Osteoarqueología intantil: La niñez en las sociedades prehistóricas (II)

El mundo de los niños en las sociedades prehistóricas es un mundo bastante complicado al que intentamos acercarnos a través del estudio arqueológico de los yacimientos, lugares de hábitat, cultura material, entre otros métodos, y a través de la antropología física. Esta nos da pistas sobre su muerte, pero gracias a que tenemos evidencias arqueológicas (lugares de enterramientos y ritos funerarios) y antropológicas (los restos óseos), también podemos saber cómo vivieron y aproximarnos a cuál pudo haber sido su lugar dentro de una sociedad altamente jerarquizada. Ya en el artículo anterior se plantearon una serie de cuestiones básicas que son necesarias para que podamos acercarnos un poco más al complicado universo de la  osteoarqueología infantil. En esta segunda entrega ahondaremos un poco más e intentaremos dar alguna posible respuesta a las múltiples cuestiones que orbitan alrededor de este complejo mundo.

Esqueleto de un niño de 6 meses perteneciente a una inhumación de Castellet de Bernabé del siglo IV aC. Fuente

Esqueleto de un niño de 6 meses perteneciente a una inhumación de Castellet de Bernabé del siglo IV aC. Fuente

Cuando intentamos conocer un poco el papel de los individuos infantiles dentro de las poblaciones prehistóricas acudimos siempre a las necrópolis, y en ellas no siempre tenemos la representación infantil tan marcada como se supone que debemos esperar. La mortalidad infantil era bastante alta, por lo que, si dibujamos una gráfica que refleje la tasa de mortalidad de la población en aquel momento, nos reflejaría que los niños e infantes jóvenes, junto con la población más anciana, es la que habitaría en su mayor parte las necrópolis, conviviendo con unos pocos adolescentes y adultos jóvenes. Si seguimos esta hipótesis, lo lógico sería encontrar una gran cantidad de restos infantiles, cuando la realidad no es esa. Una explicación a este problema es el tratamiento funerario diferencial, que se ha confirmado cada vez con más frecuencia, incluso llegando a existir necrópolis exclusivas para niños. Otra explicación es la mala conservación y fragmentación de los restos infantiles, como ya explicamos en el artículo anterior. Uno de los factores que provocan este estado de preservación defectuoso es la humedad del yacimiento, la cual perjudica gravemente, ya que el hueso de un adulto es más estable y compacto que el de un niño. Por su parte, los huesos de los individuos infantiles, al tener poco volumen y mayor superficie van a encontrarse más influenciados por los condicionantes ambientales. Y de igual manera ocurre con el tiempo transcurrido después del nacimiento, siendo importante que el niño haya nacido muerto o haya muerto poco después y además haya sido alimentado, ya que habrá comenzado a formar su flora intestinal, de manera que la descomposición iniciada por las bacterias será de dentro hacia fuera. Otro de los factores que provoca una conservación diferencial es la acidez del suelo, la cual provoca una menor probabilidad de conservación. La excavación en este medio debe ser especialmente rigurosa ya que es posible que las coronas de los dientes, ya sean de adultos o de individuos infantiles, hayan sobrevivido a la acidez. Así, se conseguiría evitar interpretar una inhumación como simbólica o cenotafio. De esta manera la escasez de los restos infantiles, excepto para adolescentes, como mito irá desapareciendo poco a poco, ya que lo más común sería encontrar muchos niños, reflejando la probabilidad de muerte por grupos de edad de las poblaciones sujeto. Otro condicionante es que se puedan recuperar en un estado óptimo que nos permita estudiarlos con profundidad.

Esqueleto de Subadulto Incompleto. Fuente

Esqueleto de Subadulto Incompleto. Fuente

De esta manera, y desde un punto de vista más histórico-arqueológico, podemos llegar a preguntarnos ¿Responden los enterramientos infantiles únicamente a tumbas para su descanso eterno tras una muerte natural? Probablemente no. El hecho diferencial del fallecimiento de un nonato, y no digamos de un recién nacido muerto o el nacimiento de un niño prematuro, es de suponer que causaría un cierto impacto psicológico social y con ello propiciaría la elaboración mítica de creencias y supersticiones alrededor de las causas y motivos por las cuales un ser humano no llegaba a acceder al grupo familiar y social. Nacer muerto o vivir escasas semanas da pie a especulaciones y a la creación de un cuerpo de creencias religiosas y metafísicas especiales. De ahí el impulso de aislar a los individuos que no han accedido al desarrollo fisiológico natural de la mayoría de la población. La interrupción de la vida antes de su plenitud en el ciclo normal vital sería un hecho anómalo.

Si buscamos respuestas más allá del ámbito de las necrópolis, el enterramiento de niños no incinerados podría responder a una actitud ceremonial o a un sacrificio, idea que se extendió a través de la cuenca mediterránea durante el I milenio a.C. y cuyas finalidades pueden ser múltiples. Es posible que fuese una forma de agradar a los dioses y obtener favores de ellos a modo de ritual de protección, tanto para la vivienda o el espacio doméstico. Ya la Biblia menciona este tipo de enterramientos (I Sam., 25; I Rey., 34); pero si tenemos en cuenta el hecho de que actualmente es costumbre entre los campesinos egipcios enterrar bajo el pavimento de sus casas a los niños que nacen muertos con la esperanza de ofrecer a su espíritu la máxima facilidad para volver a entrar en el seno materno, también cabría pensar que otros pueblos de la antigüedad podrían tener prácticas semejantes. Otros rituales pueden ser también por depósitos fundacionales o por la fertilidad del suelo. Quizás los neonatos muertos por causas naturales en ciertas épocas del año agrícola o durante algún acontecimiento religioso singular, también fueron ofrecidos en sacrificio ritual (lo cual indicaría que no siempre era forzoso una inmolación intencional) y fueran «aprovechados» para ser ofrecidos a ciertos cultos agrarios estacionales y luego inhumados con mayor o menor riqueza a modo de recuerdo y agradecimiento a la divinidad y de esta manera ser un vehículo de propiciación a unos bienes sociales o familiares. En caso de que la muerte sucediese en un periodo no significativo dentro del ciclo agrícola o no fuese coincidente con alguna actividad económica, el niño no adquiriría ningún valor espiritual y podría estar expuesto al aire libre en algún lugar sagrado, volviendo así a la Madre Naturaleza o al espíritu del Más Allá. Lo que daría también una explicación razonable a la falta de restos óseos encontrados con respecto a la tasa de mortalidad infantil, que es de suponer alta.

Atlas osteológico con esqueleto infantil. Fuente

Atlas osteológico con esqueleto infantil. Fuente

El caso de los sacrificios rituales infantiles presupone un hecho excepcional y por ello susceptible de un trato distintivo. El infanticidio sacro o ritual es un acto propiciatorio a ciertas divinidades por el valor intrínseco y la propia excepcionalidad del sacrificado u ofrecido. Por otra parte, la muerte natural, aun siendo un hecho involuntario al grupo social, no deja de poseer un valor excepcional, la existencia de una voluntad superior externa que frustra una vida y que es devuelta a su lugar de origen, el Más Allá cosmogónico. Pero la complejidad de la mayoría de hallazgos funerarios no permite siempre conocer con certeza las causas de la presencia de las inhumaciones infantiles con sus peculiares características.

Bibliografía|

CHAPA, T. “La percepción de la infancia en el mundo ibérico”. Trabajos de Prehistoria, 2003.

CHAPA, T. “Presencia infantil y ritual funerario”. Nasciturus, Infans, Puerulus vovis mater terra , Castelló:  SIAP-Diputació de Castelló, 2008.

DE MIGUEL P. “Muertos y ritos. Aportes desde la osteoarqueología”. La contestania Ibérica. Treinta años después. Alicante: Universidad de Alicante. 2005.

GONZÁLEZ MARTÍN, A. “Mitos y realidades en torno a la excavación, el tratamiento y el estudio de los restos arqueológicos no-adultos”. Nasciturus, Infans, Puerulus vovis mater terra, Castelló:  SIAP-Diputació de Castelló, 2008.

GUSI, F. “Nuevas perspectivas en el conocimiento de los enterramientos infantiles en época ibérica”. Estudios de Arqueología Ibérica y RomanaDiputación Provincial de Valencia, 1992.

Redactor: Inés Pérez Guzmán

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4 Comments

  1. Muy interesante Inés, estoy trabajando un libro sobre el paleolítico andino, lo tomaré para la bibliografía si lo permite

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    • Muchas gracias Jaime, si necesitas más bibliografía sobre algún tema en concreto, coméntamelo sin problemas. Muchas gracias de nuevo.

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  2. Como “neonato arqueológico” te sigo perfectamente,lo que dice mucho de tu forma de presentar el trabajo.Dicho esto me gustaría que ahondases mas en la cultura de las diferentes religiones para con los enterramientos infantiles porque me parece muy interesante para mi forma de imaginar.

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    • Muchas gracias Juan I., Lo consideraré para mi próximo artículo. Gracias de nuevo por comentar.

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