Mujeres en la arena. Historia de las gladiadoras de Roma.

Los espectáculos gladiatorios de la Antigua Roma siempre han suscitado entre todos nosotros un interés especial. Se trata de un mundo bastante popularizado, del que se ha hablado no sólo a través de novelas históricas como “Espartaco”, sino también mediante películas proyectadas en la gran pantalla y más recientemente series de televisión.

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Fotograma. Serie “Spartacus. Sangre y arena“. Fuente.

Sin embargo, muchas veces, la visión general que se da del mundo de los juegos de gladiadores no se acerca tanto a la realidad. No logramos diferenciar conceptos que son básicos para entender este espectáculo, ya que a menudo se confunde la arena como lugar de ejecución y no como lugar de lucha.  Es evidente la crudeza de este tipo de juegos, pero los gladiadores se dedicaban a la lucha como una profesión y no todos eran esclavos, sino que participaban también individuos libres, que decidían con total libertad jugarse la vida para ganar fama y consideración en la sociedad romana.

En este punto es donde queremos hacer hincapié en la presencia de mujeres gladiadoras en los juegos. Es cierto que poseemos muy poca información de fuentes clásicas y epigráficas acerca de estas mujeres ya que la literatura clásica siempre criticó a las escasas mujeres que se atrevieron con esta profesión, mencionando siempre la deshonra de estas mujeres, que tampoco llegaban a inmortalizar su condición en una inscripción funeraria. Entre los clásicos podríamos mencionar a Suetonio, que escribiendo sobre Domiciano en su obra Vida de los doce Césares incluye esta mención:

 «Dio continuamente espectáculos magníficos sin reparar en los gastos, tanto en el anfiteatro como en el circo (…) Ofreció espectáculos de caza y luchas de gladiadores hasta de noche, a la luz de las lámparas, y no sólo combates de hombres, sino también de mujeres» (Suetonio, Vida de Domiciano, IV).

Y al famoso Tácito, que en su obra  dice que en el año 63, durante el reinado de Nerón, combatieron en el teatro muchas mujeres de alcurnia:

 «En el mismo año el César hizo espectáculos de gladiadores, con la misma munificencia que los precedentes; pero un mayor número de damas ilustres y senadores se deshonró en la arena» (Tácito, Annales, XV, 32).

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Mosaico de Zliten, del siglo II que muestra varios hombres cazando animales salvajes en una venatio y un leopardo matando a un condenado atado a un poste. Zliten, Libia. Fuente.

Es cierto que la escasez de fuentes ha llevado a muchos historiadores a plantearse si los combates de mujeres fueron sólo excepciones o se realizaban regularmente. En todo caso, la existencia de mujeres gladiadoras en los juegos romanos no puede discutirse. El origen de las mujeres gladiadoras es el mismo que el de los gladiadores, etrusco, y es un fenómeno sin precedentes en las culturas antiguas. Es cierto que en Esparta se entrenaba a las mujeres con la espada, pero no combatían entre ellas a modo de espectáculo, como sí pasaba en Roma. Nicolás de Damasco, escritor de la corte de Herodes, nos lo cuenta así:

 «Los romanos presentaban los juegos de gladiadores, una práctica que les fue dada por los etruscos, no sólo en los festivales y en los teatros, sino también en sus banquetes. (…) y algunos decretaban en sus testamentos que las más bellas  «mujeres» que había comprado debían enfrentarse entre sí, al igual que los chicos» (Nicolás de Damasco, Atlética, 4.153).

Sin embargo, los romanos establecían una diferencia clara entre una «femina», es decir, una mujer de alta cuna, y una  «mulier», de clase baja. Así todas las hijas o esposas de ciudadanos romanos eran feminae, mientras que el resto de las mujeres de la plebe eran mulieres, no dignas de tanto respeto. Importaba poco lo que hiciese una mulier, podían ser ladronas, prostitutas o combatientes en la arena, que nadie se escandalizaba, sin embargo eso mismo acometido por una femina era escandaloso y deshonroso, como bien apunta Tácito en la cita anterior.

Ambas clases de mujeres eran entrenadas igual que los hombres para la gladiatura, aunque por supuesto, las motivaciones de la mujer de clase alta y de la mujer plebeya eran muy diferentes. La primera sólo pretendía entrenarse para mantenerse en forma y para demostrar su destreza con las armas, no firmaba contratos, no tenía relación con el lanista del ludus [1] y por supuesto no recibía dinero a cambio de sus exhibiciones. Por su parte, la mujer de baja cuna, sin tiempo libre y sin recursos, lo hacía para obtener un beneficio monetario. En cuanto a las gladiadoras esclavas, tendrían la misma situación jurídica que los gladiadores esclavos: serían propiedad del lanista y vivirían en el mismo ludus (es poco improbable que existieran ludi mixtos. Seguramente las mujeres tendrían pabellones diferentes a los de los hombres, o incluso serían alojadas en edificios distintos, aunque siempre vecinos al ludus).

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Un relieve de Halicarnaso (Turquía, actualmente en el museo británico) muestra dos mujeres gladiadores: Amazona y Aquilia, luchando la una con la otra. La inscripción afirma que lucharon hasta conseguir un <>, por lo que probablemente volvieron a enfrentarse. Fuente.

Por supuesto, el hecho de que estos espectáculos de combates femeninos no fueran excepciones [2], es cierto que se dieron en menor medida que el de los hombres y con otros intereses: el lujo, el exotismo y, por qué no, también el erotismo.

Casi todas las fuentes clásicas relacionan el combate entre mujeres con el lujo y el exotismo, pues los romanos pensaban que solo los pueblos lejanos, exóticos y bárbaros, adiestraban a las mujeres para la lucha, como las míticas amazonas. Para los romanos de alta alcurnia el lugar de la mujer romana ideal estaba en la casa, a cargo de sus hijos y atareada en labores propias del hogar, no con virtudes masculinas. Esta concepción de la mujer romana hacía que el combate femenino en la arena fuera más espectacular y exótico: un lujo para el espectador. Esta consideración exótica y lujosa se traducía obviamente en el coste de los juegos femeninos, por lo que normalmente eran ofrecidos por el emperador, el ciudadano más rico de todos. En cuanto al componente erótico, el aspecto de las gladiadoras (presumiblemente con los pechos, piernas y brazos al aire) debía de ser impactante, teniendo en cuenta que la moral romana era bastante recatada en cuanto a la vestimenta y comportamiento femenino.

En resumen, no cabe duda de la existencia de mujeres en los juegos de gladiadores de Roma; de la aceptación y a la vez crítica de sectores progresistas y tradicionales ante estos combates; y de que existieron a lo largo del Principado varias leyes que prohibían a mujeres menores de veinte años dedicarse a este «deporte», prueba del generalizado interés femenino por esta «profesión».

Bibliografía

Knapp, Robert C.: Los olvidados de Roma: prostitutas, forajidos, esclavos, gladiadores y gente corriente. Barcelona: Ariel, 2011.

Pastor Muñoz, M. y Mañas Bastida, A.: “Munera gladiatorium. Mujeres gladiadoras” en Florentina Iliberritana: Revista de estudios de Antigüedad Clásica, nº23, 2012.

Suetonio: Vida de los Doce Césares, (Domitiano), Ed. Gredos.

Tácito, Annales, libro XV, Ed. Gredos.


[1] El Ludus es el lugar de entrenamiento de los gladiadores, mientras que el lanista es el propietario y el encargado del entrenamiento de los gladiadores así como de las transacciones necesarias para la compra, venta o alquiler de sus hombres para fines lúdicos.

[2] También hay constancia por medio de una inscripción de la peculiaridad de estos juegos: Inscripción de Ostia donde Hostiliano: <<fue el primero desde la fundación de la ciudad en organizar espectáculos de gladiadores en los que aparecían mujeres. Lo hizo junto a su mujer Sabina>> (CIL 14.5381).

Redactor: Sara Muñoz Muñoz

Licenciada en Historia en la Universidad de Sevilla y Máster en Estudios Históricos Avanzados por el itinerario de Historia Antigua en la misma Universidad. Mi perfil académico se inclina en el estudio de la epigrafía latina en Hispania, y en la política, economía y sociedad del Imperio Romano. Apelo a la renovación de los conceptos historiográficos en las nuevas generaciones de historiadores.

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