Navegación y embarcaciones en la época vikinga: diferentes fuentes para su estudio

Uno de los periodos históricos que más fascinación causan al gran público es la denominada época vikinga, el momento de la expansión de los pueblos escandinavos enmarcada aproximadamente entre los siglos VIII y XI d.C.. Todos tenemos en la mente las expediciones noruegas al oeste en busca de pillaje y tierras por colonizar, el comercio de los suecos en los grandes ríos del este de Europa y el mar Báltico y la creación de estructuras de carácter estatal por parte de los daneses en diferentes puntos de Europa. Pero, ¿cómo llegaron los diferentes pueblos nórdicos a localizar y poblar lugares como Groenlandia e Islandia, fundar reinos como el de Sicilia o llegar a la denominada Vinland en las costas de la actual Canadá?

Las necesidades sociales y económicas como vivir en tierras con ciertas dificultades para el cultivo, el sistema hereditario escandinavo o sus intereses mercantiles, entre otros tantos factores, les llevaron a buscar nuevos territorios. Vivían también de la pesca, y por ende, del mar, por lo que gracias a la dependencia de este medio les permitió llevarles al avance técnico en lo que a navegación se refiere.

Piedra de Stora Hammars I de Gotland (Suecia), datada en el siglo VIII-IX d.C., aparecen representaciones iconográficas de embarcaciones escandinavas. Fuente.

Piedra de Stora Hammars I de Gotland (Suecia), datada en el siglo VIII-IX d.C.. Fuente.

Estas embarcaciones que posibilitaron la gran expansión vikinga fueron fruto de una evolución de cientos de años en el norte de Europa. Aspectos característicos de estos barcos se observan desde el Neolítico, en embarcaciones de los siglos previos al cambio de era y en embarcaciones de cronología próxima a las que nos atañen como la de Kvalsund. Desde el siglo VII la vela se comenzará a emplear en estas embarcaciones y la quilla se desarrollará, siendo los dos elementos clave para ese cambio.

En cuanto a los tipos de embarcaciones, aunque al principio no existía una división clara por su uso múltiple, con el tiempo vemos una clasificación un poco más visible entre barcos para la pesca y el transporte de pequeña envergadura (como el faering), los barcos mercantes tienen forma más achatada, borda más alta y por tanto con una mayor capacidad de carga (como el knorr o el karve) y, sin duda, los barcos largos o de guerra.

El langskip o barco largo (comúnmente conocido como drakkar, debido al empleo de ornamentación de representaciones de dragones en mascarones de proa de ciertos langskip), son embarcaciones ligeras, alargadas, estrechas, con fondo plano y de poco calado que destacan por su velocidad, su fácil maniobrar y por la posibilidad de navegar por aguas poco profundas. Medían una media de 30 metros de eslora por 6 de manga y dependiendo de su tamaño pueden tener diferentes denominaciones (snekkja, skeid…) y solían medirse por el número de remeros por banda. Gracias a la ley Leiðangr de leva pública (un sistema de organización de flotas para defensa, ataque o comercio de los pueblos nórdicos) y a la Gulathinglaw (una compilación noruega de leyes del siglo X), sabemos que un tamaño medio para estos barcos era de 20-25 remeros por banda y un mínimo para la guerra de 13 respectivamente. Eso sí, las fuentes escritas nos hablan también de barcos insignia que medían más, como el “Larga Serpiente” (34) del rey Olaf I de Noruega o el “Gran Dragón” (35) de Harald III de Noruega.

Dibujo en sección del barco de Gokstad. Fuente.

Dibujo en sección del barco de Gokstad. Fuente.

Aunque predominó su uso en la guerra para el desembarco rápido (strandhögg), también se emplearon en grandes batallas navales como la de Svolder (999/1000), siendo lo más parecido a una batalla terrestre al unirse las naves con sogas para formar plataformas flotantes en líneas o cuñas donde primaba el enfrentamiento cuerpo a cuerpo. 

El sistema de construcción del casco de estas embarcaciones es el tingladillo: partiendo de la quilla (la columna vertebral de la embarcación) se van superponiendo hiladas de diferentes tamaños de tablas finas de madera una encima de la otra, siendo además característico que las cuadernas (la estructura interna del barco) no se construyan hasta que el casco va tomando forma. Además se hacen unos agujeros en las hiladas superiores para el uso de los remos. Posteriormente el casco del barco se calafatea con trapos embreados de resina de pino o grasa de foca. La madera más empleada para su construcción, sobre todo para las partes más importantes, era el roble, y al escasear este, se utilizaban otras como el pino, el fresno o el abedul, maderas que tras ser taladas se almacenaban en agua. Un proceso constructivo complejo con diferentes fases que dio lugar a un trabajo especializado.

Dibujo del aparejo de una embarcación vikinga. Fuente.

Dibujo del aparejo de una embarcación vikinga. Fuente.

Los dos medios de propulsión del barco son los remos y la vela: mientras que estos primeros contaban con uno o dos remeros, incluso un tercero en batalla (los cuales eran empleados en las inmediaciones de la costa, para remontar ríos e incluso en batalla), la vela cuadrada era la fuerza motriz en altamar. Pese a que tenemos escasas referencias materiales, se cree que estaban confeccionadas con lana y con tiras de refuerzo de cuero, cuerda o lino; además de los elementos encargados de la sujeción de la vela (verga, mástil, kerling y la junta de mástil) también existían una serie de elementos para su óptimo control como unas pequeñas cuerdas para arriar la vela, los estays (cuerdas que la unen a proa y popa para que el viento hinche las velas), el seglstikke (pivote de hierro para sujetar la parte inferior de esta), la bolina (cuerda que controla su borde) o el beiti-ass (un palo que sujeta la vela contra el viento). No debemos olvidar que un elemento de gran importancia es el timón, fijado por la banda de estribor, un gran remo encajado y movible que se maneja por una barra horizontal fijado por la banda de estribor.

Otros aspectos a destacar de la embarcación  son los escudos que colgaban de las bordas y los asientos de los remeros que aún están en debate por la inexistencia de pruebas de bancos, la posibilidad del uso de baúles o el más que probable empleo de los baos transversales de las cuadernas.

Los instrumentos empleados para orientarse en la navegación son uno de los temas que más controversia causan sobre la navegación vikinga. Un considerable silencio de las fuentes a este respecto, ha provocado infinidad de hipótesis que hablan desde el conocimiento de los astros, las aves y las mareas, el empleo de tablas de declinación solar y el sector solar (para conocer la latitud) hasta el empleo de piedras solares como la cordierita o el espato de Islandia con un reloj solar que permitirían conocer la posición del sol incluso con niebla y/o nubes.

El barco funerario de Oseberg (Noruega) en su localización original durante su proceso de excavación a principios del siglo XX. Fuente.

El barco funerario de Oseberg (Noruega) en su localización original durante su proceso de excavación a principios del siglo XX. Fuente.

Un punto muy importante a tener en cuenta es el fuerte carácter simbólico que tenían estos barcos para las sociedades nórdicas, siendo un auténtico elemento de poder y de paso a la otra vida. Las tradiciones fúnebres escandinavas son muy variadas, en la mente muchos tenemos el típico drakkar vikingo ardiendo rumbo a mar abierto con los restos mortales de un guerrero. Pero entre ellas, pese a predominar la incineración, destaca una de la cual hablaremos posteriormente por la importante información que nos ha dado sobre estas embarcaciones, los barcos funerarios. Esta tradición consistía en enterrar a personas de alto status con sus ajuares en sus barcos, siendo estos cubiertos por túmulos de tierra, tal y como aparece descrito en la Saga de los Ynglingos. Esta tradición se observa tanto dentro como fuera de Escandinavia. Acompañando a los restos mortales podemos encontrar joyas, armas, trineos, restos óseos de caballos y perros…

Las fuentes que nos dan información para la comprensión de la navegación y las embarcaciones escandinavas son principalmente las sagas nórdicas, las crónicas de los diferentes territorios donde los vikingos hicieron acto de presencia, las representaciones iconográficas en estelas como las de Gotland (Suecia), pero sobretodo, los restos materiales. La Arqueología nos ha aportado un gran volumen de información a partir del estudio de los restos arqueológicos de barcos nórdicos localizados en dos medios muy diferentes: el terrestre y el subacuático.

Los restos encontrados en tierra firme son los más abundantes hasta el momento y los que se han estudiado desde época más temprana, son los barcos funerarios antes mencionados. Desde el siglo XVIII y XIX se tienen referencias de los primeros localizados, pero los dos principales hitos fueron las naves de Gokstad y Oseberg, situadas en diferentes puntos del fiordo de Oslo y excavadas a finales del siglo XIX y principios del XX respectivamente, datándolas los análisis de dendrocronología en el siglo IX. Mientras en la primera estaba enterrado un hombre de unos 50 años, en la segunda se localizaron los restos mortales de dos mujeres de diferentes edades acompañadas ambas naves, pese a su expolio, de un importante ajuar y restos faunísticos. De estas naves cabría destacar por su forma que mientras la de Gokstad guarda más similitudes con un langskip, la de Oseberg estaba más orientado su uso a aguas resguardadas, interpretándose por su decoración como una nave principesca.  A parte de estos grandes hallazgos cabrían destacar las naves funerarias de Tune (Noruega) y la de guerra de Ladby (Dinamarca), entre otras tantas muchas que se han ido excavando en las últimas décadas.

Las cinco embarcaciones de Skuldelev (Dinamarca) durante los trabajos arqueológicos realizados tras la construcción de un dique pentagonal para su excavación terrestre. Fuente.

Las cinco embarcaciones de Skuldelev (Dinamarca) durante los trabajos arqueológicos realizados tras la construcción de un dique pentagonal para su excavación terrestre. Fuente.

El principal hallazgo subacuático fueron las naves escandinavas excavadas en la década de los sesenta del siglo pasado en el fiordo de Roskilde junto a la población de Skuldelev (Dinamarca). Se localizaron cinco barcos de los siglos X-XI de diferente tipo: dos de guerra, dos de carga y uno de transporte o pesca. Todos ellos iban cargadas con piedras para construir un dique para bloquear el paso de un canal del fiordo en torno al año 1000. Cabe destacar su proceso de excavación, ya que se construyó un gran dique pentagonal para su excavación en seco.

Unos estudios muy a tener en cuenta son las experimentaciones en Arqueología que se han realizado en las últimas décadas para el conocimiento de la construcción y navegación de las embarcaciones vikingas. A partir de diferentes viajes realizados con réplicas de embarcaciones excavadas, desde el que realizó el “Viking” (réplica de la nave de Gokstad) en 1893 hasta la reciente travesía realizada por “The Sea Stallion” (réplica de una de las naves de Roskilde) en 2004, han evolucionando muy favorablemente los datos aportados por estas, desde meras aventuras sensacionalistas hasta experimentaciones en Arqueología que han aportado importantes datos aunque estas “expediciones” están aún por mejorar,  todo ello para ofrecernos documentación empírica que muchas veces no nos pueden ofrecer los restos materiales.

Estas expediciones marítimas realizadas por los nórdicos a través de estos barcos, acabaron definiendo con una palabra un tipo de actividad y a los que participaban en ella (fará í víking y víking), tan representativa y paradigmática que pese a no indicar un grupo étnico o cultural, en la actualidad lo entendemos como tal para referirnos a los pueblos escandinavos de esta cronología: los vikingos. Con el tiempo las incursiones y el pillaje pasarían a un segundo plano para insertarse cada vez más en las rutas comerciales y en las relaciones europeas y su pirámide feudovasallática; todo ello a partir de un proceso expansivo que abrió sus horizontes, gracias al medio marítimo y su conocimiento del mismo. Con todas estas fuentes podemos aproximarnos a una comprensión de la importancia que tuvo la navegación para la expansión de los pueblos escandinavos en esa denominada época vikinga y como esas embarcaciones, además de ser el instrumento para sus quehaceres, se convirtieron en todo un símbolo para su sociedad, un símbolo parejo al importante papel que habían ejercido en su vida cotidiana, su expansión y su legado.

Fragmento del Tapiz de Bayeux (siglo XI) que relata la travesía de los normandos por el Canal de la Mancha  hacia la conquista de Inglaterra. Fuente.

Fragmento del Tapiz de Bayeux (siglo XI) que relata la travesía de los normandos por el Canal de la Mancha hacia la conquista de Inglaterra. Fuente.

 

 Bibliografía|

ATKINSON, I.,  Los barcos vikingos, Madrid: Akal/Cambridge, 1990.

AZNAR VALLEJO, E., Viajes y descubrimientos en la Edad Media, Madrid: Síntesis, 1994.

COHAT, Y., Los vikingos, reyes de los mares, Madrid: Aguilar Universal, 1989.

DURAND, F., Les vikings et la mer, París: Errance, 1996. 

EDBERG, R., “Experimental ‘Viking voyages’ on Eastern European rivers 1983–2006”, Situne Dei 2009. Sigtuna: Sigtuna Museum, 2009. pp.35-46.

HEATH, I., El azote del norte. Vikingos, Barcelona: Osprey Publishing Ltd., 2011.

LEÓN AMORES, C., Buceando en el pasado. Los grandes naufragios de la Historia, Madrid: Espasa, 2009.

VV.AA., The marine archaeology of the Baltic Sea area, Huddinge: Södertörns högskola, 1999.

 

 

Redactor: Antonio Luis Martínez Rodríguez

Editor y redactor de la Sección de Medieval de Témpora Magazine. Arqueólogo, historiador y medievalista en potencia. Licenciado en Historia (UM), Máster en Arqueología (UGR) y Máster en Formación del Profesorado (UMH). Especializado en Arqueología, Patrimonio Cultural e Historia Marítima. Mis principales intereses se centran en la Historia de al-Andalus, Murcia e Irlanda. Divulgación y difusión cultural como arma arrojadiza contra la intolerancia y la ignorancia. En Twitter e Instagram: @cantonioluis

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