Nicolás de Ovando, gobernador de Indias: crónica de un final anunciado (II)

Año del Señor de 1504. La Española se encontraba entonces ante una situación radicalmente diferente a la vivida solamente dos años antes. Ya había quedado atrás el caos dominante en la isla, todo gracias a un fraile que, imbuido en el cargo de gobernador y con la determinación de imponer el poder real allende los mares, había conseguido revertir la situación y dar los primeros pasos hacia la prosperidad de la colonia. Para lograrlo,  como vimos en el primer artículo de esta serie, nuestro protagonista había necesitado echar mano de su capacidad para la improvisación política y de la violencia en su máximo exponente.

Esta capacidad para actuar por sí mismo era fundamental para el desarrollo de la empresa colonial, aún más si cabe teniendo en cuenta el contexto político en el que Castilla se encontraba inmersa a la muerte de Isabel. Durante el convulso gobierno de Felipe el Hermoso las relaciones entre Castilla y las colonias fueron menos fluidas, por lo que las cuotas de autonomía del gobernador no hicieron sino aumentar. Tampoco debía ya rendir cuentas ante la Corona sobre el trato dispensado a los indígenas, puesto que con la Católica también murió gran parte de la preocupación hacia los naturales. Aunque se crearían tres obispados para la isla, tales cargos quedaron vacantes y los esfuerzos de los curatos instituidos para llevar a cabo la conversión en cada rincón de la isla quedaron relegados ante principios más mundanos. Así las cosas, la obra de Ovando en materia religiosa quedaría limitada a reprimir los cultos indígenas, sin que ello conllevara necesariamente su conversión.

Así las cosas, la colonia aún distaba mucho de ser rentable para la Corona. Tras imponer a sangre y fuego la autoridad española, se hacía indispensable valerse de los

Grabado de una encomienda de indios dedicada a la minería del oro, fuente de grandes riquezas e injusticias, por De Bry. Fuente

indígenas como fuerza laboral, así como poblar el interior de la isla para garantizar el poder y control efectivo sobre la propia tierra y sus recursos. Así las cosas, se continuaron las líneas maestras ya seguidas hasta entonces, llevándose a cabo ya un reparto generalizado de los indígenas en encomiendas. Si bien los encomenderos debían comprometerse a proteger y a llevar a cabo la conversión al cristianismo de los indios a su cargo a cambio de que éstos le prestaran servicios, se trató de un método de explotación sistemático en el que primaron los réditos a obtener por el beneficiario. De esta manera, los abusos y las pésimas condiciones vitales y laborales de los naturales darían lugar a una elevadísima mortalidad indígena que provocaría un descenso brutal en la mano de obra disponible. Lejos de afrontar una solución alternativa que implicase la mejora de las condiciones vitales de los naturales, el descenso de mano de obra disponible daría lugar a la concesión, ya a finales del gobierno de Ovando, de licencias para capturar indios en las islas cercanas. La estructura social indígena se mantuvo a través de unos cacicazgos que ya actuaban de simples voceros de las autoridades españolas. Su tierra, su forma de vida y su identidad habían dejado de ser suyas al convertirse en súbditos de la ley castellana. Vae victis… 

Fundaciones de ciudades bajo la administración colombina y ovandina. El comendador construiría un total de 17 villas, edificando entre ellas una red viaria por la que canalizar el comercio y la recaudación de impuestos. Fuente
Fundaciones de ciudades bajo la administración colombina y ovandina. El comendador construiría un total de 17 villas, edificando entre ellas una red viaria por la que canalizar el comercio y la recaudación de impuestos. Fuente

El propio gobernador era quien ejercía como repartidor de indios en nombre del rey. La posibilidad de controlar la mano de obra, de dar y quitar indios a unos y a otros le proporcionó, evidentemente, enormes ventajas en el ejercicio de su poder: control sobre la producción, sobre la construcción de obras públicas y, por supuesto, control político, beneficiando a su círculo de colaboradores y a los pobladores más fieles. Del mismo modo operó en la creación de ciudades por el interior insular. En la distribución de solares de las futuras villas, previo paso a la propia edificación de las mismas,  se elegían a aquellos colonos más meritorios y leales al gobernador. En cuanto a la elección de los cargos municipales, estos fueron designados de entre los lugartenientes y el círculo más próximo al gobernador. De esta manera, el gobernador obtenía cuotas de poder directo sobre los propios pobladores, promoviendo además una colonización urbana (que favorecería ese poder efectivo). Entre ellos nos encontramos a muchos de los que habían sido lugartenientes en las campañas de Jaraguá y Higüey y que, posteriormente, protagonizarían la Conquista: son los casos de Diego Velázquez de Cuéllar (futuro conquistador y gobernador de Cuba), Juan de Esquivel (descubridor de Jamaica), Juan Ponce de León (descubridor de Puerto Rico y Florida), Vasco Núñez de Balboa (descubridor del Pacífico), entre otros.

Así las cosas, fray Nicolás de Ovando asentó las bases para el crecimiento económico de la isla: contando con la mano de obra de las encomiendas y, de esta manera, controlando la agricultura y la ganadería indígenas, comenzaron a ponerse en explotación los yacimientos auríferos del interior de la Española. Se llevó a cabo a través de un estricto control por parte de las autoridades gubernativas en cuanto a la extracción y la fundición del metal, evitando así las suspicacias y engrosando notablemente las arcas coloniales. De la mano de la minería nos encontramos un pujante comercio, que también repercutiría en la hacienda pública a través del diversos gravámenes como el del almojarifazgo. Para hacernos una idea del crecimiento económico de la colonia, cabe tener en cuenta que para 1506 La Española generaba el doble de ingresos por las actividades comerciales a la Corona (4 millones de maravedís) que lo que produjo Sevilla en ese mismo año.

De esta manera, el gobernador había promovido la colonización y explotación del territorio de una forma controlada y efectiva. Había creado un poder fuerte y centralizado que contaba  con mimbres económicos fuertes y una sociedad abierta en la que cualquier poblador podía ascender socialmente con una buena hoja de servicios.  Así, fray Nicolás de Ovando, sintiendo que ya había logrado sus objetivos y habiendo obtenido grandes riquezas, solicitaría en 1505 ser residenciado para poder volver a Castilla. No obstante, le fue denegada esa petición. En la Corte se entendió que el gobernador podía aportar aún mucho a la colonia siguiendo esa prometedora senda.

Sin embargo, no erraba Ovando en cuanto al momento para abandonar el cargo de gobernador, pues él sí que era consciente de que su hacer en las Indias había tocado techo. Así las cosas, el extremeño permanecería durante otros cuatro años al frente de la colonia tratando de mantener el rumbo llevado hasta entonces. Sin embargo, con el fin del convulso reinado de Felipe el Hermoso y el nombramiento de Fernando como regente de Castilla, las relaciones entre ambos lados del océano cobraron una relevancia renovada. Y a diferencia del mandato de Isabel, la importancia de la colonia radicaba fundamentalmente en el oro que podía aportarle al rey para sus campañas europeas. Y es que la política de inversión en obras públicas en suelo insular, los sueldos de los oficiales y la revolución en los precios, originada por las  notables cantidades de oro extraídas, disminuían los ingresos para la hacienda real.

La avidez del Católico chocaba de bruces con el firme inmovilismo de Ovando, quien con buen criterio creía que la sobreexplotación de los recursos sólo acarrearía

Retrato de Juan Rodríguez Fonseca, el “ministro de Indias”. Fuente

problemas económicos y laborales (aún mayor mortandad entre los indígenas), pudiendo provocar el colapso de la colonia. A este conflicto de intereses se le unían las críticas que constantemente llegaban por parte de aquellos mineros arruinados y de los pobladores interesados en la marcha de Ovando para poder volver campar a sus anchas, como ya ocurriera antes de la llegada del Comendador. Era, por tanto, terreno abonado para que Juan Rodríguez Fonseca comenzase a menoscabar el poder del gobernador. Con la vuelta de las relaciones fluidas entre Castilla y sus colonias también se había renovado la influencia del llamado “ministro de Indias” sobre los territorios ultramarinos. Y el entonces obispo de Palencia, quien hasta la llegada de Ovando había manejado a su antojo los asuntos indianos, se topó entonces con un gobernador de carácter fuerte, con una determinación y objetivos claros y que se había reservado para sí importantes cotas de poder, tejiendo una tupida red de poder e influencia a lo largo y ancho de la isla. Era, por tanto, un rival que convenía apartar, ya que además había denegado la posibilidad de poseer encomiendas a aquellos que no fueran pobladores insulares, una decisión que afectaba de lleno al obispo y demás cortesanos con intereses económicos en las Indias.

Así las cosas, Fonseca y el secretario real Lope de Conchillos se propusieron acotar y terminar con la gobernación del extremeño atacando a los oficiales de Ovando y promoviendo para tales cargos a gente de sus círculos de confianza. Y es que una de las principales debilidades del régimen ovandino serían los sueldos del equipo de gobierno del comendador: éstos dependían únicamente de la renta insular. Si bien pudiera entenderse como una manera de hacer confluir los intereses personales y generales, al final lo que desató fueron las sospechas de desfalco y corrupción entre esos oficiales, posiblemente más interesados en el lucro individual que en el bien colectivo. Así ocurrió con Cristóbal de Santa Clara, tesorero real y estrecho colaborador del gobernador, que fue residenciado y destituido de su cargo en 1507 al conocerse el uso personal de las arcas coloniales. Si bien recientes investigaciones niegan que hubiese desfalco por parte del tesorero y que la pérdida de ingresos se debió a su escasa capacidad de gestión, la negligencia en la vigilancia por parte de Ovando supuso una grave pérdida de legitimidad y autoridad. Para más inri, el sustituto en la tesorería colonial sería Miguel de Pasamonte, quien sería a la postre el hombre de confianza del rey y Fonseca en Indias y quien actuaría, hasta el final del mandato de Ovando, como contrapeso al poder del gobernador.

Retrato de Don Diego Colón, II Almirante de la Mar Océana y sucesor de Ovando al frente de las Indias. Fuente

Por estas mismas fechas nos encontramos con la otra gran polémica en la que el comendador se vería implicado a finales de su mandato, el pleito Ovando-Tapia, el primer gran litigio en suelo americano, instigado por Fonseca a través de sus parientes Francisco y Cristóbal de Tapia, alcaide este último de la fortaleza de Santo Domingo. Todo se originaría a raíz de la expropiación y secuestro de los bienes de los Tapia por parte de Ovando al conocer que promovían una rebelión contra el régimen colonial. Los acusados aprovecharon el juicio para lanzar una sarta de acusaciones sobre la persona del gobernador, denunciando todo tipo de corruptelas del propio Ovando y su equipo de gobierno. A pesar de que el litigio quedó inconcluso al remitirse la decisión a las instancias reales, Fonseca sacó el rédito que esperaba: lograr que el nombre del gobernador quedara para siempre bajo la sombra de la duda.

Para entonces, fray Nicolás de Ovando acusaba ya el desgaste propio de su cargo y del paso del tiempo. Era además consciente de la victoria de Fonseca y de la necesidad de dejar su puesto a alguien que pudiera responder mejor a los nuevos tiempos y exigencias de la Corona y la colonia. Cuando solicitó de nuevo su regreso a España achacando problemas de salud, esta vez sí que se le permitió regresar, una vez que ya se había decidido a su sucesor al frente de las Indias: Don Diego Colón, hijo del desaparecido Almirante y yerno del todopoderoso e influyente Duque de Alba.

Tras el trámite de la residencia, que no arrojó ningún cargo contra él y sus colaboradores, fray Nicolás de Ovando dejaba atrás

Sepulcro de fray Nicolás de Ovando, situado en el convento de San Benito de Alcántara (Extremadura). Fuente
Sepulcro de fray Nicolás de Ovando, situado en el convento de San Benito de Alcántara (Extremadura). Fuente

una floreciente y próspera colonia, totalmente diferente a la caótica y paupérrima zona que había encontrado a su llegada. Gracias a su labor se habían asentado los cimentos sobre los que se sustentaría la empresa colonial, cuyos territorios ya se estaban acrecentado a finales de la administración ovandina con la organización de diversas expediciones sobre el ámbito caribeño (Cuba, Boriquén y Jamaica). Una herencia cuyos defectos, sobre todo en lo relativo al trato dispensado a los indígenas, también dejarían su impronta en el devenir de las Indias y que estuvieron a punto de provocar el fin de la empresa española en América. Sea como fuere, en 1511, preparando su participación en la toma de Orán, moriría fray Nicolás de Ovando y Cáceres, pero su obra y legado seguirían muy vivos en las Indias.

Bibliografía|

LAMB, ÚRSULA, “Frey Nicolás de Ovando, gobernador de Indias”, Santo Domingo: Sociedad Dominicana de Bibliófilos, 1977.

MAESTRE MÍNGUEZ, MARÍA DOLORES, “Frey Nicolás de Ovando, primer gobernador real de las Indias y Tierra Firme de la Mar Océana: La Española, 1501, 1509 y 1511″, Sevilla: Padilla Libros Editores y Libreros, 2011.

MIRA CABALLOS, ESTEBAN, “La Gran Armada Colonizadora de Nicolás de Ovando: 1501-1502″, Santo Domingo: Academia Dominicana de la Historia, 2014.

MIRA CABALLOS, ESTEBAN, ”Nicolás de Ovando y los orígenes del sistema colonial español: 1502-1509″, Santo Domingo: Patronato de la Ciudad Colonial de Santo Domingo, 2000.

MORALES PADRÓN, FRANCISCO, “Historia del descubrimiento y conquista de América”, Madrid: Gredos, 1990.

RODRÍGUEZ DEMORIZI, EMILIO, “El pleito Ovando-Tapia: comienzos de la vida urbana en América”, Santo Domingo: Editorial del Caribe, 1978.

Redactor: José Antonio Díaz Reina

"La historia es un profeta con la mirada vuelta hacia atrás: por lo que fue, y contra lo que fue, anuncia lo que será." Estudié Historia en la US y en la University College of London. Titulado en Máster en Estudios Americanos por la Hispalense. El siglo XVI en América es lo mío, mi pasión.

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