Los primeros agricultores andaluces: Una aproximación desde el registro arqueobotánico

Tradicionalmente se ha definido al Neolítico como el periodo de la historia en el que los grupos de cazadores recolectores modificaron su economía desde la caza y la recolección de especies silvestres a otra basada en la agricultura y la ganadería. Este proceso definido por Vere Gordon Childe como Revolución Neolítica, suponía una ruptura con el momento anterior, caracterizada esta por la adopción de nuevas tecnologías como la cerámica y la piedra pulida, así como por cambios sociales como la sedentarización, entre otros aspectos; es lo que la historiografía ha definido como el “paquete o kit neolítico”.

Así pues, el origen de la agricultura y la ganadería es visto de manera generalizada como resultado de la práctica de la domesticación de especies en zonas nucleares distribuidas por el planeta, como Próximo Oriente o Mesoamérica, desde donde se difundieron estas “innovaciones”, con mayor o menor rapidez por los espacios circundantes. En el caso del continente europeo, sería el Próximo Oriente el foco desde donde los influjos neolíticos llegaron a los grupos de cazadores-recolectores, modificando los modos de vidas de estas poblaciones hacia el VIII milenio a.C.

Modelo difusionista de la expansión Neolítico. Fuente: http://1.bp.blogspot.com/-O8m28iM9c04/TZu8cBug5hI/AAAAAAAAAKE/-6i1SajINeY/s1600/Expansi%25C3%25B3n+Neol%25C3%25ADtico.jpg

Modelo difusionista de la expansión Neolítico. Fuente

Existen diferentes planteamientos sobre cómo fue esa llegada de lo neolítico al occidente europeo. Uno de estos modelos es el que reconocía una “colonización” neolítica de las tierras ocupadas por los cazadores paleolíticos fruto de la presión demográfica acaecida en el “oasis” próximo oriental. Vinculada a esta concepción tradicional y simplista surgió la teoría de “Ola de Avance”, que explicaba la neolitización europea como consecuencia de un desplazamiento lento y carente de planificación de población y de las consiguientes innovaciones tecnológicas a modo de oleadas que se difuminaban desde el Creciente Fértil hacia el norte europeo.

La aplicación de esta teoría en la neolitización de la Península Ibérica ha generado el “modelo dual”, el cual se presenta como un complejo proceso de alcance mediterráneo en el que participan los grupos epipaleolíticos de facies geométrica y los grupos neolíticos de las cerámicas cardiales. En este modelo, las nuevas comunidades neolíticas de origen mediterráneo oriental se extienden por el territorio desde el levante peninsular entrando en contacto de una manera directa con grupos epipaleolíticos que evolucionarán de una manera gradual a través de la aculturación con los neolíticos llegados a sus territorios. Por tanto en la Península Ibérica, según esta teoría, encontramos yacimientos plenamente neolíticos o neolíticos puros, que son aquellos que no evidencian aculturación y parecen tener un origen alóctono, y otros donde se evidenciaría una transición gradual en la adopción de la economía productora por parte de los grupos epipaleolíticos.

El modelo percolativo por su parte plantea la expansión del neolítico como consecuencia de la introducción de las especies ya domesticadas y de las innovaciones técnicas en las redes de intercambio de las poblaciones epipaleolíticas, descartando el desplazamiento poblacional.

Estos planteamientos tradicionales se han basado en la inducción, y en la existencia de objetos que se consideraban fósiles-guía (cerámicas cardiales, cerámicas incisas, microlitos geométricos, técnica del microburil, etc.), a partir de los cuales se configuraban “horizontes culturales”.  El modelo dual levantino ha sido el paradigma dominante en las últimas décadas, aunque se viene cuestionando desde hace más de una década. Este cuestionamiento es debido a la limitación del registro obtenido en el Levante, basado casi exclusivamente en excavaciones concretas dentro de abrigos y cuevas entre otros aspectos.

Contrapuesto al modelo difusionista ampliamente consensuado en el seno de los prehistoriadores se presenta un enfoque basado en el análisis del “proceso histórico” de las formaciones sociales, con el fin de definir  los modos de producción y de sus concreciones en modos de vida y de trabajo. Por ello, frente a la ruptura radical de lo neolítico, se propone que el tránsito de la formación económico social cazadora-recolectora a la tribal comunitaria se entienda como un proceso histórico, donde la aparición de la agricultura y la ganadería en la Península Ibérica se explique por la intensificación  y diversificación de la explotación de los recursos por las poblaciones locales. Claro está esto no quiere decir que se descarte la importancia que pudo tener los procesos de contacto y distribución de productos entre poblaciones, como ocurre en la región histórica del Estrecho de Gibraltar.

Una vez expuestos los diferentes modelos teóricos sobre la aparición de la agricultura y la ganadería en la Península Ibérica, centraremos nuestro foco en el territorio de la actual Andalucía, concretamente en las primeras evidencias de agricultura que se han documentado en nuestra comunidad autónoma. En este artículo vamos a conocer cuáles fueron las especies que cultivaron los primeros agricultores, y qué implicaciones socieoeconómicas tuvieron.

Tenemos que decir que, a pesar del importante desarrollo de los registros arqueobotánicos en Andalucía, existen lagunas considerables sobre la cronología y la distribución por el territorio andaluz de este tipo de producto arqueológico. La mayor parte de los datos que poseemos sobre los albores de la agricultura en nuestra comunidad autónoma se ubican ente el VIº y el IVº milenio antes de nuestra era, y se distribuye en yacimientos de las provincias de Córdoba (Cueva de Los Murciélagos y Cueva de Los Mármoles), Málaga (Roca Chica, Hostal Guadalupe y Cueva Bajondillo, Cueva de Nerja, la Cueva del Toro y La Higuera), y Granada (Los Castillejos de Montefrío).

Yacimientos neolíticos con registro arqueobotánico. Fuente: Serafín Becerra (elaboración propia)

Yacimientos neolíticos con registro arqueobotánico.
Fuente: Serafín Becerra (elaboración propia)

Las primeras plantas cultivadas documentadas en Andalucía coinciden con conjuntos cerámicos y líticos de clara adscripción neolítica, siendo similar esta implantación con otras zonas de la Península Ibérica. Las especies que están presentes en esta fase de agricultura incipiente son cereales como el trigo desnudo (Triticum aestivum/durum) y la cebada desnuda (Hordeum vugare var. Nudum); leguminosas como guisantes, habas, lentejas, yeros y almortas; y otros vegetales como la adormidera (Papaver somniferum) ampliamente documentada en la Cueva de los Murciélagos, y el lino.

Los datos sobre agricultura neolítica en la región andaluza nos hablan de un predominio de la cebada desnuda y la presencia significativa de leguminosas, en este caso habas y guisantes. La cebada desnuda aparece tanto en Nerja como en Toro de forma significativa, mientras que en Murciélagos de Zuheros está muy poco representada. La variedad desnuda es abundante durante el Neolítico, pero posteriormente será suplantada por la variedad vestida, más resistente a los ataques de insectos y enfermedades.

Si comparamos los datos que conocemos del registro arqueobotánico andaluz con el resto del documentado en el territorio peninsular tenemos algunas diferencias. Respecto a los yacimientos del Levante tenemos que mencionar que existe una mayor variedad de especies y presencia de trigos vestidos, al igual que en el interior peninsular y la zona del Ebro donde los cereales vestidos son los predominantes. Por su parte, la gran variedad de especies en el neolítico andaluz contrasta con el registro a nivel centroeuropeo, zona en la que destacan los trigos vestidos, los guisantes, las lentejas y el lino.

LA HIGUERA: CEBADA DESNUDA (Hordeum vulgare var nudum) Fuente: Pedro Cantalejo

LA HIGUERA: CEBADA DESNUDA (Hordeum vulgare var nudum)
Fuente: Pedro Cantalejo

Esta variabilidad de especies parece estar provocada por las condiciones ecológicas de los nuevos territorios de producción, así como por las estrategias económicas desarrolladas por las sociedades neolíticas, donde jugó un papel importante en la selección de especies la experiencia acumulada por estas comunidades agrícolas. Las especies documentadas ponen de manifiesto la diversidad de especies, que ya, desde inicios del Neolítico, caracteriza a la agricultura de la Península Ibérica.  La actividad agrícola, sin duda, jugó un papel importante en la subsistencia de los primeros grupos neolíticos, si bien, mantuvieron una base depredadora significativa, con un importante peso económico de la caza, la pesca y la recolección de productos silvestres.

Las características propias de estas sociedades tribales comunitarias neolíticas, donde se alternan asentamientos estables con otros estacionales con fines económicos (caza, pesca, obtención de recursos abióticos, etc.) siguiendo un modelo de movilidad semisedentario, hacen pensar en una gran diversificación para evitar periodos de escasez. En estos principios de la agricultura debió de estar presente la experimentación con fuerte presencia de especies no cerealistas, consolidándose un conocimiento adquirido que asentó la actividad agrícola hacia el inicio del Vº milenio ane. Hacia la segunda mitad de este milenio los cereales adquieren mayor protagonismo, como evidencian los registros obtenidos en yacimientos como la Cueva del Toro. La disminución de la variedad de especies cultivadas puede estar relacionada con el afianzamiento de la agricultura, vinculada con el abandono progresivo de los modos de vida semisendentarios y la intensificación de la puesta en producción del territorio por parte de grupos asentados en aldeas permanentes, en las cuales la propiedad del mismo es comunal. Este proceso debió de implicar profundos cambios paisajísticos derivados de la acción antrópica, algo desconocido hasta entonces en el proceso histórico.

Como hemos expuesto, tradicionalmente la procedencia de la práctica agrícola era el Levante para la Península Ibérica y en última instancia el foco difusor de Próximo Oriente. Estudios recientes están desmontando estos planteamientos en base a la diferencia existente entre la variedad de especies domesticadas de trigo y cebada entre el Levante, donde es mucho mayor, y Andalucía; así mismo, en base a estudios genéticos, las plantas y animales domesticados en los inicios del neolítico parecen tener una clara vinculación con el Magreb. Esto no tiene porque deberse exclusivamente a una difusión desde el norte de África, sino que también podemos considerar las similitudes biogeográficas entre ambas orillas de Estrecho en cuanto a presencia de especies vegetales y animales a la hora de plantear la transición de los últimos grupos de cazadores recolectores hacia sociedades tribales comunitarias.

En definitiva, planteamos los inicios de la agricultura andaluza como consecuencia de la transición de las sociedades cazadoras recolectoras asentadas en dicho territorio hacia sociedades tribales comunitarias derivada de la intensificación económica, fruto de la cual se produce la tribalización del medio con la transformación del espacio natural en espacio social.

 

Bibliografía |

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Redactor: Serafín Becerra Martín

Arqueólogo profesional y doctorando de la Universidad de Cádiz. He desempeñado trabajos en el campo de la gestión y difusión del patrimonio arqueológico. Mis áreas de interés son la Prehistoria Reciente y la teoría arqueológica.

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2 Comments

  1. Enhorabuena por el artículo. La paleobotánica es una ciencia vital para la arqueología, ¿hasta qué punto crees que se utiliza con frecuencia? ¿consideras que está suficientemente asentada en la ciencia arqueológica o por el contrario hace falta defender una simbiosis más intensa entre la arqueología y las ciencias biológicas? Gracias.

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    • Buenas Rafael, en primer lugar disculparme por la tardanza en responder.
      Yo diría que más que vital es necesaria, al igual que la aportación que puedan hacer otras ciencias a la reconstrucción del proceso histórico. Recientemente, en el III Congreso de Prehistoria de Andalucía he podido comprobar las nuevas aportaciones que se están produciendo en el sentido que estamos hablando, y te puedo decir que son muchas y de calidad. A lo que tú denominas simbiosis yo lo llamo interdisciplinareidad, cosa que considero imprescindible en la actualidad. Pero la aplicación de técnicas de otras ciencias no debe de ser “inocente” sino que debe de responder a las preguntas que debemos hacer al registro para entender las sociedades del pasado.

      Un saludo

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