciares durante el Cuaternario» (J.D. Hays y colaboradores).

            Sin embargo, estos ciclos no son la única causa de la formación de glaciaciones, pues hay numerosos factores que influyen en dichos fenómenos. Sin embargo, el factor que nos crea una mayor incertidumbre es la acción antrópica (del ser humano). Es un factor nuevo y nunca antes acaecido, por lo que no sabemos cómo va a responder la Tierra.

            Lo que sabemos seguro es que al igual que se sucedieron las glaciaciones de la Bola de Nieve y Würm, nos encaminamos hacia la siguiente. Pero tranquilos, quedan miles de años para sacar todos los plumas y mantas del armario.

Bibliografía|

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TARBUCK, E.J., LUTGENS, F.K., TASA, D, “Ciencias de la Tierra“, Prentice Hall, 2005.

VERA, J.A. Temas de actualidad en la interpretación del registro estratigráfico. 2003.

Redactor: Claudia Martínez Blanco

Licenciada en Historia por la Universidad Complutense de Madrid. Máster en Antropología Física por las Universidades Autónoma de Madrid, Complutense de Madrid y Alcalá de Henares. Actualmente doctoranda en "Doctorado en Historia y Arqueología" por la Universidad Complutense de Madrid.

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