Los santuarios periféricos de la Grecia Arcaica

El cambio socio-económico y demográfico producido en el siglo VIII a.C. y el desarrollo de las primeras ‹‹ciudades›› en torno a agrupamientos de aldeas, darán lugar al nacimiento del edificio más característico de la cultura griega: el templo. A través de estas edificaciones no sólo se puede hacer un estudio en su sentido religioso, sino también analizar cómo la sociedad tiene excedentes suficientes y una mano ejecutora que le permita organizarse para construir este tipo de edificios.

Fachada del Partenón, típico ejemplo de templo griego clásico.

Fachada del Partenón, típico ejemplo de templo griego clásico. Fuente.

Al hablar de templo griego lógicamente pensamos en edificios como el Partenón, el más conocido de todos. El templo es identificado entonces como alma de la ciudad, como ‹‹la casa de un Dios››, o mejor dicho, ‹‹la casa de la estatua de un Dios››, donde los fieles nunca se reúnen en asamblea, como en nuestras iglesias actuales. A la sombra del templo, la vida griega florecerá en ciertos aspectos: allí se santificarán las leyes y los tratados, se escuchará la voz de los oráculos, la ciudad dedicará estatuas a sus vencedores olímpicos o glorificará al dios con certámenes deportivos.

Modelo en arcilla del Heraion de Argos. Fuente.

Modelo en arcilla del Heraion de Argos. Fuente.

Pero además del templo urbano, el situado en la acrópolis de la ciudad, existirán otros tipos de santuarios en Grecia, como el suburbano, que ocupa una posición marginal en la ciudad; y el santuario periférico, ubicado normalmente a no menos de cinco kilómetros de la ciudad y como máximo a quince. Aunque es difícil de creer, estos santuarios, que son mucho menos conocidos por la mayoría de nosotros, son los más documentados en las fuentes literarias de la época y los más analizados arqueológicamente, por lo que serían efectivamente lugares sagrados de gran importancia para el griego. Algunos de ellos son el templo de Poseidón en Corinto, el de Apolo en Esparta o el Heraion de Argos. Todos ellos tienen características arquitectónicas diferentes, pero nuestro interés reside en saber su verdadero significado.

En primer lugar, desde el punto de vista económico, el santuario extraurbano constituye una indicación de cuál extenso es y hasta dónde llega el territorio de una ciudad. En relación a esto hay que tener en cuenta que hablamos de sociedades agrarias o pastoriles que necesitarían un territorio delimitado para poder trabajar la tierra o mover el ganado. El santuario extraurbano será colocado en el límite de la chora de la ciudad, es decir, en el límite de la tierra que controla cada polis. Es básicamente un hito indicador de la conquista de territorio de una comunidad, un reforzamiento del control del suelo, que se lleva a cabo a partir del siglo VIII a.C. por la demanda de tierras que lleva consigo el aumento de población.

Este control del territorio, que tiene una finalidad económica y política, también tendrá un sentido social. Dentro de la ciudad (la polis y la chora) vivirán diversas comunidades distintas entre sí. Para relacionar esas comunidades los dirigentes de la ciudad organizarán procesiones (pompé) en los que todo el pueblo, incluidas mujeres y niños, participe. En estas procesiones se hará un camino que simbolizará el nexo de unión entre la aglomeración urbana (polis) y su territorio colindante (chora), y donde el demos (pueblo), en su totalidad, se unirá bajo un culto común. La unidad de la comunidad, la afectividad y la solidaridad que se establecen en torno a estos templos periféricos serán posteriormente características fundamentales de la polis griega clásica.

Ejemplo de un kouro arcaico. Fuente.

En el sentido religioso, para explicar la importancia del santuario extraurbano, habrá que tener en cuenta la mentalidad mágica del griego respecto a su mundo conocido. Efectivamente, lo que caracteriza a la sociedad griega es la oposición que establecen entre su territorio habitado y el espacio desconocido e indeterminado que los circunda: el primero es el mundo creado por los dioses, el ‹‹cosmos››, y el resto es ‹‹otro mundo››, un espacio extraño, caótico, lleno de extranjeros. La función del santuario periférico en esta mentalidad mágica es simbolizar una puerta por el cual se sale de la comunidad griega hacia otro universo. Fuera del universo político (de la polis) y olímpico (de los dioses) el griego no comprende nada y sólo espera el caos. Esto no quiere decir, sin embargo, que el griego pensara que fuera de su ciudad, más allá de los santuarios extraurbanos, no existiera nada, sino que hay una dicotomía entre el mundo griego, el real para el griego porque condiciona su vida, y el mundo bárbaro, con comunidades desconocidas, sean griegas o no.

En este sentido, es interesante saber qué divinidades son las que moran estos templos periféricos, tan importante para la vida y la mentalidad de un griego. En la mayoría de los casos las divinidades que residen en estos templos son curótrofas, es decir, son divinidades que cuidan de la juventud (normalmente Apolo o Hera). Eso explica por qué en estos santuarios son los kouros y korai[1] las ofrendas más comunes. En el imaginario dividido entre ‹‹cosmos›› o ‹‹mundo conocido›› y ‹‹caos›› o ‹‹mundo desconocido››, el santuario preserva las normas de civilización de una generación a otra, por lo que son escenarios de ritos de iniciación de los jóvenes que quieren integrarse en la comunidad cívica. En los ritos de paso de la juventud a la madurez, el joven salía del ‹‹mundo griego›› entrando en el templo, y volvía como un adulto saliendo del mismo.

Varios modelos de korai arcaicas (600-450 a.C.)

Varios modelos de korai arcaicas (600-450 a.C.). Fuente.

Esta concepción del templo extraurbano como ‹‹entrada›› y ‹‹salida›› al mundo desconocido, hizo posible que a raíz de estos edificios los griegos establecieran relaciones con otras comunidades. En este sentido, el templo extraurbano o periférico tiene también un sentido diplomático; es un punto de encuentro, un elemento de integración de distintas comunidades. Teniendo en cuenta que en la religión antigua no existía un credo, es decir, no existía, como en el cristianismo o el islamismo, un libro sagrado que dictara un dogma concreto a seguir, los dioses servían como un elemento común para distintas comunidades, fueran griegas o bárbaras. En esas relaciones diplomáticas los griegos adoptarán como suyas algunas divinidades ‹‹hostiles››, no griegas, para convertirlas a su propio panteón, y así establecer relaciones con otras comunidades.

Templo de Paestum, en la Magna Grecia (Sicilia).

Templo de Paestum, en la Magna Grecia (Salerno). Fuente.

Esta concepción, que surge en el arcaísmo, estará presente en el levantamiento de templos fuera de la Grecia continental, es decir, los santuarios periféricos serán utilizados del mismo modo en la colonización, como primer punto de encuentro entre los colonizadores griegos y los indígenas. Los santuarios periféricos de la colonización serán aún más monumentales y colosales, pues marcarán una frontera política y preservarán la seguridad del ciudadano colonizador en nuevos territorios. Santuarios de estas características son numerosos en Sicilia o en la Magna Grecia, como el santuario de Hera en Paestum  (Salerno).

En resumen, el santuario extraurbano o periférico será un elemento fundamental en el mundo griego: será un elemento de integración social de una misma comunidad y un punto de encuentro entre comunidades distintas; será un hito indicador para el control territorial; y por último, simbolizará una ‹‹entrada›› y una ‹‹salida›› al mundo griego conocido.

 [1] Los kouros y korai son figuras de jóvenes desnudos y jovencitas vestidas con el típico vestido griego (peplum), que se ofrecían como ofrendas a los dioses en los templos periféricos.

Bibliografía|

BLANCO FREIJEIRO, A., “Arte griego”, Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1990.

ELIADE, M., “Lo sagrado y lo profano”, Barcelona: Paidós, 1998.

OSBORNE, R., “La formación de Grecia. 1200-479”, Barcelona: Crítica, 1998.

Redactor: Sara Muñoz Muñoz

Licenciada en Historia en la Universidad de Sevilla y Máster en Estudios Históricos Avanzados por el itinerario de Historia Antigua en la misma Universidad. Mi perfil académico se inclina en el estudio de la epigrafía latina en Hispania, y en la política, economía y sociedad del Imperio Romano. Apelo a la renovación de los conceptos historiográficos en las nuevas generaciones de historiadores.

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