Marco Furio Camilo y la temprana República Romana

Furio Camilo. Fresco de Domenico Ghirlandaio, Sala de los Lirios, Palazzo Vecchio, Florencia.

Furio Camilo. Fresco de Domenico Ghirlandaio, Sala de los Lirios, Palazzo Vecchio, Florencia. Fuente.

Considerado el <<Segundo Fundador de Roma>>, Marco Furio Camilo ocupa un lugar destacado en la historia política de la temprana república romana. Gracias a su educación militar celebró cuatro triunfos que hicieron posible que fuera elegido dictador en cinco ocasiones y tribuno con poderes de cónsul en otras cuatro. El interés que despierta este personaje en muchos historiadores de la Antigüedad es precisamente el periodo en el que se desarrolla toda su actividad pues Camilo “cierra” la fase más antigua de la historia republicana y “abre” la inaugurada por las leyes Liciniae-Sextiae, aquellas tablas que representaron el triunfo de los plebeyos contra los privilegios de los patricios, dentro del contexto de la lucha entre estamentos de la sociedad en el conflicto patricio-plebeyo. Sin embargo, la figura de Marco Furio Camilo se ha visto desde las fuentes clásicas rodeada de un halo legendario que hace mucho más difícil el análisis histórico. Las gestas excepcionales que este personaje llevó a cabo en los primeros tiempos de la república más famosa del Mediterráneo alimentaron una tradición popular no muy verosímil con la realidad histórica, aunque no cabe duda de que este político romano formó parte de la consagración política de Roma como potencia hegemónica del Mediterráneo.

La <<expulsión de los Tarquinios>>, en el 509 a.C. según la tradición romana, abre un largo periodo de dos siglos, la República Arcaica, con una dinámica histórica marcada por dos hechos íntimamente concatenados: en el interior el conflicto patricio-plebeyo, la lucha, en cierto modo revolucionaria, de los plebeyos por alcanzar la paridad de derechos con los patricios y la creación de las instituciones republicanas más reconocidas; y en el exterior, el lento y progresivo sometimiento de Italia a la hegemonía romana. Sin duda alguna, la agresividad de la política exterior romana en los primeros años de la República era consecuencia directa de la crisis interna que vivía la propia Urbe, lo que en griego se conoce como <<stasis>>, una tensión social y política generalizada en toda la ciudad. La caída de la monarquía etrusca y la correspondiente victoria oligárquica, colocaron a la cabeza del Estado al antiguo consejo real, el Senado, que ya no se encontraría frenado por el poder del rey. Este Senado, como ya sabemos, estaba compuesto por los llamados patris, los fundadores de la patria, que destacaban por su mayor cantidad de propiedades inmuebles, su posición religiosa en la sociedad y su actividad política. Sin embargo, durante la monarquía también se gestaría otro estamento, formado a partir de elementos sociales heterogéneos, la plebs. Las familias patricias harán inaccesible el ordo para el resto de la población, canalizando todos los beneficios de la expulsión de los reyes y las conquistas de Roma en Italia para sí mismos. Los plebeyos, en consecuencia, reivindicarán la equivalencia de ambos órdenes: un reparto más equitativo de las tierras, resolver el problema de las deudas y una participación mayor en la política.

Mapa del Lacio en el siglo IV a.C. Fuente.

Marco Furio Camilo fue un personaje destacado en estos años de expansión de Roma por Italia, sobre todo en las conquistas de pueblos etruscos, volscos, ecuos y veyentes. De hecho, Camilo comenzaría su carrera como tribuno militar en el asedio de una ciudad etrusca cercana, Veyes, que según la tradición había sido enemiga de Roma desde época de Rómulo. La guerra contra Veyes se iniciaba entonces en 406 a.C. con un asedio que se prolongaría diez años, asedio y conquista que marcarían en la tradición un momento crucial no sólo en la historia de Roma, sino en la de la propia Etruria, significando el inicio del fin de esta civilización, amenazada desde el norte por los celtas, y desde el sur por Roma, que acabaría conquistando toda Italia en poco tiempo. Tras la conquista y el saqueo de la ciudad de Veyes, Camilo celebró su triunfo para regocijo del Senado y del pueblo de Roma, aunque la alegría de los festejos no durarían mucho, ya que la tensión latente entre patricios (senadores) y plebeyos (que componían el ejército) estallaría de nuevo. Furio Camilo siempre fue fiel al orden senatorial patricio, que lo ratificaría en el poder como tribuno militar durante cinco años, años en los que se dedicaría a la conquista de otra ciudad vecina: Falerii. A este respecto, Plutarco insiste en que la política exterior romana se basa en la manipulación del pueblo romano:

<<Camilo(…) quería tener entretenidos a los ciudadanos y distraerlos, a fin de que no dispusieran de tiempo para estar sentados en casa y dedicarse a la demagogia y a organizar revueltas. Los romanos solían recurrir con bastante frecuencia a la guerra como remedio para librar al Estado de las enfermedades que lo alteraban>> (Plut. Vidas Paralelas, Camilo 9.3).

Sin embargo, el sitio de Falerii acabó en un pacto de paz entre Roma y la ciudad etrusca y los soldados, que esperaban ansiosos el botín, tuvieron que volver a casa con las manos vacías, hecho que acarrearía a Camilo nuevos problemas con la plebe, siendo juzgado y exiliado de Roma.  Sin embargo, el destierro de Camilo, para muchos, marcaría un mal presagio: la llegada de los galos en 390 a.C.

Busto de Breno, jefe de los galos. Fuente.

Busto de Breno, jefe de los galos. Fuente.

La irrupción de bandas de galos y celtas en Italia constituye el último episodio de las emigraciones de pueblos centroeuropeos hacia el Mediterráneo que se suceden a lo largo de la edad del bronce y hierro. Así, a comienzos del siglo IV, en 390 según la tradición romana, una banda de galos senones irrumpe en Etruria, a través de los Apeninos, presentándose ante las puertas de Clusium (Chiusi); y seguidamente aproximándose a Roma. El incendio de la ciudad por los galos a comienzos del siglo IV, aunque efímero en el marco de la política exterior del que pronto se recuperó Roma, tuvo sin embargo enormes consecuencias dentro de los muros de la ciudad. El desastre galo abrió de nuevo un periodo de depresión económica, en el que volvieron a hacerse acuciantes los viejos problemas de la plebe: la cuestión de las deudas, el hambre de tierras y la escasez de alimentos ocasionada por la terrible devastación. A estos problemas se añadieron exigencias políticas, que la plebe pudiente supo sacar a la palestra. Los tribunos de la plebe, Cayo Licinio Estolón y Lucio Sextio, tuvieron la habilidad de resumir las reivindicaciones más ansiadas por los distintos grupos plebeyos y las propusieron en bloque para su transformación en leyes en el que el objetivo principal fuera dar cabida en el Estado a un consulado plebeyo, como expresión máxima de la igualación política con el patriciado.

Tras los desesperados intentos del Senado romano y el desastroso encuentro entre ambos contendientes[1] donde el ejército romano vivió una de sus peores derrotas, la torpeza de Breno, jefe de los galos, hizo posible la huida del pueblo romano de la ciudad. Pese a todo el ejército galo tomó la Urbe y se instaló en ella por un largo periodo de tiempo, en el cual también se dedicaron a arrasar aldeas vecinas. Casualmente, una avanzadilla gala llegó a Ardea, ciudad donde se encontraba Camilo exiliado y desde donde empezó a reorganizar un gran número de romanos para contraatacar.  El largo asedio, sin embargo, mermó el estado de ánimo de galos y romanos, momento en el que se acordaría el rescate de la ciudad. Sin embargo, en el mismo momento del intercambio, Camilo irrumpía con su ejército liberando a Roma de la invasión de forma imprevista. Por su puesto, este hecho hizo posible el retorno de Camilo a la ciudad y la celebración de un gran triunfo.

La fama de Camilo tras estas hazañas creció indudablemente y los ciudadanos reconocieron su valentía y su eficacia en política. Años después volvería a enfrentarse con los galos en una invasión procedente del Adriático que tendría como resultado una segunda victoria romana. Esta sería la última campaña militar que disputaría Camilo, ya con 80 años, muriendo finalmente en 365 a.C. debido a su avanzada edad, pero no así su leyenda y la historia de sus hazañas militares, que serán protagonistas de diversas representaciones simbólicas en el Renacimiento.

Sala de la Audiencia del Palazzo Vecchio en Florencia. Frescos de Francesco Salviati.

Sala de la Audiencia del Palazzo Vecchio en Florencia. Frescos de Francesco Salviati. Muestra a la izquierda el triunfo de Camilo en la ciudad de Veyes y a la derecha el asalto imprevisto a los galos en el momento de la transacción de oro y plata que salvaba a Roma del asedio. Fuente.

Las historias fantásticas cargadas de leyendas y momentos mágicos maquillan quizá auténticos éxitos romanos por parte de Furio Camilo en las conquistas de Veyes o Falerii y en la lucha contra los galos, aunque seguramente más modestos. Las fuentes para Camilo, sin embargo, son escasas, hecho que hace mucho más difícil separar al militar y político romano del personaje semi-mitológico, símbolo de las relaciones entre Roma y las ciudades etruscas y bisagra entre dos repúblicas romanas muy diferentes: la de antes y después del conflicto patricio-plebeyo.

BIBLIOGRAFÍA |

PLUTARCO: Marco Furio Camilo, en “Vidas Paralelas”.

ROLDÁN, J.M.: “Historia de Roma. Tomo I. La república romana”, Cátedra, Madrid, 2010.

TITO LIVIO: “Ab Urbe Condita”, Libro VII.

VERNOLE, V.E.: “Il mito di Furio Camillo”, L’Aquila, Roma, 1997.


[1] La batalla de Alia, 18 de julio de 390 a.C.

Redactor: Sara Muñoz Muñoz

Licenciada en Historia en la Universidad de Sevilla y Máster en Estudios Históricos Avanzados por el itinerario de Historia Antigua en la misma Universidad. Mi perfil académico se inclina en el estudio de la epigrafía latina en Hispania, y en la política, economía y sociedad del Imperio Romano. Apelo a la renovación de los conceptos historiográficos en las nuevas generaciones de historiadores.

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