Más allá de las piedras. El estudio de las huellas de uso para profundizar en el conocimiento de la Prehistoria.

La arqueología, desde hace varias décadas, está atravesada por estudios multi e interdisciplinares que ofrecen un mayor número de datos empíricos con los que avanzar en la reconstrucción de las sociedades pasadas. Estudios de procedencia y análisis de materiales; reconstrucción de la cadena operativa de un objeto; estudios de funcionalidad de los instrumentos; estudios paleoclimáticos, paleoambientales y geoarqueológicos para reconstruir la flora, la fauna o el territorio y la relación existente entre las comunidades humanas y el mismo; estudios tafonómicos (para conocer lo que le ha ocurrido al registro arqueológico desde que fue enterrado); o dataciones absolutas (con diferentes técnicas como C14, Termoluminiscencia, Thorio-Uranio…), son algunas de las aplicaciones empleadas en la arqueología de manera recurrente en dichas investigaciones interdisciplinares.

Más allá de posturas cientifistas, es evidente cómo este tipo de estudios técnicos e interdisciplinares tienen una gran potencialidad para el conocimiento de las sociedades del pasado. En concreto, vamos a valorar su impacto en el estudio del neolítico en torno al Estrecho de Gibraltar, centrándonos especialmente en los estudios de traceología o de las huellas de uso sobre las herramientas encontradas en contexto arqueológico.

En lo relativo a los estudios del periodo neolítico, en las últimas décadas se están superando visiones meramente tipológicas y normativas en lo que respecta a su caracterización: ya no basta con evidenciar en el registro la aparición de piedra pulimentada, cerámica o de ciertas facies microlíticas geométricas para afirmar que dicho yacimiento es neolítico; sino que actualmente se busca indagar en las evidencias de las prácticas económicas (ganadería y agricultura), que es lo que realmente caracterizaría el paso de sociedades cazadoras-mariscadoras-recolectoras-pescadoras a sociedades tribales productoras. Para avanzar en este sentido, es indispensable la creación de equipos interdisciplinares que evidencien prácticas productivas en las herramientas, cambios en el paleoambiente, restos carpológicos y paleontológicos tafonómicamente contextuados, estudio de suelo de corrales, estudios químicos sobre el contenido de las cerámicas, estudios de isótopos sobre huesos humanos, etc. Todo ello, unido a una metodología arqueológica que permita inferir categorías sociohistóricas con las que explicar el registro superando esquemas histórico-culturales, permite a día de hoy avanzar en la comprensión del surgimiento de las comunidades llamadas normativamente “neolíticas”.

Abordaremos lo que entendemos por traceología. Desarrollada por Semenov desde la década de 1960, “es una disciplina analítica, al servicio de la Arqueología, basada en el estudio de las huellas que se generan sobre los instrumentos debido a su utilización” (Martín Lerma, 2008: 15). De esta forma, nos ofrece información esencial sobre la funcionalidad que tuvieron los diferentes útiles: nos habla sobre la parte útil del mismo (zonas activas), si tuvo partes orgánicas hoy desaparecidas, el tipo de acción desarrollada, el tipo de materia que se trabajó e incluso el tiempo durante el que se desarrolló la acción. Se basa sobre el análisis microscópico de trazas dejadas sobre los útiles. Todo esto, unido a otros estudios estratigráficos y tipológicos, nos informaría sobre los modos de vida desarrollados en los diferentes yacimientos y asentamientos de una comunidad humana.

Aunque de un periodo posterior, esta réplica de una hoz muestra cómo sobre un vástago de madera se insertan láminas de sílex denticuladas que, una vez utilizadas, adquieren huellas y lustre que permite identificar su uso (Fuente).

Aunque de un periodo posterior, esta réplica de una hoz muestra cómo sobre un vástago de madera se insertan láminas de sílex denticuladas que, una vez utilizadas, adquieren huellas y lustre que permite identificar su uso (Fuente).

La traceología necesita una primera fase de experimentación que permite obtener una serie de huellas de referencia que reflejan un tipo de actividad (raspado, cortado, percusión, etc.) sobre un tipo concreto de material (madera, hueso, piel, cereal, carne, pescado, etc.). Posteriormente, las trazas arrojadas por los materiales arqueológicos se contrastan con las ofrecidas por la experimentación, pudiendo inferir funcionalidad y forma de uso de dichos útiles.

Para el registro neolítico, estos estudios traceológicos pueden realizarse sobre los útiles y restos que habrían sido utilizados como herramientas de trabajo. Hablamos, fundamentalmente, de la industria lítica (tallada o pulimentada), pero también de otros restos como los malacológicos, donde también se han evidenciado marcas de uso. En el caso de la industria lítica, los investigadores rastrean su uso como elementos de hoz que evidencien prácticas agrícolas. En los últimos años, para nuestra área de estudio, vemos como se desarrollan estos estudios, con el fin de complementar los datos carpológicos acerca del cultivo de cereal y plantas domesticadas con la funcionalidad lítica. Es interesante, por ejemplo, el caso del yacimeinto portugués de Cortiçois donde se evidencian las prácticas agrícolas, no por restos de semillas de plantas domesticadas, sino por los estudios traceológicos sobre elementos de hoz (Carvalho et al., 2013)

Para la Península Ibérica, cada vez se aplican mayor número de estudios traceológicos sobre el registro arqueológico. Así, podemos ver cómo existen diferentes tradiciones de hoces neolíticas entre el VI-IV Milenio cal ANE. Así, una vez identificadas las piezas líticas que se utilizan como elementos de hoz, se ve cómo existen diferentes tradiciones (microlitos insertados en el vástago de madera de forma horizontal o diagonal; o bien una única lamina de sílex).

Ya en el Norte de África, vamos a apuntar resultados de análisis traceológicos de algunos yacimientos, si bien los datos sobre hoces son escasos. Para la zona de Achakar, donde se han evidenciado el uso de segmentos u hojitas de dorso como proyectiles, apenas se cuenta con un único caso de uso para cortar material vegetal no leñoso. Para el caso de la Cueva de Benzú, de cronología neolítica (VI Milenio cal ANE), los estudios traceológicos (Clemente y Mazzucco, 2013) apuntan al uso de los microlitos analizados como puntas de flecha, con impactos de proyectil, sin que se evidencie micropulido o pátina fruto de su uso como elementos de hoz. En lo que respecta al yacimiento de Zafrín, del V Milenio cal ANE, los estudios traceológicos (Gibaja et al., 2010) realizados sobre un gran número de objetos (hasta 235), arrojan un uso principalmente sobre hueso, piel y carne; lascas y láminas sin retocar se habrían usado para actividades de corte, mientras que para el raspado de piel y hueso se habrían usado lascas con filos abruptos. Asimismo, hay herramientas líticas usadas como proyectiles y otras usadas sobre materias vegetales y minerales. No parece que haya útiles de hoz, como, por otra parte, se deduce de la geografía de la isla donde se sitúa el yacimiento, donde sería imposible desarrollar actividades agrícolas.

Pulimentado de elementos de hoz neolíticos (Carvalho et al., 2013: 365)

Pulimentado de elementos de hoz neolíticos (Carvalho et al., 2013: 365)

En cuanto a la parte peninsular del Estrecho, debemos señalar la relevancia de varios estudios traceológicos en yacimientos de la provincia gaditana que nos indican actividades y modos de vida de estos grupos neolíticos. En el yacimiento neolítico de Embarcadero del Río Palmones, a pesar de la abrasión sufrida por las piezas debido al sustrato arenoso, podemos identificar diferentes usos de las herramientas líticas. Desde microlitos usados como proyectiles (actividades cinegéticas), hasta geométricos usados para cortar material vegetal no leñoso (sin que pueda afirmarse que sean elementos de hoz por la poca densidad del pulimentado) y leñoso (el más abundante), siendo en éste último característico el trabajo de madera con lascas y láminas con muescas, o raspadores. Por su parte, no ha sido tan fácil determinar las trazas de trabajo sobre restos animales de diferente tipo de dureza: huesos, piel y carne. En el yacimiento de La Mesa, en el término de Chiclana, por su parte, sí vemos la documentación de lascas usadas como elementos de hoz. Por último, es el yacimiento de La Esparragosa el que ofrece resultados más novedosos en lo que a la identificación de actividades económicas se refiere. Principalmente, aparecen láminas y fragmentos de láminas usadas como herramientas de trabajo sobre materiales vegetales no leñosos (el trabajo de la madera apenas se representa) o sobre partes de animales blandas (despellejado, corte de carne, etc.). Asimismo, vemos algunos ejemplares usados como puntas de proyectil. Es significativa la utilización de un mismo fragmento de lámina para diversos usos. Hasta quince filos se han documentado como uso para elementos de hoz. Lo más interesante es el uso de 57 filos como cuchillos de pescado, para su fileteado, novedad en lo que respecta a este tipo de estudios. En cuanto al enmangue, se han podido determinar ciertos rasgos en la industria lítica al respecto: el uso de truncaduras, retoque abrupto o bordes irregulares para acoplar mejor el vástago de madera al lítico. Este vástago de madera, del que no queda rastro debido a su descomposición, estaría unido con algún tipo de pegamento del que sí parecen conservarse rastros y quizás fuese tratado térmicamente para despegarlo, lo que explicaría restos de dicho tratamiento en la industria lítica (Clemente y García, 2007).

Por último, es necesario desarrollar una idea antes esbozaba. Los estudios traceológicos sobre restos malacológicos. Para el área que nos interesa, es de destacar los resultados acerca del uso de conchas como herramientas en el yacimiento Neolítico de El Campo de Hockey (localidad de San Fernando) o SET Parralejos (Vejer de la Frontera), que nos hablan de su uso, fundamentalmente, para el raspado de piel (Cuenca et al., 2013). De esta forma, se abre un interesante campo de investigación, como es la funcionalidad o utilidad de la malacofauna no sólo con un fin alimenticio o de elementos de ajuar, adorno, etc. sino como materia prima para la elaboración de herramientas (Gutiérrez Zugasti et al., 2011).

Ejemplo del yacimiento SET Parralejos de cómo una actividad realizada con una concha deja una serie de marcas ue pueden ser posteriormente analizadas traceológicamente para determinar la actividad realizada (Cuenca et al., 2013: 106)

Ejemplo del yacimiento SET Parralejos de cómo una actividad realizada con una concha deja una serie de marcas que pueden ser posteriormente analizadas microscópicamente para determinar la actividad realizada (Cuenca et al., 2013: 106)

Como hemos visto, la traceología permite acercarnos a la identificación de las herramientas de trabajo de las comunidades prehistóricas, así como a una mejor caracterización de sus pautas y organización del trabajo y producción en espacios y contextos concretos. Esto nos permite, aplicando una metodología arqueológica adecuada de estudio de las comunidades neolíticas, superar los esquemas interpretativos tradicionales (basados en una ordenación tipológica de la industria lítica) y avanzar en la comprensión de dichas sociedades. En definitiva, nos ayuda a abordar las prácticas socio-económicas que hay detrás de las herramientas, y no simplemente su ordenación tecnotipológica y cronológica, en base a criterios formales. Nos ayuda a pasar del estudio de simples “piedras”, al estudio de herramientas concretas.

Bibliografía |

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Redactor: Sergio Almisas Cruz

Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla. Finalizado el Máster de Patrimonio Histórico Arqueológico de la Universidad de Cádiz. Actualmente investiga sociedades tribales neolíticas en el ámbito del Estrecho de Gibraltar en el grupo PAI-HUM-440 asociado a la Universidad de Cádiz.

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