Manuel Chaves Nogales. El republicano olvidado.

Este artículo fue publicado originalmente en thesocialsciencepost.com

Escribe| Enrique Roldán Cañizares

“Yo era eso que los sociólogos llaman un pequeño burgués liberal, ciudadano de una República democrática y parlamentaria”. Así se definía Manuel Chaves Nogales, protagonista del artículo que nos ocupa y periodista de renombre en el periodo republicano que fue condenado al ostracismo por el régimen franquista. Un personaje, que a pesar de desarrollar buena parte de su trabajo en Madrid y morir en Londres como consecuencia del exilio, nació en Sevilla, cerca del Palacio de Dueñas, cerca del huerto claro donde el limonero maduraba eternamente para Antonio Machado.

Fue criado en una familia de clase media, donde su padre, además de ser redactor jefe del periódicoEl Liberal, ejercía como cronista oficial de Sevilla. La influencia familiar no tardaría en aflorar en Chaves Nogales, quien a sus 14 años comenzaría a publicar artículos en dicho periódico, algo que posteriormente se vería complementado por trabajos publicados en El Noticiero Sevillano La Noche. Trabajos en los que se puede apreciar la influencia del regeneracionismo andaluz y en los que toma Sevilla como “símbolo y síntesis de la Andalucía cuyo orgullo se quiere recuperar”. Fueron sus artículos escritos en dichos medios, amén de la publicación de sus primeras obras, tituladas “Narraciones maravillosas y biografías ejemplares de algunos hombres humildes y desconocidos” y “La ciudad”, los que le hicieron abandonar su amada Sevilla y dar el salto a Madrid.

Manuel Chaves Nogales. Fuente.

Manuel Chaves Nogales. Fuente.

En 1924 comienza a trabajar en el medio que a la postre se convertía en el periódico de tendencia republicana con más tirada,  el Heraldo de Madrid, algo que compaginaría con su trabajo en el periódico La Acción a partir de 1926. Es durante su estancia en Madrid cuando desarrolla su interés por la política, pero sin alejarse de su posición de pequeño burgués liberal a la que hacíamos mención al inicio del artículo; algo que deja entrever tanto por sus acciones como por sus declaraciones. Un ejemplo de ello es su participación como firmante del grupo de intelectuales que, formado por Federico García Lorca, Francisco Ayala o Pedro Salinas entre otros, envió una carta – manifiesto a Ortega y Gasset en la que proponían la formación de un “grupo de genérico y resuelto liberalismo”. Otro claro ejemplo del desarrollo de su interés por la política, un interés que no se deja arrastrar por los extremismos propios del periodo de entreguerras,  lo podemos encontrar en una entrevista que fue publicada en 1928 en La Gaceta Literaria, donde Chaves Nogales se retrataba ideológicamente: “Así como no profeso ninguna religión positiva, no pertenezco a ningún partido político, SI tuviera un temperamento heroico creo que sería comunista; no lo soy porque me falta ese espíritu nazarenoide que hoy se necesita para ser comunista militante”.

Una de las pasiones de Chaves Nogales fueron los aviones, algo que quedaría demostrado tras el viaje en avión que, siendo redactor jefe del Heraldo de Madrid, realizó por la práctica totalidad de Europa, llegando a recalar en la U.R.S.S. tras el paso por países como Francia, Suiza, Alemania, Polonia, Italia, Suecia o Checoslovaquia.  Las crónicas de este viaje serían publicadas en dicho periódico y posteriormente conformarían un libro de obligada lectura: “La vuelta a Europa en Avión. Un pequeño burgués en la Rusia roja”. Su serenidad e imparcialidad política se ven reflejadas en esta obra, donde realiza interpretaciones cargadas de comprensión y alejadas del prejuicio, como por ejemplo se desprende del análisis que hace del régimen soviético: consideraba que se trataba de un régimen imperfecto, sí, pero tan imperfecto como cualquier otro. No hacía distinciones al apuntar que “los obreros rusos viv[ía]n mal y soporta[ba]n una dictadura que se hac[ía]n la ilusión de ejercer” y que “el fascismo italiano no ha[bía]n aumentado en un gramo la ración del pan del italiano, ni ha[bía] sabido acrecentar el acervo de sus valores morales”.

Este viaje con destino a la U.R.S.S. le serviría para escribir la novela corta “La Bolchevique Enamorada. El amor en la Rusia roja”, obra que ha pasado desapercibida durante años y que gracias al esfuerzo de la también sevillana María Isabel Cintas Guillén, una persona fundamental en el resurgimiento de Chaves Nogales,  ha sido republicada este 2015. Esta pequeña novela coincidía en título con la obra que en 1927 publicase la soviética Alexandra Kollontai, quien fue una figura destacada dentro del partido bolchevique y que posteriormente, como tantos otros camaradas, caería en desgracia como consecuencia de las purgas estalinistas, purgas de las cuales pudo salvar su vida gracias a su condición de embajadora.

En el año 1930 emprende otro viaje por Europa con el objetivo de entrevistar a personajes destacados que la revolución rusa había condenado al exilio. Entrevista al Gran Duque Cirilo, quien había buscado la restauración de la monarquía en su persona durante la guerra civil rusa; a Matilde Kchesinska, quien había llegado a ser amante del Zar; e incluso al mismísimo Kerenski, algo que realiza al mismo tiempo que profundiza en la historia de los Romanov y de Trotsky. Las crónicas de este viaje son publicadas en el periódico Ahora, donde desempeñaría las funciones de director, aunque en 1931 verían la luz en forma de libro bajo el título “Lo que ha quedado del imperio de los zares”. Pero este viaje le permite escribir otro libro, quizás de un título no tan llamativo, pero con una historia fascinante a sus espaldas. Se trata de “El maestro Juan Martínez que estaba allí”, libro en el que Chaves Nogales relata las peripecias del bailaor flamenco del mismo nombre, que tras haber triunfado en cabarets franceses, y encontrándose en territorios del zar, es sorprendido junto a su compañera “Sole” en 1917 por la revolución rusa y se ve obligado a vivir durante aproximadamente 20 años en la recién nacida U.R.S.S. Una historia que es contada desde la intensidad y la humanidad, algo que se desprende de la propia descripción que Chaves Nogales hace del bailaor castellano, a quien caracteriza como un “bailarín, [de] 43 años, una nariz desvergonzadamente judía [y] unos ojos grandes y negros, de jaca jerezana”.

Al proclamarse la II República, el periodista sevillano se siente fuertemente identificado con los ideales republicanos y profesa una fuerte admiración por Manuel Azaña, cuyo discurso “Paz, piedad y perdón”, pronunciado a finales de la guerra, le marcaría profundamente. Durante el periodo republicano destaca la serie de reportajes publicados en Ahora sobre la dinámica secesionista que se estaba gestando en Cataluña, reportajes que a la postre serían publicados en “¿Qué pasa en Cataluña?”, trabajo fundamental para conocer las tendencias independentistas catalanas durante la II República. Pero si hay un libro publicado por Chaves Nogales durante el periodo republicano que debe ser objeto de estudio, éste es “Juan Belmonte. Matador de Toros. Su vida y sus hazañas”, publicado en 1934 y considerado por muchos como una de las mejores biografías escrita en castellano  durante el siglo XX. Una biografía del mataor sevillano escrita a raíz de entrevistas y charlas de nuestro protagonista con “El Pasmo de Triana”, apodo que recibía el torero que llegara a ser portada de la revista Time en 1925; y escrita por una persona que no era amante del toreo, pero que consigue plasmar el ambiente sevillano de la época de una manera magistral.

Cuando estalla la guerra civil española, Chaves Nogales, convencido demócrata, permanece en su puesto de redactor jefe en el Heraldo de Madrid, donde según cuenta, siguió trabajando para el nuevo Consejo Obrero que había tomado el periódico del mismo modo que antes de la guerra había trabajado para el patrón capitalista. Nos cuenta este sevillano ilustre que, a pesar  la ausencia de espíritu revolucionario, nunca fue molestado por los impulsos políticos que dominaban Madrid al inicio de la guerra, y que incluso bajo su condición reconocida de burgués, era llamado “Camarada redactor”. Aprovecha su estancia en Madrid durante el transcurso de la guerra para escribir 16 reportajes que fueron publicados en el periódico mexicano de izquierdas Sucesos para todos, unos reportajes que posteriormente, tras una reducción a 12 entregas, también serían publicados en el periódico inglés Evening Stantard. Dichos reportajes, que durante años permanecerían perdidos, fueron finalmente publicados en forma de libro bajo el título “La defensa de Madrid”.

Pero estos reportajes no son los únicos que Chaves Nogales escribe sobre el conflicto español; entre agosto de 1936 y septiembre de 1939, cuando ya llevaba algunos años en el exilio, escribe una serie de artículos que son publicados en el periódico argentino La Nación, en los franceses La Depeche y L’Europe Nouvelle e incluso en el estadounidense New York Herald Tribune. Unos artículos que, al igual que ocurriese con los publicados en el periódico mexicano, han visto la luz posteriormente en forma de libro bajo el título “Crónicas de la Guerra Civil”. Se trata de unos reportajes donde el factor internacional tiene una importancia preponderante, siendo una de las ideas claves a los ojos del autor, el hecho de que sin la intervención del III Reich alemán, el golpe de estado no habría tenido más trascendencia que la sanjurjada de 1932.

Hemos apuntado que parte de estos últimos reportajes fueron escritos en el exilio, un exilio al que se lanzó cuando “tuv[o] la íntima convicción de que todo estaba perdido y ya no había nada que salvar, cuando el terror no [le] dejaba vivir y la sangre [le] ahogaba”. Chaves Nogales se marchó al exilio francés cuando el gobierno de la República abandonó Madrid y se trasladó a Valencia, “ni una hora antes ni una hora después”. Es en Francia donde escribe una obra que, bajo mi humilde punto de vista, es fundamental para todo aquel que quiera acercarse no ya al estudio, sino a la comprensión de la guerra civil española. “A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España” es un conjunto de nueve novelas cortas que son capaces de inspirar sentimientos tan opuestos, y a la vez tan cercarnos, como la ternura, el odio, la compasión y el terror. Nueve novelas cortas que según el propio Chaves Nogales “no son obra de imaginación y pura fantasía”, ya que “cada uno de sus hechos es extraído de un hecho rigurosamente verídico”. Podemos destacar algunas de las novelas, como “¡Masacre, masacre!” que  nos lleva a vivir de primera mano el terror producido por los bombardeos del ejército sublevado; “Y a lo lejos, una lucecita” que nos muestra la red de espías “quintacolumnistas” instalados en Madrid; “La gesta de los caballistas”,  por su parte, relata como un “señorito andaluz” forma una cuadrilla de hombres armados que se encargan de buscar a la “canalla roja” por los pueblos de los alrededores;  y “Consejo Obrero” es una clara expresión del poder arbitrario que llegaron a alcanzar los sindicatos en  Madrid durante la guerra.

Pero del mismo modo que Chaves Nogales se vio obligado a abandonar Madrid a finales del 1936; cuando las tropas nazis cercaban París, y siendo conocedor de estar fichado por la Gestapo, el periodista sevillano emprendió el camino a un nuevo exilio. Tras enviar a su familia a su Andalucía natal, se dirigió a Burdeos para posteriormente pasar a Londres, donde escribiría “La agonía de Francia”, un ensayo fundamental para comprender las razones que empujaron a Francia a sucumbir contra el nazismo y a firmar el armisticio con Alemania en 1940. A pesar de escribir, una vez asentado en Londres, para periódicos como el Evening News y el Evening Stantard, éste fue su último libro, ya que la muerte le sorprendió en un hospital londinense 1944 a la edad de 46 años. Una peritonitis, acompañada de una dilatación de estómago, consiguieron lo que ni la guerra civil ni la II Guerra Mundial habían logrado: acabar con la vida de este insigne periodista sevillano. Solo algunos periódicos británicos y el diario argentino La Razón se hicieron eco de su muerte; mientras que el franquismo, ya asentado en una España de posguerra en la que los españoles se ahogaban en su propia miseria, silenció la vida y obra de Chaves Nogales, cuyo trabajo no fue recuperado, parcialmente, hasta 1970, año en el que se republicaría su biografía sobre Juan Belmonte. La pluma de Manuel Chaves Nogales se había secado para siempre y como apuntara el gaditano Felipe Benítez Reyes, encargado de prologar una de sus obras, “perdió una guerra que no era la suya, perdió su país y, al poco, perdió la vida”.

Redactor: The Social Science Post

Escribe thesocialsciencepost.com en colaboración con Témpora Magazine. "Acercar los sesudos estudios doctrinales, clarificar lo aparentemente ininteligible para unos pocos doctos, y acercarlo a la divulgación y al conocimiento general, desde una perspectiva crítica y a la vez lo suficientemente rigurosa, se convierte así en nuestra principal tarea."

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1 Comentario

  1. Intelectuales así son los necesitamos para alimentar la conciencia crítica de la España de hoy. MCN fue un creador de opinión y un visionario en una malograda modernidad republicana.

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