Más que Grandes Piedras: Consideraciones en torno al Megalitismo peninsular (I)

En esta nueva contribución pretendo acercar al lector al fenómeno del Megalitismo, para ello a lo largo de varios artículos nos adentraremos en los diferentes aspectos que configuran esta práctica social.

Anteriormente en Témpora Magazine, nuestro compañero Sergio Morón nos puso en contacto con esta temática a través de los Dólmenes de Antequera. A continuación, aunque volveremos a incidir en algunos de los aspectos tratados por él, intentaré dar una visión global del Megalitismo a nivel peninsular.

La palabra Megalitismo viene del griego, mega, grande, y lithos, piedra; con ella nos referimos a las construcciones de carácter monumental realizadas con grandes piedras entre el Vº y el IIº milenio a.n.e. a lo largo del occidente europeo. Desde la península de Jutlandia hasta el sur de la Península Ibérica se distribuyen un sin fin de monumentos pétreos, son huellas del pasado más remoto envueltas en un halo de leyenda. A la par que las construcciones basadas en grandes piedras, se dan toda una serie de espacios arquitectónicos constituidos por fosos, terraplenes y acumulaciones de tierra.

Expansión del Megalitismo. Fuente: http://enciclopedia.us.es/index.php/Imagen:Megalitismo_Europa.png

Expansión del Megalitismo. Fuente

Tantos los megalitos como estos espacios forman parte de un todo; son la expresión ideológica de las comunidades tribales comunitarias que poblaron la fachada atlántica europea entre el neolítico final y el bronce, momento en el que las diferencias sociales se hacen patentes en la individualidad. Por tanto, no entendemos el megalitismo ni como un período o fase histórica, ni como un pueblo definido por estas manifestaciones.

Como decía, es en el Vº milenio a.n.e., cuando la consolidación de la economía agropecuaria y la sedentarización lleva a la construcción de estos grandes monumentos. Si bien, durante centenares de años, estas construcciones estuvieron envueltas por el misterio, achacando el levantamiento de tales edificaciones a una raza de gigantes, o a figuras sobrehumanas como el mago Merlín.

El mago Merlín construyendo Stonehenge. Fuente: http://commons.wikimedia.org/wiki/File:BLEgerton3028Fol30rStonehengeCropped.jpg

El mago Merlín construyendo Stonehenge. Fuente

 

Es la fijación a un territorio de producción, derivado de la extensión de la economía agroganadera lo que parece originar el megalitismo. Siendo considerados por muchos arqueólogos, como el prehistoriador británico Colin Renfrew, como hitos territoriales definitorios de la propiedad de la tierra por una comunidad. Esto está en consonancia con la idea de perduración que trasmiten las grandes piedras, configurándose un paisaje social, reforzado por el vínculo de los miembros de la comunidad sepultados en los dólmenes con el territorio.

Los monumentos megalíticos son construidos según una planificación territorial, guardando relación con elementos paisajísticos, tal es el caso del dolmen de Menga y la Peña de los Enamorados en (Antequera). La visibilidad, la topografía donde se implantan, sus propias características físicas, etc. dotan a estas edificaciones de una dimensión de apropiación social del territorio natural. Así mismo, son construcciones que plasman toda la superestructura ideológica de aquellos que los construyeron. El trazado de las plantas según elementos astrales, así como la decoración a base de representaciones grabadas y pictóricas son plasmaciones gráficas de las creencias y valores de los hombres y mujeres que los concibieron.

Dolmen de Merillés. Fuente: http://www.asturnatura.com/turismo/dolmen-de-merilles/1689.html

Dolmen de Merillés. Fuente

El megalitismo presenta una variedad de formas a lo largo de su gran amplitud cronoespacial. Esta diversidad estructural  viene determinada por su funcionalidad, pudiéndose agrupar en dos categorías, en función de acoger o no enterramientos humanos. Tradicionalmente, es la costumbre de inhumar a los muertos en grandes construcciones de piedra lo que ha mediatizado el megalitismo, pero estas edificaciones no se circunscriben al ámbito funerario, sino que existen otras con una función no funeraria.

 Construcciones funerarias

Son los denominados sepulcros megalíticos, comúnmente llamados dólmenes. Dolmen es un término proveniente del bretón que significa mesa (dol) de piedra (men). En Portugal se les denomina anta y en Galicia mámoa. Su función es la de enterramiento, generalmente colectivo, aunque hay casos como el de Alberite (Villamartín, Cádiz) donde solo dos individuos fueron enterrados en una gran construcción megalítica.

Los dólmenes están formados por un espacio interior definido por grandes piedras verticales enclavadas en la tierra (ortostatos), que soportan unas losas de cubierta. La unión de estas es por la técnica denominada «a piedra seca», es decir, sin mortero. Muchos dólmenes estaban decorados con grabados y pinturas, en las que abundan los motivos geométricos, antropomorfos, etc. La estructura pétrea estaba cubierta con un túmulo realizado con piedras y tierra, el cual puede estar delimitado por piedras de gran o mediano tamaño en su parte exterior para evitar la erosión del mismo. Gran cantidad de estos túmulos no se han conservado, quedándonos en la actualidad los ortostatos a la intemperie como testigo mudos del paso del tiempo.

El sistema de construcción empleado seguía un proceso muy bien planificado, que partía de la selección de un enclave concreto hasta la selección de determinadas rocas para la fabricación de los ortostatos. Las grandes piedras eran extraídas mediante el sistema de cuña y contra cuña, siendo trasportadas hacia el lugar de destino con rodillos de madera; en general se acepta la tracción humana para moverlas de un lugar a otro, si bien, no podemos descartar la fuerza animal. Mediante terraplenes y rampas de tierra, los bloques eran deslizados hasta colocarlos en su posición.

Estos dólmenes o sepulcros megalíticos pueden ser de tres tipos en función de su planta:

Cámara Simple: Generalmente son construcciones de pequeño o mediano tamaño, consisten en un espacio interior sin acceso al exterior. Para algunos autores son las construcciones más antiguas.

Sepulcro de corredor: Consta de cámara funeraria, cuya planta puede variar desde las de forma circular a poligonal, con un corredor de acceso que la comunica con el exterior. El espacio interior puede estar compartimentado por puertas, como ocurre en el sepulcro antequerano de Viera. Este tipo de estructura funeraria permitía una reutilización como depósito funerario del mismo por generaciones. Posteriores  los constructores.

Una variante de los sepulcros de corredor son los dólmenes de «falsa cúpula». Son aquellos que poseen una cámara, y a veces secciones del corredor, cubiertas mediante el sistema de aproximación de hiladas formando una falsa cúpula. Ejemplos paradigmáticos de estos sepulcros son el Dólmen de la Pastora (Valencina de la Concepción, Sevilla) y el Dólmen del Romeral (Antequera, Málaga).

Aunque hay investigadores que nos los consideran elementos del megalitismo, en el sureste peninsular, las necrópolis de la denominada cultura de Los Millares. Estas sepulturas pueden ser de cámara circular sin corredor (rundgräber) o de corredor con cámaras cubiertas por aproximación de hiladas.

Tradicionalmente esta tipología se ha denominado tholoi, tomando el concepto de los sepulcros micénicos de Grecia. El uso de este término en los sepulcros de falsa cúpula de la península deriva de las teorías difusionistas que relacionaban el Bronce peninsular con el del Egeo. 

Sepulcro de galería: En esta tipología, el corredor y la cámara no están diferenciados, sino que conforman una sola galería en la que no se aprecia una cámara funeraria delimitada. Los ejemplos de este tipo se corresponden con las construcciones megalíticas de mayores dimensiones, como son el Dólmen de Menga (Antequera, Málaga) o el de Soto (Trigueros, Huelva). Las enormes dimensiones del primero provocaron la implantación de pilares centrales para soportar el enorme peso de su cubierta.

Tipos de dólmenes en función de su planta. Fuente: http://escuela2punto0.educarex.es/Humanidades/Historia/huellas/origenes/neolitico/images/plantas.jpg

Tipos de dólmenes en función de su planta. Fuente

En la mitad sur de la península Ibérica, conviviendo durante un lapso de tiempo con el megalitismo encontramos las necrópolis de cuevas artificiales. Estas son construcciones excavadas en el sustrato rocoso del terreno, generalmente poseen plantas similares a los sepulcros megalíticos, con un corredor y una cámara, así como de puertas delimitadoras de los espacios interiores. Buenos ejemplos de este tipo de sepulturas los encontramos en la provincia de Málaga, tales son los casos de las necrópolis de Alcaide (Antequera, Málaga) y Las Aguilillas (Campillos, Málaga).

Morfológicamente las construcciones megalíticas nos retrotraen a símbolos relacionados con el vientre materno, al cual los difuntos vuelven tras ser depositados. Son cuevas artificiales que sustituyen a las grutas naturales que cobijaron a los difuntos durante las primeras fases del neolítico. El rito de inhumación consistía en dejar al difunto en posición fetal al fondo de la cámara mortuoria, a su lado se depositaban ofrendas y objetos propios de la vida (comida, herramientas, vasijas cerámicas), a los que se unen productos suntuosos (vasos pétreos, campaniforme, grandes láminas, etc.). La presencia de este tipo de productos singulares se incrementará hacia el final del Calcolítico. El color rojo de ocres y cinabrio parece que jugó un papel interesante en el complejo mundo de la muerte en los megalitos, paredes y suelos pintados con este color parecen referirse a la sangre, dotando así mismo a las grandes piedras de un aspecto de gran espectacularidad.

Construcciones no funerarias

Junto con los sepulcros megalíticos encontramos una serie de estructuras de índole ideológica, que cumplen un papel importante dentro de los ríos y creencias de las sociedades que las construyeron. En este trabajo vamos a diferenciar tres tipo: los menhires, los henges, y los túmulos.

Menhires: Estructuralmente son las construcciones más simples. Es un gran bloque de piedra hincado verticalmente, el cual puede estar labrado para darle una forma determinada, generalmente en forma de falo. Las dimensiones son muy variables, encontrando menhires de apenas un metro y otros como el Gran Menhir Brisé de Locmariaquer (Bretaña, Francia) de 20 metros de altura y unas 280 toneladas de peso. Estas piedras hincadas se agrupan formando recintos de piedra (cromlech) como El de Rosal de la Frontera, o alineaciones como las de Carnac. En la Península Ibérica son muy comunes en la fachada atlántica.

Menhires de Rosal de la Frontera (Huelva) Fuente: http://dolmentierraviva.blogspot.com.es/2011/07/menhires-de-la-pasada-del-abad-rosal-de.html

Menhires de Rosal de la Frontera (Huelva) Fuente

Henge: Son zanjas y bancos de tierra que delimitan un espacio interior. Pueden presentar plantas complejas, con círculos concéntricos y avenidas. Este tipo de emplazamientos son muy comunes en Gran Bretaña. Uno de los de mayores dimensiones es el henge de Avebury (Wiltshire, Reino Unido), con casi 400 metros de diámetro y zanjas de hasta 9 metros de profundidad. Algunos autores plantean para este tipo de estructuras una función ceremonial.

Túmulos: Su visión externa es igual a la de los que contienen sepulcros, pero en este caso no presentan ninguna estructura interna.

El fin del megalitismo llega con la Edad del Bronce, momento en el que se dejan de construir. Las estructuras sociales y económicas de las sociedades constructoras de megalitos cambiaron definitivamente en el II milenio a.n.e, cuando lo colectivo deja paso a lo individual. A pesar de esto, los monumentos megalíticos seguirán siendo un foco de atracción para las generaciones que convivieron con ellos en el territorio tiempo después de las personas que los construyeron. Son lugares a los que se acudirá para la realización de ritos mágico-religiosos, así como espacios donde se enterrarán nuevas personas.

En definitiva, en este primer artículo sobre el megalitismo lo que he pretendido es generar en el lector una visión general; tratando qué es, cuándo y dónde aparece, y en qué consisten aquellas grandes piedras que pueblan el territorio del occidente europeo. En los sucesivos, intentaremos profundizar en este fenómeno, conociendo las diferentes teorías sobre su origen y función o las particularidades del megalitismo peninsular entre otros aspectos.

Bibliografía|

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RENFREW, C. y BAHN, P., “Arqueología. Teorías, métodos y práctica“, Madrid: Ediciones Akal, 1998. 

Redactor: Serafín Becerra Martín

Arqueólogo profesional y doctorando de la Universidad de Cádiz. He desempeñado trabajos en el campo de la gestión y difusión del patrimonio arqueológico. Mis áreas de interés son la Prehistoria Reciente y la teoría arqueológica.

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