Nicolás de Ovando, Gobernador de Indias (1502-1509): un fraile al mando de la colonia (I)

Año del Señor de 1501. La Española, tras 9 años de presencia castellana, era un absoluto caos: los deseos de los Colón de obtener beneficios y de colmar las expectativas de sus Católicas Majestades se habían traducido en una política en la que primaba la extracción aurífera sobre cualquier otro principio moral o político. Una auténtica “fiebre del oro” que desataría una sistemática (aunque deficiente) explotación no sólo de los yacimientos mineros, sino también de las poblaciones naturales. Esta visión tan a corto plazo e interesada provocaría continuas sublevaciones indígena que disminuían la mano de obra disponible y ponía en riesgo la supervivencia de la colonia castellana.

A ello había que sumar una población española, además, desilusionada por las promesas de riqueza y gloria de los Colón y afectada por las continuas hambrunas y enfermedades que le

Francisco de Bobadilla arresta a Cristóbal Colón en Santo Domingo (grabado publicado en la Enciclopedia de Historia de los Estados Unidos, de Harper en 1912).

Francisco de Bobadilla arresta a Cristóbal Colón en Santo Domingo (grabado publicado en la Enciclopedia de Historia de los Estados Unidos, de Harper en 1912). Fuente

asolaban. Así las cosas, muy pronto emergería un grupo opositor organizado en torno a Francisco Roldán, quienes, desde su base de operaciones en Xaraguá, se dedicarían al saqueo y explotación de los naturales, logrando grandes riquezas y el establecimiento de una “colonia paralela” a la regida por los Colón . No en vano, el Almirante no pudo más que claudicar ante las exigencias de los rebeldes, que vieron su poderío aún más acrecentado.

Como respuesta a tal esperpento sería enviado desde Castilla Francisco de Bobadilla, en calidad de juez pesquisidor, para certificar las nuevas que llevaban tiempo llegando a la metrópoli. Casi tan pronto como llegó constató las sospechas que lo habían llevado allí: cadáveres de castellanos pudriéndose en el cadalso, hambrunas y explotación de la población indígena. Quedaba probado que el almirante era un hombre incapaz para la administración y el gran culpable de la situación. Por tanto, se procedió a su apresamiento y envío a Castilla.

Pero el gobierno de Bobadilla, con su política pacificadora y complaciente con los colonos con el fin de lograr la deseada estabilidad, fue como una tirita en una herida que sangraba a borbotones. Los reyes, en tal punto, comprendieron la necesidad de emprender un giro radical a su política indiana. Tan ardua tarea debía ser encomendada a un fiel y celoso servidor de la Corona que lograrse arreglar aquel desaguisado, evangelizar a los indígenas y hacer rentable las posesiones ultramarinas. Aquel hombre debía ser fray Nicolás de Ovando y Cáceres.

Herrera lo describió como un hombre “mediano de cuerpo y la barba muy rubia y la tez bermeja”. Las Casas lo ensalza calificándolo como “varón prudentísimo y digno de gobernar mucha gente…honestísimo… y no pareció faltarle humildad, que es esmalte de virtudes”. Todos los cronistas ensalzaron la austeridad de sus costumbres y la pureza con que observaba los votos”. Retrato de Nicolás de Ovando en el Ayuntamiento de Brozas. Fuente

Herrera lo describió como un hombre “mediano de cuerpo y la barba muy rubia y la tez bermeja”. Las Casas lo ensalza calificándolo como “varón prudentísimo y digno de gobernar mucha gente…honestísimo… y no pareció faltarle humildad, que es esmalte de virtudes”. Todos los cronistas ensalzaron la austeridad de sus costumbres y la pureza con que observaba los votos”. Retrato de Nicolás de Ovando en el Ayuntamiento de Brozas. Fuente

Nacido en Brozas hacia 1451 y criado en Cáceres, nuestro personaje pertenecía a una familia tradicionalmente servidora de la Corona. Así las cosas, Nicolás  iniciaría una fulgurante carrera política a una edad temprana: comendador de Lares, instructor del príncipe Juan, visitador de la Orden de Alcántara, para posteriormente convertirse en comendador de dicha Orden en 1502. A la hora de designar el hombre idóneo que enderezar el rumbo de las Indias, los Católicos contaban con un hombre experimentado, con grandes dotes administrativas y políticas, íntegro y leal servidor de la Corona. De esta manera, fray Nicolás fue investido en el cargo de Gobernador el 3 de Septiembre de 1501 en Granada. Obtenía

La jurisdicción de su gobernación se limitaba al ámbito caribeño insular, teniendo en cuenta las concesiones previas sobre la costa sudamericana a personajes como Ojeda o Yáñez Pinzón. Planisferio de Cantino (1502. Fuente

La jurisdicción de su gobernación se limitaba al ámbito caribeño insular, teniendo en cuenta las concesiones previas sobre la costa sudamericana a personajes como Ojeda o Yáñez Pinzón. Planisferio de Cantino (1502). Fuente

atribuciones políticas y judiciales con los siguientes objetivos fundamentales: en primer lugar, restablecer el orden en la isla e imponer un gobierno centralizado y fuerte, deponiendo a la complaciente administración de Bobadilla y paralizando el proceso de “feudalización” que se estaba desarrollando a través de los repartimientos de indios iniciados por Roldán. Asimismo, debía promover un crecimiento en la producción isleña, logrando su autoabastecimiento y la rentabilidad de la presencia castellana en Indias. Por último, el imperativo de lograr la evangelización de los indígenas.  Era este un tema de importancia capital, ya que la sumisión de los naturales era la clave para ejercer un control efectivo de la isla y cumplir con el cometido que, teóricamente, justificaba la conquista y colonización de las Indias: la propagación de la fe católica.

Bajo estos principios se redactarían las 17 Reales Cédulas otorgadas a Ovando, en la que quedaban bien delimitadas tanto sus competencias como los límites de su jurisdicción. Se le asignaba un sueldo de 360.000 maravedís anuales (el doble que Bobadilla) y se establecía un tiempo indefinido para su mandato: concluiría cuando la situación que lo habría de llevar allende los mares se hubiese solucionado.

Sólo quedaba disponer de una flota digna de tan importante ocasión. El envío de un nuevo gobernador suponía un nuevo motivo de ilusión para sus Católicas Majestades, quienes veían en él una nueva oportunidad para tomarle el pulso a sus posesiones ultramarinas, al mismo tiempo que observaban con recelo los avances exploradores portugueses sobre la costa americana. El buen ánimo y la necesidad de despachar rápidamente la flota se traducirían en la notable inversión de la Corona: pese a que la Hacienda Real se hallaba (cómo no) en horas bajas, la flota ovandina fue una empresa de financiación público-privada, a diferencia de la gran mayoría de expediciones a Indias. La escuadra marchaba así con el abastecimiento estimado como necesario, a pesar de la carestía que azotaba a Castilla.

La esperanza también pareció aflorar entre los súbditos, pese a lo tanto y mal que habían oído hablar del devenir de las colonias. Y es que la expedición ovandina, por el número de alistados, recuerda al despliegue humano del segundo viaje colombino. No en vano, se cifra en 32 las naves que transportaron tanto al gobernador como a los nuevos pobladores, cuyo número ascendía a entre 1550 y 2000. Con todo aprestado, la magnífica flota dejó atrás Sanlúcar de Barrameda el 13 de febrero de 1502 para poner rumbo hacia La Española, en una travesía que se extendería hasta el 5 de abril de ese mismo año.

Fundaciones de ciudades bajo la administración colombina y ovandina. Se aprecia cómo a la llegada de Ovando la presencia española se limitaba a una "espina dorsal" que recorría La Española. Fuente

Fundaciones de ciudades bajo la administración colombina y ovandina. Se aprecia cómo a la llegada de Ovando la presencia española se limitaba a una “espina dorsal” que recorría La Española. Fuente

Ovando ponía pie en tierra insular en una situación bastante halagüeña: el buen ánimo imperaba en la colonia tras el hallazgo de una enorme pepita de oro y el reciente sometimiento de algunos cacicazgos indígenas. De esta forma no encontró grandes impedimentos para comenzar la ejecución a las disposiciones reales, comenzando por la deposición de Bobadilla y su equipo de gobierno. Así se daría lugar al primer juicio de residencia en Indias, por el cual los anteriores oficiales reales debían dar cuenta del ejercicio de su cargo frente a los nuevos.

Sin embargo, pronto los diferentes avatares torcerían la hoja de ruta marcada desde la Península. Y es que si algo quedó claro desde un principio fue la laxitud y lo descontextualizado de las disposiciones entregadas al gobernador. La realidad indiana y sus condicionantes  eran bien distintos a los de la Península, por lo que los principios que regían a una nunca podían considerarse en la otra, y menos con tan corta experiencia colonial. Quedaba claro que la capacidad de maniobra e improvisación del Comendador marcaría buena parte de su quehacer al frente de las Indias y, al mismo tiempo, del devenir de la española en el continente americano.

Así las cosas, la propia llegada de la flota supondría un primer problema: a pesar de haberse enviado víveres para ocho semanas una vez que arribara, muy pronto comenzó la hambruna y la carestía. A la incapacidad estructural de la paupérrima colonia había que añadirle el impacto que supuso la llegada de casi 2.000 bocas más que alimentar y la mala conservación de los víveres traídos. Esta situación desataría un clima de tensión entre viejos y nuevos pobladores que, mezclada con el ansia de conseguir el oro necesario para sobrevivir y enriquecerse, provocaría la diseminación de la población castellana por toda la isla y la incapacidad, por parte el gobernador, de ejercer un control efectivo sobre la población. Campando a sus anchas, los colonos se vieron libres para ejercer una explotación sistemática del indígena.

Otro problema se cernía sobre la gobernación ovandina: a través de un emisario, fray Nicolás supo del naufragio del almirante en Jamaica durante el cuarto viaje colombino. Solicitaba auxilio para que se le enviara un navío y permiso para volver a La Española, puesto que se le había vedado su entrada tras su apresamiento por Bobadilla. Ante esta tesitura, evitando así ulteriores problemas con la Corona y los colonos favorables al Almirante, se limitó a vedar su paso a la isla y enviar, sin demasiada premura, un barco para su rescate. Esta decisión le acarrearía numerosas críticas lideradas por sus propios rivales y los partidarios de los Colón.

Ovando aprovecharía esta refundación para, gracias a un nuevo reparto de los solares villariegos, obtener réditos políticos. Vista de Santo Domingo durante el siglo XVI.  Fuente

Ovando aprovecharía  también esta reedificación para proyectar un palacio de gobernador, una fortaleza de piedra y una catedral, los primeros construidos en suelo americano.Vista de Santo Domingo durante el siglo XVI. Fuente

En medio de esta difícil tesitura, quizás creyendo que el genovés se regodeaba de su inexperiencia, el comendador hizo caso omiso de sus advertencias de que se avecinaba un huracán. Ningún preparativo se realizó al respecto, lo que provocaría graves percances económicos, como la destrucción casi al completo de Santo Domingo y el naufragio de la armada que se acababa de despachar hacia la Península. El caos y la hambruna campaban de nuevo a sus anchas por la isla pero, entonces, se encontraron de frente con la capacidad y determinación del gobernador. De esta forma, se procedió a la refundación de la villa dominicana, en el margen derecho del río Ozama, para dotar de mayor salubridad y conexiones a la capital de su gobernación.

Como consecuencia del desastre urgía, asimismo, poner en marcha el paupérrimo sistema económico colonial, deficitario, además, ante la falta de mano de obra indígena, dada la disposición real de prohibir el reparto de indios a la llegada de Ovando. A este respecto, de nuevo el gobernador se veía en la disyuntiva de proteger al indígena frente al abuso de los castellanos y de hacer funcionar la economía colonial. Evidente es que el poderoso caballero pesó más que la conciencia real y del gobernador: tras solicitar a los reyes la aprobación del trabajo forzado, Ovando daría formalismo legal al sistema de encomienda iniciado por Roldán, el cual dominaría la escena socioeconómica indiana durante el medio siglo siguiente. A diferencia del repartimiento desarrollado por la gente de Roldán, la tierra sería de pertenencia real y administradas en regalía, es decir, por concesión real a esos colonos. Todo lo que no fueran beneficios agropecuarios, es decir, los derechos sobre los recursos metalíferos, se los reservaba la Corona. De esta forma, se reservaba para sí cuotas de poder directo sobre el territorio indiano, a través de futuras concesiones de explotación mineras.

Mapa sobre los cacicazgos prehispánicos de la isla. A la llegada de Ovando, sólo los de Xaraguá y Higuey mantenían una abierta hostilidad hacia los colonos. Fuente

Mapa sobre los cacicazgos prehispánicos de la isla. A la llegada de Ovando, sólo los de Xaraguá y Higuey mantenían una abierta hostilidad hacia los colonos. Fuente

Pese a tales medidas, la maquinaria colonial necesitaba aún mayor cantidad de mano de obra, así como de la estabilidad que proporcionaría la anexión del resto de poblaciones aborígenes. En tal sentido, se dio comienzo a sucesivas campañas para someter los cacicazgos de Higüey y Jaraguá, entre 1502 y 1504. Gracias a ellas, además del consabido botín, los colonos pudieron obtener su bien más preciado, es decir, mano de obra esclava, gracias al principio de “guerra justa”, es decir, el derecho que esgrimirían los colonos para esclavizar a los naturales si estos no se sometían de motu propio a la soberanía castellana y la fe católica.

La brutalidad llevada a cabo en tales campañas le supuso a Ovando fuertes críticas en la Corte, sobretodo al conocer del destino de Anacaona, cacique de Jaraguá. La líder indígena había sido ahorcada por el gobernador sin ningún motivo aparente. Nada importaba las sospechas (fundadas o no) de la rebelión indígena: la propia Reina, al conocer las andanzas del gobernador, prometió darle su merecido.

Sin embargo, aquel año de 1504 fue clave en la vida de Ovando: en primer lugar, la muerte de la Reina le libró de las represalias. Sin la Reina, la preocupación por los indios pasó a un segundo plano en la Corte. Así las cosas, dado el notable servicio prestado hasta entonces, reorganizando y “pacificando” La Española, el comendador sería congratulado con una renovación de su cargo. Desde entonces hasta el final de su mandato, la acción de nuestro protagonista también estaría condicionada, en gran medida, por otro evento acaecido ese mismo año: el regreso de Juan Rodríguez Fonseca a la dirección de los asuntos indianos. El todopoderoso obispo se convertiría a la postre en el gran enemigo de Ovando, como veremos en el siguiente artículo.

Bibliografía|

LAMB, ÚRSULA, “Frey Nicolás de Ovando, gobernador de Indias”, Santo Domingo: Sociedad Dominicana de Bibliófilos, 1977.

MAESTRE MÍNGUEZ, MARÍA DOLORES, “Frey Nicolás de Ovando, primer gobernador real de las Indias y Tierra Firme de la Mar Océana: La Española, 1501, 1509 y 1511″, Sevilla: Padilla Libros Editores y Libreros, 2011.

MIRA CABALLOS, ESTEBAN, “La Gran Armada Colonizadora de Nicolás de Ovando: 1501-1502″, Santo Domingo: Academia Dominicana de la Historia, 2014.

MIRA CABALLOS, ESTEBAN, ”Nicolás de Ovando y los orígenes del sistema colonial español: 1502-1509″, Santo Domingo: Patronato de la Ciudad Colonial de Santo Domingo, 2000.

MORALES PADRÓN, FRANCISCO, “Historia del descubrimiento y conquista de América”, Madrid: Gredos, 1990.

Redactor: José Antonio Díaz Reina

"La historia es un profeta con la mirada vuelta hacia atrás: por lo que fue, y contra lo que fue, anuncia lo que será." Estudié Historia en la US y en la University College of London. Titulado en Máster en Estudios Americanos por la Hispalense. El siglo XVI en América es lo mío, mi pasión.

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