Mujer y I Guerra Mundial; preludio de la sociedad mixta

Este año se cumple un siglo de la IGM, conocida también como la Gran Guerra, no por su duración, que fue de 4 años, corta si la comparamos por ejemplo con otras guerras que habían tenido lugar en Europa, como la Guerra de los 30 años (1618-1648) o la Guerra de la Monarquía Hispánica en los Países Bajos (1568-1648). Su nombre es debido a que este conflicto fue el primero a escala mundial. Por un lado, tenemos la cantidad de combatientes movilizados, que rondó los 60 millones, y por otro el elevado número de bajas, que rondó los 40. Esto no sólo provocó una fuerte bajada demográfica, sino que también Europa dejó su preponderancia mundial, cambiando el mapa geopolítico con la desaparición de los imperios europeos (Austria, Rusia, Prusia y Otomano), provocando la aparición de nuevos países y actores. Los EE.UU emergían como potencia mundial y la Rusia zarista se transformaba tras el mayor proceso revolucionario desde el francés en la URSS en 1922. El conflicto no sólo iba a afectar a cuestiones materiales, sino que el rol y el papel de la mujer, también se iban a ver modificados en la mayoría de países que participaron en la guerra. Por otro lado, durante el siglo XIX, la mujer estuvo excluida de la esfera pública bajo un estereotipo generalizado de mujer muy rígido que la hacía valedora del cuidado doméstico como ‹‹ángel del hogar››, lo que incluía no sólo la reclusión en este espacio, sino la naturalización de la incapacidad para poder realizar los mismos trabajos que el hombre, al que se debía para su protección y sustento. Además, esta se presentaba como un ser carente de deseo sexual, con un único impulso: la maternidad. Políticamente, dentro del feminismo nos encontramos en la Primera ola, comenzando a surgir los primeros grupos de mujeres organizadas políticamente en el salto de siglo, de manos de las sufragistas (fundamentalmente británicas y estadounidenses), que pedían derecho al voto, derecho a la educación y derecho al trabajo. Las mujeres se encontraban recluidas en el ámbito domestico como cuidadoras y madres, y aunque algunos países habían concedido el voto a la mujer antes del conflicto esto era algo minoritario.

Mujer en en una fábrica durante la guerra. Fuente

Mujer en en una fábrica durante la guerra. Fuente

Uno de los primeros cambios se produce por necesidad logística de mano de obra. La mayoría de hombres con edad de combatir fueron llamados a filas; teniendo en cuenta el elevado número de movilizados, provocó un gran déficit de mano de obra. La industrialización se había extendido por la mayoría del arco occidental y Japón, y las nuevas industrias, pese a ser más mecanizadas precisaban de un elevado número de trabajadores. Todo ese vacío provocado por el avance del conflicto fue cubierto por mujeres. Esto no sucedió de igual manera en todos los países, ya que estaba condicionado por el nivel de industrialización y de implicación en el conflicto. Así, muchas mujeres tuvieron que incorporarse a puestos anteriormente ocupados por hombres, aunque de forma contradictoria se mantenía la creencia de que no estaban capacitadas intelectualmente por su sexo. Se les presentaba así a las mujeres una oportunidad que nunca habían tenido.

El hecho de que el conflicto se alargase más de lo esperado por los gobiernos forzó esta situación, que no dejaba de ser paradójica. Las mujeres comenzaron a trabajar como maquinistas de tren, autobús, metro, como operarias en fábricas de armas, de camiones, de artillerías, en las minas, etc., y un importante trabajo en el campo para que las tropas estuvieran alimentadas. Es decir, todo el avituallamiento necesario para el conflicto, estando así la nueva industria creada para la guerra en gran medida en manos de las mujeres. En el caso francés se movilizaron unas 400.000 mujeres para las fábricas, y en Gran Bretaña unas 800.000.

Esta emergencia de la mujer hacía el exterior también tuvo consecuencias psicológicas y sociales en el constructo de mujer que existía hasta el momento. Durante estos años, por primera vez desde el inicio de la contemporaneidad iban a tener independencia económica, capacidad de autonomía y confianza en sí mismas. La mujer sentía que su trabajo era valorado y que podía trabajar sirviendo a su país, idea también inexistente hasta ese momento. Esta cuestión de realización laboral sólo se había dado en contadas ocasiones y en la mayoría de los casos eran mujeres que pertenecían a las esferas más altas, con la excepción de Inglaterra, donde la Revolución Industrial ya había introducido a la mujer en el mundo laboral.

Los primeros cambios que esto produjo, además de lo anteriormente mencionado, es que las mujeres por necesidades materiales comenzaron a usar prendas que anteriormente habían estado reservadas a los hombres, como es el caso del pantalón y la chaqueta. Esto supone una ruptura total con el pesado modelo de vestimenta del siglo XIX, donde las mujeres iban cubiertas con capas y capas de ropa y apenas podían mostrar su cuerpo mas allá de las partes que tenían uso como las manos o las propias cabezas. Con lo cual, el uso de nuevas prendas fue por sí solo revolucionario.

Grupo de mujeres pertenecientes al 1er Batallon de la Muerte de Mujeres

Grupo de mujeres pertenecientes al 1er Batallon de la Muerte de Mujeres. Fuente

Respecto al frente de guerra nos encontramos con diversas labores. Aunque no hubo muchas combatientes, sí que estuvieron en primera línea, como es el caso de las más de 80.000 mujeres británicas que se enrolaron como auxiliares constituyendo el Cuerpo Femenino Auxiliar del Ejército. En Rusia, aunque en menor número, también participaron en los combates en el conocido como Batallón de la Muerte de las Mujeres , donde participaron cerca de 2.000 mujeres lideradas por Yashka. Así donde encontramos mayor número de mujeres en el frente es participando en las labores auxiliares como enfermeras en hospitales y ejerciendo un voluntariado, realizando una importante labor de ayuda a los heridos.

Por otra parte, este papel en la guerra, sí bien les otorgaba libertad, ya que rompía con el tradicional ostracismo doméstico al cual estaban sometidas. Generaba una situación ambivalente, ya que estos trabajos encarnaban perfectamente la figura de madre o esposa ideal que cuidaban del varón, ese ‹‹ángel del hogar›› que se había estando desarrollando a largo de todo el siglo XIX, produciendo un refuerzo de este estereotipo a la vez que éste mismo servía para romper el aislamiento. Entre estas pioneras destacaron mujeres notables, como es el caso de Elsie Inglis, que fue una de las primeras mujeres en poder estudiar medicina en Gran Bretaña y que creó un importante número de hospitales con personal femenino a través de una organización financiada por el movimiento sufragista; Marie Curie, que introdujo la radiografía para las cirujías durante el conflicto; Edith Cavells, que dirigió un hospital de heridos de guerra en Bruselas hasta el año en que fue fusilada, y muchas otras que surgieron recién acabado el conflicto e intentaron aplicar el ‹‹progresismo›› que surgió tras la guerra. Citando a Sohn:

‹‹La PGM supuso el tránsito de la mujer victoriana, inmersa en la cultura patriarcal, al inicio de la emancipación femenina que en los años veinte representó la mujer garçonne, a caballo entre la liberación sexual, el derecho al voto y la incorporación a la vida laboral y a la sociedad de consumo››.

Tras el fin del conflicto, si bien muchas de las luchas anteriores se vieron ralentizadas, se inicio una fase de internacionalización de las luchas feministas. Así, el acceso al voto comenzó a extenderse de manera paulatina en la mayoría de países que habían participado de manera directa o indirecta en el conflicto. Vemos la aparición de un nuevo modelo de mujer, la conocida como mujer flapper o mujer garçonne, que vestía de manera masculina, estudiaba, trabajaba y se divertía, empezando a compartir también espacios de ocio con el hombre. Esta mujer abandona de manera definitiva el pesado y encorsetado traje victoriano, quiere independencia, viajar, poder estudiar y autonomía. El conflicto que había sido gestado por la política imperialista del hombre fue el mismo que propicio el inicio de la sociedad mixta.

Bibliografía|

BERNAND MONFERRER, E.; MUT CAMACHO, M.; FERNANDEZ FERNANDEZ, C, ”Estereotipos y contraesteriotipos del papel de la mujer en la Gran Guerra. Experiencias femeninas y su reflejo en el cine“, Historia y comunicación social, Vol. 18, (2013).

PALMER, R. CONTON, J, “Historia Contemporánea”, Madrid: Akal, 1980.

PADILLA  CASTILLO, G.; RODRIGUEZ TORRES, J, “La I Guerra Mundial en la retaguardia: la mujer protagonista“, Historia y comunicación social. Vol. 18, (2013).

Redactor: José Manuel Ríos Guerrero

Me llamo José Manuel y soy Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla, además de haber realizado una estancia Erasmus en la Universidade Nova de Lisboa. He sido co-organizador durante cuatro años de los ciclos de Conferencias sobre Homosexualidad y Bisexualidad a lo largo de la Historia, celebrados en la Universidad de Sevilla. Mis principales intereses se centran en la Historia de la Sexualidad, HªEconómica e HªCultural.

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